Hebreos:
Una
palabra de Aliento
EL
TÍTULO
Hebreos lleva como título el nombre de los
destinatarios. La expresión «hebreos» se refiere a los cristianos de habla
hebrea, en otras palabras, a los cristianos de origen judío. El contenido de la
epístola confirma que esta es una epístola para lectores de extracción judía.
LOS
ANTECEDENTES
En vista de que el autor de Hebreos no se
identifica a sí mismo, existe considerable polémica acerca de quién escribió el
libro. Se han propuesto elaboradas teorías que insinúan como posibles autores a
Lucas, a Timoteo, a Apolos, a Bernabé, a Silas, a Aquila y Priscila y a otros,
pero no existen pruebas históricas para ninguno de estos. La tradición más
fuerte es que fue Pablo quien escribió la epístola. A menudo se cita a un
erudito primitivo, Orígenes, diciendo: «... solo Dios sabe con certeza» quién
escribió Hebreos; pero Orígenes indicó en una carta a otro cristiano que él no
tenía duda de que Pablo era el autor. Su famoso comentario se refería a quién
actuó como amanuense de Pablo. El problema es que si bien en la epístola hay
muchos asuntos hacen recordar a Pablo, también hay muchos que difieren del
estilo usual de este. Existe la posibilidad de que el volumen fuera escrito por
Pablo o por alguien estrechamente relacionado con este, pero no se puede ser
dogmático sobre el asunto. Lo que interesa recordar es que el verdadero autor
es el Espíritu Santo.
La epístola no está dirigida a cristianos de
origen judío en todo lugar, sino a un grupo de cristianos que el autor conocía
personalmente (13:18-19). Estos cristianos pueden haber formado parte de un
pequeño segmento que estaba dentro de una congregación (13:17, 24). Habían sido
cristianos por algún tiempo (5:12; 10:32). Habían comenzado la vida cristiana
con entusiasmo (6:10; 10:33-34); incluso habían soportado la persecución
(10:31-32). No obstante, se habían desanimado. Estaban dejando de congregarse
(Hebreos 10.25). Estaban en peligro de apostatar (2:1 ss; 6:1-6; 10:26-31). El
argumento de la epístola indica que estaban tentados a volver al judaísmo.
Una palabra clave del libro es «mejor». La
palabra se usa unas doce o trece veces. El autor recalca que en el cristianismo
todo es mejor que en el judaísmo. El estilo es el de un sermón que se
transcribió, que alterna argumentos con exhortaciones prácticas (vea el
compendio). El autor llamó a la totalidad de su esfuerzo «la palabra de
exhortación» (13:22). «Exhortación» proviene de un vocablo griego compuesto,
cuya forma verbal significa literalmente «llamar al lado» y se traduce de
diversas maneras, que incluyen: «exhortar», «rogar», «consolar». La palabra
«aliento» es una traducción que combina las ideas de exhortación y consuelo.
Hebreos es una «palabra de aliento».
En vista de que aparentemente el sistema de sacrificios
judío todavía se practicaba para la fecha de la escritura (9:6-10; 13:10), es
probable que el libro se escribiera antes de la destrucción de Jerusalén en el
70 d. C.
Para
entender plenamente los argumentos del libro, necesitamos un conocimiento básico
del sistema judío tal como se presenta en Levítico, Números y Éxodo.
COMPENDIO
1.
ARGUMENTO: Cristo es mejor que los profetas y los ángeles (1).
II.
EXHORTACIÓN (2:1-4).
III.
ARGUMENTO: Cristo es mejor que los ángeles y que Moisés (2:5-3.6).
IV.
EXHORTACIÓN (3:7-4.16).
V.
ARGUMENTO: Cristo tiene un mejor sacerdocio, primera parte (5:1-10).
VI.
EXHORTACIÓN (5:11-6:20).
VII.
ARGUMENTO: Cristo tiene un mejor sacerdocio, segunda parte (7:1-10:18).
VIII.
EXHORTACIÓN (10:19-13:25).
