LA BÚSQUEDA

 

  

 

 Había una vez, en una tierra muy lejana, gobernada por un Soberano Señor. Su único Hijo justo y joven se llama Christopher.

   Llegó el día cuando el Padre habló: “Hijo mío el tiempo ha llegado, visitarás las villas de nuestro reino. Ve  a la tierra. Camina en su veredas, come su comida, y vive como uno de los del pueblo. Aprende de sus gozos y sufrimientos, temores y fe. Pronto deberás escoger una esposa y reinarán con migo en nuestro reino. Busca la mejor, la más pura de la tierra.

 

    Así Christopher comenzó su jornada entre la gente.  Viajó lejos, conociendo multitudes de gente. Algunos le dieron la bienvenida con los brazos abiertos. Otros eran hostiles. Algunos los reconocían; otros no. Los trató a todos con bondad y compasión, como era su naturaleza; pero rehusó tolerar las injusticias. Todo esto pasó mientras buscaba a la novia perfecta.

   Llegó el día en que el Príncipe tuvo que regresar al palacio de su Padre. “Volveré algún día pronto, para reclamar mi esposa”,  les dijo a sus amigos, “ustedes ya saben por quién volveré, les he dejado la descripción de la joven doncella que será mi esposa”.  Christopher regresó con su Padre, y toda la gente se sorprendía y maravillaba de la belleza de la novia que él describió. Esta joven radiante en su simplicidad. Estaba vestida de blanco del más puro. Sus sandalias eran de piel macizo, propias para caminar, un cinto de la mejor piel hábilmente rodeaba su cintura. Su largo cabello, brillante como destellos de oro, salía de su velo blanco que la cubría. Su cara relucía como la piel de un bebé, piel pura, sus mejillas rosadas, y sus labios pintados de dulzura. Sus finas cejas enmarcaban sus ojos modestamente. Descansaba en su cuello un collar de finas perlas blancas, con cadena de oro muy fino. Y Christopher añadió. “Su voz es melodiosa y suave y su nombre es Christa”. Todos maravillados de la esposa que pedía Christopher, se preguntaban donde la encontraría.

 

  La vida continuo en el reino, y en la tierra todos se enfrascaron en sus tareas. Constantemente se preguntaban, ¿cuándo volverá el Príncipe? ¿Quién será ella?  ¿Dónde la encontrará?.  Las jóvenes se observaban así mismas en los cristales, esperando ser escogidas por el Príncipe. Todos querían la copia de la joven doncella, y todas las demás se esmeraban en su belleza para parecerse a ella. Algunos gastaban grandes fortunas para comprar instrumentos y hacer música, arte y estudiarla. -  Las doncellas pobres, con pocas oportunidades para hacer preparativos, simplemente hacían sus trabajos con sencillez, sirviendo y compartiendo lo poco que ellas tenían.

 

    Por fin, se escucharon las trompetas anunciando su llegada. Los que se habían vestido de blanco titubeaban si acercarse a la ciudad, listas para recibir el escrutinio del ojo. Christopher alumbrando el centro de la tierra, todos dejaron sus tareas para rodear al Príncipe. “He vuelto a reclamar a mi esposa”. Declaró. Todas aparecieron en sus finuras ante la mirada fija de Christopher. Empezaron a desfilar frente al Príncipe -  como la otra... pero no es. Movía su cabeza entristecido, otra doncella se le presentó, pasó al frente. “Hermosa” murmuró, pero ¿por qué viste tantas joyas?. Su cuello llenas de cadenas de oro; su cinto grueso por el oro; sus brazos y su cabeza -  lleva una corona de oro, debe sentir que es ella la escogida.   ¡NO!, dijo una voz grave, “ella no es”.  Apareció otra. Su cabello era largo con sombras de oro en su pelo, su piel parecía la de un bebé, su velo era blanco, sus sandalias de piel fina. Muy cerca, muy parecido. No lo suficiente para...dijo con desagrado.

   Apareció otra. Era hermosa, un rostro lleno de gozo, su vestido blanco... pero conforme se acercaba, un sonido de música hacía ruido, y es que ella danzaba y su cinto era de puras campanitas que se movían con su ritmo para buscar su aprobación. ¡Llévensela de aquí!, dijo el Príncipe con desesperación.

 

   Por horas desfilaron las doncellas ante el Príncipe, pero ninguna tenía lo que él buscaba. El Príncipe dudaba si la encontraría. ¿Por qué no entienden? Dijo el Príncipe “Yo les mostré claramente, la que yo quiero como mi esposa es simple pero perfecta en todos los aspectos. ¡Y no tendré otra!. La sombra de la noche se acercaba y la gente, sus amigos entristecidos decían, el Príncipe no encontrará esposa.  Cuando el Príncipe se preparaba para partir, una melodía llegó a sus oídos. “Callen” mandó. Conforme el canto se acercaba, las palabras se hacían claras. Una voz exquisita cantaba un canto para el Príncipe. Pies pequeños en finas y fuertes sandalias llevaba esta doncella, un cinto delicado, gastado, cubría su cintura. Su velo de resplandor tenue dejaba ver su larga y fluida cabellera. ¡Su cara es exquisita!.  Dijo el Príncipe. Su piel es como la de un bebé, y sus ojos... espesas pestañas cubrían sus ojos, la belleza que él esperaba.

   ¿Será? ¿Finalmente habré encontrado a mis esposa?. El corazón del Príncipe latió muy fuerte. De repente un rayo de luz alumbró el cuello de la doncella y dejó ver la simple cadena de oro que llevaba puesta. Lleno de gozo miró las perlas que la unían. Tocando suavemente su mejilla le preguntó ¿cuál es tu nombre hermosa doncella?.Christa”, mi Señor, dijo la doncella. “Fui nombrada antes que subieras a tu mansión”.  ¡AL FIN!. Dijo regocijado, “la he encontrado”. La más pura de la tierra, la que yo vi... NO POR MUCHO TE LLAMARÁS CHRISTA, tu nombre será “AMADA”. Iremos con mi Padre, estarás a mi lado, entrando en el gozo de tu Señor. He preparado una mansión para ti, allí nada te faltará. ¡Ven mi amada, te llevaré a casa!.

 

   Dejando atrás a las indignas novias, el Príncipe y su amada volvieron al palacio de su Padre. Asistida de amor, y multitudes de siervos. El Rey dio la Bienvenida a su Hijo y a su esposa, y vivieron felices para siempre.   AMEN.