Nuevas criaturas en Cristo

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   De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5.17).

   A todo el mundo le encanta lo nuevo. Ya puede ser un recién nacido, un auto nuevo, una casa nueva tan sólo unos calcetines nuevos, a nosotros siempre nos emociona el frescor y la vitalidad de lo nuevo.

   El idioma griego tiene dos palabras que se traducen al español por “nuevo”. Una de ellas, neos, significa “nuevo en cuanto al tiempo”. Esta palabra podríamos utilizar para referirnos a un bebé recién nacido: “Este es un nuevo ser humano”. Podríamos utilizar esta palabra para referirnos a una casa que acaba de ser construida, y en la cual todavía nadie ha vivido: “Esta es una casa nueva”. El bebé y la casa son realmente “nuevos en cuanto al tiempo”. Han existido por muy corto tiempo.

   Otra palabra griega, kainos, significa en esencia:   “nuevo en cuanto a la calidad”. Con esta palabra podríamos decir de una casa que ha sido r modelada: “Esta es una casa nueva”. Podríamos utilizarla para referirnos a un auto viejo, al cual alguien le ha puesto un motor nuevo, llantas nueva y le ha pintado su carrocería, y decir: “Este es un auto nuevo”. En estos casos, la casa y el auto no son “nuevos en cuanto al tiempo”, sino, “nuevos en cuanto a la calidad”. Se les ha dado una nueva vid.  Han sido reconstruidos.

   La segunda palabra, kainos, es la que Pablo utiliza en 2ª  Corintios 5.17. En realidad, esta oración podría traducir para que se lea: “De modo que alguno está en Cristo, una criatura nueva en cuanto a la calidad es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas en cuanto a la calidad.   Pablo no estaba dando a entender que podemos tener un nuevo comienzo en cuanto al tiempo, sin que, podemos tener un nuevo comienzo en cuanto la calidad. No era que le estaba poniendo palabras a nuestros deseos de recuperar el tiempo perdido tal como lo expresara Elizabeth Akers Allen en los siguientes versos:

¡Devuélvete, regrésate,

Oh tiempo, al volar,

Tan sólo por esta noche,

hazme niña otra vez!

   Más bien, lo que Pablo estaba diciendo era esto: “N importa lo que tu vida haya sido, ésta puede ser renovada. Si sólo la derrota has conocido, esta vez de la Victoria podrás gozar. Si estás espiritualmente muerto, puedes volver a vivir

   La iglesia es el cuerpo de las personas que han lo renovadas a través de Cristo. Se trata de personas que estuvieron muertas en pecados, pero que han vuelto a vivir por el evangelio. Esto fue lo que Pablo le dijo a la iglesia que estaba en Colosas:  Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2.13). Aunque la nueva vida en Cristo es algo que se les ha dado, los cristianos deben aplicarse en ella, con el fin de que no les vaya a ser arrebatada por causa del pecado. Así fue como Pablo exhortó a los efesios: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestios del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia santidad de la verdad” (Efesios 4.22-24).

   Resulta apropiada la siguiente pregunta acerca esta vida que es nueva en cuanto a la calidad: ¿Cómo es que Dios la da?”. O, para plantearla otro modo: “¿Qué proceso utiliza Dios para convertirnos en nuevas criaturas en Cristo?”. Esta pregunta la responde Pablo en Romanos 6.

   En Romanos 1—3, Pablo delineó el modo como personas son salvas o justificadas delante de Dios, mediante la fe obediente. En Romanos 4, dio ejemplo de fe, la cual hizo de Abraham un hombre justo delante de Dios. Luego en Romanos 5—8,  Pablo enumeró las bendiciones que la salvación nos ha deparado: Tenemos paz con Dios (5); somos perdonados (6); nos gobierna la fe obediente, no la ley  de Moisés (7); y tenemos vida (8).

   En Romanos 6, cuando Pablo explicó el modo como somos libres del pecado, a través de Cristo, él dio detalles acerca de la manera como Dios nos ha convertido en nuevas criaturas. Vaya conmigo Romanos 6, y echémosle una mirada a la forma como Dios nos convierte en nuevas personas en Cristo. El proceso, tal como lo presentó Pablo, se puede dividir en fases. En el ciclo de desarrollo de una mariposa, los científicos han determinado tres diferentes etapas: el huevo, la larva y la pupa. De modo similar, son tres etapas las que se pueden determinar en el proceso mediante el cual llegamos a ser nuevas criaturas a través de Cristo. Si alguno de estas etapas se omite, el proceso será abortado.  Usted puede llegar a ser una nueva criatura en Cristo; no obstante, para llegar a ser completamente nuevo, usted debe someterse al proceso de reconstrucción que Dios ha prescrito.    ¿Cómo es que Dios nos convierte en nueva criaturas?.

