EL DON DE HABLAR EN LENGUAS Y EL ESPIRITU SANTO

 

(Lecc. 8)

    El don de hablar en lenguas es una práctica que se menciona en el Nuevo Testamento, pero no en el Antiguo.1 Si el versículo que dice que «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13.8), significara que en todas las edades Él hace los mismos milagros, entonces los seguidores de Dios debieron haber hablado en lenguas que no aprendieron, desde la creación. También, si el don de hablar en lenguas fuera señal de una espiritualidad superior, parece extraño que no haya mención de que Jesús hablara en lenguas. Durante el largo período de la historia bíblica, la ocurrencia del don de hablar en lenguas se da solamente una vez en Jerusalén entre los apóstoles el día de Pentecostés (Hechos 2.1-11); una vez en Cesárea, cuando la puerta les fue abierta a los gentiles (Hechos 10.44-46); una vez en Éfeso, que las hablaron doce discípulos (Hechos 19.6); y en Corinto, que las hablaban miembros de la iglesia del Señor (1ª  Corintios 12.10, 28; 13.8; 14.2-28). No hay nada en el Nuevo Testamento que indique que la práctica continuara en alguna de las congregaciones; excepto en la iglesia que estaba en Corinto.

 

¿EN QUÉ CONSISTE EL FENÓMENO DE HABLAR EN LENGUAS?

    La palabra hebrea leshonah se traduce muy frecuentemente por «lengua» —en referencia al miembro del cuerpo por medio del cual realizamos el acto de habla (Jueces 7.5; 2 Samuel 23.2)— o por «lenguaje» o por «lengua» en el sentido de lenguaje (Ester 1.22; 3.12; Jeremías 5.15; Ezequiel 3.5-6). La traducción al griego de la palabra hebrea leshonah es glosa (compare Isaías 28.11 y 1ª Corintios 14.21; del griego eteroglosois). Con Glosa se da a entender, ya sea, el miembro del cuerpo, la lengua (Marcos 7.33,35, una ahusada llama como de fuego (Hechos 2.3) o un idioma (Hechos 2.4,11; 10.46; 19.6).

    La primera manifestación de este don que se menciona fue la experiencia que tuvieron los apóstoles el día de Pentecostés. Este fue un milagro que consistió en que hablaron en diferentes idiomas, no en que un idioma fuera hablado por los apóstoles y el mensaje entendido en muchos diferentes idiomas (Hechos 2.4-11). Los que formaban parte de la multitud oían cada uno en su propio idioma porque los apóstoles estaban hablando «en otras lenguas», es decir, en otros idiomas (Hechos 2.4). La anterior fue una señal muy convincente (1ª Corintios 14.22) para los judíos incrédulos que estaban presentes.

    Después de lo anterior, Pedro se puso de pie y le habló a la multitud (Hechos 2.14). El hecho de que todos los que estaban en la multitud le entendían, no significa que él estaba hablando en un idioma, sino que le comprendían en muchos idiomas. Los judíos que habían venido a Jerusalén de las diferentes naciones (Hechos 2.5-11) eran bilingües; podían entenderle a Pedro cuando éste les hablaba en Hebreo.

    En cierta ocasión posterior (Hechos 20.16), Pablo le habló en Jerusalén a una multitud de judíos (Hechos 21.27) de diferentes procedencias. Como habían retenido el idioma hebreo, pudieron entenderle cuando les habló en el dialecto hebreo (Hechos 21.40).

 

¿QUÉ ENSEÑÓ PABLO ACERCA DEL DON DE HABLAR EN LENGUAS?

    La polémica actual sobre el uso que hace Pablo deglosai (plural de glosa), es decir, «lenguas», tal como se usa en 1ª  Corintios 14, ha girado en torno a cuatro significados que se han propuesto:

1)    lenguajes celestiales,

2)    expresiones extáticas que no constituían lenguaje alguno,

3)    discurso sofisticado que solamente los más cultos podían entender, o

4)    lenguajes humanos que podían o no podían ser entendidos por el que los hablaba. Solamente el cuarto significado propuesto puede ser correcto.

