(MATEO 6.34)
Estamos pasando por tiempos difíciles, los cuales nos pueden
llenar de ansiedad. Todos los días enfrentamos toda clase de problemas:
problemas económicos, problemas familiares, problemas de salud, crisis morales,
aflicciones personales, conflictos nacionales e internacionales, y las
continuas presiones del tiempo. La acumulación de dificultades puede
enfermarnos físicamente. Cuando estamos abrumados por los problemas de la vida,
podemos llegar a padecer de un cansancio crónico. Podemos llegar a estar
enredados en tantos lazos que fácilmente nos molestamos y otras personas hallan
que es difícil convivir con nosotros. Muchos han llegado al punto en el que
desesperadamente claman: “Tengo tanto que hacer, que no sé por dónde empezar!”.
La sola necesidad de sobrevivir puede llegar a ser una batalla.
Tales problemas no le eran
extraños al autor de los Salmos. En Salmos 116.3, dice: “Angustia y dolor había
yo hallado”. De hecho, varias figuras bíblicas entendieron estas ansiedades:
Jacob le describe sus 130 años de vida a Faraón, como “pocos y malos” (Génesis
47.9). Moisés pasó un período de su vida, en el cual estuvo a punto de
desfallecer del todo, pues se había hecho cargo de demasiadas tareas él solo
(Éxodo 18.13-23). Job describió la vida como un período “corto de días, y
hastiado de sinsabores” (Job 14.1). La predicación de Jeremías le resultó a
éste en “afrenta y escarnio cada día” (Jeremías 20.8). Llegó a estar tan
desanimado que dijo: “;Ay de mí, madre mía, que me engendraste...!” (Jeremías
15.10).
Jesús dio un maravilloso consejo para tratar con las presiones:
“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su
afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6.34). Muchos de nosotros hemos
memorizado este consejo, pero son pocos los que lo hemos aprendido como para
ponerlo en práctica.
Para muchas personas cada día por sí solo es suficiente afán.
Sus preguntas son: “Qué podemos hacer acerca del día de hoy?; ¿Cómo nos puede
ayudar Dios boy a tener paz y gozo?; ¿Cómo nos ayudará Dios hoy a soportar las
cargas y tribulaciones?”. Esto es lo que claman: “Dios, sólo estoy viviendo un
día a la vez, pero ayúdame a llegar al final del día de hoy!”.
Dios escucha los clamores de sus hijos, y les ayuda a éstos a
sobrevivir. Esto fue lo que el salmista dijo: “Mas la roca de mi corazón y mi
porción es Dios para siempre” (Salmos 73.26). Esto fue lo que David pudo
exclamar en cántico:
Sostiene Jehová a todos los que caen1 Y
levanta a todos los oprimidos...
Cercano está Jehová a todos los que le
invocan,
A todos los que le invocan de veras.
Cumplirá el deseo de los que le temen;
Oirá asimismo el clamor de ellos, y los
salvará.
Jehová guarda a todos los que le aman,...
(Salmos 145.14, 18-20).
Dios ha hecho muchas
grandiosas promesas a su pueblo. Consideremos tres de estas.
LA PROMESA DE LA FORTALEZA
En primer lugar dijo: “Te multiplicaré las fuerzas” (Isaías
40.28-31). Eric Liddel, el medallista de oro que se representa en la película
“Carruajes de Fuego”, halló fortaleza en este pasaje. Son pocas las personas
que ganan medallas de oro, pero muchos que le hacen frente a problemas de la
vida son héroes al fin y al cabo. Éstos continúan esforzándose porque saben que
Dios está con ellos.
La
fortaleza se puede hallar en la palabra.
Bienaventurado el varón que no anduvo
en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha
sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su
delicia,
Yen su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a
corrientes cte aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará (Salmos
1.1-3).