 

ETAPA UNO: SEPARACIÓN

   La primera etapa del viaje hacia la nueva vida es la de la separación. El proceso mediante el cual Dios nos reconstruye, requiere que nos separemos del pecado.

   Esto fue lo que Pablo escribió: “Qué, pues diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?. En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún e él?” (Romanos 6.1-2). Note cuidadosamente la frase “muerto al pecado”. En el capítulo anterior, de Romanos 5, Pablo había enfatizado la gracia de Dios. Había demostrado que donde abunda el pecado, abunda la gracia aún más (vv. 20—21). Esto fue lo que dijo: “Dios derrotó nuestro problema de pecado mediante la gracia, y por este medio ha mostrado cuán grande en realidad es él”.  Sería fácil que alguien malentendiera esta verdad.  Tal persona podría decir, por ejemplo: “Tal vez deberíamos continuar en pecado para que la gracia ,abunde. Si el problema de pecado, con el cual hay que vérselas, fuera más grande, Dios tendría que manifestar más gracia para salvarnos, y mediante tal gracia nos demostraría aún más, cuán grande es él”.  Pablo previó ese malentendido y lanzó una pregunta para enfocarlo, al comienzo de Romanos 6.  “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”. El modo como respondió esta pregunta, fue enfático: “De ninguna manera”. Luego preguntó: ¿“... los que hemos muerto al pecado, cómo viviremos aún en él?”. En otras palabras:

En otras palabras no es correcto que el cristiano viva en pecado, pues, él ha muerto a éste”.

   Nuestra muerte al pecado no se habrá completado, según Pablo, sino hasta que hayamos sido bautizados en Cristo. En Romanos 6.4, dijo que somos bautizados en nuestra muerte espiritual al cado. No obstante, este bautismo en nuestra propia muerte al pecado, debe ser precedido de una decisión de separarnos del pecado, a través de la fe, arrepentimiento y el confesar a Jesús. Pablo no se refirió a esta decisión en sí, en este mensaje; simplemente la dio a entender a través de la referencia que hizo, a nuestra muerte al pecado. Esta decisión de separarnos del pecado, la cual está implícita en la muerte al pecado, es influenciada por la fe en Dios y en Cristo (Hechos 15.9), el arrepentimiento (1 Tesalonicenses 1.9), y el confesar a Jesús como Cristo y Señor (Romanos 10.10).

   Algunos predicadores del evangelio, de tiempos anteriores, señalaban cuatro importantes cambio que ocurren, cuando uno llega a ser cristiano. El primero es un cambio de corazón, una purificación de éste. Este cambio se produce por la fe en Cristo. Esto fue lo que Pedro dijo de los gentiles: “... y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15.9).  El segundo es un cambio de vida, un acto, mediante el cual echamos de nuestras vidas la práctica del pecado. El arrepentimiento es un cambio de voluntad, el cual resulta en un cambio o reforma de la vida de uno (Hechos 11.18). El tercero, es un cambio de reputación la proclamación que uno hace de aquel, en el cual ahora cree, y al cual ahora le entrega su lealtad. Este cambio se efectúa mediante el acto de confesar Jesús como el Hijo de Dios y como Señor (Romanos 10.10). El cuarto, es un cambio de estado, el creyente está ahora en Cristo. Este cambio ocurre en momento del bautismo (Romanos 6.3). El primer de los cuatro cambios está implícito en la frase de Pablo, que dice: “muerto al pecado”, y el cuarto cambio se menciona específicamente en Romanos 6.4. Según Pablo, la muerte al pecado no ha sido completa, sino hasta que todos los cuatro cambios hayan sido experimentados.

   Todos hemos conocido personas que han sido bautizadas por inmersión, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo, pero que después del bautismo, no han mostrado la nueva vida en Cristo. Después de su bautismo en Cristo, ellos han continuado con su vida anterior de pecado, sin mostrar cambio alguno. Cuando vemos sus vida, es probable que nos preguntemos por qué no habrán entrado en la nueva vida. Pablo nos da por lo menos una respuesta a esta pregunta en Romanos 6. Esto es que pregunta: “¿Se separaron ellos del pecado?. ¿ Se sometieron completamente al proceso mediante cual Dios los reconstruye?”. Si la etapa de la separación, por alguna razón se omite, uno no podrá en la nueva vida en Cristo.

