Cuando Dios habla

(Job 38.1-42.6)

 

    La primera vez que contemplé el Gran Cañón, me sobrecogió un profundo sentimiento de admiración ante la majestuosidad de éste. Cuando me encontraba a la orilla del cañón, me imaginé cómo sería estar allí en el momento en que el sol se ponía y ponerme a cantar “Cuán grande es Dios”. Pude percibir la vastedad del poder de Dios en aquel cañón, más que en cualquier otra cosa que hubiera visto antes. Inmediatamente se me estimuló la curiosidad. Me dio por averiguar más acerca del cañón. Quería explorarlo y leer más respecto del mismo. Mi reacción fue similar a la de millones de personas que lo han visitado. Hay geólogos que se han pasado sus vidas allí, algunos incluso han perdido sus vidas, buscando una explicación a la existencia de tan majestuoso cañón. Se han podido recoger algunos datos ciertos, pero muchas respuestas que se dan, todavía no pasan de ser llana especulación. Los que creen en Dios no tienen que preguntarse qué causó la existencia del Gran Cañón. Ellos saben qué la causó. Puede que investiguemos cómo lo hizo Dios, pero no debemos poner en duda que él fue el que lo hizo.

 

JOB ES SOMETIDO A UN INTERROGATORIO (38-41)

    Esto fue lo que Dios le dijo a Job: “Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás” (38.3). Las preguntas tenían que ver con fenómenos observables en el mundo que nos rodea, y que sin embargo escapan a nuestra comprensión. Había algo que Dios estaba poniendo en claro en todo esto: Si nosotros no podemos comprender plenamente la forma como Dios hace funcionar el mundo que nos rodea, ¿cómo podremos comprender la forma como Dios hace funcionar el mundo espiritual? Todas las preguntas que Dios le hizo a Job, llevaban la intención de preguntarle: “Quién es el hombre para que le pida explicaciones a Dios?”.

 

    “¿Donde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?”, le preguntó Dios a Job (38.4). ¿Quién planeó y diseñó la tierra? ¿Quién le fijó su órbita? ¿Quién la puso a girar alrededor de su propio eje? El hecho de que el universo funcione con la precisión de un reloj es una evidencia de diseño inteligente. La posibilidad de que esta tierra y nuestro universo hubiesen llegado a existir por accidente, no es mayor que la posibilidad de que un diccionario hubiese resultado de una explosión dentro de un taller de imprenta. Es necesario un diseñador y hacedor inteligente para explicar su existencia.

 

    Dios se presentó delante de Job como el Hacedor de las nubes y de los mares (38.9). El hizo la noche y el día, El fijó los límites de los mares. Le dijo al agua de los océanos: “Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas” (38.11).   Le preguntó a Job: “Has mandado tú a la mañana en tus días?” (38.12); “Has entrado tú hasta las fuentes del mar, y has andado escudriñando el abismo?” (38.16).

 

    Dios le hizo más preguntas a Job. Esto era lo que, en efecto, le estaba preguntando: “Has entrado tú en los tesoros de la nieve, o has visto los tesoros del granizo?” (38.22); “¿De qué vientre salió el hielo?” (38.29-30); “, Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas? ¿Enviarás tú los relámpagos para que ellos vayan?” (38.26, 34-38). Dios llevó a Job hasta las profundidades del mar y de allí al espacio exterior para ilustrarle cómo él pone todo en funcionamiento. Si Job no podía entender cómo era que toda esta creación había llegado a existir ni cómo continuaba funcionando, ¿cómo podría entender lo que le había pasado a él? Lo que le había pasado a Job era parte de las maneras como Dios hacía funcionar el mundo espiritual.

 

    ¿Cómo podremos entender lo que Dios se propone hacer en el mundo espiritual, si no podemos ni siquiera entender la manera como hace funcionar el mundo material?

