(Lecc. 5)
“Yo a la verdad os bautizo en agua para
arrepentimiento; pero el que viene tras mi, cuyo calzado yo no soy digno de
llevar, es más poderoso que
yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en
fuego que nunca se apagará” (Mateo 3.11-12).
La idea de ser bautizado «en
Espíritu Santo» aparece en
Juan —el que sumergía en agua— fue el primero en mencionar el bautismo en el Espíritu Santo.
Introdujo el tema cuando hablaba de la superioridad de Jesús en comparación con
él mismo.
Algunos son de la convicción
de que todos los cristianos deberían aspirar a ser bautizados en el Espíritu
Santo, lo cual creen por las palabras que Juan dijo en Lucas 3.16: «Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno
más poderoso que yo, de quien no soy digno de
desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y
fuego» (énfasis nuestro).
Dos preguntas deberían
plantearse en cuanto a tal creencia: «¿A quiénes les estaba hablando Juan?» y «¿Qué relación guarda
tal enseñanza con otras enseñanzas bíblicas?». Para
poder responder la primera, debe considerarse el escenario
en el que Juan dijo tales palabras.
Lo siguiente fue lo que Lucas escribió
acerca de Juan: «Y decía a las multitudes que salían a ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os
enseñó a huir de la ira venidera?» (Lucas 3.7). En el mismo contexto.
Lucas escribió: «Y la gente le preguntaba,
diciendo: Entonces, ¿qué haremos?» (Lucas 3.10). Juan se estaba refiriendo a las multitudes cuando «respondió [...], diciendo a
todos:... él os bautizará en Espíritu
Santo y fuego» (Lucas 3.16).
Entre las multitudes había una «generación
de víboras» (Lucas 3.7) que incluía a
muchos Saduceos y fariseos (Mateo 3.7)/ los cuales habían venido a ser
bautizados por Juan. Como no se arrepentían, estaban en peligro de ser «[echados] en el fuego» (Mateo 3.8-10). Es seguro que las multitudes incluían a algunos que no recibirían el
Espíritu Santo (Juan 14.17). Juan no dijo:
«Él os bautizará a todos en el Espíritu Santo». Esto fue lo que dijo:
«Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego».
Lo dicho por Juan podría compararse con el
discurso del representante de una fábrica a un gran grupo de personas que se
han reunido para solicitar algunas de las pocas plazas vacantes que hay en la
fábrica. Podría presentar, digamos, a Bill Jones y decirles a los que están reunidos: «Este es Bill Jones, el hombre que les
dará empleo». En modo alguno podría dar a entender esto que todos serían
empleados, tan solo indicaría «a todos los presentes» quién es el que
haría los nombramientos. En esencia, esto era lo que Juan estaba haciendo:
Estaba identificando a la gran persona que bautizaría en Espíritu Santo. No
estaba diciendo que los bautizaría a todos en el Espíritu Santo. Otras
Escrituras son más específicas en cuanto a las personas que serían inmersas en
el Espíritu Santo.
¿A quiénes incluyó Jesús cuando prometió el
bautismo con el Espíritu Santo en Hechos 1.5?. La proporción
de pronombres que se usa en el contexto de esta promesa muestra que Jesús incluyó
solamente a los apóstoles. La frase «los apóstoles» ha sido insertada después
de cada pronombre en la siguiente cita para recalcar que era sólo a ellos a
quienes se refería Jesús.
“... después de haber
dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a
[los apóstoles] también, después de haber padecido, se presentó vivo...
apareciéndoseles [a los apóstoles]... Y estando [los apóstoles] juntos, les
mandó [a los apóstoles] que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, [vosotros apóstoles] oísteis de mí. Porque Juan
ciertamente bautizó con agua, mas vosotros [los apóstoles] seréis bautizados
con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hech.1.2-5).
El «vosotros» y el «ellos» que están implícitos en
los anteriores verbos son pronombres que se refieren a los «apóstoles» de
quienes se hace mención concreta al comienzo del versículo dos.
El bautismo con el Espíritu Santo y los apóstoles
«No muchos días» (Hechos 1.5) después de que Jesús hizo Su promesa, los apóstoles
recibieron el Espíritu Santo. La serie de hechos que a continuación se detalla
muestran que el Espíritu Santo (Hechos 2.4) les llegó solamente a los apóstoles.
1.