    Las lenguas de Hechos 2.4, 11, eran aparentemente las lenguas maternas de los judíos que habían venido a observar la festividad de Pentecostés en Jerusalén. Ese día los apóstoles, sin habérseles enseñado las lenguas extranjeras, hablaron en las lenguas de los diferentes países que estaban representados. Hablaron en glosai («lenguas»; Hechos 2.11), a las cuales se les llamaba también dialektos (significa literalmente «dialectos», traducido por «lengua» [Hechos 1.19;2.6,8;21.40;22.2; 26.141). Estos términos se usan en el Nuevo Testamento para referirse solamente a lenguas conocidas.

    El libro de Apocalipsis usa la palabra glosai para referirse a las diferentes clasificaciones o grupos de idiomas del mundo (Apocalipsis 5.9; 7.9; 10.11; 11.9; 13.7; 14.6; 17.15). El término no señala la existencia de lenguas celestiales, de expresiones extáticas ni de lenguajes para la oración.

    Si en 1ª  Corintios 14, Pablo se hubiera estado refiriendo a lenguajes celestiales, a expresiones extáticas (provocadas por un estado emocional alterado, no pertenecientes a lenguaje alguno, producidas por personas que se han dejado llevar por el éxtasis), o a discurso sofisticado, entonces hubiera estado usando una definición de glosai no hallada en ninguna parte de la Biblia. Pablo estaba refiriéndose a idiomas humanos conocidos al usar la palabra glosai, lo cual se evidencia por los siguientes hechos:

1.    Pablo enseñó que las «lenguas» eran un don del Espíritu Santo (1ª  Corintios 12.10), el cual Dio; les había dado a algunos en la iglesia (1ª  Corintios 12.10-11/28).

2.    El don de hablar en lenguas debía usar sí para la enseñanza (1ª  Corintios 14.6).

3.    El don de hablar en lenguas era señal para el incrédulo (1ª Corintios 14.22). Si el incrédulo no podía percibir que era un fenómeno milagroso el que estaba ocurriendo, entonces el don de hablar en lenguas no podía servirle a él como señal del poder milagroso de Dios.

4.    Las lenguas edificaban al que las hablaba (1ª  Corintios 14.4),  y cuando eran interpretadas, también edificaban a la iglesia (1ª  Corintios 14.5). En el versículo cuatro no dice que Pablo estuviera dando su consentimiento para hablar en lenguas cuando el propósito era edificar al que las hablaba. Más bien dice lo contrario: se estaba señalando que, a menos que se interpretaran, las lenguas sólo podían beneficiar al que las hablaba. Más adelante declaró que nadie debía hablarlas si no había un intérprete presente (1ª  Corintios 14.28), pues la iglesia no podía ser edificada por algo que ella no entendía (1ª  Corintios 14.5).

Según lo expresado por Pablo, todo lo que se hacía en la asamblea debía servir para la edificación de la iglesia, no para la edificación personal (1ª  Corintios 14.5,12, 26). Si las lenguas hubieran sido expresiones extáticas carentes de sentido, no hubieran podido interpretarse y la iglesia no hubiera podido edificarse por medio de ellas.

5.    Las lenguas de Isaías 28.11, las cuales Pablo citó en referencia al don de hablar en lenguas que había en Corinto (1ª Corintios 14.21), eran lenguas extranjeras. Estas «lenguas» no eran expresiones extáticas ni lenguas angelicales.

6.    El vocablo griego hermeneusjunto con sus formas cognadas, incluso las que tienen prefijos3 — significa «interpretar», «interpretación» o «intérprete». La palabra se refiere a la traducción de palabras conocidas a un lenguaje existente. La única excepción a esta regla es Lucas 24.27, donde el significado es «explicar» pasajes que no entienden los oyentes. Esto significaría que las «lenguas» de 1ª  Corintios 14, eran lenguas que podían ser interpretadas.

