EL AMOR ¡TODAVÍA OCUPA EL PRIMER AMOR!

 

Introducción:

A.    ¿Ha emprendido usted alguna tarea —tal como desarmar un motor, hacer una gran remodelación, pintar otra vez toda la casa— para darse cuenta, cuando está en medio de ella, de que es mucho más grande de lo que esperaba?

1.   ¿Se dijo a sí mismo, en ese momento, que era mucho más difícil de lo que estimaba? Sin embargo, a esas alturas ya usted estaba demasiado metido en el proyecto y ¡no le quedó más remedio que seguir adelante!

 

B.    El anterior fue el dilema en el que me encontré, cuando decidí hacer un estudio a profundidad sobre el amor.

1.   Estudié todos los versículos de la Biblia que hablan sobre el amor.

2.   Consulté todos los libros de estudio de palabras. Leí todos los artículos y demás escritos que pude encontrar sobre el tema. Comencé a reunir las ilustraciones.

3.   Y cuando me encontraba a mitad de la tarea, me di cuenta de que era imposible llevarla a cabo... no se podía hacer... pero a esas alturas era demasiado tarde para echar atrás. Ya había dado mi palabra de que lo haría.

 

C.    Así que le invito a emprender conmigo el presente estudio sobre eso tan maravilloso que llamamos amor.

 

I:-UN TEMA INAGOTABLE

A.    Uno de los obstáculos más grandes al justo tratamiento del tema, es la abrumadora cantidad de material que hay disponible sobre él.

1.   Son casi cuatrocientas referencias al amor las que hay en el Nuevo Testamento, a las cuales se suman cientos de ellas que se encuentran en el Antiguo Testamento. Algunos de los pasajes más sobresalientes son los siguientes:

a.   Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12).

b.   Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores. Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

c.    ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? [...] Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Romanos 8:35, 37).

d.   El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1ª  Corintios 8:1).

e.   Todas vuestras cosas sean hechas con amor (1ª  Corintios 16:14).

f.    [...] Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la in circuncisión, sino la fe que obra por el amor (Galatas 5:6).

g.   [...] Acordándonos sin cesar [...] de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor [...] (1ª  Tesalonicenses 1:3).

h.   Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24).

2.   También, está el ámbito que abarca el tema. Abarca a la deidad y a la humanidad.

a.   «Dios es amor» (1ª  Juan 4:8,16).

b.   Dios ama al mundo (Juan 3:16).

c.    Dios nos ama (Romanos 5:8).

d.   Dios ama a Jesús (Juan 17:24).

e.   Jesús ama a Su pueblo, la iglesia (Efesios 5:23,25).

f.    Se nos manda amar (Mateo 22:37).

g.   Tenemos el deber de amar a Jesús (Juan 14:15).

3.   Abarca todas las relaciones.

a.   Debemos amar a nuestros hermanos en Cristo (1ª  Pedro 2.17).

b.   Debemos amar a nuestro prójimo (Mateo 22:39).

c.    Debemos amar a nuestros enemigos (Lucas 6:27).

d.   Debemos amar a todos (Romanos 13:8).

4.   Abarca toda esfera de actividad. Hay cosas que debemos amar y cosas que debemos aborrecer.

a.   No debemos amar el deleite (Proverbios 21.17),

b.   ni las riquezas (Proverbios 21.17; Eclesiastés 5.10),

c.    ni este mundo (2ª Timoteo 4.10; 1ª  Juan 2.15),

d.   ni la alabanza de los hombres (Mateo 6.5; 23.6; Lucas 20.46),

e.   ni el primer lugar (3ª Juan 9),

f.    ni la disputa, ni la violencia (Proverbios 17.19; Salmos 11.5),

g.   ni las palabras que perjudican y engañan y deshonran a Dios (Salmos 52.4; Apocalipsis 22.15; Salmos 109.17),

h.   ni clase alguna de maldad (Salmos 52.3; 119.97).

5.   Por otro lado, debemos amar el nombre de Dios (Salmos 5.11; Isaías 56.6),

a.   Su justicia (Salmos 11.7; 33.5; 99.4),

b.   Su habitación (Salmos 26.8),

c.    Su salvación (Salmos 40.16; 70.4)

d.   y Su ley (Salmos 119.47-48, 97,127,159,165,167).

e.   Y debemos amar la limpieza de corazón (Proverbios 22.11),

f.    la misericordia (Miqueas 6.8),

g.   la verdad (Zacarías 8.19),

h.   la reprensión (Proverbios 15.12)

i.     y el advenimiento de Jesús (2ª Timoteo 4.8).