Los apóstoles fueron los únicos a los que el Espíritu Santo
se les prometió.
2.
Hechos 1, termina con una referencia a los apóstoles. Lucas
escribió acerca de Matías: «... y fue contado con los once apóstoles» (Hechos
1,26b). Lucas luego declaró: «... estaban todos unánimes juntos... Y fueron
todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según
el Espíritu les daba que hablasen» (Hechos 2.1b-4). Nuevamente, el pronombre
implícito «ellos» se refiere al último sustantivo mencionado: «los...
apóstoles».
3.
Los que hablaron en lenguas eran «galileos» (Hechos 2.7).
Este hecho descarta a la multitud, pues ésta estaba compuesta por hombres
provenientes «de todas las naciones bajo el cielo» (Hechos 2.5; vea también
versos 8-11).
4.
Los apóstoles fueron el centro de la atención, lo cual puede
ser señal de que ellos eran los únicos que estaban llenos del Espíritu Santo y
estaban hablando en otras lenguas. «Entonces Pedro, poniéndose en pie con los
once, alzó la voz y les habló diciendo: ... éstos no están ebrios, como
vosotros suponéis...» (Hechos 2.14-15). Los que habían sido acusados de estar
ebrios eran los que estaban hablando, y los que estaban hablando eran los que
habían recibido el Espíritu Santo. Pedro se puso de pie con los once —los que
habían sido acusados— y dijo: «Estos hombres no están ebrios». Esta una prueba
más de que solamente los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo.
5.
Pedro declaró: «A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos
nosotros somos testigos» (Hechos 2.32). Los testigos especiales de la
resurrección de Jesús fueron los apóstoles (Hechos 1.22; 4.33; 10.39-42; 13.31;
vea también 1.3).
6.
La multitud se dirigió a los apóstoles, lo cual es señal de
que los apóstoles eran los únicos que les estaban hablando en lenguas a ellos:
«Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron
a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hechos 2.37).
7.
Los apóstoles
fueron los maestros del pueblo (Hechos 2.42), lo cual indica que ellos eran los que estaban recibiendo
8. Después de la venida del Espíritu Santo, los apóstoles obraron maravillas y señales Por un
tiempo, ellos fueron los únicos, según se dij0/ que ejercieron el poder
prometido por Jesús en Hechos 1 8, y que los
facultó para hacer lo que hicieron.
“...y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles”
(Hechos 2 43 b)
“Y con gran poder los
apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor”
(Hechos 4:33 a)
“Y por la mano de los apóstoles
se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”
(Hechos 5
Los hechos anteriores son suficientes para
llegar a la conclusión de que ni la multitud ni los 120 de Hechos 1 15, fueron bautizados en el Espíritu Santo Jesús
prometió el bautismo en el Espíritu Santo solamente a los apóstoles, y ellos fueron los únicos
que recibieron ese bautismo el día de Pentecostés
El Espíritu Santo y los primeros cristianos gentiles
El bautismo en
el Espíritu Santo fue dado dos veces en tiempos del Nuevo Testamento Al comienzo, los apóstoles
fueron bautizados en el Espíritu Santo Años más tarde,
Pedro tuvo necesidad de acordarse de lo sucedido en aquella ocasión
(Hechos
11 14-16) para poder encontrar un evento con
el cual comparar lo que Cornelio y sus amigos recibieron Aparentemente, ningún otro judío había sido bautizado en el Espíritu Santo desde aquel momento del comienzo el día de Pentecostés Unos pocos años después, Pedro se refirió a este segundo evento —en el que los primeros convertidos gentiles fueron bautizados en el Espíritu
Santo— para probar a los cristianos judíos que Dios aceptaba a los gentiles
sin ser circuncidados (Hechos 15 7-9) Reiterando lo dicho
esto debió haber sido
señal de que ningún otro gentil fue bautizado en el
Espíritu Santo después que el bautismo de Cornelio y su casa
tuvo lugar
Para poder probar que el ofrecimiento de salvación hecho a los gentiles
era elección Suya y no decisión humana. Dios rompió con el procedimiento normal e hizo algo inusitado No solamente les dio
a los gentiles que en ellos morara el Espíritu Santo cuando la casa de Cornelio
fue convertida (Hechos 10 47/ vea también Hechos 2 38), sino que hizo algo mas Antes de ser convertidos, los bautizó en el Espíritu Santo
con el mismo bautismo
que les administró a
los apóstoles al comienzo del cristianismo (Hechos 10 44,11 15)
Para sorpresa de los cristianos
judíos. Dios hizo esto antes de que hubiesen
sido bautizados para el
perdón de pecados Este es el único caso, posterior a la
venida del Espíritu
Santo sobre los apóstoles, en el que a alguien se
le diera el Espíritu Santo antes de ser bautizado
También, es el único
ejemplo que consta en las Escrituras, de alguien que fue bautizado en el Espíritu Santo sin ser apóstol.