 

    No hay mención alguna en el Nuevo Testamento en el sentido de que todos los intérpretes recibieran por el Espíritu Santo la habilidad para interpretar, como tampoco la hay en el sentido de que se sirvieran de su entendimiento personal de las lenguas que ya habían aprendido. Se menciona que existía la habilidad para interpretar; pero los medios por los que se llevaba a cabo tal interpretación no siempre se mencionan (1ª  Corintios 14.27-28). Esto puede significar que una persona que había aprendido el idioma podía interpretar del mismo modo que podía hacerlo una persona que no conociera el idioma, pero que hubiera sido habilitada por el Espíritu Santo para tal efecto (1ª  Corintios 12.10-11). La habilidad de una persona que había aprendido un idioma para interpretar lo que se dijera en ese idioma confirmaría que las lenguas eran lenguajes conocidos.

    El mandato dado en este pasaje se aplicaría a un misionero que se encuentre en otro país. Si ninguno de los que formaran parte de la audiencia pudiera interpretar su idioma, debería guardar silencio. A menos que se entendieran sus palabras, los que oyeran no serían beneficiados.

    Una expresión debe tener significado para poder ser traducida. Las expresiones extáticas, carentes de sentido, serían imposibles de interpretar. La indicación que hace Pablo en el sentido de que las lenguas de Corinto podían ser traducidas (1ª  Corintios 14.5, 13, 27) debe significar que el don de hablar en lenguas tenía que ver con verdaderos idiomas.

 

¿CUÁL ERA EL PROPÓSITO DEL DON DE HABLAR EN LENGUAS?

    Algunos han concluido que las «lenguas» de 1ª  Corintios 14.2, eran lenguajes angelicales o lenguajes para orar que nadie podía entender. Tal conclusión haría entrar en contradicción a Pablo consigo mismo en todo el resto del capítulo catorce. Fred Fisher está en lo correcto cuando hace la siguiente observación acerca de este versículo: «Esto no necesariamente significa que nadie lo entendía, sino que ninguno de los presentes lo entendían» (énfasis nuestro).

    En 1ª  Corintios 14, Pablo dio las .siguientes instrucciones en cuanto al uso del don de hablar en lenguas, indicando con ellas que éste tenía como propósito la comunicación:

1.    Las lenguas debían interpretarse para edificación de la iglesia (verso 5). Basados en este hecho podemos concluir que la información dada al que hablaba en lenguas no era un guirigay sin sentido, como tampoco era su propósito únicamente el beneficio personal, sino que era información que podía edificar a la iglesia. Si lo que se decía en otra lengua no se interpretaba para beneficio de la congregación, el único que podía beneficiarse era el que hablaba (si es que entendía el lenguaje). El que hablaba en lenguas debía pedir en oración la habilidad para interpretar de modo que pudiera edificar a la congregación (versos 5, 12-13).

2.    Pablo decía que, para que le aprovechara a la iglesia, el don de lenguas debía acompañarse «con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina» (verso 6). La revelación, la ciencia, la profecía y la doctrina eran, en esta situación, mensajes de Dios (1ª  Corintios 12.8, 10, 28-30). La iglesia podía beneficiarse de tales mensajes solamente cuando se transmitían en un idioma que pudiera entenderse. No hay indicación alguna en el sentido de que Pablo se refiriera a lenguajes para orar ni a expresiones angelicales.

3.    Así como era necesario que por medio de instrumentos musicales se emitieran los sonidos correctos para llamar a los judíos a la adoración o a la batalla, también era necesario que las lenguas transmitieran un mensaje inconfundible que fuera de ayuda para los que oían (versos 7-8). El que hablaba debía emitir sonidos que el oyente pudiera entender; de otro modo, nadie sabría lo que hablaba (vero 9).

4.    El mundo tiene muchos idiomas (del griego phonon, que significa «sonidos»; verso 10). Los sonidos e idiomas útiles son los que transmiten un mensaje significativo. Si el idioma no era conocido, el oyente iba a tener tanta dificultad para entenderlo como la que tendría oyendo a un extranjero (verso 11).

5.    Las lenguas tenían como propósito establecer comunicación con los oyentes de modo tal que éstos pudieran expresar su más sincero consentimiento diciendo el «Amén». La persona que no entendía el lenguaje no podía decir el «Amén», pues no entendía lo que se decía (verso 16).

