(Lecc- 6)
“Ahora, bien, hay diversidad de
dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay
diversidad de ministerios, pero el Señor es el
mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a
cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1ª Corintios 12.4-7).
No deben confundirse los dones que daba el
Espíritu Santo con el «don» del Espíritu Santo. El «don» (del griego dorea)
del Espíritu Santo es el mismo Espíritu Santo (Hechos 10.44-45; 11.17), pero los «dones» (del griego carisma) eran poderes sobrenaturales impartidos
divinamente por el Espíritu Santo (Romanos 1.11; 12.6; 1ª Corintios 1.7; 12.4, 9, 28, 30-31; 1ª Timoteo
4.14; 2ª Timoteo 1.6). La palabra carisma puede también referirse a
dones no sobrenaturales (Romanos 5.15-16; 11.29; 12.6-8; 1ª Pedro 4.10-11).
Pablo dijo: «Ahora bien/ hay diversidad de
dones, pero el Espíritu es el mismo» (1ª Corintios 12.4). Lo que Pablo estaba diciendo
era que/ aunque los corintios tenían diferentes dones,
ello no significaba que tenían diferentes espíritus. La diversidad de dones del
Espíritu debió haber producido «la unidad del Espíritu» (Efesios 4.3) y
no la división (1ª Corintios 1.10-12).
Pablo ilustró la verdad respecto de la unidad comparando el cuerpo humano, el cual está compuesto por muchos miembros, con el cuerpo de Cristo (1ª Corintios 12.12-13).
Pablo puso una lista de nueve dones en
1ª Corintios 12: «palabra de sabiduría», «palabra de ciencia» (verso
8), «fe», «dones de
sanidades» (verso 9),
«el hacer milagros», «profecía», «discernimiento de espíritus», «diversos géneros de
lenguas» e «interpretación de lenguas» (verso 10). No había uno solo de los
cristianos corintios que poseyera todos los dones. F.W. Grosheide estaba en lo correcto cuando
observaba: «La idea es que haya distribución y esto significa que no haya uno
que acapare todas las cosas». Es posible que los apóstoles sí
recibieran todos los dones, pero aparte de ellos
ningún otro los recibió.
Los dones milagrosos de la iglesia de Corinto, provenían de una misma fuente y fueron dados
según la voluntad del Espíritu. Pablo tuvo el cuidado de enfatizar este hecho: «Pero todas estas cosas las hace
uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en
particular como él quiere» (1ª Corintios
12.11). Cordón Fee comentó: «El hecho de que repita
la frase: “es el mismo” en las menciones que hace
de cada una de las Personas de
No eran los celos ni la división que
resultan del orgullo, sino la unidad, lo que debió haberse producido como
resultado de la posesión de tales dones. Los que habían recibido los diferentes
dones debieron haberse dado cuenta de que éstos no fueron obtenidos por mérito
ni habilidad propios, sino que toda la gloria y la
honra debían dársele a Jesús, quien (por un mismo Espíritu) había dado los
dones.
Pablo enfatizó el hecho de que cada uno de
los cristianos que estaba en Corinto tenía su propio don en particular, y que
no había uno que tuviera todos los dones:
¿Son todos
apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos
maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones
de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan
todos? (1ª Corintios 12.29-30).
Es como Robert Bratcher apuntó: «... estos dos versículos están compuestos
por siete preguntas retóricas, que esperan todas un “No” por respuesta».3 No
era el propósito de dar los dones milagrosos que todos los cristianos fueran
dotados de las mismas habilidades.
EL PROPÓSITO DE LOS DONES
El propósito de los dones fue la
edificación de la iglesia con el fin beneficiar a la colectividad, no a los que
habían recibido los dones. Pablo se aseguró de que los corintios no pasaran por
alto esta verdad.
“Pero a cada uno le es dada la
manifestación del Espíritu para provecho” (1ª
Corintios 12.7).
“... pero Dios
ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya
desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos
por los otros” (1ª Corintios 12.24-25).
El propósito de la profecía, así como el de
todos los demás dones, era la edificación de la iglesia: «Pero el que profetiza
habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (1ª Corintios 14.3); «Así también vosotros; pues
que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de
la iglesia» (1ª Corintios 14.12); «...
Hágase todo para edificación» (1ª
Corintios 14.26). La palabra «todo» significaría que, en las asambleas
cristianas, las lenguas y todos los demás dones debían usarse para la
edificación de la iglesia y no para la edificación personal. Frederick Dale Bruner comentó:
“Pablo considera
los dones desde la perspectiva más importante de la congregación, y desde tal
punto de vista él no valora un don cualquiera simplemente por su existencia,
sino por su capacidad para comunicar de modo comprensible lo necesario para la
edificación de los demás. En efecto, según el pensamiento de Pablo/ se puede
dudar de que un don «existe» para el individuo si tal don no es usado para el
beneficio de la iglesia”.