Ni aun Jesús
recibió el Espíritu Santo antes de ser bautizado
en agua (Mateo 3 16-17) Puesto que sólo
la casa de Cornelio, y tal vez el apóstol Pablo, recibieron el Espíritu Santo
del mismo modo que los apóstoles el día de
Pentecostés (Hechos 2 38, 8 14-18,19 5-6), la casa de Cornelio
debe ser vista como la excepción y no como la regla G. R
Beasley- Murray,
famoso erudito, está en
lo correcto cuando observa «El hecho de que se dio
el don del Espíritu Santo a una persona que no
había sido bautizada en
agua debe verse como un hecho excepcional debido a una intervención divina en la ocurrencia de un
evento altamente significativo, cuyo fin fue enseñar que los gentiles
podían ser recibidos en
la iglesia por el bautismo aun cuando no hubieran
quitado su inmundicia a través de la circuncisión y el sacrificio [Hechos] 11 18)»
Dios utilizó la ocurrencia excepcional de tal
hecho con el fin de probar que la salvación estaba siendo brindada ahora a los gentiles
Este inusitado bautismo en el Espíritu Santo
fue usado como señal, la cual fue necesaria dada la actitud de los
judíos Antes de los eventos que llevaron a la conversión
de Cornelio, Pedro y otros judíos estaban convencidos de
que ellos no debían estar teniendo comunión con los gentiles Esto
fue lo que dijo «Vosotros sabéis cuan abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a
un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo»
(Hechos
10 28)
Los judíos insistían en que los gentiles
se circuncidaran para
poder asociarse con ellos (Hechos 113) Para los judíos, los
gentiles no eran merecedores de la salvación Así, los judíos cristianos les predicaban el evangelio
solamente a los judíos (Hechos 11 19) Dios deseaba probarles que Él recibía a gentiles y judíos
por igual
A través del bautismo
de los gentiles en el Espíritu
Santo, Dios les hizo saber cuatro cosas a Pedro y a la iglesia
primitiva:
1) Los cristianos judíos podían
asociarse con los gentiles; 2) los gentiles
podían llegar a ser cristianos bautizándose en agua para ser salvos; 3) podían hacer esto sin necesidad de circuncidarse,
es decir, sin necesidad de que se hicieran judíos; y 4) no debía tratarse a los convertidos gentiles como
cristianos de segunda clase, sino que debían ser recibidos como hermanos por
los cristianos judíos. Al darles a los gentiles un bautismo que no le había
dado a ningún otro grupo, excepto a los apóstoles. Dios mostró que a los
cristianos gentiles no debía considerárseles inferiores en modo alguno.
Si el Espíritu Santo se les hubiera dado de
la manera que normalmente se daba,4 no hubiera habido
demostración visible de que «también» recibiesen el Espíritu Santo. Alguna
manifestación evidente fue necesaria con el fin de mostrar que era Dios el que
hacía la elección. Si las señales visibles del Espíritu Santo les hubieran sido
dadas a través de la imposición de las manos de los apóstoles, tal como en las
demás ocasiones (Hechos 8.14-18; 19.6), los
testigos podían haber llegado a pensar erróneamente que tal decisión era del
hombre y no de Dios.
Dios usó esta excepción, del mismo modo que
usó excepciones a las leyes naturales cuando obró las señales de las diez
plagas de Egipto (Exodo 10.2) y cuando Jesús usó milagros para darse a conocer
como el Hijo de Dios (Juan 20.30-31). La
manifestación ocurrida en la casa de Cornelio mostró que era Dios mismo, y no
Pedro, quien les estaba ofreciendo el perdón a los gentiles a través del
evangelio.