 

    Tampoco sabemos por qué Dios lleva a cabo ciertos actos, pero debemos confiar en que él sabe cómo poner en orden este mundo, así como nuestras vidas. No sabríamos qué hacer si Dios nos dejara a nosotros la responsabilidad de hacer funcionar el universo. Suponga que Dios hiciera a un lado su poder, detuviera el universo, y le dijera al hombre: “Allí está. Encárgate y hazlo funcionar de ahora en adelante”. No habría suficiente conocimiento ni entendimiento en el mundo entero para echarlo a andar nuevamente.

 

    Si Dios sabe cómo hacer funcionar este universo, no hay duda de que sabrá cómo poner en orden la vida de cada uno de nosotros, con el fin de preservarla para el bien espiritual y eterno. Entréguele a él tu vida. El sabe qué hacer con ella. Si él hace con su vida algo que usted no entiende, no sería la única cosa que no entendería. No es

entendimiento de cómo Dios hace funcionar las cosas lo que necesitamos, sino fe en lo que él hace.

 

    Después, Dios le dirigió la atención a Job hacia las maravillas del reino animal, con el fin de enfatizarle su poder y conocimiento. ¿Quién es el que les da a las criaturas sus instintos, fortaleza, belleza y alimento? ¿Quién podrá cazar la presa para el león o saciar el hambre de los leoncillos? ¿Quién le prepara al cuervo su alimento? (38.39-41). ¿Cuándo es que las cabras monteses paren sus hijos? ¿Por qué se quedan los hijos de las ciervas con sus padres hasta que tienen cierta edad y después se van para no volver más? (39.1-4). ¿Quién hizo al asno montés, y quién soltó sus ataduras? ¿Por qué no puede domesticarse el búfalo para que are la tierra? (39.5-22). Al ser confrontado con las preguntas que Dios le hiciera, Job comenzó a darse cuenta cuán poco puede el hombre comprender.

 

    Luego Dios dirigió su atención al avestruz (39.13-18). ¿Por qué es tan insensata el avestruz, que deja sus huevos en la tierra y sobre el polvo los calienta, donde los humanos o las bestias los pueden quebrar? ¿Por qué descuida a sus hijos, como si no fueran de ella? Dios ha privado a esta ave de sabiduría, sin embargo le provee para sus necesidades. Una habilidad que ella tiene es que puede correr más rápido que el más veloz de los caballos.

 

    Hablando de caballos, ¿quién le dio a éste su poder e instinto para la batalla? (39.19-25). ¿Por qué vuela alto el gavilán y se remonta el águila y pone en alto su nido? ¿Quién les dio a estas aves ojos tan agudos que puedan ver a su presa desde tan larga distancia?   ¿De dónde proviene su instinto para estar donde hubiere cadáveres? (39.26-30). Dios les dio a sus criaturas instintos, los cuales nosotros no podemos entender.

 

   Dios siguió con el interrogatorio, hablándole a Job acerca de behemot (el cual probablemente sea una criatura semejante a un hipopótamo, rinoceronte o elefante). Este se alimenta del pasto al igual que un buey, pero tiene una gran fuerza. Sus huesos son como barras de hierro. Es la más feroz de las bestias que Dios ha hecho. Se echa debajo de la sombra de las cañas y de los sauces del arroyo. Es tan grande que prácticamente se puede beber todo un río. No hay quien le pueda horadar su nariz para obligarlo a obedecer. ¿Quién podría hacer un animal así, sino el Todopoderoso? (40.15-24).

 

    A Job se le dijo que considerara también al leviatán (una criatura en forma de cocodrilo, la cual es probable que se haya extinguido). El capítulo 41, se dedica a la descripción de esta feroz criatura acuática. Con esta poderosa criatura se indica lo mismo que con las demás. La fuerza bruta de estas criaturas es sobrecogedora para la imaginación del hombre. El que los hizo es la fuente de toda esa fuerza. Si el poder de estas criaturas escapa a nuestro entendimiento, con mucha mayor razón el poder del Creador.