LECCIONES
DE HEBREOS
Aunque la mayoría de nosotros no somos de
extracción judía, nosotros nos desanimamos y somos tentados a volver a nuestros
antiguos estilos de vida. Hebreos tiene un poderoso mensaje para todos
nosotros: ¡El mundo no puede ofrecer nada mejor que Cristo!
Este es el único libro del Nuevo Testamento
que presenta a Jesús como nuestro sumo sacerdote. Son diez veces en el libro
que se le refiere como «sumo sacerdote» y otras veces como «sacerdote».
Versículos clave son 4:14-16. Debido a que Jesús es nuestro sumo sacerdote,
¡podemos acercamos confiadamente al trono de Dios!
Al estudiar la epístola, note el constante
contraste entre el antiguo pacto y el nuevo, especialmente en los capítulos 8-10.
¿Por qué debería alguien volver al Antiguo Testamento para sus prácticas
religiosas?
El problema básico de los destinatarios es
señalado con precisión en 5:11-14. La mayor parte de las secciones de
«exhortación» se encuentran en tercera persona, pero esta sección se encuentra
segunda persona directa: «Os habéis hecho tardos para oír» (verso 11). Estos
cristianos habían sido incapaces de crecer espiritualmente; habían sido
incapaces de madurar en Cristo. ¿Cuántos de nosotros somos todavía niños
espirituales, después de años de ser cristianos?
El ancla del alma
(Hebreos 6:9-20)
El autor acaba de mostrar a sus lectores qué
terribles consecuencias podían sufrir ellos (6:1–8), pero ahora
dice, en efecto: «Todavía tenemos confianza en ustedes» (6-9). ¿Qué sería lo
esencial para que ellos sean salvos? Necesitaban aferrarse a la esperanza.
¡La esperanza es tan importante! «Y ahora
permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres…» (1ª Corintios 13:13). En 6:19 se le llama «ancla
del alma». Nos da seguridad. ¿Cómo podemos tener esperanza? El
texto bajo estudio nos da varias fuentes de esperanza:
I. PODEMOS TENER ESPERANZA POR CAUSA DE LA NATURALEZA DE DIOS (6:10 a).
A.
Dios no es injusto.
B.
Dios no olvida. Como seres humanos que somos, nosotros olvidamos; pero Dios no.
II. PODEMOS TENER ESPERANZA PORQUE ESTAMOS HACIENDO TODO LO QUE PODEMOS
(6:10b, 11–12a).
A.
Dios no olvida el trabajo que hemos hecho por Él.
B.
Si seguimos sirviéndole diligentemente, ¡podemos tener «plena certeza de la esperanza»!
III. PODEMOS TENER ESPERANZA PORQUE DIOS HA BENDECIDO A LOS QUE HAN HECHO
SU VOLUNTAD EN EL PASADO (6:12b–15).
A.
En el pasado, Dios bendijo a los que tuvieron fe y perseveraron
(capítulo 11).
B.
Como ejemplo, considere a Abraham. Este perseveró porque tenía esperanza; él creyó verdaderamente que Dios
haría lo que dijo que prometió. ¡Al final, todas las promesas se cumplieron!.
IV. PODEMOS TENER ESPERANZA PORQUE DIOS NO PUEDE MENTIR (6:16–18).
A.
Dios juró por sí mismo (6:13; Génesis 22:16); esta idea se amplía ahora.
B.
Cuando Dios hace una promesa, ¡uno puede apostar su vida que la
cumplirá!
V. PODEMOS TENER ESPERANZA EN JESÚS (6:18b–20).
A.
Note dónde está anclada la esperanza: «…dentro del velo», esto es, ¡en
el cielo! (Verso 19).
B.
Note quién está en el cielo para asegurar esa ancla: Jesús (verso 20).
Él nos sirve como «fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar
los pecados del pueblo» (2:17; vea 2:18). En 4:14–16 se nos dice: «Por tanto,
teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios,
retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos pues confiadamente al trono de
la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno
socorro».
CONCLUSIÓN
«… tengamos un fortísimo consuelo […] para
asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura
y firme ancla del alma…» (6:18–19). ¿Tiene su vida esta ancla «segura y firme»?
¿Se ha asido usted de ella por la fe y la obediencia?