Tema General: Lo más importante es
el amor
(Lección 4)
En este estudio del amor, hemos estado centrándonos en la palabra ágape.
El capítulo definitivo sobre el amor ágape, es (1ª Corintios 13), uno de los que más invita a reflexionar,
de toda
Al dar comienzo a esta lección y a la que sigue, no lo hago sin alguna
dosis de aprensión. Hay ciertas declaraciones, versículos y capítulos bíblicos
cuya hermosura es imposible de mejorar; añadirles equivale a quitarles. Al
igual que los más elevados picos montañosos, son
virtualmente imposibles de escalar. (1ª Corintios 13) es uno de tales capítulos. Sin embargo,
en vista de que es fundamental para este estudio,
haremos lo mejor que podamos por analizarlo.
Es preciso que demos comienzo dando una explicación acerca del ambiente
histórico que rodea al capítulo. La iglesia que estaba en Corinto estaba plagada de problemas. Muchos de sus
problemas se relacionaban con los dones milagrosos. Tales dones fueron dados
por medio de la imposición de las manos de los apóstoles (Hechos 8.14-18; vea también (Romanos 1.13; 2ª Timoteo 1.6). Pablo, que era un apóstol, había pasado bastante tiempo en Corinto, de modo que
a los corintios «nada [les faltaba] en ningún don» ( 1ª Corintios 1.7). Pero ellos estaban usando mal sus dones, lo cual propició que Pablo escribiera una sección
especial de 1ª Corintios para tratar el
problema. Esta sección abarca tres capítulos: 12,13 y 14. En el capítulo 12, Pablo enumeró unos nueve de los dones milagrosos
(note versos 8-10) y enseñó acerca de la necesidad de estar
unidos. En el capítulo 13, Pablo hizo hincapié en que ellos no debían interesarse
tanto en los dones milagrosos, porque no
eran tan importantes y eran sólo temporales. Por último, en el capítulo 14, les dijo cómo usar los dones por el tiempo que los
tuvieran. Nuestro interés se centrará en el capítulo 13.
Como punto de partida, vayamos al último
versículo del capítulo 12. Después de comentar sobre los
dones milagrosos. Pablo dijo: «Mas yo os muestro un
camino aun más excelente» (1ª Corintios 12.31). La frase que se traduce por «un camino aun más
excelente» significa literalmente «un sendero (o camino) según un
arrojar más allá, i.e., aquello que es
mejor». Hugo McCord dice que esto se podría
traducir por «un camino de excelencia», o por «un sendero de superioridad».
Estoy seguro de que toda persona racional
prefiere lo que es «más excelente». No preferimos lo inferior; nos gustaría
tener lo mejor. Pero, ¿qué es este «camino más
excelente»? En el texto original no había divisiones por capítulos. De modo
que, tan pronto como Pablo dijo: «Yo os muestro un camino aun más excelente»,
él comienza a hablarles acerca del amor en el capítulo 13:
Si yo hablase lenguas humanas y
angélicas, y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese
profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la
fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si
repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi
cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no
busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más
se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se
acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte
conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo
que es en parte se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como
niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor,
estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
Pero, ¿por qué es el amor «el camino más excelente»? Pablo da
tres razones:
Pablo comienza haciendo notar que el amor
es superior a los dones milagrosos porque, sin la motivación del amor, tales
dones eran vanos y carecían de sentido.
Existía la creencia generalizada de que
los dones milagrosos eran una señal de favor especial de parte de Dios. Cuando
regresaron los setenta hombres que habían sido enviados por Jesús en una gira
de predicación, ellos se estaban regocijando que podían echar fuera demonios.
Pero Jesús les dijo: «No os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino
regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10.20). En otras palabras, había algunas cosas más
importantes que la habilidad de hacer milagros.
Aparentemente, los Corintios creían que
ciertos dones les otorgaban estatus espiritual. Hay quienes creen esto aun hoy
día. Un notable dirigente y maestro de hoy día, proclama que los dones
milagrosos podrían resolver la mayoría de los problemas de la iglesia, si no es
que todos. Dice este dirigente que los dones milagrosos le dan calor, vitalidad
y espiritualidad a la iglesia —y que acaban con la apatía, el
letargo y el ritualismo.
Pero Pablo dice que hay algo que es superior en gran medida a los dones
milagrosos
—y ese algo es el amor.