LOS QUE RECIBÍAN LOS DONES
Los dones espirituales se daban, no porque ya los cristianos hubiesen
alcanzado la perfección, sino porque era necesario ayudarles a crecer hasta
alcanzar madurez espiritual. Se daban dones a los recién convertidos (Hechos
8.14-18; 19.6)/ no a los que ya habían alcanzado cierto nivel de espiritualidad
superior. La iglesia que estaba en Corinto estaba compuesta por cristianos
nuevos que tenían necesidad de crecer.
Bruner señaló:
«Los dones espirituales, no están restringidos a un grupo selecto de personas
que tal vez puedan exhibir extraordinarias manifestaciones como resultado de
una más profunda dedicación o de una mayor cercanía al Espíritu».
La iglesia que estaba en Corinto es una
prueba de que la presencia de dones espirituales no garantizaba la superioridad
espiritual. Según Pablo lo estimaba, la iglesia que estaba en Corinto carecía
de madurez espiritual. Esto fue lo que escribió acerca de aquellos cristianos:
De manera que yo,
hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a
niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces,
ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros
celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
(1ª Corintios 3.1-3).
Ciertos poderes especiales, a modo de señales de apóstol, se dieron a través del
bautismo en el Espíritu Santo (2ª Corintios 12.12; vea también Hechos 1.8;
2.1-4). Dios también usó estas señales para mostrar que aceptaba la salvación
de los gentiles (Hechos 10.44-45; 11.15; 15.7-9). El Espíritu fue dado a otros
a través de la imposición de las manos de los apóstoles con el fin de dotarlos
de dones especiales (Hechos 8.14-18; 19.5-6; 2ª Timoteo 1.6). El bautismo en el
Espíritu Santo y los dones que se daban a través de las manos de los apóstoles
eran eventos totalmente independientes.6
Algunos usan lo expresado por Pablo a
Timoteo en 2ª Timoteo 1.6, como prueba de que los apóstoles no eran los únicos
que podían dar el Espíritu Santo Pablo escribió que Timoteo recibió un don, es
decir un cansma, por la imposición de
sus manos. Anteriormente había escrito que Timoteo recibió un don «con la
imposición de las manos del presbiterio» (1ª
Timoteo 4.14).
Timoteo
recibió un don «por» (día, preposición griega que usada con el genitivo
significa el agente mediador por el cual otro actúa) la imposición de las manos
de Pablo (2ª Timoteo 1 6). Lo más probable es que tal don sea el que se
dio «con» (meta, preposición que usada con el genitivo significa «acompañada
con») las manos del presbiterio (1ª
Timoteo 4 14) Alguna buena razón debió haber mediado para que Pablo
usara dos preposiciones diferentes para describir cómo fue que Timoteo recibió
tal don Jesús, a través de la mediación de las manos de
Pablo, acompañadas con las manos del presbiterio, le dio un don a Timoteo Las manos de Pablo fueron el medio por el cual el don se dio,
y junto con Pablo, el
presbiterio impusieron sus manos para
asignarle a Timoteo el
uso del don.
La imposición de manos tuvo varios
propósitos, entre ellos: 1) la concesión de una
bendición a otro (Mateo 19.15), 2) la transmisión
de poder para sanar por contacto (Lucas 4.40; 13.13)/
3) la impartición
del don del Espíritu Santo (Hechos 8.14-18; 19.6; 2ª Timoteo 1.6), y 4) el encargo de diferentes responsabilidades y
tareas especiales a personas escogidas (Hechos 6.6; 13.3). En el caso de
Timoteo, los últimos dos propósitos de la lista
anterior se cumplieron con el fin de facultarlo
para la obra de evangelista. Un don especial le fue
transmitido a Timoteo «por» las manos de Pablo (2ª Timoteo 1.6). Junto con las
manos de Pablo, el presbiterio impuso sus manos para encargarle a Timoteo el
ejercicio de tal don (1ª Timoteo 4.14).
Eran solamente ciertas
personas las que poseían dones espirituales:
1) A excepción de los apóstoles y de los primeros
cristianos gentiles, todos los que tenían dones
recibieron éstos por la imposición de las manos de
los apóstoles (Hechos 19.6)
2) El apóstol a través del cual se conferían dones
debía estar presente para poder comunicar alguno de tales dones (del griego carisma) Romanos 1.11).
3) La clase de don recibido la determinaba el Espíritu
Santo según Su voluntad y no el deseo de aquel que recibía el don (1ª Corintios 12.11).
4) Cuando en alguna iglesia había dones ello era señal
de que un apóstol había visitado tal congregación (1ª Corintios 9.1-2).
