¿TENDRÁ PROPÓSITO
Texto: Eclesiastés 1:2.
Autor
de este maravilloso libro. Salomón, Rey de Israel. Eclesiastés, significa: el
predicador. ¿Quién otro pudo estar mejor facultado para escribir acerca del significado
de la vida que Salomón, cuando este era ya un anciano?. A Salomón se le dotó de
un don especial de sabiduría y vivió una vida llena de poder, fama y riquezas..
Eclesiastés procura responder
una de las más grandes preguntas que se ha planteado el ser humano en su
búsqueda del propósito de la vida: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?.
Si
uno no conociera la conclusión del
libro, podría creer que el comienzo suena negativo. El autor parece desanimado
y decepcionado de la vida. La vida se describe como un estorbo, el trabajo como
algo inútil, y los placeres como algo sin sentido. El libro estudia la vida que
se vive debajo del sol. Dando a entender la vida que se vive día tras día.
Describe a la naturaleza y a la historia como una serie de ciclos que se
repiten año tras año, generación tras generación, sin aparente significado. El
autor del libro, desde luego, no está hablando de la vanidad de la vida en
general, sino de la vida sin Dios. (2)
Eclesiastés no es un libro de cinismo y desesperanza.
Nunca ha sido la intención de Dios que los hombres lo saquen a él de sus vidas.
La vida sin Dios es vana, está llena de frustraciones y carece de propósito. “Dios nos creó de un modo tal que podemos
verdaderamente felices solamente con él”. “Dios es el único que puede ponerle
gozo y significado a nuestras vidas”. El hombre no tan solo ha de vivir,
sino vivir con Dios para se plena realización.
PERO
¿CUÁL ES EL PROPÓSITO DE NUESTRAS VIDAS? (Ecl. 1:3-11)
Las generaciones van y vienen, pero la tierra sigue su
curso (1:3-7) Salomón observa que el mundo natural funciona en ciclos. El sol
sale y se pone día tras día. El viento completa un ciclo de movimiento desde el
norte hasta el sur y lo vuelve a hacer conforme cambian las estaciones. Los
ríos y las corrientes fluyen constantemente al mar, sin embargo el mar jamás se
desborda. Todo parece algo monótono y carente de propósito desde el punto de
vista humano.
Los seres humanos se desgastan trabajando, sin embargo
jamás están saciados (1:8-11) Salomón no podía hallar nada nuevo que lo
estimulara. Nada había sucedido que no hubiera ya sucedido. Veía a la historia
repitiéndose una y otra vez (1:9)
¿Qué es
lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho?. Lo mismo que se
hará; y nada hay nuevo debajo del sol. “No hay memoria de lo que precedió, ni
tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” (1:11).
Salomón se lamentaba de que nadie recordara lo que hayamos hecho cuando nos
hayamos ido.
A estas alturas
Salomón veía la vida tal como un hombre sin Dios la veía. Algunos ateos sitúan
al hombre como una mera criatura material y nada más. Si los seres humanos no
fueran más que animales de un alto rango. Entonces la vida humana no sería mas
que vida animal. No tendría sentido la valía y dignidad del ser humano. La
laboriosidad y el servicio carecerían de propósito. No habría razón para ser
puros, santos, generosos ni honestos. ¡Vivir como un animal! ¿Qué triste
verdad?. ¡Esta vida es todo lo que hay! Que absurdo pensar así ¿Verdad? ¡No hay
futuro! ¡Qué tontería! ¿verdad?. ¿Cuánta gente habrá que vive teniendo tal
actitud de desesperanza hoy día?...
¿Por qué se afana la humanidad en esta
vida? Los que están sin Dios sólo ven los trabajos y la frustración (1:13-18)
Esto fue lo que Salomón dijo: “Miré todas
las obras que se hacen debajo del cielo; y he aquí todo ello es vanidad y
aflicción de espíritu” (1:14). No ven el modo de corregir las injusticias
ni enderezar lo torcido. No reconocen el poder de Dios para obrar cambios en
los corazones de ellos. Tampoco reconocen que el juicio de Dios saldará todas
las cuentas.
Salomón dio su corazón a inquirir y no le halló
provecho alguno a la sabiduría terrenal. Se daba cuenta que se le había dado a
él más sabiduría y riquezas que ha cualquier otro que hubiera vivido. Hasta esto era frustrante para él: Pues por
causa de su gran sabiduría, sentía el peso de la responsabilidad y la pena.