Nuestra muerte al pecado no

se habrá completado, según Pablo,

sino hasta que hayamos sido

bautizados en Cristo

   ¿Ha pasado usted por la etapa de separación, mediante una auténtica fe en Cristo, y un arrepentimiento del pecado, y un acto, mediante el cual confesó que Jesús es Cristo y Señor?

 

ETAPA DOS: LA SALVACIÓN

   Llamaremos etapa de la salvación a la segunda etapa del proceso, mediante el cual Dios nos construye. Esta es precisamente la etapa en la cual nos introduce al cuerpo espiritual de Cristo. Hay algo singular acerca de esta fase, y es que ella gira torno al bautismo.

   Esto fue lo que escribió Pablo en Romanos 6.3-4:

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

  ¿Dónde más podríamos hallar, en el Nuevo Testamento, dos versículos de la Escritura que nos diga tanto acerca del bautismo en tan poco espacio?.  Hay cuatro verdades importantes, acerca del bautismo que se desprenden claramente de estos dos versículo

   En primer lugar, Pablo declaró que uno se bautiza en Cristo: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo ...?”  (y. 3). El bautismo es el medio, por el cual se nos introduce en el cuerpo espiritual de Cristo, es decir, la iglesia. El bautismo es la parte final de nuestra respuesta de fe a Cristo (Gálatas 3.26-27; 2 Timoteo 2.10).

   En segundo lugar, Pablo dijo que somos bautizados en la muerte de Cristo (y. 3). El bautismo neotestamentario es el medio, por el cual se nos pone en contacto con los beneficios de la muerte d Cristo. En el bautismo recibimos todo lo que la muerte de Cristo puso a disposición de nosotros.

   En tercer lugar, Pablo afirmó que el bautismo es un acto, por el cual somos sepultados: “Porque somos sepultados juntamente con él... por el bautismo,...” (y. 4). El bautismo neotestamentario es una sepultura o inmersión. La palabra griega baptizo, no se encuentra traducida, sino transliterada, en la mayoría de las versiones de la Biblia en castellano. La transliteración es un proceso mediante el cual la palabra griega se castellaniza, es decir se convierte en una palabra en castellano. En cambio, en el proceso de traducción, la que se utiliza es la palabra en castellano que corresponde a la palabra griega que se está traduciendo. Según los eruditos del griego, la palabra en castellano que responde a baptizo, es “sumergir”. Esta definición baptizo se confirma en el modo como Pablo utiliza la palabra en este versículo (y en Colosenses 2.12). Podemos tener la certeza de que el bautismo neotestamentario es una sepultura o inmersión.

   En cuarto lugar, Pablo habló acerca de que somos bautizados para muerte, en este caso para nuestra muerte espiritual al pecado. Esto fue lo que dijo:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (y. 4).  Nuestra muerte al pecado se completa en el bautismo. Fue a través de la fe, el arrepentimiento, el confesar a Jesús y el bautismo, que “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no ramos más al pecado. Porque el que ha muerto, 3ido justificado del pecado” (Romanos 6.6-7).

   Uno de los eventos más trascendentales de la vida de Cristo fue el bautismo que le administraron. Su ministerio terrenal fue prologado por el bautismo que recibió y las tentaciones de las que fue objeto. Cuando Jesús se apersonó a las márgenes del Jordán, el cual vadeó para llegar hasta Juan y ser bautizado por éste, sucedió que Juan vaciló en hacerlo, y esto fue lo que el bautista le dijo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” Mateo 3.14). Jesús le respondió: “Deja ahora, porque conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo3:15 ). Cuando Jesús era sacado del agua bautismal, eventos significativos tuvieron lugar. Su Padre celestial lo reconoció públicamente como su Hijo por primera vez, y estas fueron las palabras que utilizó: “Este es mi Hijo amado, en quien ten complacencia” (Mateo 3.17); y el Espíritu Santo descendió como paloma sobre él (Mateo 3.16). A Juan se le había dicho que aquel sobre quien el Espíritu Santo descendiera y permaneciera, ése es el Hijo de Dios (Juan 1.33). Por lo tanto, desde ese momento en que Jesús fue bautizado, Juan dio testimonio de la deidad de Jesús (Juan 1.29). El bautismo de Jesús señaló el comienzo de su ministerio.