No obstante, antes de hacer notar la
argumentación que siguió Pablo en los primeros tres versículos, debo mencionar
que Pablo no reduce su argumento a los dones milagrosos. El desea que
los cristianos sepan que el amor es superior a todos los dones. Después
de mencionar tres o cuatro dones milagrosos, pasa entonces a referirse a lo no
milagroso
—la capacidad de dar y de
sacrificarse— y dice lo mismo acerca de estas dos
capacidades. Pablo desea que nosotros sepamos hoy día, que ¡el amor debe impregnar todo lo que hacemos!
Así comienza Pablo: «Si yo hablase
lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que
resuena, o címbalo que retiñe» (verso 1). Comienza con el don que los
Corintios más valoraban: el don de hablar en lenguas, la habilidad milagrosa de
hablar en un idioma que uno no había estudiado. Este era un don impresionante y
uno que procuraban en gran manera. Pero en el capítulo 14, Pablo señaló que tal don estaba limitado y era
inferior a los dones prácticos, tales como el de profecía (note versos 18-19, etc.).
Existe bastante especulación acerca de
lo que podrían significar las «lenguas [... ] angélicas». Hay quienes usan esta frase hoy
día para justificar lo que ellos llaman «hablar en lenguas», que no es más que una emisión secuenciada de sonidos absurdos. Cuando se les señala
que lo que están hablando no es ningún idioma conocido (tal como las lenguas de
Hechos
2 — Hechos 2.4,6,8), ellos responden: OH estamos hablando lenguas angélicas». Sin embargo, todas las veces que leemos acerca de ángeles que
hablan, en
Cuando Pablo se refiere a las «lenguas [...] angélicas», es probable
que estemos ante una exageración retórica: la habilidad de hablar en lenguas
(idiomas) en grado superlativo. Aun si uno pudiera hablar todos los
idiomas, sea de la tierra o del cielo, y no tiene amor, el
resultado no sería más que mucho ruido. En aquellos tiempos, la adoración
pagana a menudo incluía el ruido metálico de címbalos y el «estrépito» de
trompetas. Puede que sea esto en lo que estaba pensando Pablo. De todos modos,
la imagen que él usa, es la de un sonido discordante —como el de una orquesta que está afinando sus
instrumentos.
Aunque no vivimos hoy día en la edad de
los milagros, todavía podemos hacer una aplicación. En la sociedad
estadounidense de hoy día, pocos dones son más estimados que la habilidad de
hablar bien. El antiguo presidente Reagan era
conocido como «el gran comunicador». Admiramos al hombre que nos puede cautivar
con su discurso. Si alguien aprende a hablar bien, ello le ayudará en cualquier
campo de trabajo en el que se desempeñe. Pero... Pablo advierte que sin amor, el más excelente
discurso no es más que mucho viento.
Esta idea me pone a pensar a mí en lo
personal, que soy predicador y maestro. Aunque pudiera cautivar a una
audiencia, y aunque pudiera convencer a cientos de que respondan a Cristo, si
no hay amor en mi corazón, estoy acusado delante de Dios, el Dios que es
amor.
Después dice Pablo: «Y si tuviese
profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la
fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy» (verso 2).
En este versículo Pablo se refiere a varios dones
milagrosos. Tales dones eran esenciales en aquellos tiempos, mientras venía la
perfecta (completa) ley. Primera Corintios se escribió cerca del 57 d. C. En ese tiempo se habían escrito cerca de tres
o cuatro de los libros neotestamentarios, pero es
probable que los cristianos que estaban en Corinto no hubieran visto ninguno de
ellos. Ante la ausencia del apóstol, ellos debían tener la clase de dones de la
que habla Pablo, para conocer la voluntad de Dios.
El primer don que se menciona en el
versículo 2 es el de profecía, un don importante. Todos los
judíos deseaban que sus hijos varones pudieran ser profetas. La palabra
«profeta» se refería a un vocero de Dios, al «portavoz» de Dios —uno que hablaba en nombre de Dios, por inspiración.
Primera Corintios 14 da a entender claramente que este
era uno de los dones más valiosos (note verso 3, etc.). Pero Pablo dice que sin amor, tal don carece de sentido. Balaam habló palabras proféticas, pero no tenía amor por
Dios (Números 24.1ss; 31.8). Caifas también habló palabras proféticas, pero ello no obró en su favor
(Juan
11.51).