 

La palabra idiotes (de la cual obtenemos la palabra «idiota») se traduce por «indoctos» en los versículos veintitrés y veinticuatro. Significa uno que no ha sido enseñado, o que carece de destrezas (Hechos 4.13; 2ª Corintios 11.6). Lo que se quiere decir es que una lengua podía ser entendida por una persona que hubiera sido educada en ese lenguaje en particular, pero la persona que no hubiera aprendido ese lenguaje no podía entenderlo. De lo anterior podemos concluir que las lenguas eran idiomas que podían entender las personas que hubieran aprendido a hablar tales lenguajes sin necesidad de un intérprete.

6.   El don de hablar en lenguas era una señal para los incrédulos (verso 22). Si en la audiencia no había quien pudiera determinar que las lenguas eran lenguajes dados por Dios, los sonidos que se estarían emitiendo no podían servir como señal. Pedro dijo que lo que los judíos oyeron (los apóstoles, que hablaban en los lenguajes de las muchas naciones presentes el día de Pentecostés, y el sonido de lo que parecía un viento recio) era señal de que Jesús había sido exaltado a la diestra de Dios (Hechos 2.4-11, 33). Las lenguas constituyeron una impresionante señal para los judíos incrédulos.

Esto fue lo que los judíos dijeron acerca de los sonidos que los apóstoles emitían: «les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» (Hechos 2.11 b). No había expresión extática, ni lenguaje no humano, que pudiera haberlos movido a decir tales palabras. Tampoco hubiera podido esta clase de discurso haberles causado asombro ni maravilla (Hechos 2.7) tal como sí lo hizo el hecho de que los galileos hablaron en lenguajes que no habían aprendido. Las lenguas que los apóstoles hablaron aquel día constituyeron «señal» convincente de que era Dios quien hablaba a través de ellos.

 

¿IMPLICA ORACIONES O LENGUAS ANGELICALES EL DON DE HABLAR EN LENGUAS?

    Los que alegan hablar en lenguas hoy día usan intérpretes cuando se encuentran en otros países y no hablan en los idiomas de estos países donde enseñan. Cuando se les pregunta por qué usan intérpretes, por lo general tratan de evadir el dilema que les produce el no poder hablar un idioma extranjero, diciendo que las «lenguas» son lenguajes angelicales o lenguas especiales para orar. Se apoyan en la frase que dice: «hable para sí mismo y para Dios» de 1ª  Corintios 14.28b. No obstante, este pasaje, que a menudo se cita, también dice que la persona que carece de intérprete «[debe callar] en la iglesia». Esto no significa que se les permite musitar en forma audible a Dios en la asamblea. La palabra «callar», traducción del griego sigao, significa abstenerse completamente de emitir sonido alguno (Lucas 9.36; 20.26; Hechos 12.17; 15.12-13; Romanos 16.25 [oculto]; 1ª Corintios 14.28, 30, 34).

    Muchos que alegan hablar en lenguas dicen que el propósito de las lenguas como «lenguajes especiales para la oración» es impedir que Satanás entienda lo que se dice. ¿Cómo saben ellos que Satanás no puede entender las lenguas?.  No hay revelación de Dios que exprese tal idea.

    En Primera Corintios 14.28, no dice que la persona que habla en lenguas deba hablar en un lenguaje desconocido para ella y para Dios cuando no haya intérprete presente. El significado más probable del texto es que tal persona debe comunicarse consigo misma y con Dios en un idioma que pueda entender. Si la persona misma pudiera entender o interpretar la lengua que habla, entonces ya habría un intérprete presente. Podría hablar y luego interpretar para beneficio de la congregación. Si no pudiera interpretar, no podría entender lo que se estaría diciendo a sí misma ni lo que le estaría diciendo a Dios.

    La mayoría de los miembros de grupos que alegan hablar en lenguas creen tener presentes intérpretes a los que el Espíritu les ha dado el don de interpretar. Si esto fuera así, entonces ninguno de ellos debería estar orando personalmente en lenguas, hablando consigo mismo y con Dios. Según el propio razonamiento de ellos, esto debería tener lugar solamente cuando no hubiera intérprete presente.

