LA PROVIDENCIA DE DIOS

(GÉNESIS 22.1-14)

 

    Dios siempre ha provisto para su pueblo, y siempre lo hará. Su cuidado de

nosotros se observa, incluso, en la Creación (Génesis 1.27-30; 2.8-9). El llenó la necesidad que tiene el hombre de un propósito para la vida al proveerle un jardín, del cual cuidar (Génesis 2.15), y se preocupó por la necesidad que tiene el hombre de estar acompañado, al crear a la mujer (Génesis 2.20-22).

 

DIOS NOS PROVEE A NOSOTROS SEGÚN SU VOLUNTAD

    El Nuevo Testamento afirma que Dios cuida de los suyos. Él sabe de qué

tenemos necesidad aun antes de que lo pidamos (Mateo 6.8). Esto fue lo que Jesús dijo:

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

 

    Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis mucho más que ellas?... Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

 

    Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios

la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? (Mateo 6.25-30).

El cuidado de Dios se extiende más allá de nuestros bienestar físico; él cuida con mucho mayor ahínco, de nuestras almas. El llena nuestras necesidades espirituales según las riquezas de su gracia (Filipenses 4.19). Esto es lo que Efesios 1.3, dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Cuando tenemos necesidad, podemos clamar a Dios y recibir su consuelo, tal como David lo hizo:

Bendice, alma mía, a Jehová,

Y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, a Jehová,

Y no olvide ninguno de sus beneficios.

El es quien perdona todas tus iniquidades,

El que sana todas tus dolencias

El que rescata del hoyo tu vida,

El que te corona de favores y misericordias;

El que sacia de bien tu boca

De modo que te rejuvenezcas como el águila (Salmos 1031-5).

 

DIOS NOS PROVEE A NOSOTROS SEGÚN SU CALENDARIO

    El hombre es por naturaleza un ser que desea muchas cosas y las quiere ¡ahora! Somos como Salomón cuando éste buscaba saciarse al instante:

“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena” (Eclesiastés 2.10). Hay momentos cuando la gente se desalienta, porque Dios no les provee lo que ellos quieren, tan pronto como que creen que Dios debería. Debemos estar conscientes de que Dios siempre provee lo que necesitamos en cantidad suficiente. ¡Nuestro Padre sabe qué es lo mejor El es más sabio que nosotros y él ve lo que nosotros no podemos ver. El siempre hace lo que es mejor para nosotros en el momento. Debemos aprender a confiar en él. No es necesario que presenciemos milagros para saber que Dios nos provee las cosas.

 

DIOS PROVEYÓ PARA SU PUEBLO EN EL PASADO

    Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, están llenos de ejemplos de la providencia de Dios. Consideremos algunos de estos ejemplos.

Dios probó a Abraham, y también proveyó para éste (Génesis 22.1-14). Esto fue lo que Dios le dijo a Abraham: “Toma ahora a... Isaac,... y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22.2). Abraham hizo tal como se le dijo, pero llegado el momento del sacrificio, un ángel le detuvo y le dijo:

“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22.12). Dios proveyó un carnero para que éste fuera sacrificado en lugar de Isaac. Hoy día, cuando Dios nos asigna tareas difíciles, también nos proveerá de fortaleza y de capacidad para que las realicemos.

 

    Cuando los judíos fueron amenazados con ser aniquilados, Dios utilizó a la reina Ester para liberarlos. Mardoqueo le dijo a ésta: “Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4.14). La valerosa actuación de Ester salvó a su pueblo. Puede ser que no estemos conscientes de los planes de Dios para nuestras vidas. Debemos estar siempre preparados para servirle.

 

    Pablo observó la providencia de Dios en la vida de Onésimo. Onésimo llegó a ser cristiano cuando andaba escapado de su amo. Pablo lo envió a casa y esto fue lo que le dijo a su amo: “Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermanos amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor” (Filemón 15-16). Onésimo había escapado como un esclavo inútil, pero ahora regresaba como un hermano útil. Dios a menudo tiene guardado para nosotros un bien mayor de lo que podemos ver o planear por nosotros mismos.

 

CONCLUSIÓN

    Tengamos cuidado de no utilizar los conceptos de “suerte” o “buena fortuna” para referimos a la providencia de Dios y a sus bendiciones. Reconozcamos su amor y favor para con nosotros. Dios, el que dio a su Hijo por nosotros, nos proveerá de todo lo que necesitemos. Esto es lo que dice Romanos 8.32: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”. El es poderoso y tiene voluntad para proveemos de más de lo que pedimos o pensamos que es posible (Efesios 3.20-21). Esto fue lo que Dios dijo: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5).

¿Es usted un Hijo de Dios? Si usted lo es, la promesa de Dios es para usted. Esto fue lo que Jesús dijo:

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y seos abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mateo 7.7-11).

 

    Si usted no es un hijo de Díos, ¿por qué no hacer 9ue las bendiciones de Dios sean parte de su vida? El quiere bendecirlo a usted, porque le ama (Juan 3.16). Venga a él con fe y en obediencia, confiese su nombre (Romanos 10.10), y sométase a él mediante el bautismo (Marcos 16.16). Usted llegará a ser una nueva persona, un cristiano (2 Corintios 5.17), presto para vivir cada día para él y para crecer en su gracia (2 Pedro 3.18). Fin