(Lección
14 )
A los gentiles: “Porque la ira de Dios se
revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que
detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,
pues Dios se lo manifestó. Porque las
cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas,
de modo que no tienen excusa. Pues
habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias,
sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue
entenebrecido... quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que
practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hace, sino que también
se complacen con los que las practican” (Romanos 1:18-32)
“Porque cuando los gentiles que no tienen
ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son
ley para sí mismos, mostrando la obra de
la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles
o defendiéndoles sus razonamientos” Romanos 2:14-15)
A los Judíos: “Por lo cual eres
inexcusable, OH hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que
juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican
tales cosas es según verdad. Y piensas esto, OH hombre, tú que juzgas a los que
tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?. (Romanos 2:1-3)
A todos: “Tribulación y angustia sobre todo
ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,
Pero gloria y honra y paz a
todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego” (Romanos
2:9-10)
Y: “Por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la
mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y
el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:23-26)
Después de considerar las recompensas y
castigos que Dios dará el día del juicio, puede ser que nos preguntemos:
“¿Dónde está la justicia de Dios en todo esto?. ¿Es él justo al recompensar o castigar
personas para siempre por la forma como vivieron sus cortas vidas aquí en la
tierra?. ¿Por
qué habría de recompensar a alguien que se arrepintió al final de su inicua
vida?. El
hermano mayor del hijo pródigo, en Lucas 15, pensó que éste, quien había vivido
una vida impía, no merecía la compasión del Padre (vv.25-30) Podríamos preguntar. ¿Y qué hay de la
justicia de Dios cuando castiga a una persona por la eternidad porque no
obedeció los requisitos menores?
Muchos se preguntan cómo pueden
la ira y el castigo severo ser armonizados con el amor, la misericordia y la
gracia de Dios. Aunque parezca extraño,, el amor de Dios es lo que los mueve a la ira. Tal vez lo
siguiente sea demasiada simplificación del asunto, pero, ¿somos nosotros
capaces de evitar la ira cuando somos rechazados por los que amamos y por
aquellos por quienes nos hemos sacrificado?
Dios es llamado un Dios celoso (Éxodo 20:5;
Josué 24:19; Ezeq. 39:25; 1ª Cor. 10:22) Su amor
es la base de su celo; su celo es lo que lo mueve a la ira; y su ira es lo que
lo mueve al castigo. “Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y
lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus
enemigos” (Nahúm 1 : 2)
No debemos llegar a la conclusión de que,
porque Dios es nuestro Padre, él no será un Juez estricto, o que porque Jesús
es un cordero, él no puede ser un León. Puede ser que pensemos del espíritu
Santo como una paloma, pero no podemos dudar de que puede
ser un fuego consumidor. El evangelio,
las buenas nuevas nos dice cómo Dios nos proveyó una forma de escapar al
castigo eterno a través de Cristo.
¿SON EL CIELO Y EL INFIERNO
INMERECIDOS?
¿Es Dios “justo” al salvar a los que son
crueles pecadores?.
Si Dios actuara sobre la base de una justicia estricta, ¡ninguno de
nosotros sería salvo! Sabemos que todos
pecaron, y están sustituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23; Juan 3:9-10;
1ª Juan 1:8,10) Debido a nuestros pecados, todos nosotros
merecemos ser castigados. Nadie merece la vida eterna en el cielo. Tampoco podemos
proveer para nuestra propia salvación (Efes. 2:8-9); Sólo Jesús puede salvarnos
(Hech. 4:12) Recuerde, la justicia de Dios demanda la
muerte como pago por el castigo (Romanos 6:23)
La muerte de Jesús (Col. 1:19-22) ha satisfecho la justicia de Dios (Rom. 3:25) y ha hecho disponible el perdón para el mundo
entero (1ª Juan 2:2) Jesús ha provisto
salvación eterna (Heb. 5:8-9) al liberarnos de
nuestros pecados (Apoc. 1:5)
Tratemos
de responder a algunas preguntas difíciles respecto a la justicia de Dios:
1) ¿Es Dios
justo al salvar a una persona, cuando toda su vida a
sido impía y se vuelve a él en el último minuto? El razonamiento humano podría decir que si
Dios hace esto, entonces “no es recto el camino del Señor” (Ezeq.
33:17)
Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu
pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la
impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y
el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando yo dijere al
justo: De cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas
sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo.