Este bautismo en el
Espíritu Santo le probó a Pedro que Dios estaba tomando la decisión de recibir
a los gentiles para salvación y membresía dentro del cuerpo de Cristo. Debía
considerárseles iguales a los cristianos judíos. A Pedro se le llevó
gradualmente a esta conclusión final a través de una interesante serie de
eventos. Primero, Dios le dijo tres veces en una visión que matara y comiera
varias clases de animales (Hechos 10.16). Después, mientras reflexionaba sobre
la visión, el Espíritu le dijo que fuera con los gentiles y que no dudara
(Hechos 10.20). Al final Pedro llegó a la conclusión de que «a ningún hombre
[debía llamar] común o inmundo» (Hechos 10.28). Los anteriores hechos le
sirvieron de apoyo para estar dispuesto a asociarse con los gentiles. También
llegó a creer «que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación
se agrada del que le teme y hace justicia» (Hechos 10.35).
Aún a estas alturas, Pedro tenía necesidad de más
pruebas. No solamente debía dejar de pensar que los gentiles eran comunes o
inmundos, sino que debía estar dispuesto a llevarles la salvación y a
aceptarlos como hermanos. Otro milagro era necesario con el fin de llevar a
Pedro y a otros creyentes judíos a aceptar que los gentiles eran dignos de la
salvación. Por esta razón Dios les dio a los gentiles el poder de hablar en
lenguas a través del bautismo del Espíritu Santo. Luego Pedro preguntó: «¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean
bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?»
(Hechos 10.47). El significado de lo que quiso decir es claro: El
hombre no puede rechazar lo que Dios ha elegido.
Gareth L. Reese observó correctamente lo siguiente: «Pedro se dio
cuenta de que lo que había sido derramado sobre Cornelio y sus amigos fue lo
mismo que se derramó sobre los apóstoles el día de Pentecostés».5 Esta fue la
conclusión a la que llegó Pedro: «Si Dios, pues, les concedió también el mismo
don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que
pudiese estorbar a Dios?» (Hechos 11.17). Es obvio que el bautismo en el Espíritu Santo que los gentiles
recibieron le probó a Pedro que fue Dios, no el hombre, quien hizo la elección.
Esto no fue prueba solamente para Pedro y los judíos creyentes, sino que
también lo es para toda las generaciones posteriores. Dios probó una vez —y no necesita volverlo a probar— que El recibe a los gentiles sin que tengan que
circuncidarse ni guardar la ley (Hechos 11.3; 15.1, 7-9).
Frederick Dale Bruner escribió lo siguiente acerca de lo dicho por Pedro
en Hechos
11: «Enfatiza que el Espíritu Santo
cayó sobre la casa [de Cornelio] “como sobre [ellos] al principio (verso 15). Esta observación es importante. Pedro no dijo que el Espíritu Santo
cayó sobre la casa de Cornelio “como siempre cae sobre toda persona”».
La inferencia es clara. Dios no había
bautizado a nadie en el Espíritu Santo desde el día de Pentecostés (a menos que
se incluya a Pablo). Los apóstoles fueron los primeros en recibir tal bautismo,
es decir, los que lo recibieron «al principio»; y fueron los últimos en ser
bautizados de tal modo mientras la casa de Cornelio no fue bautizada así. El
mismo evento que al principio les abrió la puerta de entrada a los judíos para
que llegaran a ser cristianos, les abrió por fin la misma puerta a los
gentiles. Al abrirles la puerta de un mismo modo a los judíos y a los gentiles.
Dios ilustró que los que llegan a ser cristianos de uno y otro pueblo tienen la
misma importancia para Él.
Pedro usó este ejemplo algunos años después
para contestar a preguntas que surgieron acerca del estatus de los gentiles
incircuncisos que habían llegado a ser cristianos. Dijo: «Varones hermanos,
vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles
oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los
corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a
nosotros» (Hechos 15.7-8). Esta es una
indicación de que el bautismo del Espíritu Santo no tuvo una ocurrencia
continua.