Pablo también se refiere a conocer
todos los misterios. Tal vez esto se refiera al don
de la sabiduría (1ª Corintios 12.8), pero lo más probable es que esto sea tan sólo parte
del don de ciencia que es el siguiente que se menciona en el versículo. Se
habría referido a tener un profundo discernimiento para entender lo espiritual.
Luego Pablo habla de tener toda ciencia. En este contexto, esto sería ciencia o
conocimiento sobrenatural: saber la voluntad de Dios, sin estudio, por
inspiración.
Después Pablo se refiere a tener toda la
fe, de tal manera que pudiera trasladar los montes. Como ya se dijo, en este
contexto, es la fe sobrenatural la que se considera (1ª Corintios 12.9) —no la clase de fe que proviene de estudiar la palabra de Dios (Romanos 10.17), ni la clase de fe, sin la cual no podemos agradar a
Dios (Hebreos 11.6). Esta es una clase especial de fe
que provenía directamente de Dios y lo capacitaba a uno para hacer cosas
asombrosas. La cosa asombrosa en particular que se menciona en este versículo,
es el trasladar los montes. Los «montes» de los cuales habla aquí podrían ser
literales; si lo que Dios quería era que se trasladase un monte, no hay duda
que un hombre facultado por Dios podía haberlo hecho (note Mateo 17.20). Pero es probable que aquí estemos ante otra hipérbole,
cuyo fin es comunicar la idea que se viene subrayando. «El trasladar montes»
era una expresión familiar en aquellos tiempos, una expresión idiomática que
usaban los judíos para referirse a la solución de problemas. Aparentemente,
Pablo estaba hablando acerca de la habilidad para llevar a cabo la clase de
milagros que edificaban y fortalecían.
Pablo enumera los dones milagrosos que
habrían sido de más alta estima en la iglesia primitiva, y lo hace sin duda con
el propósito de que ellos simplemente representen todos los dones. Luego pasó a
decir, en efecto: «Pero aun si tuviera tales dones, si no tengo amor, ¡nada
soy!».
Una vez más, ¿no nos habla a nosotros
hoy día lo anterior? Puede que deseemos ser capaces de predecir el futuro. Pero
aun si pudiéramos, sin amor, nada seríamos. Podríamos desear ser capaces
de entender todos los misterios. Hay tantos misterios que nos fascinan: Hay
especulación sin límite sobre asuntos como el de los ovnis, de los dinosaurios,
del triángulo de las Bermudas. Luego están los misterios que afectan la vida
diaria: la muerte, el sufrimiento, las guerras, las pruebas y las
tribulaciones. Pero aun si tuviéramos la capacidad de entender todos los
anteriores y más, si no tuviéramos amor, nada seríamos.
Debo reconocer que deseara tener todo el
conocimiento. Si tuviera todo el conocimiento científico, podría mejorar la
calidad de vida. Si tuviera todo el conocimiento médico, podría sanar todas las
enfermedades. Si tuviera todos los conocimientos financieros, podría acumular
una gran fortuna. Si tuviera todo el conocimiento político, podría ser asesor
del presidente. Si tuviera todo el conocimiento lingüístico, podría predicar y
escribir mejor. Pero aun si tuviera tal conocimiento, sin amor, nada sería.
Pablo puso el conocimiento en el sitio que le corresponde en (1ª Corintios 8.1), cuando dijo: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica».
Podría desear tener toda la fe, de modo
que nada fuera imposible. Pero sin amor, tendría poder sin restricción.
Judas tenía el poder de hacer milagros (Mateo 10.1), pero su corazón no era recto.
Luego Pablo dice: «Y si repartiese
todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para
ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (verso 3).
Podría vender mi automóvil, podría
vender mi casa y todos sus enseres, vender mi biblioteca y recursos
didácticos, dejar en cero mi cuenta bancaria, vender mis prestaciones por
jubilación, y dárselo todo a un centro de acogida de menores, o a los
que carecen de vivienda y viven en las calles, o a los holgazanes que están en
los callejones, pero si lo hago forzado por el sentido del deber y no motivado
por el amor, de nada me sirve.