A la iglesia de Corinto,
por ejemplo, «nada [le faltaba] en ningún don»
(1ª Corintios 1.7). Esto era así porque
Pablo, un apóstol, había estado allí. Otros apóstoles pudieron haberles comunicado dones como sello de su
apostolado, al igual que Pablo lo hizo mientras
estuvo en Corinto (2ª Corintios 12.12); no obstante, ningún otro estuvo allí. Pablo se basó en este hecho
para usar a la iglesia de Corinto como prueba de que él era apóstol:
¿No soy
apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús
el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el
Señor? Si
para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy, porque
el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor (1ª Corintios 9.1-2)
La iglesia de Corinto era el
sello del apostolado de Pablo porque a sus miembros no les faltaba don alguno;
poseían la gama completa de dones que los apóstoles estaban facultados para
dar. Si alguno ponía en tela de juicio el apostolado de Pablo, éste podía
apuntar a Corintio y decir: «Ellos son el sello de mi apostolado». El hecho de
que los corintios poseían dones, era prueba irrefutable
del apostolado de Pablo por dos razones:
1) Los apóstoles eran los únicos que podían transmitir
dones, y
2) Ningún otro apóstol había estado en Corinto. Esta
verdad nos sirve de fundamento para concluir que los apóstoles eran los únicos
que podían transmitir dones; ya que si alguno que no era apóstol podía
transmitir dones espirituales, entonces Pablo no
podría haber usado a Corinto como sello de su apostolado.
LAS CLASES DE DONES
Cada uno de los nueve dones era beneficioso para la iglesia de Corinto que todavía se
encontraba en una etapa de niñez espiritual. En aquel tiempo, la revelación de
Dios no se había completado; Su Palabra no se había escrito. Necesitaba ser
confirmada. Por lo tanto, los dones que había dentro de la comunidad de
creyentes, eran útiles para la instrucción y fortalecimiento de estos nuevos
cristianos.
El don llamado
«palabra de sabiduría» (1ª Corintios 12.8), el cual era impartido divinamente
por el Espíritu (1ª Corintios 12.11), es
diferente de la palabra sabia que se produce por el esfuerzo y la habilidad
humana. Pablo recalcó esta diferencia:
... y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el
poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado
madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que
perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la
cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria (1ª Corintios
2.4-7).
... no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que
enseña el Espíritu,... (1ª Corintios 2.13).
La «palabra de sabiduría» a la que
Pablo se refirió no es sabiduría humana, sino sabiduría de Dios impartida por
el Espíritu.
El don llamado «palabra de ciencia»
(1ª Corintios 12.8), al igual que el de la sabiduría, era conocimiento (del
griego gnosis) impartido divinamente.9 Este conocimiento estaba
escondido en Cristo juntamente con la sabiduría (Colosenses 2.2-3) y constituyó
un misterio mientras no se reveló por el Espíritu (Efesios 3.3-5). Otra clase
de conocimiento que se menciona en
La «fe» dada por el Espíritu
(1ª Corintios 12.9) difiere de la fe que
se obtiene mediante el estudio de
Los «dones de sanidades» y de
«hacer milagros» (1ª Corintios 12.9-10)
eran también dones del Espíritu. Estos dones facultaban a los que los recibían
con capacidades sobrehumanas para ministrar a los enfermos.
Los dones de «profecía» y de
«discernimiento de espíritus» están relacionados con la revelación de
A los que podían discernir
espíritus, el Espíritu les había dado este don, para que pudieran distinguir
entre los verdaderos y los falsos maestros (1ª
Corintios 12.10; 14.29).
En los últimos lugares de la lista
se encuentran el don de hablar «diversos géneros de lenguas», y el don de
«interpretación de lenguas» (1ª
Corintios 12.10). Los que recibían estos dones podían, ya fuera, hablar en
lenguas que no habían estudiado, o interpretar lenguas que no habían conocido
ni aprendido anteriormente.10
El propósito de los dones no era
glorificar al Espíritu ni a los que recibían de Él los dones. Jesús dijo del
Espíritu: «Él me glorificará» (Juan 16.14-a). Cualquier enseñanza o práctica
que glorifique a un individuo, a una persona, o al Espíritu Santo, más que a
Jesús, es inconsecuente con el propósito y obra del Espíritu Santo.
Los dones espirituales fueron dados
a la iglesia inmadura con el fin de que pudiera madurar, llegar a establecerse
en la fe y ser edificada. Los dones fueron confiados a los apóstoles. Eran
repartidos por el Espíritu, según Su voluntad, a través de las manos de los
apóstoles. Los dones se daban a cristianos iniciados para ayudarles a madurar
en la fe. Era a Jesús a quien debía dársele gloria, y no al Espíritu Santo ni a
los que se les daban los dones. ¨