Hay otro hecho que resulta manifiesto. El
requisito para perdón de pecados es el mismo para judíos y gentiles. Pedro
debía hablarle a Cornelio las palabras que necesitaba oír para ser salvo
(Hechos
11.14). No dijo nada sobre el Espíritu
Santo, pero sí le dijo a Cornelio que creyera y fuera bautizado (Hechos 10.43, 47-48). Estos son los pasos que Jesús dijo que llevarían a
la salvación: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo» (Marcos
El bautismo en el Espíritu Santo no fue un
don para mostrar la salvación. Los apóstoles fueron bautizados en el Espíritu
Santo el día de Pentecostés (Hechos 1.4-5; 2.4) para que recibieran poder (Hechos 1.8), no salvación. A Juan el Bautista se le dio el Espíritu Santo desde
que estaba en el vientre de su madre (Lucas 1.15). Esto no fue para su salvación, sino para que sirviera de señal de que
Dios lo escogió para una obra especial. No hay indicación alguna en el Nuevo
Testamento de que a alguien se le diera alguna vez el Espíritu Santo para que
recibiera salvación. Éste se les da a los que son hijos (Gálatas 4.6), no se les da para hacerlos hijos de Dios.
La noticia que les llegó a los cristianos
judíos que estaban en Judea era que los gentiles habían recibido la palabra de
Dios (Hechos
11.1). La respuesta de los gentiles al
recibir la palabra fue la misma que mostraron los tres mil judíos del día de
Pentecostés: «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados» (Hechos
Los siguientes fueron los pasos que dieron
para ser salvos: Oyeron la palabra, creyeron en Jesús, se arrepintieron y
fueron bautizados. Otros pasajes de
Al bautizar a estos primeros gentiles en el
Espíritu Santo, Dios mostró su decisión de recibirlos. También mostró que los
gentiles no eran la excepción en cuanto a los requisitos que Él pedía de
ellos para ser perdonados. (La única excepción fue la manera como Dios usó el
bautismo del Espíritu Santo para revelar su decisión de recibir convertidos
gentiles). Tenían que recibir el evangelio (Hechos 15.7), la palabra por la que podían ser salvos (Hechos 11.14; Romanos 1.16; Efesios 1.13). El Espíritu
Santo no fue dado para mostrar que ya eran salvos, sino para mostrar que se les
había brindado la salvación a través del evangelio (Hechos 15.7-9). En el caso de Cornelio, Dios se desvió de la regla
general (Juan
14.17) tan sólo para probar que era Él,
no Pedro, el que estaba abriéndoles la puerta de salvación a los gentiles.
Dios demostró a través de los primeros
convertidos gentiles, que las personas de todas las naciones pueden tener
salvación a través de Jesús al recibir el bautismo en agua. Cuando les abrió la
puerta a los gentiles, en momento alguno declaró que el bautismo no fuera
esencial para la salvación, más bien fue lo contrario: con tal acción recalcó
su importancia (Hechos 10.47-48).
SÓLO UN BAUTISMO SE ORDENA EN
EL NUEVO TESTAMENTO
Aunque son varios los «bautismos» que se
mencionan en el Nuevo Testamento, solamente hay uno que reconoce Pablo en
Efesios
4.5, como el bautismo que les es
común a todos. En Éfeso, se mostró que el bautismo de
Juan había dejado de ser aplicable (Hechos 19.1-5). Desde luego que el bautismo de Israel en Moisés (1ª Corintios 10.2) no es exigido para nadie hoy día. Ya Jesús soportó el bautismo de
sufrimiento (Lucas 12.50; vea también
Marcos 10.38-39). El bautismo en fuego para ser castigados es todavía
un suceso futuro (Mateo 3.10-12). Ninguno de estos
bautismos podría ser el que Pablo tuviera en mente. El único bautismo que les
es común a todos los cristianos es el bautismo en agua (Mateo 28.19), pues a través de este bautismo somos bautizados en
Cristo. En el bautismo en agua todos llegan a ser uno (Gálatas 3.27-28). El único bautismo existente en el momento que Pablo
les escribió a los Efesios fue el bautismo en agua.
Lo dicho por Pablo en 1ª Corintios 12.13: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo», ha
llevado a algunos a argumentar que el bautismo del cual habla Efesios 4.5/ es
el bautismo en el Espíritu Santo. Bruner ha apuntado:
“Si se interpreta
que este versículo se refiere a un segundo bautismo, subsecuente
e independiente, un bautismo en el Espíritu Santo posterior al bautismo en
Cristo, el cual sería solamente para algunos cristianos, entonces se estarían
violentando no sólo las palabras del texto —«todos... todos»— sino también el propósito mismo del texto en su contexto corintio. El
énfasis del mensaje de Pablo a los corintios es la unidad de todos los bautizados
en Cristo Jesús”.
