Sana doctrina (Lecc. 9) Tomo III
Todo
cristiano, de ser posible, debe de tener comunión
con alguna congregación local. Le conviene a é1 y a la causa en general, porque
le ayuda guardar vivo en él el sentido de responsabilidad y le guarda a é1 en
contacto con los que le pueden ser una fuente de ánimo y recibe la iglesia el
beneficio de su cooperación. Cada iglesia debe de conocer a sus miembros; esto
también conviene tanto a los miembros como a la iglesia. Toda iglesia debe de
guardar una lista de la membresía, como también un registro de sus actividades.
LOS
DIRECTORES DE
En
debidamente elegidos, puede ejercer disciplina y tiene la obligación de
hacerlo.
Si
una congregación tiene las cualidades suficientes para que tenga el derecho de
existir, tiene también el derecho de protegerse contra aquellos que buscarían
trastornar sus propósitos o destruir su paz. Además, el Señor requiere que su
iglesia se guarde relativamente pura y propia para su servicio. Este es el
propósito de la disciplina.
EL SIGNIFICADO DE
La
disciplina en la iglesia pertenece a la enseñanza, corrección y desarrollo de
sus miembros, teniendo como fin la salvación final de ellos. Nadie debe de
estar pensando que trate la disciplina solamente de despedir a los miembros
desordenados. Aplíquese la excomunión solamente después de haber fallado otros
procedimientos disciplinarios.
En
todo cuerpo bien gobernado, sea familiar, estatal, o eclesiástico, tiene qué
haber disciplina, o de otra manera habrá fracaso. Ella desarrolla la paz y la
alegría, tanto
como la eficiencia, del cuerpo, y desarrolla el carácter
de todos los interesados. Considérese el hogar en que no es evidente la
disciplina, el ejército en que no es mantenida, o la escuela en que no es
observada. Trate uno de imaginarse a una iglesia donde no exista la disciplina
cristiana. Los hijos obedecen a los padres, el soldado al oficial debidamente
elegido, el alumno al maestro, y el cristiano al Señor; de otra manera se
corrompe la paz y la utilidad de cada uno y el propósito de cada institución es
malogrado. Muchas iglesias, en su manera negligente e indeterminada de hacer
las cosas, no prestan casi nada de atención a la disciplina. No se avanza
esfuerzo sistemático de instruir a los miembros ni de prepararlos para ser
obreros útiles. Salen miembros de tales congregaciones a otros lugares, que si
supieron avanzar establecerían iglesias de Cristo y vendrían a ser directores
en la obra. Se ausentan miembros del culto semana tras semana, y no se hace
esfuerzo para determinar la causa o de atraerlos de nuevo. En lugar de
descomulgar del cuerpo al miembro desordenado, se le permite proseguir en su
mala manera de vivir hasta que llega a estar tan podrido que se retira él
mismo. Solamente así logran algunas iglesias deshacerse de miembros indignos.
El hecho de que progresa el cristianismo a pesar de todas éstas cosas es prueba
positiva de su poder y vitalidad inherente. Deben de ser alabadas las muchas
iglesias por la disciplina que ejercen, y uno debe de ser animado por la obra
que se está llevando a cabo.
MÉTODOS
DE DISCIPLINA
AUTO
DISCIPLINARSE. Cada
miembro debe de disciplinarse a sí mismo. Pablo dice: "Sino que golpeo mi
cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros,
yo mismo venga a ser eliminado" (1 Cor. 9:27). Crucificar "la carne
con sus pasiones y deseos" (Gál. 5:24); "Sino vence con el bien el
mal" (Rom. 12:21)-es decir, vencer el mal por medio de hacer bien, cuando
le maldigan a uno, no retornar maldición (1 Ped. 2:23); "Vuestra gentileza
sea conocida de todos los hombres" (Fil. 4:5); "No os venguéis
vosotros mismos" (Rom. 12:19); "prefiriéndoos los unos a los
otros" (Rom. 12:10). Puede alguno dejar de hacer obra pública; en esto no
pierde la reputación; pero ¿no puede usted recordar algún trabajo de su
vocación en la vida que por un tiempo estuvo tímido en acometer, y que ahora lo
hace sin nada de cortedad? ¿No es cierto que tuvo que disciplinarse? Hay obra
qué hacer en la iglesia; las necesidades las conoce. Tal vez no sienta usted
más falta de preparación que otros.