La fortaleza puede hallarse en la oración: “El deseo de los humildes
oíste, oh Jehová; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído” (Salmos
10.17). En tiempos de sufrimiento, Dios nos da fortaleza (1 Pedro 5.10). La
gracia de Dios es en verdad suficiente (2 Corintios 12.7-10). Esto es lo que
Filipenses 4.13, dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Esto debería
ser un gran aliento para los cristianos cuando se encuentran en medio de las
dificultades.
LA PROMESA DE SU CERCANÍA
En segundo lugar, Dios prometió lo siguiente: “Te sustentaré
con mi mano”. El tomarse de las manos es un hermoso acto —ya sea que estemos
orando sentados a la mesa, o que estemos de visita en el hospital. Ha habido
cristianos que me han transmitido una gran fortaleza cuando me tomaron de mi
mano en momentos en que pensaba que mi corazón se rompía. Mis amigos me han
ayudado enormemente, pero ellos tienen un límite a lo que pueden hacer —Dios no
lo tiene! Esto es lo que leemos:
No temas, porque yo estoy
contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; -siempre te ayudará,
siempre te sustentará con la diestra de mi justicia (Isaías 41.10).
Dios no está lejos de su pueblo; siempre está con sus hijos,
haciendo lo que nadie más puede hacer.
¿Alguna vez ha pensado en lo que significa estar en la mano de
Dios? Por su mano él creó el mundo y sacó a Israel de Egipto. Es su mano la que
le da a usted el alimento y la bebida, y es su mano la que le levanta cuando
cae de cabeza. Fue con su mano que Jesús limpió al leproso, resucitó a la hija
de Jairo y salvó a Pedro de hundirse. El también puede salvarle a usted del
pecado. Este es aquel en cuya mano usted ahora vive. Hablando de sus ovejas,
esto fue lo que Jesús prometió: “... nadie las puede arrebatar de la mano de mi
Padre” (Juan 10.29). El se quedará a su lado, y nadie podrá hacer que esto
cambie, excepto usted mismo! Cuando usted cree que está a punto de ser vencido
por circunstancias de la vida, ore de esta manera:
“Señor, ayúdame a recordar que no hay
nada de lo cual usted y yo no podamos ocuparnos”.
LA PROMESA DEL AMOR
En tercer lugar, esto fue lo que Dios prometió: “Te amaré para
siempre”. Esto es lo que leemos:
Mas la misericordia de Jehová es desde
la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
Y su justicia sobre los hijos de los
hijos;
Sobre los que guardan el pacto,
Y los que se acuerdan de sus
mandamientos para ponerlos por obra (Salmos 103.17-18).
El amor de Dios no es un enamoramiento pasajero ni un
encaprichamiento volátil, sino una declaración jurada hecha por un Dios justo
que no fallará en el cumplimiento de su palabra. Esto fue lo que Jeremías
escribió:
Por la misericordia de Jehová no hemos
sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
Nuevas son cada mañana; grande es tu
fidelidad.
Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por
tanto, en él esperará (Lamentaciones 3.22-24).
Se trata de la promesa del inalterable amor de Dios; el amor
del pacto. Pablo dijo que nada hay que nos pueda separar del amor de Dios
(Romanos 8.38-39).
CONCLUSIÓN
Las tres promesas de Dios—fortaleza, cercanía, y amor— son
garantías condicionales para los que le temen, lo buscan y le aman. ¿No será la
causa, de que muchos estemos tan débiles, el hecho de que no hayamos formado
una relación cercana, amorosa con Dios? Son demasiados los cristianos que rara
vez oran, que a duras penas leen la Biblia y que sólo apartan tiempo para
asistir de vez en cuando a los cultos. Son demasiados los cristianos que son
materialistas y que ordenan pobremente sus prioridades. Parecen estar demasiado
ocupados para dedicarle tiempo a Dios.
La fortaleza que viene de
Dios se halla cuando se vive para él. Esto fue lo que David cantó:
“Bendito el Señor; cada día
nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación” (Salmos 68.19). ¿Es Dios
el que lleva su carga, o es usted el que la lleva toda solo? La clave para
entender Mateo 6.34, se encuentra en 6.33: ¡Comprométase usted mismo con
él!. Fin