Filipenses 3.20-21
Cuán maravilloso es el hecho de que podemos llegar a ser
ciudadanos de los cielos ahora mismo, en esta vida! Dios ha preparado un lugar,
en el cual nosotros podamos vivir después de que dejemos esta tierra. Esto fue
lo que Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera,
yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me
fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde
yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14.2-3; 1 Pedro 1.3-4).
Dios también está preparándonos a nosotros para ese lugar:
“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se
deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en
los cielos... Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado
las arras del Espíritu” (2 Corintios 5.1-5). A los que entran al lugar
preparado se les llama “benditos” (Mateo 25.34).
El cielo es un lugar real, el cual ha sido reservado para
aquellos que sigan la voluntad de Dios, y es un lugar ¡del cual todo cristiano
debería estar informado! En primer lugar, debemos estar sabidos de que nadie va
al cielo por casualidad —los cristianos deben tener la intención de ir allí! En
segundo lugar, debemos estar conscientes de que el cielo es una ganga, a
cualquier precio que se deba pagar para ir allí (Romanos 8.18). El verdadero
precio ya ha sido pagado por Jesús. No fue barato para él; él murió para
abrirnos la puerta y nosotros pudiéramos entrar al cielo.
El cielo es el lugar que Dios ha hecho para bendecir a la
humanidad. Habrá detalles acerca del cielo, los cuales no entendamos en esta
vida. Lo más probable es que el cielo no sería tal, si pudiéramos definirlo. Sabemos
que será parte de los cielos nuevos y tierra nueva (nuevos en esencia y
calidad); los antiguos cielos y antigua tierra habrán desaparecido (2 Pedro
3.12-13). Lo que sabemos acerca del cielo apenas sugiere cómo es que será este
nuevo hogar. Esto fue lo que James S. Montgomery escribió:
Si Dios ha hecho tan bello este mundo,
En el cual el pecado y la muerte
abundan,
Cuán hermoso, más allá de toda
comparación,
Será hallado el paraíso.
¿QUÉ ES LO QUE NO HABRÁ EN LOS CIELOS?
Es a través de las Escrituras que sabemos qué es lo que no
habrá en los cielos. En los cielos no
habrá llanto, ni muerte, ni separación, ni habrá dolor (Apocalipsis 212-4). No
habrá noche, ni cosa inmunda, ni pecadores (Apocalipsis 21.21-27), ni división,
ni habrá maldición (Apocalipsis 22.1-3). Los que estén en el cielo no tendrán
necesidad alguna: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá sobre ellos,
ni calor alguno;... y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”
(Apocalipsis 7.16-17).
¿QUÉ ES LO QUE HABRÁ EN LOS CIELOS?
También sabemos algo de lo que habrá en los cielos. En primer
lugar, habrá gozo. Uno de los gozos de los cielos será la comunión. Esto fue lo
que C.S. Lewis dijo: “El gozo es asunto serio en los cielos”. Los cielos no
serán un lugar aburrido ni monótono ni indiferente. Incluso la venida de Cristo
será un momento de abundante gozo (1 Pedro
4.13).
Los cielos serán un lugar de servicio. Esto es lo que
Apocalipsis 22.3-4, dice: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del
Cordero estarán en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su
nombre estará en sus frentes”. El verbo griego que se usa en la frase, latreu,
significa: llevar a cabo un acto de adoración. Nosotros somos siervos esclavos
de Dios. Es inconcebible la idea de que no haremos nada en los cielos. En la
parábola de los talentos, a los que usaron bien sus talentos, les fueron dadas
más grandes oportunidades de servicio dentro el reino (Mateo 25.14-30). El
servicio da la idea de adoración, de dar gloria a Dios. Si usted no disfruta de
la adoración en la tierra, es probable que no la disfrute en los cielos, pues
éste es un lugar donde el adorar a Dios ¡se desbordará en puro gozo!
Nuestro nuevo hogar será un lugar de tesoros. Nuestra herencia
está reservada para nosotros allí —una herencia incorruptible, incontaminada e
inmarcesible (1 Pedro 1.4). Cada día que vivamos, debemos estar ocupados
haciéndonos tesoros en el cielo (Mateo 6.20). Allí nos gozaremos en las
abundantes riquezas de la gracia de Dios (Efesios
2.7).
¿QUIÉNES ESTARÁN ALLÍ?
Dios estará en los cielos. El estar en su presencia es la mejor
parte de la idea de estar en los cielos, y el estar excluidos de su presencia
es la peor parte de la idea de estar en el infierno. Jesucristo también estará
en los cielos. Será entonces, cuando por fin podremos darles las gracias cara a
cara. El Espíritu Santo, el cual ha sido nuestro constante compañero en esta
vida, estará en los cielos. Los ángeles, los querubines, los serafines y el
resto de las huestes de Dios, también estarán allí.
¡Otro aspecto que nos hace
apreciar tanto los cielos, lo constituyen las almas que estarán allí. Será una gran bendición estar “presentes al
Señor” (2 Corintios 5.8; Filipenses 1.21; 1 Tesalonicenses 4.17). Todos las
personas que forman parte del pueblo de Dios estarán en casa en los cielos
—todos aquellos cuyos nombres estén escritos en el libro de la vida del
Cordero! Abraham, Noé, Enoc, Moisés, Elías, David, Pedro, Pablo, Esteban y los
otros grandes profetas, predicadores y mujeres de la Biblia estarán reunidos
allí.
Nuestros seres queridos que son cristianos —las personas que
han bendecido nuestras vidas en la tierra— estarán en los cielos. Nuestras
familias cristianas estarán allí. Los infantes y los niños pequeños estarán allí.
Los salvos de todas las naciones (Apocalipsis 21.24) estarán entre los benditos
en ese lugar. Tendremos una gran comunión en el reino (Lucas 13.29).
CONCLUSIÓN
¿Qué daría usted por un hogar en la tierra, que fuera así como
el que le espera en los cielos? ¿Qué dará usted por ese hogar en los cielos?
Un joven soldado que viajaba en un tren con destino a su ciudad
natal, estaba tan emocionado que con dificultad podía mantenerse sentado.
Estaba desesperado por ver a su padre, a su madre, y a los demás miembros de su
familia. ¿Está usted ansioso por ver a su Padre y a su familia cristiana en los
cielos?. Fin.