6.   El tema abarca a todos, de todas las edades.

a.   A los jóvenes se les exhorta con estas palabras: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en [... ] amor» (1ª  Timoteo 4.12).

b.   A los ancianos se les enseña a ser «sanos [...] en el amor» (Tito 2.2).

c.    Abarca a hombres y a mujeres. A los maridos se les manda: «Amad a vuestras mujeres» (Efesios 5.25). A las mujeres se les dice que se salvarán si permanecen «en fe, amor y santificación, con modestia» (1ª  Timoteo 2.15).

d.   De hecho, si usted está vivo y respira y es capaz de entender, lo abarca a usted. A todos se nos manda seguir el amor (1ª  Corintios 14.1); andar en amor, como también Cristo nos amó (Efesios 5.2) y amarnos unos a otros entrañablemente, de corazón puro (1ª  Pedro 1.22).

d.

B.    ¿¡Me entiende lo que quiero decir cuando hablo de lo inagotable que es el tema!? Sin embargo, todavía podemos aprender. La mayoría de nosotros jamás podrá sondear la profundidad del océano, pero esto no impide que juguemos a la orilla de él.

 

II:-UN TEMA INCOMPARABLE

A. En esta lección introductoria, lo más importante que deseo enfatizar es que el amor todavía ocupa «el primer lugar».

       En el Nuevo Testamento, el amor siempre se presentó como la más grande de todas las cualidades. Pablo lo puso en primer lugar en su lista de virtudes cristianas: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Galatas 5.22-23; énfasis nuestro). En Colosenses 3.12, Pablo comenzó a enumerarles a sus lectores las cosas que deben cultivar en sus relaciones unos con otros: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad [...]». Luego, la lista termina diciendo: «Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto» (Colosenses 3.14; énfasis nuestro).

    Pedro habló de igual manera varias veces. En 1ª  Pedro 4, enumeró varias instrucciones, y luego dijo: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados» (verso 8; énfasis nuestro). En su segunda epístola, Pedro insta a todos los cristianos con las siguientes palabras:

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor (2ª Pedro 1.5-7; énfasis nuestro).

       A los anteriores se les refiere a veces como los pasos que llevan a la espiritualidad. Si así es, entonces el amor es el último paso. A veces se les refiere como los pasos que llevan a la madurez. Si es así, el amor es el paso que se da, cuando hemos alcanzado plena madurez. Uno también puede ilustrar este proceso de desarrollo con la construcción de una pirámide, de la cual la fe es la base. En esta ilustración, el amor sería la cumbre. O puede que prefiera usted la ilustración de una escala musical. La palabra griega que se traduce por «añadid» se usaba en la notación musical de aquellos tiempos; significaba añadir lo que se necesitaba para hacer completa la armonía. Si usted usa esta última ilustración, y hace que la primera «nota» represente la fe, hallará que hay ocho notas, de las cuales el amor es la más alta. O si desea ver el pasaje como un llamado a los cristianos a crecer, el mensaje será que nuestro crecimiento alcanzará su plenitud, cuando aprendamos a amar como debemos.

       Juan también habla acerca de la preeminencia del amor. A continuación se citan algunos pasajes típicos:

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte (1ª  Juan 3.14).

Si nos amamos unos a otros. Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros [...] Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en Él (1ª  Juan 4.12, 16).

       Los pasajes de Pablo, Pedro y Juan, fueron escritos hace muchos años, sin embargo el amor todavía ocupa el primer lugar. En mis tiempos de adolescente, podríamos haber dicho que el amor ocupa el primer lugar en el hit parade de Dios. Hoy día la frase podría ser el primer lugar en la «lista de éxitos» de Dios. Se diga como se diga, lo que interesa al fin y al cabo, es que el amor todavía es la necesidad más grande en la vida de todas las personas.

       Lo anterior es así por muchas razones. El amor todavía ocupa el primer lugar porque todavía es «el gran mandamiento». Poco antes de morir, a Jesús se le preguntó: «¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?» (Mateo 22.36), y Él respondió:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22.37-39).