En su búsqueda del significado de la vida,
Salomón probó todas las cosas (2:1-11) Creía que podía encontrar el sentido de
la vida en los placeres, pero, no fue así. Halló que en la risa había locura, y
nada satisfactorio lograba a través de ellas. La diversión, y tampoco. Expandir
su imperio. Hizo que se construyeran edificios de toda clase. Plantó viñas,
jardines y huertos completos, con sus sistemas de irrigación. Compró siervos, y
le nacieron siervos en casa. Buscó el mejoramiento de todas las clases de
animales. Trató de hallar la realización por medio de aumento de sus riquezas.
Su imperio llegó a ser uno de los mas
grandes que había sobre la tierra. Tenía todo lo que quería, sin embargo, no
estaba realizado.
La experiencia que Salomón tuvo con las
cosas que en esta tierra tanto se desean, refleja las frustraciones que tienen
millones de personas hoy día. La sabiduría de las enseñanzas de Jesús alumbra
como un faro en la noche: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la
polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos
tesoros en el cielo, donde ni la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones
no minan y hurtan” (Mat. 6:10-20).
¿QUE
APRENDIÓ SALOMÓN DE SU VIDA TERRENAL? ( 2:12-26)
Salomón llegó a la conclusión de que la sabiduría es
mejor que la insensatez, del mismo modo que la luz es mejor que las tinieblas
(2:12-16) Tanto el sabio como el necio, ambos morirán. Ambos son olvidados
cuando ocurre la muerte. Salomón estaba molesto porque la vida no tenía sentido
para él. La vida jamás tendrá sentido si su significado se le reduce a un
peregrinaje terrenal. El hombre que no tiene esperanza de vivir con Dios, no
tiene un propósito permanente por el cual vivir. Pero si se tiene en
perspectiva un destino eterno, la vida terrenal se convierte en una arena de
pruebas y de preparación para ese destino.
El anterior análisis llevó a Salomón concluir que es
inútil trabajar arduamente para amasar una fortuna, tan solo para dejársela a
otros (2:17-23) ¿Quién podía garantizarle que sus herederos serían sabios y no
necios? Estos gastarían todo el fruto de su trabajo. Salomón concluyó que el
trabajo arduo, cuyo único fin es la acumulación de riquezas, no es el propósito
de la vida. Le parecía injusto que un hombre trabajara arduamente toda su vida
y que después de muerto, otro disfrutara de los frutos de su labor. En cierto modo,
Salomón estaba en lo correcto.
Al principio Salomón afirmaba que no había nada mejor,
la cual una persona podía hacer, que disfrutar de los frutos de su labor
mientras vivía (2:24-26) Todo aquello por lo cual trabajamos, y todo lo que
recibimos, provienen de la mano de Dios. Dios da conforme a lo que él sabe que
necesitamos y podemos manejar. Puede que tome de uno y le de a otro, porque el
primero no puede hacerse cargo de la responsabilidad de ese don como el segundo
si lo puede. Puede que también tome de uno y le de a otro porque el primero
hace mal uso del don y el segundo hace
un uso sabio de este, etc. (Mateo 25:14-30).
Dios espera que
nosotros hagamos uso de lo que él nos da, para que le demos gloria y honra a
él. Si escogemos retener lo de él, él puede retener lo de nosotros. Si no
aprendemos como hacer uso de nuestras bendiciones para darle honra, puede que
él no nos conceda tantas bendiciones a nosotros.
CONCLUSIÓN:
El análisis que Salomón hace del significado
de la vida nos puede ayudar a poner la vida en la perspectiva correcta. No es
lo que tenemos lo que le da sentido a la vida, sino el modo como usemos lo que
tenemos. La vida exitosa no depende de las circunstancias que nos rodean, sino
del uso que hacemos de esas circunstancias
que nos rodean. Es la dirección que lleva la vida lo que determina su
significado. Las palabras de Salomón nos ayudan a dirigir nuestras vidas hacia
Dios.
Continuando con el estudio de Eclesiastés, vamos a ver
como el libro procura enderezar nuestras vidas. A menudo le damos énfasis a lo
torcido, a lo que está al revés; reímos cuando debiéramos de llorar, lloramos
cuando debiéramos reír, tenemos temor cuando no debiéramos tenerlo, y no
atinamos a tenerle temor a lo que si debiéramos. Vivimos en un mundo que está
de cabeza. Nos acostumbramos tanto a ver las cosas que siguen igual a como
estaban, que se nos dificulta verlas del modo que debiéramos. Lo que está de
cabeza luce de pie. Estamos sufriendo el vértigo mortal y espiritual.
¡Recuerda, teme a Dios y guarda sus mandamientos!.
Nota:
este estudio continuará hasta finalizar el libro de Eclesiastés. cime