Y cuando yo dijere al impío: De cierto
morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la
justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado,
y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá
ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había
cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente. Luego dirán
los hijos de tu pueblo: No es recto el camino del Señor; el camino de ellos es
el que no es recto. Cuando el justo se
apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello.
Y cuando el impío se apartare de su impiedad,
e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello (Ezeq:
33:12-19)
Pablo y el hijo pródigo de Lucas 15 son
buenos ejemplos del perdón de Dios. El perdón es un regalo que no merecemos.
Como se basa en la muerte de Jesús, no en le bueno que hagamos para Dios (Efes.
2:8-9), él es justo al dar la salvación a todo el que elija, en los términos de
él, sin importar el tiempo de servicio.
2) “Si una
persona es justa toda su vida pero al final se vuelve pecaminosa, ¿es justo
Dios al castigarlo? Esto fue lo que Dios
dijo a Ezequiel: “La justicia de justo no lo librará el día que se revelare;...
todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que
hizo” (Ezeq. 33:12-13) Cuando el justo se apartare de su justicia, e
hiciere iniquidad, morirá por ello (Ezeq. 33:18)
Si una
persona se entrega al pecado, le ha cerrado las puertas a la gracia de Dios.
Sólo la sangre de Jesús puede perdonar pecados. El perdón se basa en nuestra
respuesta individual a Dios.
3) ¿Es Dios
justo al castigar a una persona para siempre aún cuando esta no tuvo la
oportunidad de conocer acerca de la salvación en Cristo? Dado que
Cuando estaba vigente la antigua
dispensación, en el periodo del Antiguo Testamento, Dios juzgó a la gente de
acuerdo con las leyes bajo las cuales se encontraban. Con respecto a los
gentiles, esto fue lo que Pablo Escribió:
“Porque todos los que sin ley
han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado,
por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante
Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.
Porque cuando los gentiles que no tienen
ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son
ley para sí mismos” (Romanos 2:12-14) Si
uno vive una vida impía, como si no hubiera Dios, el tal no tendría excusa;
pues hay suficiente evidencia de su existencia (Romanos 1:18-20) y de un código
moral intrínseco (Rom. 2:14) En esta última dispensación, el periodo
cristiano, esto fue lo que Pablo dijo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los
tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que
se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual
juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a
todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31)
Después de la resurrección de Jesús, él dio
la gran comisión a sus apóstoles, la cual incluyó el mundo entero por el resto
del tiempo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El
que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será
condenado” (Mar. 16:15-16) Según Pablo,
Dios ha puesto su poder de salvación en el Evangelio: “Porque no me avergüenzo
del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al
judío primeramente, y también al griego.
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe,
como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Rom.
1:16-17)
Fue por esta razón que Pablo advirtió, que
los que no han obedecido al evangelio se perderán. Cuando Jesús regrese, con
los ángeles de su poder, “dará retribución” a los que no conocen a Dios y a los
que no han obedecido al evangelio de nuestro Señor Jesucristo (2ª Tes. 1:8)
Esto fue lo que Pablo dijo: “En verdad
comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se
agrada del que le teme y hace justicia” (Hech.
10:34-35), Cornelio tenía necesidad de ser salvo (Hech.
11:14) a pesar de que temía a Dios y que su vida era buena en lo moral (Hech. 10:1-2) Dios le envió a Pedro para que le predicara
el evangelio y él pudiera obedecerlo y convertirse en cristiano.
A la luz de todos los pasajes anteriores, es
claro que toda persona responsable en el mundo tiene necesidad de obedecer y
vivir el evangelio. El que no lo haga, por la razón que sea, queda en las manos
de un Dios santo y justo. Es obvio que todo cristiano que se encuentre a este
lado del cielo, tiene la obligación espiritual de hacerle llegar el evangelio a
todo pecador que se encuentre a este lado del infierno. “¿Será justo Dios al
condenar a un hombre que hubiera obedecido el evangelio pero que jamás oyó del
mismo jamás fue convertido?” Tal vez la
pregunta es demasiado grande para responderla nosotros, pues no podemos conocer
plenamente el corazón de todos los hombres, ni las circunstancias que le
rosean. Podemos dar gracias a de que Dios nos juzgará a nosotros y a todos
los hombres. Nosotros no seremos los jueces; seremos los juzgados. Por lo tanto
cumplamos con nuestro deber y aboguemos porque todos los hombres obedezcan el
evangelio que es el poder de Dios para salvar, creyendo confiadamente que el
juez de toda la tierra tratará en forma justa a todos los hombres (Génesis
18:25)
¿ES JUSTO EL CASTIGO ETERNO?