      En Marcos, Jesús resumió lo que dijo en Mateo, con las siguientes palabras: «No hay otro mandamiento mayor que éstos» (Marcos 12.31).

      Esta verdad es repetida en el resto del Nuevo Testamento. Pablo dijo: «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (Romanos 13.8). Cuando les escribió a los Gálatas, les advirtió del peligro de guardarles rencor a los demás, y después les amonestó con las siguientes palabras: «Servios por amor los unos a los otros. Porque todo la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5.13-14). Santiago subrayó el mismo punto en su breve epístola: «Si [...] cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis» (2.8).

       Reiterando lo dicho, el amor todavía ocupa el primer lugar porque todavía es el distintivo del discípulo. En Juan 13.34-35, se nos presentan estas palabras de Jesús, palabras que lo ponen a uno a pensar: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».

       Jesús no dijo que los hombres conocerán que somos Sus discípulos si vivimos vidas piadosas... ni si seguimos la sana doctrina... sino, si nos amamos unos a otros. No me malentienda. El vivir vidas piadosas es importante, e igual lo es el seguir la sana doctrina. Sin embargo, cuando el mundo nos mira, lo primero que le interesa es saber cómo nuestra religión nos ha tocado el corazón. Recuerdo a una señora que me preguntó acerca de la congregación con la cual yo trabajaba en aquel tiempo. Aproveché la oportunidad para explicarle acerca de nuestra propuesta de restauración de la iglesia del siglo I. Cuando terminé mi explicación, en su reacción no dijo: «0h, esa es la iglesia que andaba buscando!», sino que dijo: «Yo sólo buscaba un lugar en el que pudiera hacer amistades».

      Hace poco leí acerca de un joven que, después de ser convertido, se trasladaba de un extremo al otro de la ciudad, para reunirse con una pequeña congregación, y que al hacer esto pasaba frente a muchos edificios de iglesias que había en el camino. Cuando se le preguntó por qué hacía tal esfuerzo, pues lo más lógico era que asistiera a alguna congregación que estuviera más cerca de su casa, sonrió y dijo: «Es que esa gente del otro lado de la ciudad se aman unos a otros». El amor sigue siendo el distintivo del discipulado.

Además, el amor todavía ocupa el primer lugar porque sin él, ninguna otra cosa tiene valor.

      Cuando uno considera la grandeza del amor, inevitablemente tropezará con 1ª  Corintios 13. Más adelante estudiaremos este capítulo con mayor detenimiento. Por ahora sólo deseo analizar algunos versículos:

      Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve (versos 1-3).

       ¡Si no hay amor, la elocuencia, los dones milagrosos, la más impresionante benevolencia y hasta el martirio, ¡nada serán! Me consuela en gran manera saber que esto es así, porque, puede ser que yo jamás llegue a ser un gran orador, pero puedo aprender a amar, y esto es más importante. Es demasiado tarde para los dones milagrosos, pero no importa, porque el amor es más grande. Puede que no tenga mucho que darles a los demás, pero puedo darles lo más importante: amor. No estoy seguro de que tenga el valor que se necesita para ser mártir, pero puedo amar.

       El capítulo 13 concluye con estas palabras: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (verso 13). La fe es grandísima; sin ella, no podríamos agradar a Dios (Hebreos 11.6; vea también Juan 6.28-29). La esperanza también es grandísima; es el ancla del alma (Hebreos 6.19). Ella nos sustenta. Sin embargo, el amor es mayor. Si fuera yo el que lo dijera, tal vez habría quien quisiera discutir conmigo. Pero no podemos discutir con el autor inspirado de Dios.

      El capítulo podría resumirse con lo que dice el versículo 2 al final: «[Si] no tengo amor, nada soy». Sin amor, nada soy. Si no hay amor en mi vida, no servirá de mucho todo lo que posea o logre en ella. Pero si puedo amar, y saber que soy amado, mi vida será plena, y podrá sobrevivir a casi cualquier cosa.