   La importancia del bautismo de Jesús nos recuerda la importancia de nuestro propio bautismo.  No subestime la trascendencia de su bautismo.  Según Pablo, somos bautizados o sepultados en Cristo y en su cuerpo, la iglesia. Se nos pone en contacto con su muerte y los beneficios de éste.  Somos bautizados en nuestra propia muerte espiritual al pecado, cuando el viejo hombre es separa de nosotros y se nos resucita para andar en vida nueva.

   ¿Ha pasado usted por este proceso, mediante cual Dios le reconstruye?. ¿Ha sido bautizado usted en Cristo, en la muerte de éste, y en su muerte espiritual al pecado?

 

ETAPA TRES: LA PERSEVERANCIA

   A la tercera etapa del extraordinario proceso mediante el cual Dios nos reconstruye, bien podía llamársele la etapa de perseverancia. Una vez que hemos sido reconstruidos, debemos conservarnos así. Dios nos puede dar la vida nueva, pero somos nosotros los que debemos vivirla. El puede iniciarnos en el camino derecho y angosto, pero somos nosotros los que debemos mantenernos andando en éste.

   En los demás versículos de Romanos 6, Pablo menciona por lo menos cuatro características que distinguen la nueva vida que tenemos en Cristo. Cada una de estas características debe observarse ariamente.

   En primer lugar, Pablo dijo que en Cristo tenemos una nueva libertad —somos libres de pecado. Porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado” (Romanos 6.7). La palabra libertad engloba un concepto genérico; es necesario situarla en el contexto específico para que pueda tener un significado real. Cuando alguien dice: “Me gustaría ser libre”, me veo movido a preguntarle: “¿Libre de qué?”. No se puede ser simplemente libre. ¿Significará que uno desea ser libre de tener que trabajar?. ¿Ser libre de las reglas?. ¿Libre de tener que dormir?. Debe definirse aquello de lo cual uno desea ser libre. Pablo utilizó las palabras “libres” y libertados”, y les definió un contexto en Romanos 6.  Dijo que en Cristo somos libres del pecado - libres de la culpa que éste produce (Romanos 3:24; 6:3); libres de la esclavitud que él ejerce Romanos 6.17); y libres de la muerte y la condenación, a las cuales él lleva (Romanos 6:21).

   En segundo lugar, Pablo hizo mención de que la nueva vida se caracteriza por ofrecer una nueva comunión —tenemos comunión con Dios. “Porque cuanto murió, al pecado murió una vez por todos; mas en cuanto vive, para Dios vive” (Romanos 6:11).  En este versículo se incluyen dos verdades que contrastan entre sí, una que está implícita, y otra que está explícita. La verdad implícita dice que, antes de llegar a ser cristiano, usted estaba muerto para Dios, pero vivía para el pecado. En contraste, la verdad explícita dice que ahora que es cristiano, usted está vivo para Dios y muerto al pecado. El hecho de estar en Cristo le introduce en una nueva comunión, una nueva relación con Dios.  Usted tiene ahora un Padre celestial, al cual orar un Salvador amoroso, a través del cual orar. Ahora usted vive para la existencia de Dios, para la comunión con él, sus bendiciones, sus promesas para la vida espiritual que él concede.

   En tercer lugar, Pablo explicó que la nueva vida en Cristo, se caracteriza por la nueva clase de fruto que ella da. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Romanos 6.21—22).

   El que no es cristiano algún fruto tiene, pero éste es de la clase que permanece ni de la que trae beneficios —“Porque el fin de ellas es muerte”. El cristiano, en cambio, tiene fruto que permanece cuando el breve día de la vida ha pasado. El produce el fruto espiritual del carácter cristiano, y fruto permanente de la vida eterna. Ya alguien dijo: “Solamente aquello que le demos a Dios es que lograremos retener”. Nosotros invertimos nuestras vidas en la vida y obra de Cristo, y éste, de la inversión que hagamos, hace que brote para nosotros, el imperecedero fruto del carácter cristiano y la vida eterna.

   En cuarto lugar, Pablo dijo que la nueva vida en Cristo se caracteriza por el nuevo futuro que le espera: “Porque la paga del pecado es muerte, mas dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.23). El cristiano ya está en la senda que lo lleva al cielo. Ya ha leído el último título del libro de la vida, la Biblia, y sabe que es el equipo del Señor el que va a ganar. Puede que se lleve algunos golpes mientras esté en este mundo, lo cual le hará sufrir algunas magulladuras y laceraciones en ciertos momentos, pero sabe que al final, ¡la victoria final será suya!