¿Por cuál norma evaluaremos la justicia del
castigo eterno?.
El ser pecadores nos impide comprender qué tan enorme es el pecado.
Puede ser que no veamos lo que realmente es el pecado. Después de todo el
pecado no solo nos involucra a nosotros y a los demás, sino también, a la
relación personal de cada uno con Dios. El estar familiarizados con el pecado
nos reduce la capacidad de darnos cuenta de qué tan terrible es. El pecado merece ser castigado severamente,
pues por él somos contaminados y nos hace quedar cortos con respecto a la
naturaleza divina (Rom. 3:23), la cual es nuestra
norma (1ª Ped.
1:15-16) Sin el perdón nos quedaríamos sin el lugar en el cielo (2ª Ped. 3:13; Apoc. 21:27)
Puede ser que nosotros disfrutemos y nos
encante el pecado, pero Dios lo aborrece (Heb. 1:9)
Algunos podrían decir que Dios aborrece al pecado y que ama al pecador. En un
sentido, esto es cierto; pero Dios no separa al pecador de su pecado. Si así lo
hiciera, entonces su ira y castigo sería descargado sobre el pecado, no sobre
el pecador. La ira de Dios es derramada sobre el pecador (Juan 3:36; Rom. 1:18; Col. 3:6; 1ª
Tes. 2:16) Dios no ve el pecado de la misma
manera que nosotros.
Lo
anterior hace que surjan algunas preguntas: ¿Seremos capaces y competentes como para determinar qué es
castigo justo por el pecado? . ¿Podremos ver lo que realmente es el
pecado? ¿Podremos ver el pecado de la
misma manera que Dios lo ve? ¿Podremos abarcar el punto de vista de Dios
respecto a lo que es castigo justo por
el pecado? ¿Podremos ver más allá del
efecto del pecado en nuestro mundo hasta ver lo que hace a la relación de cada
persona con Dios y a la forma como Dios ve la rebelión en contra de su
voluntad? ¿Podremos definir que es
castigo justo cuando no podemos ver lo enorme que es el pecado?.
La enormidad del pecado y la severidad del
castigo de Dos se pueden apreciar en aquellos casos en los que Dios ha dado su
fallo. La muerte, los problemas, las
enemistades, el dolor del corazón, y miles de penalidades llegaron a nosotros a
causa del pecado de Adán y Eva. Dios ha mostrado la seriedad del pecado al pasar los resultados de un acto, aparentemente
inocente, a miles de millones de personas durante siglos. Podríamos pensar que
esto es injusto, pero no podemos apreciar que tan serio es el revelarse en
contra la voluntad de Dios. Dios no
cambia (Malaq. 3:6), él “es el mismo ayer, y hoy, y
por los siglos” (Heb. 13:8) El castigo eterno debe
ser consistente con sus juicios del pasado.
Hay quienes puedan pensar, que la violación
de la voluntad de Dios, por tan corto tiempo, aquí en la tierra, no merece un
castigo eterno. Aun en nuestras salas de juicio, el tiempo que toma cometer un
crimen no determina el tiempo o la severidad del castigo. Lo que determina el
castigo es la gravedad del crimen.
Existen algunas pocas observaciones que
deben hacerse respecto al castigo eterno:
1) Lo que se demanda como pago
por una ofensa indica qué tan serio es el crimen a los ojos del que busca que
se haga justicia. El hecho de que Dios requiriera la cruel crucifixión de su
Hijo (1ª Ped.
2:24; 3:18), con el fin de pagar por el pecado, indica qué tan serio es el pecado
a sus ojos. Si Dios envió a su Hijo a morir de esta manera, para satisfacer las
demandas de justicia, entonces, no está fuera de lo razonable el castigo
eterno, en el tribunal de Dios.
2) El castigo eterno parecería injusto
si Dios no hubiera provisto tan gran salvación como vía de escape (Heb. 2:3) El rechazo de tan amoroso sacrificio para nuestra
salvación, podría provocar, con toda justicia, la ira de Dios (Juan 3;36)
3) Como Dios ha provisto una
opción, una salida, que no hemos ganado y que no merecemos, queda a elección
nuestra el escapar, o no, del castigo.
