LA CONCIENCIA

(Lección-9)

 

 

        OTRA de las facultades mentales es la CONCIENCIA y se puede definir como: “El poder que tiene la mente para determinar lo que es recto y la obligación de hacerlo, y lo que es malo y que no debe de ser hecho, o lo que es indiferente que puede o no hacerse”.  Por eso se ha dicho que es la potencia de la mente para GUIAR al hombre en sus decisiones en cuanto a lo que es bueno o malo o lo que es indiferente.  Todos los hombres sin importar el sistema de moral que posean determinan juicios efectuados par la CONCIENCIA.

       Otra de las definiciones más aceptadas es: “Conciencia es juicio práctico de la razón por medio del cual se determina si el acto individual es bueno para ser  ejecutado o es malo para ser imitado”.         

                               

Existen tres significados de la conciencia:

1.  La facultad del intelecto de formar juicios sobre cuales de los actos del individuo son buenos a malos.

2.  El proceso del razonamiento que se efectúa en el intelecto para alcanzar un juicio.

3.  El juicio en sí, como la conclusión del proceso del razonamiento. Esta es la clase de conciencia de que nos habla la Biblia, y por lo tanto la que tiene que ver con nuestro estudio.

 

      La conciencia actúa en relación a la información que posea.  La base para determinar el estado en que ella se encuentra es lo falso o verdadero de la información.  Si la información es correcta y de acuerdo a la verdad, la conciencia actuará con propiedad.  Por el contrario, si la información es errónea, entonces la conciencia está mal ajustada para hacer juicios correctos.

       Al igual que en las facultades de la mente ya estudiados, la conciencia  y sus actos son descritos en la Biblia como ejecutados por el corazón. Las citas que se mencionarán a continuación comprobarán estas afirmaciones:

        En el Antiguo Testamento el profeta Jeremías dijo: “ Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jer.17:6).  El profeta inspirado confiesa que la conciencia, en este caso “la conclusión del proceso del razonamiento humano” es inseguro, y frecuentemente perverso y que quien se deje guiar por él llegará a consecuencias desastrosas.

         En una de las bienaventuranzas el Señor dijo en relación al corazón: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).  El Señor está hablando aquí de la necesidad de limpiar la personalidad interior para poder ver a Dios.

         Pero, es Pablo quien en el Nuevo Testamento habla más de la conciencia y son sus palabras las que se usan para clasificarla.  No abstente seguiremos observando por ahora la función del corazón en el lenguaje  bíblico desempeñando el trabajo de la conciencia:  ... pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.  Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios”. (1ª Juan 3:20-21).  Juan habla de la conciencia mencionando algún trabajo ejecutado por el corazón, que es el de reprender.  De aquí que se diga que la conciencia es la “Policía que ejecuta el juicio que ha hecho el intelecto por la información que ha adquirido”.

DIFERENTES CLASES DE CONCIENCIA

       La conciencia puede estar en diferentes estados y de aquí que se diga que hay diferentes conciencias, según el ambiente, o la información que haya tenido el individuo al desarrollarse como hombre.

      Algunas veces se ha clasificado la conciencia en SEGURA, DUDOSA,  PERPLEJA, ESCRUPULOSA, Y VERDADERA.  Estas clasificaciones se han hecho al examinar el estado de esta facultad mental sin atender a la información bíblica.  Puesto que este curso trata de la psicología de la enseñanza bíblica, nosotros estamos más interesados en las clasificaciones que la Biblia nos presenta.

       La Palabra de Dios nos presenta también CINCO ESTADOS DIFERENTES  en que se puede encontrar la conciencia de un ser humano:  BUENA, MALA, FLACA o DEBIL, ADORMECIDA y LIMPIA.  Examinemos cada uno de estos estados:

LA CONCIENCIA BUENA

El apóstol Pablo dice: “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia,  y acusándoles a defendiendo sus razonamientos . (Romanas 2:15).  La conciencia obra en razón directa a la información que tiene el intelecto.  Una conciencia es BUENA  cuando trabaja movido por el conocimiento del intelecto.  Si la información es errónea, también la conciencia guiará al error.  Para que la conciencia guíe por el camino del bien, necesita ser corregida la información que tiene el intelecto.     Un buen ejemplo de esto es Pablo mismo.  Él dice: “... yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”. (Hechos 23:1).  Pablo dice que cuando él había vivido en el judaísmo lo había hecho “con limpia conciencia”.  ¿Persiguiendo, echando en la cárcel injustamente?  , porque así le decía su conciencia guiada por la información de un intelecto educado en ese sistema religioso.  Después siguió teniendo limpia conciencia, pero lo que cambió fue la información.  Cuando Pablo conoció a Cristo OBEDECIO A CRISTO.  Su conciencia siempre se guió por la información que poseía su intelecto.  Una conciencia buena es aquella que HACE lo que SABE  que es bueno.  Los cristianos tendrán su CONCIENCIA BUENA mientras vivan de acuerdo a la información del evangelio de Cristo.

LA CONCIENCIA MALA

      Una conciencia mala es una conciencia educada en la maldad.  La conciencia puede funcionar bien, pero debido al entrenamiento que el intelecto ha adquirido ha descontrolado su funcionamiento.  Este estado lo describe perfectamente el siguiente pasaje cuando dice:  ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo;  que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz;  que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo”. (Isaías 5:20).  Esta es más bien una conciencia desequilibrada par la falta de juicio del intelecto.  Esta clase de conciencia es el resultado de ejercitar las facultades del hombre en la maldad.  Dios nos limpia de esta conciencia por el beneficio de su Hijo al derramar su sangre - (Hebreos 9:14). Para que así el hombre se pueda acercar al trono de Dios (Hebreos 10: 22), (1ª Pedro 3: 21.

LA CONCIENCIA DEBIL O FLACA

       Esta es la que podría considerase DUSOSA  O PERPLEJA que no tiene principios sólidos para basar sus decisiones.  Una persona con una conciencia así puede ser movida fácilmente por las decisiones de otra.  En este caso la responsabilidad recae sobre el que tiene su conciencia BUENA.  Por esto es que Pablo escribió a los corintios: “Pero  no en todas hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificada a ídolos, y su conciencia, siendo débil es contaminada”. (1ª Corintios 8:7.  Toda conciencia será débil cuando el intelecto este insuficientemente informado.

LA CONCIENCIA ADORMECIDA

      Otro de los estados en que se puede encontrar la conciencia es el que describe Pablo como CAUTERIZADA y que nosotros llamamos ADORMECIDA.  Esta es una conciencia violada.  Cuando la conciencia dirige bien y la voluntad del hombre no se domina a ella, sino que se rebela, entonces la conciencia sufre.  Mientras más se viola, menos fuerza tiene.  Cuando una persona se convierte en constante violador de su conciencia, descompone en tal forma a esta potencia de la mente que la hace inservible.  Cuando una persona tiene la conciencia ADORMECIDA QUEDA SIN GUIA, de estos Pablo dice: “... por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia prohibirán casarse . . . “ (1ª Timoteo 4:1.

LA CONCIENCIA LIMPIA

        La conciencia limpia es el producto de una conciencia BUENA que no es violada y que está en constante contacto con Dios.  La conciencia es limpia cuando está en perfecta armonía con la información que tiene el intelecto y la dirección de la persona bajo su control.  Pablo pide esto como un requisito para los diáconos: “que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia...” (1ª Tim. 3:9).  Pablo tenía siempre este estado como la meta suprema de su vida: “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”. (Hechos 24:16).  fin