    Las situaciones a las cuales se refirió Pablo en 1ª  Corintios 13.1-3, son hipotéticas, y las expresó para enfatizar el hecho de que cuando no hay amor los dones carecen de sentido. A pesar de que podía hablar en lenguas más que todos los corintios (1ª  Corintios 14.18), no dijo que hablaba en lenguas angelicales, ni que conocía todos los misterios, ni que tenía fe para mover los montes, ni que repartía todos sus bienes para dar de comer a los pobres, ni que entregaba su cuerpo para ser quemado. Tampoco dijo que oraba en lenguas siendo su espíritu el que oraba, sin que su mente entendiera la oración. Más bien dijo que oraría con el espíritu y oraría también con el entendimiento (1ª  Corintios 14.15). Dijo que prefería hablar «cinco palabras» con su entendimiento para enseñar también a otros, que «diez mil palabras» en un lenguaje que no pudiera entender (1ª  Corintios 14.19).

 

¿IMPLICA LENGUAS EXTRANJERAS EL DON DE HABLAR EN LENGUAS?

    La conclusión en el sentido de que las lenguas de 1ª Corintios 12 y 14, eran solamente oraciones o lenguajes celestiales no libra a los que alegan hablar en lenguas de la necesidad de hablar de un modo inteligible para aquellos cuyos idiomas no conocen. Esto fue exactamente lo que hicieron los apóstoles el día de Pentecostés Hechos 2.4-11). Si el tener una fe profunda o el don del Espíritu  Santo, puede darles la habilidad para hablar tal como los apóstoles lo hicieron, entonces los que alegan hablar en lenguas no pasan su propia prueba. Si no pueden hablar idiomas que jamás han oído, ni estudiado, ni se les ha enseñado, como señal para los que oyen, entonces no pueden hacer lo que los apóstoles hicieron. El fenómeno que se manifestó el día de Pentecostés cesó; si no hubiera sido así, entonces los que alegan hablar en lenguas podrían ir hoy día a cualquier otro país y hablar el idioma de ese país sin haberlo estudiado. El Espíritu Santo tiene el poder de dar la habilidad de hablar en un idioma desconocido para el hablante pero inteligible para los oyentes. Si hoy no hay quien pueda hacer lo mismo que los apóstoles hicieron, la conclusión es que tales lenguas cesaron.

    El hecho de que los grupos que alegan hablar en lenguas necesitan intérpretes cuando conversan con grupos en que se hablan otros idiomas, es prueba de que no tienen el mismo don de hablar en lenguas que se les dio a los apóstoles el día de Pentecostés. Dios les dio a los apóstoles el poder de comunicarse con los hablantes de lenguas que ellos no habían aprendido. El hecho de que no se pueda hacer esto hoy día no se debe a que Dios no pueda impartir tal poder, sino a que el don de hablar en lenguas cesó. Si no hubiera cesado, entonces la comunicación con otros en idiomas desconocidos para el hablante, debió haber continuado hasta hoy día.

    Las mujeres de iglesias en las que se alega hablar en lenguas, por lo general hablan en las asambleas con la misma —o mayor— frecuencia que los hombres. Pablo escribió: «vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar,... porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación» (1ª  Corintios 14.34-35). Las mujeres no deberían verse movidas a hablar, pues «los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» (1ª  Corintios 14.32). Lo que Pablo estaba escribiendo eran mandamientos del Señor (1ª  Corintios 14.37).

    Si todos los miembros de una congregación hablaban en lenguas al unísono, sin que hubiera intérpretes presentes, el incrédulo que no entendía lo que estaba pasando, pensaría que ellos estaban locos (verso 23). Sería todo lo contrario si los que hablaban en lenguas hablaran uno a la vez, en un idioma inteligible para el oyente (versos  24, 31). Los que hablaban en lenguas debían hablar uno a la vez, y no dejar que fueran más de tres los que hablaran. Además, alguno debía interpretar. Si no había intérprete presente, los que hablaban en lenguas debían guardar silencio (1ª  Corintios 14.27-28).