O podría hacer el sacrificio supremo y
dar mi cuerpo para ser quemado. Los tres
jóvenes hebreos sabían que estaban condenando a las llamas sus cuerpos cuando
rehusaron postrarse delante de la imagen pagana (Daniel 3.23). En los primeros siglos del cristianismo, los
cristianos sabían que ellos serían quemados vivos si rehusaban negar la fe.
Nerón les puso a la fuerza vestiduras que estaban rígidas de cera, a los
cristianos, a los cuales ató a estacas, y luego los encendió para que ardieran
cual enormes candelas y antorchas. Estuve en el jardín de Nerón, donde los
clamores de cristianos que ardían, resonaron en tiempos pasados. Pero aun si yo
hiciera tal sacrificio, sin amor, mi acto no tendría valor alguno.
¡Cómo nos hablan estos primeros tres versículos de (1ª Corintios 13) hoy día! Hoy día Pablo podría hablar a los que son
religiosos con las siguientes palabras: Aunque sepamos y enseñemos la verdad,
aunque leamos nuestras Biblias y oremos y nos
congreguemos fielmente, aunque nos abstengamos de todo lo malo... si no tenemos
amor, es todo hipocresía. O podría hablarnos a cada uno de nosotros en nuestra
vida diaria, de la siguiente manera: Aun si presentáramos fachada de grandes
padres, de empleados honrados y diligentes, de vecinos y amigos serviciales...
pero no tenemos amor, eso es todo lo que sería: una fachada.
Como uno que trabaja diariamente en el
ambiente de una congregación, debo hacer aplicación especial a las iglesias.
¿Qué criterios usamos para elegir a nuestros predicadores hoy día? ¿Pedimos que
sean grandes oradores? ¿Grandes comunicadores? ¿Grandes motivadores? ¿Grandes
organizadores? ¿Grandes edificadores de iglesias? ¿O buscamos a un hombre que
ame profundamente? ¿Y qué criterio usamos para honrar a nuestros miembros? ¿Acaso decimos: El trabaja tan arduamente... Ella hace
tanto... Él es tan talentoso? ¿O decimos: Ella sabe
cómo amar?
Vivamos donde vivamos, o hagamos lo que hagamos, 1ª Corintios 13.1-3 debería hacer que escudriñemos nuestros corazones y nuestras vidas.
El segundo argumento de Pablo es que el
amor es «más excelente» que los dones milagrosos porque el amor, no los dones
milagrosos, es la fuente de todas las virtudes cristianas.
Es creencia generalizada hoy día que la
posesión de dones milagrosos está relacionada directamente con el crecimiento
espiritual. Pero no es así. Los corintios no ocupaban el segundo lugar detrás
de nadie cuando de la posesión de habilidades milagrosas se trataba (1ª Corintios 1.7), sin embargo, ellos carecían por completo de madurez espiritual. Pablo
dijo que él todavía tenía que hablarles como a «niños en Cristo» (1ª Corintios 3.1) a pesar del hecho de que habían sido cristianos por muchos años. El
problema de ellos no era que carecían de dones milagrosos; sino que carecían de
amor.
Pablo, por lo tanto, escribe la
siguiente sección sobre las cualidades del verdadero amor:
El amor es sufrido, es benigno; el
amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada
indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la
injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo
espera, todo lo soporta (versos 4-7).
El evangelista George Bailey resume los anteriores versículos como sigue:
En un mundo de incomprensión, «el
amor es sufrido». En un mundo de amargura, «el amores benigno». En un mundo de
rivalidades, «el amor no tiene envidia». En un mundo de fama, honor y elogios,
«el amor no es jactancioso». En un mundo de orgullo, «el amor no se envanece».
En un mundo de descortesía «el amor no hace nada indebido». En un mundo de
egoísmo, el amor «no busca lo suyo». En un mundo de ira, de mal genio y de
cólera, «el amor no se irrita». En un mundo de
hipocresía, «el amor no guarda rencor». En un mundo de celos, el amor «no se
goza de la injusticia, mas se goza de la verdad». En un mundo de cobardía, el
amor «todo lo sufre». En un mundo de desconfianza, el amor «todo lo cree». En
un mundo de pesimismo, el amor «todo lo espera». En un mundo de persecución, el
amor «todo lo soporta».