El que quiera puede tomar del agua de la vida gratuitamente (Apoc. 22:17) Dios
nos ha provisto la opción de la vida eterna o la del castigo eterno (Mat. 7:13-14; 25:46)
Nuestro destino se basa en lo que elijamos nosotros, no en lo que elija
Dios. El no quiere que ninguno se pierda, sino que todos reciban la vida eterna
(2ª Ped.
3:9) Si Dios eligiera el castigo eterno y no tuviéramos nada que ver
con tal elección, entonces él sería injusto. No obstante, nosotros tenemos el
derecho de elegir, y es en esto que se puede ver la justicia de Dos.
4) El castigo eterno se dispensa
a causa de la condición de los corazones de aquellos a quienes Dios castigará.
Puede ser que los corazones del diablo y sus ángeles sean inmutables, rebeldes,
en cuyo caso su castigo eterno es justo. Los que van con ellos al castigo
eterno (Mat. 25:41) son de corazones endurecidos
también. “pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti
mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Rom. 2:5); “Y los otros hombres que no fueron muertos con
estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos” (Apoc. 9:20) Las
expresiones de la venganza divina en el pasado deberían mover a todo mundo a
arrepentirse de sus malos caminos, pero no todo el mundo está dispuesto a
someterse a Dios.
Leemos que “toda lengua confesará que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil.
2:11) ¿Significa esto que todos se arrepentirán?
NO. También los demonios creen y
tiemblan (Santiago 2:19) Estos
confesaron quién es Jesús cuando dijeron: “Tú eres el Hijo de Dios” (Mar. 3:11; 5:7) El confesar no necesariamente significa
arrepentimiento. Si así fuera, cuando estos demonios confesaron entonces se
arrepintieron. Es evidente que no lo hicieron.
¿HAY BUENAS NUEVAS?
Las buenas nuevas de esta lección es que
Dios ha hecho posible, a través de Jesús, un escape de los tormentos del
infierno, si es que lo aceptamos (Heb. 5:9) Cualquiera que desee la salvación puede
recibirla (Apoc. 22:17)
Debido a su amor, gracia y misericordia,
Dios no quiso que nosotros sufriéramos por nuestros pecados, sino que proveyó
fortaleza para nosotros, en nuestra condición de debilidad (Rom.
5:6-8) El hizo esto a través de la
muerte de Jesús por nuestros pecados (Juan 3:16; Rom.
3:24; 11:32) Esta buena nueva, el evangelio, es la parte que Dios pone en
nuestra salvación.
Podemos recibir el beneficio de las buenas
nuevas si creemos y obedecemos al evangelio (Rom.
1:16; 2 Tes. 1:8; 1ª
Pedro 4:17) Esto incluye el
arrepentimiento de nuestros pecados (2 Pedro 3:9), el confesar nuestra fe en
Jesús (Rom. 10:9-10) y el ser bautizados para el
perdón de nuestros pecados (Mar. 16:15-16; Hech.
2:38; 1 Pedro 3:20-21) Si hacemos esto,
nuestros pecados serán lavados (Hech. 22:16) por la
sangre de Jesús (Col. 1:19-22; Apoc. 1:5) Como
resultado de nuestro nuevo nacimiento y de nuestra subsiguiente nueva vida
seremos presentados “santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”, si
permanecemos fundados y firmes en la fe, y sin movernos de la esperanza del
evangelio (Col. 1:22-23) Dios ha
provisto la oportunidad. Nos toca elegir la vida eterna para poder escapar del
castigo eterno.
CONCLUSIÓN:
La idea del castigo eterno puede ser
repulsiva para nuestro sentido de justicia, pero es lo que Dios ha anunciado y
lo que resulta consistente con su naturaleza.
Como Dios amoroso que es, él a través de su gracia, ha provisto para
nosotros, mortales e inmerecedores, la esperanza de
vida eterna con él en el cielo. Podemos elegir obedecer el evangelio y vivir
con él, como también, podemos elegir desobedecer el evangelio y ser castigados
con el diablo y sus ángeles por toda la eternidad. Dios nos ha elegido. El
diablo nos ha elegido. Nosotros podemos elegir a Dios o al diablo. Nuestro
destino eterno se basará en la elección que hagamos. Cuando la puerta de la
muerte se nos abra, o cuando Jesús
regrese, nos enfrentaremos con Dios y con la eternidad. ¿Cuál será su destino
eterno? & cisnerosme@yahoo.com.mx