 

Esta fue otra pregunta que Dios le hizo a Job:

“¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte?” (38.17). ¿Quién entre los vivientes ha visto a través de las puertas de las sombras de la muerte? En Santiago 2.26, podemos leer acerca de qué es la muerte: “... el cuerpo sin espíritu está muerto . Dios es el único que puede dar el espíritu de vida (Eclesiastés 12.7). En el momento de la muerte, ese espíritu de vida vuelve a Dios que lo dio. Estas son cosas que sabemos, ¡pero saber entendimiento son dos cosas diferentes!

 

   Otra pregunta que le hizo fue esta:

 “¿Quién puso la sabiduría en el corazón?” (38.36). ¿Quién le ha dado entendimiento al corazón? ¿Quién podrá entender los pensamientos y el corazón del hombre? ¡Si no podemos entender el corazón! los pensamientos y los motivos del hombre, ¿cómo podremos comprender el corazón, los pensamiento y los motivos de Dios? Job se había tomado la libertad de juzgar a Dios. Esto fue lo que Dios le respondió: “¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?” (40.8).

 

    Lo que Dios le estaba preguntando a Job era esto: “Sabes estas cosas? Si es así, ¿Será porque ya habías nacido cuando ellas ocurrieron o será porque las has conocido viviendo una larga vida sobre la tierra?” (vea 38.21).

 

JOB SE CONVENCE (42.1-6)

    Cuando Dios habló, obtuvo la atención de Job. Ahora Job escuchaba. Dios requiere de hombres que escuchen cuando él habla. Discutir con el Todopoderoso es el epítome de la arrogancia.

 

    Job fue humillado. Sólo dos veces hizo el intento de responderle a Dios. Estaba tan humillado por las palabras de Dios que sólo atinó a decir: “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar” (40.4-5). Después, esto fue lo que dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (42.2).

    Job lo comprendía ahora. Se daba cuenta de que había hablado por ignorancia. Esto fue lo que dijo: “Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía” (42.3). “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (42.5).

 

    Job se veía a sí mismo. Al igual que Isaías en Isaías 6.5, Job se veía a sí mismo por haber visto a Dios. Esto fue lo que dijo: “... yo soy vil” (40.4); y “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (42.6). Los propósitos de Dios se habían cumplido.

 

CONCLUSION

    Job ya había sido un hombre bueno, pero no hay hombre que sea tan bueno que no pueda ser mejor. Las pruebas que refinaron el carácter de Job lo estaban convirtiendo en un mejor hombre. Su actitud estaba sufriendo un gran cambio. Job estaba reivindicado.

A Dios no le habían agradado los tres amigos de Job, pues éstos no lo representaron con fidelidad (42.7). Les dijo que ofrecieran holocausto de expiación por su pecado y que pusieran a Job orar por ellos (42.8). Ellos hicieron conforme Dios les instruyó; y esto es lo que leemos: “…y Jehová aceptó la oración de Job” (42.9).

 

    Todo aquel que reflexione seriamente en el discurso que Dios le dio a Job, va a estar muy impresionado con la evidencia del poder de Dios. Aunque tal discurso fue escrito hace miles de años, todavía se mantiene como un elocuente tratado sobre lo que Dios es. Dios todavía habla a través de la naturaleza hoy día. Por todo lado vemos la evidencia de su poder creativo. Las estaciones que cambian, las flores que brotan, e incluso la vida de los animales y los insectos son señal de que alguien ha planeado y diseñado la creación. La señal de que hay diseño es más convincente cuando tomamos en cuenta de que tal diseño se ha mantenido inalterable desde los tiempos de Job La misma evidencia que convenció a éste acerca del poder de Dios, está todavía aquí con nosotros. Fin.

 

Cosas acerca de Dios que lo dejan perplejo a uno (Habacuc 1.12-13)

   ¿No eres tú desde el principio, OH Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. OH Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, OH Roca, lo fundaste para castigar. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él...?

Cuando contemplamos a Jehová Dios, descubrimos varias características suyas que son maravillosas.

1. Su eternidad (y. 12)

2. Su santidad (y. 12)

3. Su justicia (y. 12)

4. Sus caminos inescrutables (y. 13)