¿Dónde estas Jesús?
El mundo sigue soñando
con alguien que le enseñe a moverse en el laberinto de la angustia, y que,
sobre todo, le muestre la puerta de salida. ¿Dónde está el forjador? Hemos nacido
con cadenas y prisiones; a veces con cadenas de oro, pero siempre cadenas. Se
busca un soldador capaz de fundir esos metales. ¿Dónde está el encantador que,
con toques mágicos, transforme los ensueños en carne viva, los lamentos en
canciones, el luto en danza y la muerte en vida?.
Enterrado en el alma de
la humanidad duerme un sueño antiguo. ¡Libertad! Para encontrar la verdadera
felicidad. La plena felicidad.
VEN SEÑOR JESÚS, PORQUE:
Judas sigue transitando
por nuestra tierra, cargando enigmas en sus hombros, y mendingando de puerta en
puerta un mendrugo de misericordia.
A nuestro lado camina la
Magdalena, que, después de haber bebido el vinagre de la vida, no se cansa
ahora de saborear el vino ardiente cuyas llamas saltan hasta la vida eterna.
También Pedro se sienta a nuestro lado para llorar, mientras Juan entona una y
otra vez canciones de primavera.
¿Y qué decir de
Caifás? Continúa resentido. Noche a
noche se oculta entre las sombras para disparar con su honda, guijarros contra
las estrellas que brillan más que él.
Pilato sigue pidiendo a
gritos una bandeja para lavarse las manos, después de haber entregado a los
inocentes en los brazos de la muerte.
Jesús, hemos perdido la
señal, tu señal, la señal del amor, aquella señal que predicaría al mundo que,
“somos tus discípulos”. El mundo ve
nuestros celos, nuestras peleas y divisiones por doquier. Se han levantado
muchos fariseos que, quieren imponer cargas pesadas, cargas sin misericordia.
Quieren vernos amargados. No predican, ni enseñan, sólo escriben y escriben,
libros y más libros de. ¡No hagas! ¡No
vayas! ¡No saludes a los samaritanos!
¡No mires a los pecadores! Y
nosotros...
Señor Jesús: Ayúdanos a reencontrar ese camino. Ese camino por el
cual tu transitaste, en el cual, a pesar del dolor y sufrimiento, carestías y
demás, pudiste decir con toda seguridad: “Mi paz os doy, mi paz os dejo”. Ese camino por el cual se sufre pero también
se puede regocijar en esta vida.
Los hermanos siguen
forjando cadenas que nos separan y dividen. Nos enseñan a no saludar a otros
hermanos. A manifestarles nuestro desprecio. Dicen que es por nuestro bien. No
veo el bien, sólo se que cada día estamos más lejos de aquella hermandad donde
la dicha y amor por compartir una fe, una esperanza, un solo Señor...era el pan
de cada día. Henrycis