Es difícil para nosotros expresar cuan
superlativas son en realidad estas cualidades del amor. Puesto que Dios es amor
(1ª Juan 4.8, 16), estas cualidades pueden ser usadas para dar a conocer
la naturaleza de Dios:
Dios es sufrido. Dios es benigno;
Dios no tiene envidia. Dios no es jactancioso, no se envanece; no hace nada
indebido. Dios no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de
la injusticia, más se goza de la verdad. Dios todo lo sufre, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta. Dios nunca deja de ser.
Pero Jesús dijo: «El que me ha visto a
mí, ha visto al Padre» (Juan 14.9), de modo que las palabras sobre el
amor también pueden decirse de Jesús:
Jesús es sufrido. Jesús es benigno;
Jesús no tiene envidia. Jesús no es jactancioso, no se envanece; no hace nada
indebido. Jesús no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de
la injusticia, más se goza de la verdad. Jesús todo lo sufre, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta. Jesús nunca deja de ser.
Pero el cristiano está llamado a ser
como Dios (Mateo 5.48) y a seguir el ejemplo de Jesús (Filipenses 2.5). De modo que deberíamos ser capaces de usar también
la palabra «cristiano» en este texto. Es aconsejable que pruebe a leerlo otra
vez/ usando la palabra «cristiano» en lugar de la palabra «amor».
Pero se espera de mí que yo sea
cristiano... y se espera de usted que también lo sea... de modo que deberíamos ser capaces de sustituir con
nuestro propio nombre en los versículos sobre el amor. Leámoslos otra vez.
Usaré mi nombre, y allí donde yo use mi nombre, dígase su propio nombre a usted
mismo:
__________ es sufrido, _________ es
benigno; _____________ no tiene envidia, __________ no es jactancioso, no se
envanece; no hace nada indebido, _________ no busca lo suyo, no se irrita, no
guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.
_______________ todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
____________ nunca deja de ser.
No sé cómo lo hace sentir ese ejercicio,
pero sí le puedo decir cómo hace sentir a __________: Me hace darme cuenta de
lo mucho que me falta para verdaderamente llegar a ser una persona madura en lo
espiritual, ¡una persona que verdaderamente conoce en qué consiste el amor!
En la siguiente lección, nos centraremos
en estos cuatro versículos cuando hablemos acerca de «La solución de Dios para
muchos problemas». Asegúrese de estar con nosotros
en ese momento.
Pero ahora vayamos al último asunto
de esta lección:
El último argumento de Pablo es que el amor es «más excelente» que los
dones milagrosos, porque el amor es permanente, en
contraste con el carácter temporal de tales dones. La habilidad para hacer
milagros se recibía de una de dos maneras en los tiempos neotestamentarios: Los apóstoles recibieron esa
habilidad por medio del bautismo del Espíritu Santo (Hechos 2). Todos los demás la recibieron por la imposición de
las manos de los apóstoles (Hechos 8.18ss). De modo que cuando murieron los
apóstoles, y todos aquellos en quienes los
apóstoles impusieron las manos, la habilidad para hacer milagros cesó. Pero el
amor continuó.
Es tentador pasarse mucho tiempo
hablando sobre el cese de los dones milagrosos, un
estudio necesario hoy día, pero este es un sermón
sobre el amor, no sobre tales dones. Si usted
deseara hacer un estudio a fondo de 1ª
Corintios 13, desde el punto de vista de los
dones, le recomiendo la pequeña obra de Gary Workman, titulada ¿Vino ya «lo
perfecto»?
Examinemos brevemente los últimos seis
versículos del capítulo 13, y después haremos aplicación.
Versículo 8: «El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán
las lenguas, y la ciencia acabará». Nuevamente Pablo hace referencia a los
dones milagrosos que fueron enumerados anteriormente: El don de hablar por
inspiración, el don de hablar en idiomas que uno no ha estudiado, y el don del
conocimiento sobrenatural (1ª Corintios 12.8). Si bien el amor nunca deja de ser, los anteriores
dones milagrosos sí cesarían.
Versículo 9: «Porque en parte conocemos, y en parte
profetizamos». Mientras el Nuevo Testamento no era acabado, y todo lo que ellos
sabían, venía por medio de estos dones, ellos sólo tenían conocimiento y
enseñanza parciales.