INSTRUCCIÓN
Y AMONESTACIÓN. No
puede desarrollarse nadie en la vida cristiana sin crecimiento continuo en
conocimiento. Los cristianos viven "con toda palabra que sale de la boca
de Dios" (Mat. 4:4). ¡Qué necesaria es, pues, que sea instruida
completamente la congregación en Biblia, y qué obra más responsable es la de
los obispos de llevar esto a cabo! Como pastores tienen qué apacentar al rebaño
para que crezca (Hechos 20:28; 1 Ped. 2:2). Referente a su obra con la iglesia
en Efeso, dice Pablo: "cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y
enseñaros, públicamente y por las casas" (Hechos 20:20). Terminó su
discurso, diciendo: "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe
ayudar a los necesitados" (v. 35).
ENTRENAMIENTO
PARA SERVICIO. El
conocimiento solo no basta. El desarrollo proviene de la práctica del
conocimiento. Nosotros no solamente debemos ensañar al miembro nuevo qué es su
deber hacer cierta cosa, sino que lo enseñemos a hacerla. Juan el Bautista les
enseñó a sus discípulos a orar, y los discípulos le pidieron al Señor:
"Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos"
(Lucas 11:1). Que tengan ellos práctica. ¿Enseña usted una clase? Entonces tome
a algún miembro de la clase y le ensañe y le dé práctica durante la semana
hasta que pueda presentar la lección en la siguiente reunión, y que lo haga.
Sígase este método para con todos los miembros de la clase. Repítase el proceso
de vez en cuando. Procuren los ancianos desarrollar a cuantos sea posible para
que tomen la dirección pública, tanto en la reunión del día del Señor y como en
otras. Deben ser enseñados a hacer obra personal.
ESTÍMULO. A veces parecen las cosas tristes,
y algunos
se desaniman. En esto se presenta una muy buena oportunidad para los más
animados y determinados de ofrecer un servicio valioso. Pablo exhorta a los
hermanos a que "que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los
débiles" (1 Tes. 5:14). Hay otros que naturalmente son tímidos, y le huyen
a la obra de naturaleza pública. Muchos de éstos, bajo estímulo propio, vienen
a ser tan buenos obreros como los otros. El manifestar abiertamente y enseñar
sus creencias engendra confianza en uno y fomenta el interés. De hecho, nadie
puede mantener por mucho tiempo interés en una teoría o sistema que ni practica
ni predica.
CENSURA. Nunca haya reprensión en espíritu
que lleva al reprendido la idea de que se regocija usted de la ocasión para
censura, ni en espíritu de justo en la propia estimación, o actitud de
"más santo que tú" sino que tenga el propósito de dirigir al
reprendido a evitar la trasgresión o negligencia del deber en el futuro.
"Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois
espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti
mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gál. 6:1). Hay veces cuando
la reprensión bíblica es oportuna-especialmente, nos parece, cuando es
practicado con persistencia algún pecado público. "A los que persisten en
pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman" (1
Tim. 5:20). "Repréndelos duramente" (Tito. 1:13).
ACCIÓN FINAL
Cuando
todos los esfuerzos de instruir y disciplinar, reprender y exhortar, no logran
guardar a alguno en sus deberes, o traer al arrepentimiento al errado, el paso
siguiente es claramente propuesto en las Sagradas Escrituras. En este asunto,
como también en todos los demás asuntos, no podemos sino hacer lo que manda el
Señor.
Concerniente
al caso notorio de fornicación en la iglesia en Corinto, Pablo manda
solemnemente: "En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros
y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a
Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el
día del Señor Jesús... Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros." (1
Cor. 5). "Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no
según la enseñanza que recibisteis de nosotros" (2 Tes. 3:6). "Al
hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo,
sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio
juicio" (Tito. 3:10,11). El Señor le dijo a la iglesia en Tiatira:
"Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel,
que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer
cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta,
pero no quiere arrepentirse de su fornicación" (Apoc. 2:20,21). Esta
iglesia, al no querer tomar acción en este asunto, participaba en cierta medida
en la culpa de Jezabel, y se atrajo para sí misma la indignación del Señor.
Esto es una advertencia para muchas iglesias de hoy.
CÓMO
PROCEDER
ESPÍRITU
PROPIO. El objeto
final de toda medida disciplinaria es desarrollar al miembro para un mejor
servicio y lograr su salvación final. Toda medida adoptada debería ser llevada
a cabo en espíritu muy a propósito del fin deseado. Compréndase bien que
apartar a un miembro del cuerpo es cosa seria, y que proceder a manera ganar y
no alejar debe ser el objetivo del que busca eficazmente la salvación del que
ha errado. Casos diferentes requieren tratamiento diferente, y el hombre
sensato que conoce la naturaleza humana y
ASUNTOS
PERSONALES.
"Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu
hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda,
reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda"
(Mat. 5:23,24).
"Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él
solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no
te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos
conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere
a la iglesia, tenle por gentil y publicano" (Mat. 18:15-17). La obligación
de dar los pasos hacia el arreglo de algún asunto personal descansa tanto sobre
el ofensor como sobre el ofendido. Si uno se da cuenta de que su hermano piensa
que le hicieron daño, debe de ir con él y buscar una reconciliación; y si uno
cree que ha sido ofendido, debe ir con el ofensor y buscar una reconciliación.
Sintiendo ambos el ofensor y el ofendido la responsabilidad de la
reconciliación, no debería de haber gran
dificultad en llegar a un acuerdo. Con un deseo de arreglar las cosas
suficientemente fuerte de parte de cada para guiar a cada uno a querer hacer
sacrificios y concesiones respecto a sus propios derechos y privilegios,
comúnmente se llega a un arreglo. Pero si el que busca la reconciliación
fracasa en sus esfuerzos personales, entonces debe llevar a otros consigo para
que le ayuden. Si fallan éstos, luego debe de decírselo a la iglesia, con sus
ayudantes como testigos. "Si te oyere, has
ganado a tu hermano"-y ciertamente debe de ser la meta de uno salvarlo; y
la conducta de él no fue de cristiano, de otra manera no hubiera pecado contra
uno. El fin deseado es hacer que se acaben los extraños sentimientos y exponer
lo pecaminoso de la conducta de él. Búsquese salvarle. Recuérdese: "Si
alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace
volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará
de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados" (Sant. 5:19,20). Al
acercarse é1, que no sea con actitud de solamente querer tener su conciencia
tranquila, sino más bien manifieste un interés en salvarle del pecado.
OFENSA
PÚBLICA. Con esto
queramos decir ofensas que conciernen a todo el cuerpo. Las ofensas personales,
tratadas en el párrafo anterior, llegan a ser públicas, o sea ofensas que
merecen la atención de la iglesia, cuando hayan sido traídas ante la iglesia
para acción. El pecado de parte de cualquier miembro que viene a ser sabido
generalmente, es pecado público, según nuestro punto de vista. No se atraiga
mucho la atención ni a pecado público, pero cuando ya sea sabido generalmente,
debe ser corregido públicamente.
Los
directores en la excomunión. Los ancianos establecidos superintendentes en la
iglesia a causa de ese nombramiento, son los directores responsables en tales
asuntos. Deberían con oración y cuidado investigar todo caso traído a su
atención, y, si es ofensa pública, hacer notorios los resultados de su investigación
a la iglesia, presentando los hechos de la culpa o la inocencia de la persona,
y las evidencias sobre las que basan sus conclusiones. Si el acusado es hallado
culpable, y no quiere arrepentirse, deben de anunciar que se ha agotado todo su
poder de reformarle sin éxito.
Puesto
que el fin es la salvación del que ha errado, si hay en la congregación
personas que creen poder conducir al hermano al arrepentimiento, se les debe
rogar que hagan el esfuerzo, pero ellos no deben de perder tiempo excesivo en
esto. Deben de hacerse notorios los resultados de sus esfuerzos antes de que se
tome la acción final de la excomunión. Cuando ya se toma la acción final toda
la congregación debe de concordar en el asunto (1 Cor. 5; 2 Cor. 2:2-6).
HACIÉNDOLA
EFECTIVA. Frecuentemente
la excomunión significa demasiado poco. A la parte culpable no se le hace
sentir la fuerza de ella. Nuestra actitud hacia él antes y después de ella
difiere poco, si acaso. Tales procederes hacen sentir al hombre que la iglesia
ha ido por formalismos que no significan nada. Aunque le hemos excomulgado, le
debemos de "exhortar como a hermano"; sin embargo, en cuanto a
relaciones sociales con él nos dice el Señor que nos "apartemos de
él", hasta el punto de no sentarnos a la mesa con él para comer. El hecho
de que ha sido excomulgado le quita el derecho de tomar
OBJECIONES
No
merecen consideración muchas objeciones ofrecidas contra la excomunión de
miembros, por la simple razón de que los que ofrecen las objeciones
frecuentemente reconocen que Dios la demanda, pero procuran hacer parecer
imposible a llevar a cabo lo que manda Dios, o que hacer así arruinará a la
iglesia. Sin embargo, si el que objeta piensa tener escritura en contra de
excomulgar, tenemos qué investigar lo que presenta por
prueba y aceptar su posición o de otra manera mostrar en qué está él
equivocado. Algunos se basan en Mat. 13:24-39 para oponerse a la excomunión. Se
aclaran algunas de las dificultades de esta parábola en la explicación dada por
el Salvador, respondiendo al pedido de sus discípulos. En esta explicación se
afirma que:
