(Lecc. 3)
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo
que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de
venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16.12-14).
Una de las principales actividades que el Espíritu
Santo tuvo a cargo fue la de enseñarles a hombres escogidos el mensaje de Dios
para la humanidad, y así pudieran hablar y escribir Su palabra.
¿CÓMO REVELÓ EL ESPÍRITU EL
MENSAJE?
Pablo usó la palabra teopnustos
(«inspirada por Dios») para describir el modo como las Escrituras fueron dadas:
«Toda
Asimismo, Jesús
les dijo a Sus apóstoles (Mateo 10.2-4): «... no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque
en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros
los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre
que habla en vosotros» (Mateo 10.19-20). Note lo
que Jesús prometió:
1) No tenían que preocuparse por «cómo» se expresarían.
2) No debían estar ansiosos por lo «que» hablarían. La
razón para su confianza residía en que
3) Lo que habían de hablar les sería «dado».
4) No serían ellos los que hablarían, sino
5) Que sería el Espíritu el que hablaría «en» ellos.
Por lo tanto,
lo que los apóstoles enseñaron no se originó en ellos. Sus palabras les fueron
dadas por el Espíritu Santo (2ª Corintios 2.13). Algunos que objetan esta idea han señalado que, como los autores escribieron en el estilo personal
de cada uno de ellos, a los escritores debieron habérseles dado solamente los
pensamientos, de modo que pudieran transmitir las
enseñanzas inspiradas haciendo uso de las palabras de cada uno de ellos. Esta
es una conclusión innecesaria; además de que contradice lo que Jesús dijo que
sucedería.
Si el Espíritu Santo podía usar el
vocabulario y la lengua materna de cada escritor, ¿por qué no podía usar
también el estilo y manera singular de expresión de ellos para revelar
R.C.H. Lenski estaba en lo correcto cuando observó:
“El solo hecho de
que el Espíritu haya usado a cada escritor y el cúmulo de palabras y estilo
personal de cada uno de ellos cuando escribían el evangelio, muestra que todo
elemento mecánico fue eliminado de esta enseñanza del Espíritu. Si él hubiera
obligado a todos los escritores a usar el mismo cúmulo de palabras y el mismo
estilo, podríamos abrigar la sospecha de que procedió mecánicamente, y no sería
sino entonces y hasta entonces, que podríamos estar equivocados. En medio de
toda la variedad que resultó del uso dinámico que hizo el divino Maestro de los
diferentes escritores, un sólo y maravilloso hecho se destaca: ni uno solo de
los escritores manifiesta nota falsa alguna, ni usa una sola palabra o frase
falsas, ni contradice con declaración alguna expresada en su propio estilo lo
que otro santo escritor expresa en diferente estilo”.
Pablo también enseñó que fue con palabras
que el Espíritu Santo reveló el mensaje a los hombres inspirados. Esto fue lo
que escribió: «Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el
Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino
con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual» (l
Corintios
2.12-13). Pablo expresó los pensamientos del
Espíritu con «palabras» enseñadas por el Espíritu.
Lenski dijo: «Las
mismas palabras que los apóstoles hablan les son enseñadas a ellos por el
Espíritu. Él es maestro de ellos incluso en lo que concierne a las “palabras”.
Esto es prueba definitiva de
Un pasaje importante para entender cómo el
Espíritu inspiró la escritura de
“Y nosotros no
hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos,
no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el
Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”.
Para poder entender este pasaje, debemos primero determinar a quién se refirió Pablo
con el pronombre «nosotros». Pablo se refirió a sí mismo a veces como «Yo»,
pero otras veces —cuando ponía como
ejemplo y autoridad no solamente a su propia persona sino también a otros
maestros inspirados— usó el pronombre
«nosotros». En la primera parte de 1ª
Corintios 1, usó constantemente la
primera persona, es decir,
«Yo» (versos 4, 10-12, 14, 16); no obstante, más
adelante en el mismo capítulo cambia a «nosotros»: «... pero nosotros predicamos a Cristo crucificado,
para los judíos ciertamente tropezadero, y para los
gentiles locura» (verso 23). En este versículo,
cuando escribió «nosotros», no se refirió a los
oyentes, sino a sí mismo y a otros predicadores
inspirados.