      Hace varios años tropecé con un artículo que ilustra el punto anterior. Con estas palabras comenzaba el artículo: «No sólo de leche vivirá el bebé. Para el crecimiento saludable, e incluso para la vida misma, no menos esencial [que la leche] es el amor materno». Las palabras anteriores fueron tomadas de una publicación de la revista Time. Eran un resumen de lo que ha llegado a ser un famoso reportaje clínico que dio el Dr. Rene Spitz a una conferencia de médicos de la ciudad de Nueva York. El Dr. Spitz había llevado a cabo una exhaustiva investigación clínica en una casa cuna de Latinoamérica. Había noventa y un recién nacidos en el momento que comenzó su investigación. Al cabo de tres meses, el 30 por ciento de los noventa y un recién nacidos, murió. El resto de ellos se deterioró casi al punto de la imbecilidad. Continuó en su informe con la siguiente explicación:

Era una casa cuna establecida de antiguo, estaba bien equipada de acuerdo con todos los criterios materiales, y bien administrada. Sus noventa y un internados tenían abundancia de buenos alimentos, ropa, luz, aire y juguetes. Había enfermeras competentes que los alimentaban y los bañaban regularmente Pero hacia falta una cosa. Las enfermeras, cada una con diez recién nacidos a los cuales cuidar, estaban demasiado ocupadas para detenerse y jugar con los niños a su cargo. Cada recién nacido tenía el equivalente a la décima parte de una madre. «No fue suficiente», concluyó el Dr. Spitz. «Como resultado de ello, al estar emocionalmente hambrientos, los recién nacidos no estuvieron preparados para dar batalla por la vida».

En otro artículo sobre el tema, titulado: «El sobrecogedor poder del amor humano», la autora Ashiey Montaque, escribió:

Hoy sabemos [...] que el amor es parte esencial del sustento de todo bebé, y que a menos que sea amado, éste no crecerá ni se desarrollará como organismo saludable en lo psicológico, lo espiritual y lo físico [...] Los científicos están descubriendo hoy día que el vivir como si la vida y el amor fueran una sola cosa, es una condición indispensable, porque este es el modo de vida que exige la naturaleza innata del ser humano No es una idea nueva. Lo que es nuevo es que los hombres contemporáneos están volviendo a descubrir, por medios científicos, las antiguas verdades del Sermón del Monte y de la regla de oro.

Es el amor lo que les da sentido a todas las cosas.

        Cuando uno toma en cuenta que al amor siempre se le refiere como la reina de las virtudes en el Nuevo Testamento, que es el distintivo del discipulado, y que ninguna otra cosa tiene valor sin él, es obvio que, por lo menos para comenzar a apreciarlo, necesitamos...

 

III:-UN ENFOQUE INTENSIVO

A.   En las lecciones que se presentarán más adelante, estaremos hablando acerca del verdadero significado de la palabra «amor». No se trata de un aguado sentimentalismo, sino de «amor firme». Analizaremos los dos grandes mandamientos y qué significa bíblicamente amarnos a nosotros mismos. Es posible que sobre este tema le estemos prestando más atención a la psicología que a la Biblia. Después pasamos a analizar las relaciones con los demás. ¿Cómo amamos a los demás? ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? Deseamos tratar la relación especial del hogar. ¿Cómo se relaciona el tema del amor con la preparación para el matrimonio? ¿Cómo puede el amor hacer que el hogar sea lo que Dios quiso que fuera? Después pasaremos al tema del amor a nuestros hermanos. Por último, culminaremos el estudio centrándonos otra vez en la fuente de todo ello: El amor de Dios por nosotros y la manera como debemos responderle.

      

B.   Este estudio es algo que necesito; puede que sea algo que usted también necesite. He aquí algunos de los valores que tiene el aprender a amar tal como la Biblia enseña:

1)     Nos evitará llenarnos de amargura y de desilusión.

2)     Cultivará en nosotros muchas otras cualidades que necesitamos tener.

3)     Nos ayudará a ser amados; es como estar en la lluvia que brota de un manantial: Es difícil estar en medio de ella sin mojarse.

4)     Nos ayudará a evitar que se nos endurezcan las tareas espirituales; nos mantendrá jóvenes. Las personas que aman profundamente jamás envejecen. Puede que lleguen a morir físicamente por la vejez; pero todavía serán jóvenes de corazón y de espíritu.

 

CONCLUSIÓN:

El amor a menudo se malentiende.  Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).  El amor por Dios y por Jesús no es solamente un sentimiento cálido, sino un compromiso con lo que ellos mandan.  Dios desea su amor.  Él desea el amor que obedece. ¿Ama usted a Dios?  Si lo ama, hará lo que La manda!   FIN