Después de un estudio completo del
bautismo, resultan evidentes las siguientes conclusiones acerca del bautismo
único mencionado por Pablo en 1ª
Corintios
12.13:
Pablo dijo que
este bautismo, el cual era para unir a los creyentes en un solo cuerpo,
lo habían recibido todos. De este argumento se infiere que todos los cristianos
habían recibido este bautismo; por lo tanto, todos se encontraban en un solo
cuerpo sin importar la raza, los antecedentes ni la posición social de ellos. Si
solamente unos pocos que eran especiales, recibieron el bautismo en el Espíritu
Santo, entonces no todos serían los bautizados por un sólo Espíritu, ni a todos
a los que se les llevaría a la unidad sobre la cual Pablo estaba
enseñando.
El bautismo en agua es el único bautismo que experimentan
todos los creyentes según el libro de los Hechos, mientras que el bautismo en
el Espíritu Santo sólo se les dio a unos pocos. Por esta razón, debe
interpretarse que (1ª Corintios 12.13),
significa que a través del bautismo en agua el Espíritu Santo pone a
todos los creyentes en un sólo cuerpo. Si se interpreta que todos son
bautizados por el Espíritu Santo en un solo cuerpo, tal interpretación no
tomaría en cuenta el testimonio histórico que constituye el libro de los
Hechos”.
Las menciones que se hacen del bautismo en
el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento están relacionadas tanto con poderes
milagrosos como con revelación divina, pero no con la presencia del Espíritu
Santo en la persona del creyente. Hablando acerca del bautismo en el Espíritu
Santo que recibirían. Jesús les mandó a los apóstoles que «esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí» (Hechos 1.4). Jesús se estaba refiriendo a las palabras que Él
dijo en Mateo 10.19-20; Juan 14.17/ 26; 15.26;
16.7-15; 20.22. Estas promesas se las había
hecho solamente a los apóstoles.
Las dos promesas hechas a los apóstoles,
habían de cumplirse cuando viniera el Espíritu Santo: serían guiados por Dios a
toda la verdad (Juan 14.26; 16.13) y recibirían un
poder especial (Hechos 1.8). Al bautismo en
el Espíritu Santo debería relacionársele siempre con alguna de estas dos
promesas. El Espíritu asignaba según Su voluntad los diferentes dones que los
guiarían a toda la verdad y los dotarían de poder (1ª Corintios 12.11; Hebreos 2.4). Aun cuando
Cornelio y su casa fueron bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 11.15-16)/ a ellos no se les dieron los mismos dones que a
los apóstoles. (Había dones especiales que se daban como señales de apóstol; 2ª
Corintios
12.12). Ni Cornelio ni los de su casa
fueron guiados a toda la verdad tal como lo fueron los apóstoles.
Aunque se les menciona juntos, el bautismo
en fuego no debe relacionarse con el bautismo en el Espíritu Santo. Los que
serán bautizados en fuego son los que Jesús sumergirá en fuego como una forma
de castigo (Mateo 3.12).
Jack Lewis aseveró:
“Atendiendo a los
dos objetos de la preposición en el caso dativo, que están unidos por un conector
a la preposición que les precede, a menudo se ha argumentado que Juan estaba
hablando de un mismo bautismo de dos elementos. Algo se podría decir desde la
perspectiva gramática a favor del argumento, pero el contexto contrasta a dos
grupos inmediatamente antes y después de la expresión. El «fuego» del versículo
diez se refiere al que se usa para quemar árboles que no dan fruto, y el del
versículo doce, al que se usa para quemar la paja. En vista de que difícilmente
cambiaría el significado de la palabra en la expresión del versículo once, es
razonable suponer que haya sido el fuego del infierno —del lago de fuego (Apocalipsis 20.15)— lo que se tenía
en mente. El fuego del que se habla aquí es/ pues/ un símbolo de juicio, y no
fuego del Espíritu Santo. El fuego de Pentecostés, se relaciona a menudo con
este versículo y la única alternativa a la interpretación sugerida
anteriormente, es tan sólo una comparación simbólica —«lenguas como de fuego» (Hechos 2.3)— y no verdadero
fuego”.