    Según Pablo lo estimaba, el don de hablar en lenguas era uno de los dones de menor importancia (1ª  Corintios 14.5), tal como también se refleja en el hecho de que el don de hablar en lenguas y el don de interpretarlas, siempre aparecen en los últimos lugares de las listas de dones (1ª  Corintios 12.10, 30). Después de poner los dones en una lista por orden de importancia. Pablo da una amonestación en el sentido de procurar «los dones mejores» (1ª  Corintios 12.31ª). Luego pasó a mostrar en 1ª  Corintios 13, que el amor era un camino más excelente.

 

¿CUÁNDO HABÍA DE CESAR EL DON DE HABLAR EN LENGUAS?

    La pregunta no es «¿Había de cesar el don de hablar en lenguas?», sino «¿Cuándo había de cesar el don de lenguas?». En 1ª  Corintios 13.8, se expresa claramente que el don de hablar en lenguas cesaría.

    En 1ª  Corintios 13, Pablo mostró que el amor es más excelente que los dones del Espíritu (1ª  Corintios 12.31b). Sus razones fueron las siguientes: 1) Sin amor, las lenguas son sencillamente sonidos vacíos de significado (verso 1). 2) Sin amor, el que tiene fe y ciencia impartidas por la divinidad, no es nada (verso 2). 3) Sin amor, no aprovecha nada el que uno les dé todos los bienes a los pobres, ni el que entregue su cuerpo para ser martirizado (verso 3). 4) El amor permanecerá, mientras que los dones milagrosos cesarán (versos 8, 13).

    Los dones de profecía, de hablar en lenguas y de ciencia cesarían con la llegada de lo perfecto (1ª  Corintios 13.8-10). Para explicarlo. Pablo se comparó él mismo con la iglesia en su estado infantil. Estos dones fueron como los juguetes que Pablo poseyó como niño, pero que él desechó cuando llegó a la edad adulta (1ª  Corintios 13.11). Luego dijo que el uso de los dones era como verse en un espejo, el cual en aquellos días no daba una imagen clara. Contrastó la imagen difusa del espejo con el verse cara a cara. Aunque necesarios para la iglesia en su estado infantil, los dones espirituales cesarían cuando a la iglesia se le proporcionara todo lo necesario para llegar a ser madura. El significado de «perfecto» (1ª  Corintios 13. l1) es importante para un entendimiento de este pasaje. No significa «sin defecto alguno» que es como lo entendemos hoy día/ sino lo que ha llegado a buen término, o ha alcanzado desarrollo pleno —o «madurez» (l Corintios 2.6; 14.20; Hebreos 5.14). Otros versículos que incluyen «perfecto» dan a entender la misma idea de madurez (Mateo 19.21; Colosenses 1.28; Efesios 4.13).

    El propósito de los dones fue proporcionarle a la iglesia todo lo que necesitaba para desarrollarse plenamente. Varias ayudas se habían dado para alcanzar este fin (Efesios 4.11-13). En lugar de alcanzar la madurez, los corintios continuaban siendo infantes espirituales (1ª  Corintios 3.1-2). No habían podido aprovechar los beneficios de sus dones espirituales.

    Los que se sienten espiritualmente superiores porque creen tener dones espirituales deberían darse cuenta de que los dones no eran un fin en sí mismos, sino una especie de muletas que le ayudarían a la iglesia a crecer. Cuando los cristianos recibieran todo lo que necesitaban para alcanzar la madurez, en ese momento los dones cesarían.

    El crecimiento y desarrollo cristianos dependían de la Palabra (1ª  Pedro 2.2), medio por el cual las personas podían llegar a conocer a Jesús (2ª Pedro 3.15-18) y procurar crecer hasta su’ estatura (Efesios 4.13). Mientras los dones reveladores (profecía, lenguas y ciencia) todavía estuvieran en proceso de dar la Palabra completa, la iglesia no podía madurar en el conocimiento de la Palabra de Dios.

    Cuando toda la revelación de Dios se diera a través de estos dones, entonces la iglesia tendría todo lo que necesitaba para aprender a ser completos. Cuando ese tiempo llegara, entonces la revelación cesaría. Esto sucedió cuando el canon del Nuevo Testamento fue completado. A partir de ese momento, ninguna profecía, ni ciencia impartida por la divinidad, ni revelación por medio de lenguas, se volvió a dar. Toda enseñanza que se necesita para el desarrollo completo de la iglesia ha sido revelada. Las Escrituras proporcionan de modo completo todo lo que la iglesia necesita para «que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2ª Timoteo 3.17).