1. Jesús sembró la buena simiente.
2. El campo es el mundo.
3. La buena simiente son los hijos del reino, miembros de la iglesia.
4. La cizaña son los hijos del malo.
5. El enemigo que sembró la cizaña es el diablo.
6. La siega es el fin del mundo.
7. Los segadores (los siervos) son los ángeles.
No importa la interpretación que se dé al alcance de esta parábola, es hecho de
que no se dice ni una palabra de que la buena simiente no excomulgue a la
cizaña, pero sí enseña que los ángeles (segadores) no han de intervenir en
estos asuntos hasta el fin del tiempo, nadie tiene derecho de poner una
interpretación de una parábola, y en una figura de oración, que contradiga un
mandamiento claro. No tiene uno más derecho de invalidar un mandamiento claro
por su interpretación que por en tradición. "Os apartéis de todo hermano
que anduviere fuera de orden". Manténgase a la iglesia pura.
* * *
Temas para investigación y discusión:
1.
Los resultados de la ignorancia.
2. ¿Deben llevar un registro las iglesias?
3. La actitud del cristiano hacia el mundo.
4. Restaurando a los excomulgados.
5. ¿Qué significa "disciplina?"
* * *
Preguntas:
1.
¿Para qué tener membresía local?
2. ¿Deben llevar un registro las iglesias?
3. ¿Tiene toda congregación directores?
4. ¿Por qué debe de guardarse pura la iglesia?
5. ¿Qué significa "disciplina?"
6. ¿Por qué es necesaria la disciplina?
7. ¿Qué diremos del hogar, de la escuela, del ejército, 0 de la iglesia sin
disciplina?
8. ¿En qué ve usted prueba del origen divino del cristianismo?
9. ¿Cuándo y cómo nos disciplinamos?
10, Mencione un caso en que se disciplinó a Sí mismo.
11. ¿Por qué debe de ser desarrollado cada miembro?
12. ¿Por qué es necesario desarrollar a los miembros?
13. ¿Con cuál iglesia trabajaba Pablo de noche y de día?
Dése el pasaje.
14. ¿Por qué necesitamos enseñarnos a orar? 15. Explíquese por qué no basta el
conocimiento solo.
16. ¿Cómo pueden ser desarrollados maestros?
17. ¿Qué es obra personal?
18. ¿Cómo debemos de tratar a miembros tímidos?
19. ¿Cómo se vence la timidez?
20. ¿Con qué espíritu debemos de reprobar?
21. ¿Cuándo debe de administrarse una reprensión pública?
22. ¿Cuándo debemos de excomulgar?
23. Dése la historia del fornicario de Corinto. Cítese el pasaje.
24. ¿Qué debía hacer Tito con el hombre que causara divisiones?
25. ¿Quién era Jezabel? Dése el pasaje.
26. ¿Cómo se atrajo sobre sí misma la indignación del Señor la iglesia en
Tiatira?
27. ¿Cuál es el objeto de la excomunión?
28. ¿Qué curso debe de tomarse en caso de agravio personal? Dése pasaje.
29. ¿Por qué llevar consigo a dos o tres?
30. En caso de agravio personal, ¿sobre quiénes descansa la responsabilidad?
31. ¿Cuál es el objeto de uno al buscar reconciliación?
32. ¿Por qué se debe buscar arreglo de dificultades personales sin decírselo a
la iglesia?
33. ¿Cuáles son las ofensas públicas?
34. ¿Quiénes toman la dirección al excomulgar?
35. ¿Debe de ser avisada la iglesia del pecado y de la culpa en caso de
excomunión?
36. ¿Deben de procurar otros a conducirle al errado al arrepentimiento?
37. ¿Excomulga toda la iglesia?
38. ¿ Cuál debe de ser nuestra actitud hacia los
excomulgados? Cítese.
39. ¿Tienen derecho de tomar
40. ¿Tenemos permiso de comer las comidas diarias con los excomulgados? Si no,
¿Por qué no?
41. ¿Es la excomunión mandamiento de Dios? Cítese el pasaje.
42. ¿Por qué tienen objeciones algunos contra la excomunión?
43. Nárrese la parábola de la cizaña. ¿En qué pasaje se halla?
44. ¿Cuál es la buena simiente?
45. ¿Qué es el campo?
46. ¿Quiénes son la cizaña?
47. ¿Quién es el enemigo?
48. ¿Cuándo es la cosecha?
49. ¿Quiénes son los segadores?
50. ¿Haciendo qué invalidan algunos mandamientos claros?..