Versículo 10: «Mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es
en parte se acabará». Este es un versículo clave. ¿Qué es «lo perfecto»? Muchas
explicaciones se han dado: Algunos dicen que es Cristo, otros, que el cielo y
aún otros, que el amor. Pero hay grandes problemas con cada uno de los
anteriores. La explicación que mejor encaja en el contexto es el canon acabado,
la palabra de Dios completa. «Cuando venga la revelación perfecta
[completa], la revelación parcial [la que venía por medio de los dones
milagrosos] se acabará». Santiago se refirió a las Escrituras como «la perfecta
ley, la de la libertad» (Santiago 1.25). Romanos 12.2 habla de la «perfecta» voluntad de Dios. En Juan 16.13, Jesús dijo que los apóstoles serían guiados «a toda
la verdad».
En los siguientes dos versículos. Pablo
ilustra lo que está diciendo. Versículo 11: «Cuando yo era niño, hablaba como
niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo
que era de niño». El compara los dones milagrosos con lo que es de niño, es
decir, con cosas tales como muñecas y caballos de palo, que son adecuados para
niños, pero que serían inapropiados para adultos. Los dones milagrosos
existieron para el período de infancia de la iglesia. Cumplieron un propósito
especial en aquel tiempo, pero ya no son necesarios para ese propósito.6 Eran
sólo de carácter temporal.
Versículo 12: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a
cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido». En los
tiempos del Nuevo Testamento, los espejos se hacían de metal pulido, que
rápidamente se empañaba; después de lo cual/ uno sólo podía verse «oscuramente».
El lenguaje usado aquí es parecido al que se usa en referencia al advenimiento
de Jesucristo, pero Pablo no ha cambiado de tema; todavía está haciendo énfasis
en el carácter temporal de los dones espirituales. Santiago compara
Porque si
alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al
hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a
sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta
ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino
hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Santiago 1.23-25).
Lo mejor que podían hacer los dones
milagrosos, era dar conocimiento parcial, comparable a un espejo empañado.
Después de que uno toma una ducha caliente y se mira en el espejo del baño/ lo
único que puede ver es una tenue imagen. Pero el Nuevo Testamento acabado se
puede comparar con un espejo sin empañar. Cuando estudio
Llegamos ahora al gran resumen que hace
Pablo en el versículo 13: «Y ahora permanecen la fe, la
esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor». Note que
Pablo dice que hay muchas cualidades que permanecen, en contraste con
los dones temporales. En otras palabras, en la lista de cosas importantes, que
hace Pablo, los dones milagrosos no fueron puestos en el segundo lugar, después
del amor. Tales dones ocuparon un lugar mucho más abajo en esa lista.
En este versículo, en contraste con el
carácter temporal de los dones milagrosos. Pablo dice que la fe, la esperanza y
el amor son todas cualidades que permanecen, cualidades que continúan vigentes.
Pero la más grande, dice él, es el amor.
Aun la fe y la esperanza acabarán algún
día. Cuando Cristo vuelva, la fe se convertirá en conocimiento. La esperanza se
convertirá en realidad. Pero el amor continuará por toda la eternidad. El amor
es permanente.
Eso es estabilidad; ¡algo
con lo cual uno puede contar!
El predicador de Texas, Charles Hodge propone que podemos someter a dura prueba el amor. En
economía hacemos tres preguntas:
1)
¿Lo necesitamos?
2)
¿Funcionará?
3)
¿Cuánto durará?
Podemos aplicar las tres preguntas al amor que se
describe en 1ª Corintios 13:
¿Lo necesitamos? Los versículos 1 al 3 declaran que sin amor, todo lo que
hagamos en la vida carecerá de sentido. ¿Funcionará? Los versículos 4 al 7 nos dicen que el amor produce
todas las cualidades que tienen verdadero valor.
¿Cuánto durará? Los versículos 8 al 13 anuncian que el amor permanece,
que es permanente.
¡Dios, ayúdanos a ver la importancia
de cultivar amor, verdadero amor, en nuestros corazones y en nuestras vidas!
Ahora vamos a entonar un cántico de
invitación. Mientras cantamos, vamos a estar dividiendo a los presentes en dos
grupos: los que aman a Jesús, y los que no lo aman. Jesús dijo que si usted lo
ama, usted guardará Sus mandamientos (Juan 14.15). Si tiene necesidad de responder...
y no lo hace... es porque no lo ama. Así de simple es. FIN