    Pablo no tuvo necesidad de creer que la revelación de la Escritura se había completado cuando escribió 2ª Timoteo 3.16-17. Sus palabras pudieron haberse referido a las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento que ya se habían escrito para esa fecha, y cualquier Escritura posterior. Toda revelación dada antes, durante, y después de que Pablo escribiera tales palabras, constituye todo el cuerpo de verdad que necesitamos.

    Pablo declaró: «Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos» (1ª  Corintios 13.9). Lo anterior incluiría las «lenguas», pues las lenguas eran el único medio por el cual la «profecía» y la «ciencia» eran dadas (1ª  Corintios 14.6).

    La revelación que se había dado hasta esa fecha había sido sólo en parte. La palabra griega que se usa aquí, merous, significa porción, «parte [incompleta], en contraste con la totalidad». Merous también aparece en Lucas 11.36; 15.12; Juan 19.23; Hechos 5.2.

    Vendría un tiempo cuando lo que era en parte se completaría; entonces lo que era en parte cesaría. Cuando la profecía, las lenguas, y la ciencia divinamente revelada cumplieran su propósito —dándole a la iglesia todo lo que necesitaba para ser completa— entonces estos dones cesarían.

    El contraste se establece entre lo que es «en parte» y lo «perfecto» (lo completo). Si lo que «era en parte» era ciencia y profecía reveladas (1ª  Corintios 13.9), entonces lo «perfecto» sería la llegada del momento cuando lo que «era en parte» se completaría, es decir, cuando habría ciencia y profecía completas. No era el cielo, ni un estado de perfección, ni la venida de Jesús ni el amor lo que estaba siendo considerado.

    Aunque Pablo abordó el tema del amor en 1ª  Corintios 13.1-8, fue en un contexto de dones espirituales que lo hizo (1ª  Corintios 12—14), un tema al cual vuelve en el versículo ocho. No fue el perfeccionamiento del amor dentro de la iglesia lo que determinó el fin de los dones. Más bien, estos dones cesaron porque ya habían cumplido su propósito de proporcionarle a la iglesia lo que necesitaba para madurar.

    A medida que se completaba la Palabra de Dios, ésta estaba siendo confirmada a través de señales milagrosas (Marcos 16.20; Hechos 14.3; Hebreos 2.3^4), las cuales incluían el don de lenguas (1ª  Corintios 14.22). Cuando la revelación se terminó de dar, también terminaron las señales milagrosas, pues ya habían cumplido su propósito.

 

CONCLUSIÓN

    En algunos casos. Dios usó lenguas que los hablantes no habían aprendido, y las usó como señales para los incrédulos y como medio para revelar Su Palabra (Hechos 2.11; 10.46; 1ª  Corintios 14.6, 22). Tales lenguas no debían hablarse a los que no las hubiesen aprendido, a menos que fueran interpretadas de modo que los oyentes pudieran ser edificados (1ª  Corintios 14.16). Cuando el don de hablar en lenguas y otros dones milagrosos hubieron cumplido su propósito, ellos cesaron.

    En su libro intitulado Glossolalia: From God or Man? (Glosolalia: ¿De Dios o de los hombres?), Jimmy Jividen presentó los siguientes encabezados principales: «Los dones dejaron de ser necesarios», «Los medios para obtener los dones cesaron», «Pablo anunció el fin de los dones».7 Estas ideas resumen satisfactoriamente que las lenguas y otros dones milagrosos cesaron.

    Las señales son innecesarias ahora que la Palabra de Dios ha sido completamente revelada y confirmada (Marcos 16.20). Los apóstoles ya no están presentes para otorgar dones por medio de la imposición de las manos (Hechos 8.14-18; 19.6). Pablo dijo que los dones cesarían (1ª  Corintios 13.8-10), y esto ocurrió a la muerte de la última persona sobre la cual un apóstol impuso sus manos. ¨