Pablo siguió la misma norma en la primera
parte del capítulo dos, usando verbos en primera persona del singular (versos 1-3). Luego, en el versículo seis y primera
parte del siete, aludió a otros maestros de
Algunos que ignoran esta norma, incluyen
cristianos no inspirados en el pronombre «nosotros» de 1ª Corintios 2.12. Enseñan que la única manera como los cristianos entienden
Pablo no estaba enseñando que
el Espíritu le enseña o le revela personalmente
¿CÓMO APRENDEMOS
Pablo dio dos razones por las que el hombre
no espiritual no puede entender ni aceptar
“... sino que lo
necio del mundo escogió Dios para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a
lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, ... a fin de que nadie se jacte en su presencia
(1ª Corintios 1.27-29).
“... escondiste estas
cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo
11.25b).
El que es de dios,
las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois
de Dios (Juan 8.47).
El Espíritu les fue dado a los apóstoles y
profetas para que pudieran «saber» (1ª
Corintios 2.12) los pensamientos
de Dios. El Espíritu les dio las palabras de Dios para que pudieran revelar Su
Palabra al resto de nosotros y hacer posible que entendamos la sabiduría de
Dios. Es
El Espíritu Santo les reveló a los
apóstoles y a los profetas los misterios de Dios que ahora se encuentran en los
escritos de hombres inspirados. Estos escritos fueron hechos para informamos,
darnos entendimiento y hacernos llegar al conocimiento de la verdad de Dios. No
se escribieron para confundirnos. A través del estudio continuo de
“Porque no os
escribimos otras cosas de las que leéis, o también
entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis” (2ª Corintios 1.13).
“... que por
revelación me fue declarado el misterio, como antes
lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis
entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en
otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora
es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efesios 3.3-5).
Los apóstoles y los profetas escribieron
para revelarnos la verdad de Dios. Podemos llegar al entendimiento de esta
verdad mediante la lectura. Por ningún lado se nos dice que no podemos entender
esta verdad a menos que tengamos el Espíritu Santo. El concepto de que el
Espíritu Santo guía a cada cristiano a la verdad tiene un atractivo místico,
sin embargo no se fundamenta en ningún principio de
A los que malentienden los principios fundamentales de
No es cierto que los que escribieron las
Escrituras le pusieran un velo de misterio a
Esto fue lo que Jesús habló acerca de lo que Él les
dio a los apóstoles:
“El que no me
ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del
Padre que me envió” (Juan 14.24).
“... porque las palabras que me diste, les he dado; y
ellos las recibieron (Juan 17.8).
Yo les he dado tu
palabra” (Juan 17.14-a).
“Porque yo no he
hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de
lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida
eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12.49-50).
El mensaje del Nuevo Testamento dio comienzo con
Jesús. En Hebreos dice de la salvación que «habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron» (Hebreos 2.3
b).
Las palabras que Jesús recibió del Padre
fueron las palabras que El habló a los apóstoles. Después de que Jesús dejó la
tierra para regresar al Padre, estas palabras les fueron recordadas a los
apóstoles por el Espíritu Santo (Juan 14.26). La revelación, confirmación y preservación de
Las Escrituras que tenemos son Palabra de
Dios porque fue el Espíritu Santo quien les reveló la palabra a los que la
pusieron por escrito. «Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de
El Espíritu Santo no sólo reveló
“Y ellos,
saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la
palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16.20).
“Por tanto, se
detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el
cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por
las manos de ellos señales y prodigios” (Hechos 14.3).
Dios confirmó Su Palabra a
través de milagros y señales.
La palabra que fue dada a través del
Espíritu Santo fue preservada en forma escrita por las manos de hombres
inspirados. Pablo dijo: «... lo que os
escribo son mandamientos del Señor» (1ª
Corintios 14.37). Las enseñanzas
que Pablo dio le fueron reveladas por el Espíritu (1ª Corintios 2.12-13), la misma fuente por la que otros hablaron y escribieron (Efesios 3.3-5).
Ha sido a través del Espíritu
Santo que
El Espíritu Santo es el medio por el cual
Dios nos ha revelado su Palabra. En la presente era cristiana. Jesús —el que tiene toda la autoridad (Mateo 28.18)— le trajo en
persona