   La nueva vida en Cristo tiene atractivo para todo aquel que sea recto de corazón y tenga deseos de vivir una vida buena.  Es una nueva vida lo que se nos concede cuando llegamos a ser cristianos —una vida en la que se es libre del pecado, una vida en la que se tiene comunión con él, una vida que produce fruto, una vida a la que le aguarda un futuro eterno en los cielos.

   La nueva vida debe preservarse y dársele mantenimiento. Suponga que a usted se le concediera un automóvil nuevo para que lo conduzca y disfrute. Usted sentiría la responsabilidad de darle mantenimiento si su deseo fuera el de disfrutarlo por largo tiempo.  Si usted no lo condujera con cuidado, ni cuidara de su motor, ni mantuviera sus neumáticos inflados, ni lo llenara de gasolina, no sería mucho el tiempo que lo podría utilizar.

   El cristiano debe proteger su libertad del pecado. Debe conservar limpia su mente y no dar lugar a que el mal vuelva a tener dominio de su vida. Debe cultivar la comunión con Dios, a través de la oración, estudio de la Biblia, la comunión con otros cristianos y el andar diario con Dios. Debe continuar produciendo fruto mediante el esfuerzo por crecer, buscando la manera de llevar a otros a Cristo, edificando el carácter propio y el de los demás.  Debe afirmar su esperanza de la vida eterna manteniendo encendida tal esperanza de modo que ésta brille en su corazón.

 

CONCLUSIÓN

   Usted puede ser una nueva persona en Cristo hoy día. Dios le pide, a través de su palabra, que se someta a su proceso de reconstrucción, de modo que él pueda reconstruirle y darle una nueva vida en Cristo. Su proceso incluye las etapas de separación del pecado, de salvación y de    perseverancia. Cada etapa es importante y esencial.

   ¡Sólo imagínese cómo sería el poder tener esta nueva vida en Cristo! Suponga que después de haber estado de viaje por un par de días, usted regresa a casa y descubre que todo está que reluce de nuevo, que alguien vino en su ausencia e hizo todo nuevo. ¿Cuál sería su reacción?. Es probable que corra por toda su casa para examinarlo todo. Y  en lo que hace esto, usted constata que las sillas, las mesas, las camas, las toallas, las ropas, los zapato los electrodomésticos, las alfombras, y todo lo demás es totalmente nuevo. ¿No le provocaría esto un gran entusiasmo?.  ¡Por supuesto que no cabría de contento y de alegría!

   Lo más probable es que una experiencia así jamás le ocurra a usted ni a mí. La posibilidad de que algún día alguien vaya a su casa y le reemplace todas las cosas con muebles y ropa nueva, es extremadamente escasa. Pero hay otra cosa que sí es posible y de muchísimo mayor valor que el tener nuevas posesiones, y ella es que usted puede ser una nueva persona. Usted puede ser reconstruido mediante un proceso que es divino por ser obrado por Dios.

   La iglesia se compone de personas que han recibido la nueva vida de Dios. Ellas conforman la familia de los que tienen nueva vida. En el mismo momento que Dios le convierte en una persona nueva, él le coloca en su iglesia. ¿Por qué no entra usted en esa compañía de los que tienen nueva vida, mediante una sumisión hoy, al proceso de reconstrucción de Dios?

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

 

1. ¿Cuál es la diferencia entre las palabras griegas neos y kainos? Aplique esta diferencia a lo que dice 2 Corintios 5.17.

2. ¿En qué sentido estuvimos nosotros muertos antes de llegar a ser cristianos?

3. Haga un breve bosquejo de Romanos 1—8.

4. Diga qué fue lo que quiso dar a entender Pablo con la pregunta: “Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” (Romanos 6.1).

5. ¿En qué momento es que se completa nuestra muerte al pecado?

6. ¿Cómo es que somos separados del pecado en el proceso de conversión?

7. ¿Qué se podría decir de uno en cuyo proceso de conversión se omita la etapa de separación?

8. ¿Cómo es que se nos introduce en Cristo?

9. ¿Cuál es el significado de la palabra griega baptizo?

10. ¿Qué fue lo que quiso dar a entender Pablo cuando dijo que somos bautizados para muerte en Romanos 6.4?

11. Mencione las cuatro características del bautismo a las que Pablo se refirió en Romanos 6.1-4.

12. ¿Qué clase de libertad es la que se nos concede en Cristo, según lo que dice Romanos 6.7?

13. ¿Qué fue lo que quiso dar a entender Pablo cuando se refirió a que el cristiano “para Dios vive”?

14. ¿Qué es la clase de fruto que el cristiano da?

15. ¿Cuál es el futuro que le aguarda al cristiano?. Descríbalo.  Fin