EL PREDICADOR
El Tiempo de
(5)
A tratar:
Día de descanso del predicador, Preparación General.
Preparación Final.
El predicador debe disponer del tiempo
necesario para la preparación de su sermón. Nadie duda ahora de la importancia
de esta preparación. El buen obrero prepara bien su herramienta antes de hacer
algún trabajo, pues sabe que con buena herramienta hará el trabajo con menor
esfuerzo y en el menor tiempo posible. Spurgeon dice
que Miguel Ángel preparaba personalmente sus pinceles, dependiendo mucho el
éxito que tuvo de este detalle. Un notable profesor de Biblia decía: “necesito
siete días de estudio para enseñar una lección de escuela dominical”.
¡Qué pobre y qué presuntuoso es el
predicador que se atreve a dar el mensaje de Dios, sin la debida preparación!
Mejor es no predicar, que hacerlo sin preparación.
Por supuesto, el predicador tendrá a veces
que hablar en el púlpito sin tener tiempo de prepararse. Pero esto no debe ser
la regla, sino la excepción. Y aun en estos casos, dependerá de los asuntos que
haya preparado antes o de su facilidad para improvisar. El predicador debe ser
hábil en el arte de improvisar. Pero nunca debe depender de esta habilidad para
sus sermones regulares, pues no debe olvidar que la facilidad para improvisar
en determinadas ocasiones, es producto directo de su hábito y disciplina de
preparar concienzudamente sus asuntos. Los que no tienen esta disciplina,
difícilmente pueden improvisar. Así, pues, es de importancia, aun para hablar
improvisadamente, saber estudiar y preparar los asuntos de antemano.
1.
¿Cuándo debe comenzarse la preparación de los
sermones? Tan temprano como se pueda
en la semana. No recomiendo que sea el lunes, pues éste debe ser el día de
descanso del predicador. El domingo debe haber sido muy ocupado para él.
Probablemente ha dirigido una clase de escuela dominical y ha predicado dos o
tres veces. Los días que precedieron al domingo, fueron de visitas a sus
feligreses, de resolución de asuntos importantes para su iglesia, de cultos de
oración y familiares y de preparación general de sus sermones. El sábado debe
haber dado los últimos toques a éstos y si ha tenido que resolver algunos
asuntos serios de su iglesia o que visitar a algún enfermo grave, probablemente
se quedó hasta altas horas de la noche ocupado en la preparación final de sus
sermones para el siguiente día. Así es que nuestro predicador ha tenido una
semana muy ocupada, culminando su ocupación, como los sacerdotes mosaicos, con
el trabajo del día de descanso.
·
Le queda, pues,
sólo el lunes para descansar, y aconsejo que éste sea considerado como día de
descanso completo para el predicador que ha estado ocupado toda la semana,
inclusive el domingo. El lunes no debe intentar hacer ningún estudio ni
emprender ningún trabajo que requiera algún esfuerzo mental. En este día la
mente y el cuerpo deben estar en completo reposo y libres de toda preocupación.
Por supuesto, si el predicador no ha tenido una semana de trabajo activo, como
queda indicado, no merece este descanso, ni debe tomarlo. Me refiero a los
predicadores activos a los que durante la semana han gastado sus fuerzas
físicas y mentales en un trabajo diligente e incesante, en favor de la obra del
Señor, que les ha sido encomendada. Yo no doy reglas para predicadores
perezosos e indolentes, pues éstos viven como quieren, sin sujetarse a ningunas
reglas.
·
Pasado el lunes,
su período semanal de descanso, debe el predicador emprender de nuevo su
trabajo comenzando con la preparación general de sus sermones, eligiendo si es
posible sus asuntos, pensando en ellos de una manera general y comenzando a
consultar algunas obras y comentarios. Para antes del sábado debe saber no sólo
sobre lo que va a predicar, sino tener buen acopio de material para sus
sermones, y en este día, sin falta, debe hacer la preparación formal, reuniendo
el material preparado y arreglándolo en forma de bosquejo, listo para
predicarse. Es posible que este arreglo requiera todo el día y aun parte de la
noche del sábado, pero no debe omitirse por ningún motivo.
2.
La preparación final debe hacerse inmediatamente
antes de predicar. Debe el
predicador aprovechar cada momento disponible para completar su preparación,
haciendo un repaso mental de lo que tiene preparado y orado fervorosamente al
Señor, de modo que al dar su mensaje en el púlpito, la gente conozca no sólo
que estaba bien preparado, sino que al hablar tuvo el poder y la inspiración
del Espíritu de Dios.
·
De este modo
puede verse que la preparación tiene tres aspectos: La general que se hace
durante la semana, la formal, el sábado cuando más tarde, y la final, antes de
predicar. Descuidando cualquiera de estas partes, se fracasa lamentablemente en
el púlpito.
·
Debe tener en
cuenta lo que antecede, el joven que desee tener éxito en su predicación. Fin.
Revisado