En lugar de desear ser bautizados en fuego,
deberíamos procurar la manera de evitarlo. Normalmente la palabra «fuego»
insinúa castigo (Mateo 3.10; 5.22; 7.19; 13.40/
42/
50; 18.8-9; 25.41). Cuando Jesús les
dijo a los apóstoles que ellos serían «bautizados con el Espíritu Santo»
(Hechos 1.5) Él no incluyó la frase «y con fuego». Pedro no
incluyó la palabra «fuego» cuando recordó lo que Jesús había dicho respecto del
bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 11.15-16). Tampoco deberíamos relacionar el fuego con el bautismo en el Espíritu
Santo ni con el bautismo único de Efesios 4.5.
Es bautismo en agua
La regla general es que si el bautismo al cual se refiere un pasaje es
un bautismo administrado por el hombre, entonces es bautismo en agua. El
bautismo dado por Dios es bautismo en el Espíritu Santo. Cuando la palabra
«bautismo» aparece en el Nuevo Testamento, ella se refiere al bautismo en agua
a menos que se especifique con otros términos que se trata de otro bautismo.
Albrecht Oepke incluyó esta idea en su definición de «bautismo».
Dijo:
«... las referencias neo-testamentarias
al bautismo deberían tomarse como bautismo en agua/ a menos que el contexto
indique que se trata de un bautismo diferente. La palabra “bautismo, significa
técnicamente “bautizar en agua”. De allí que sea innecesario precisar el
medio».
Estudie la tabla que se presenta a
continuación, en la cual se compara el bautismo en agua con el bautismo en el
Espíritu Santo. Gran parte de la información de la tabla es fácil de entender y
no necesita explicación. No obstante, tal vez un poco más debería decirse
acerca de los resultados de uno y otro bautismo (vea el apartado número diez
del listado). Los gentiles y los judíos cristianos no llegaron a ser apóstoles
ni hijos de Dios a través el bautismo en el Espíritu Santo. Los convertidos
siempre llegan a ser hijos de Dios de un mismo modo: Por medio de nacer del
agua y del Espíritu (Juan 3.5; Romanos 6.4; Calatas 3.26-27; Colosenses
2.12-13).
El bautismo en el
Espíritu Santo fue administrado por Jesús a los apóstoles con el fin de
prepararlos para que fueran sus representantes especiales. En conexión con este
bautismo. Cristo les reveló Su Palabra a ellos y los dotó de un poder que los
diferenció como Sus apóstoles (2ª
Corintios 12.12). El hecho de que se les diera a los gentiles el
bautismo del Espíritu Santo, el cual se le había dado anteriormente sólo a los
apóstoles, probó que los gentiles podían llegar a ser cristianos de primera
clase dentro del reino de Cristo. El bautismo en el Espíritu Santo cumplió el
propósito de Dios de ascender a los gentiles y de poner un fundamento sobre el
cual pudieron unirse dos grupos que estaban separados —los judíos y los
gentiles— para ocupar una misma posición dentro de la iglesia de Cristo
(Efesios 2.11-16). Al darles a los primeros gentiles el mismo bautismo que se
les había dado exclusivamente a los apóstoles. Dios mostró que Él es imparcial.
Una vez cumplidos los anteriores propósitos, el bautismo en el Espíritu Santo
dejó de ser necesario para cualquier otra persona, de modo tal que, no se le ha
dado a nadie más desde aquel tiempo.
Como el bautismo en
el Espíritu Santo tenía un propósito especial, solamente unos pocos lo
recibieron. Si todos los cristianos recibieran el bautismo en el Espíritu Santo
hoy día, todos tendrían dones milagrosos al igual que los apóstoles los
tuvieron. Y si hubiera sido otro el propósito, todos habrían recibido el
bautismo en el Espíritu Santo con el fin de mostrar que su Dios los habría
escogido de modo especial, tal como lo hizo en el ejemplo de los primeros
convertidos gentiles. Si tales circunstancias fueron exigidas en los ejemplos neotestamentarios, ¿por qué no habrían de serlo hoy día?
Los que recibieron
el bautismo en el Espíritu Santo, no lo recibieron porque lo solicitaran, ni
porque oraran por el, ni porque hicieran esfuerzo humano alguno para que se lo
dieran. Dios lo dio a discreción Suya procurando que se cumplieran Sus santos
propósitos. Las personas que hoy día buscan este bautismo están tratando de
obtener algo que no se les ha mandado ni se les ha prometido. El hecho de que
las Escrituras revelen tan sólo dos casos de tal bautismo (sin incluir el de
Pablo), debería hacernos caer en la cuenta de que no fue un bautismo que se les
ordenara a todas las personas de todos los tiempos. ¨