EL ESPIRITU SANTO  Y LA REVELACIÓN

 

(Lecc. 3)

 

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16.12-14).

    Una de las principales actividades que el Espíritu Santo tuvo a cargo fue la de enseñarles a hombres escogidos el mensaje de Dios para la humanidad, y así pudieran hablar y escribir Su palabra. La Biblia contiene la revelación que Dios les dio a conocer a tales hombres a través del Espíritu.

 

¿CÓMO REVELÓ EL ESPÍRITU EL MENSAJE?

    Pablo usó la palabra teopnustos («inspirada por Dios») para describir el modo como las Escrituras fueron dadas: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2ª Timoteo 3.16-17; énfasis nuestro). En vista de que este pasaje no explica los medios que Dios usó, nos veremos obligados a estudiar otros pasajes para entender el modo como Dios reveló Su palabra.

    La Biblia enseña que Dios les dio las Escrituras a hombres escogidos a través de la guía del Espíritu Santo. Lo que se escribió no se originó en los que lo escribieron. Ello les fue revelado por el Espíritu Santo.

    Asimismo, Jesús les dijo a Sus apóstoles (Mateo 10.2-4): «... no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros» (Mateo 10.19-20). Note lo que Jesús prometió:

1)    No tenían que preocuparse por «cómo» se expresarían.

2)    No debían estar ansiosos por lo «que» hablarían. La razón para su confianza residía en que

3)    Lo que habían de hablar les sería «dado».

4)    No serían ellos los que hablarían, sino

5)    Que sería el Espíritu el que hablaría «en» ellos.

    Por lo tanto, lo que los apóstoles enseñaron no se originó en ellos. Sus palabras les fueron dadas por el Espíritu Santo (2ª Corintios 2.13). Algunos que objetan esta idea han señalado que, como los autores escribieron en el estilo personal de cada uno de ellos, a los escritores debieron habérseles dado solamente los pensamientos, de modo que pudieran transmitir las enseñanzas inspiradas haciendo uso de las palabras de cada uno de ellos. Esta es una conclusión innecesaria; además de que contradice lo que Jesús dijo que sucedería.

 

Usó el estilo de ellos

    Si el Espíritu Santo podía usar el vocabulario y la lengua materna de cada escritor, ¿por qué no podía usar también el estilo y manera singular de expresión de ellos para revelar la Palabra de Dios? Un músico habilidoso puede tocar la misma tonada haciendo uso de varios instrumentos diferentes. Un oyente adiestrado puede oír una tonada e identificar el instrumento que se está tocando. Cada instrumento tiene un sonido diferente, pero la tonada bien tocada es siempre la misma. De modo semejante, el Espíritu usó el estilo personal de escritura de cada hombre inspirado. Dijo exactamente lo que quería decir, a la vez que usó la manera de expresarse del hombre.

R.C.H. Lenski estaba en lo correcto cuando observó:

“El solo hecho de que el Espíritu haya usado a cada escritor y el cúmulo de palabras y estilo personal de cada uno de ellos cuando escribían el evangelio, muestra que todo elemento mecánico fue eliminado de esta enseñanza del Espíritu. Si él hubiera obligado a todos los escritores a usar el mismo cúmulo de palabras y el mismo estilo, podríamos abrigar la sospecha de que procedió mecánicamente, y no sería sino entonces y hasta entonces, que podríamos estar equivocados. En medio de toda la variedad que resultó del uso dinámico que hizo el divino Maestro de los diferentes escritores, un sólo y maravilloso hecho se destaca: ni uno solo de los escritores manifiesta nota falsa alguna, ni usa una sola palabra o frase falsas, ni contradice con declaración alguna expresada en su propio estilo lo que otro santo escritor expresa en diferente estilo”.

 

Usó las palabras de ellos

    Pablo también enseñó que fue con palabras que el Espíritu Santo reveló el mensaje a los hombres inspirados. Esto fue lo que escribió: «Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual» (l Corintios 2.12-13). Pablo expresó los pensamientos del Espíritu con «palabras» enseñadas por el Espíritu.

    Lenski dijo: «Las mismas palabras que los apóstoles hablan les son enseñadas a ellos por el Espíritu. Él es maestro de ellos incluso en lo que concierne a las “palabras”. Esto es prueba definitiva de la Inspiración Verbal, la cual se enseña en todas las Escrituras, y se manifiesta efectiva y objetivamente en éstas».  Además de revelar los pensamientos, el Espíritu dio las palabras mismas que habían de ser usadas por los que Él inspiró.

    Un pasaje importante para entender cómo el Espíritu inspiró la escritura de la Palabra de Dios lo es 1ª  Corintios 2.12-13:

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”.

   Para poder entender este pasaje, debemos primero determinar a quién se refirió Pablo con el pronombre «nosotros». Pablo se refirió a sí mismo a veces como «Yo», pero otras vecescuando ponía como ejemplo y autoridad no solamente a su propia persona sino también a otros maestros inspirados usó el pronombre «nosotros». En la primera parte de 1ª  Corintios 1, usó constantemente la primera persona, es decir, «Yo» (versos 4, 10-12, 14, 16); no obstante, más adelante en el mismo capítulo cambia a «nosotros»: «... pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura» (verso 23). En este versículo, cuando escribió «nosotros», no se refirió a los oyentes, sino a sí mismo y a otros predicadores inspirados.

    Pablo siguió la misma norma en la primera parte del capítulo dos, usando verbos en primera persona del singular (versos 1-3). Luego, en el versículo seis y primera parte del siete, aludió a otros maestros de la Palabra de Dios: «Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez;... Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio».

    Algunos que ignoran esta norma, incluyen cristianos no inspirados en el pronombre «nosotros» de 1ª  Corintios 2.12. Enseñan que la única manera como los cristianos entienden la Palabra de Dios es que el Espíritu se la revele a ellos. Lo que sigue fue lo que Cordón Fee expresó: «Pablo... se estaba refiriendo a la salvación a través del crucificado (tal como en 1.23-24/- 2.2). Y esto es precisamente lo que el pueblo de Dios “entiende” ya que ha recibido el Espíritu».

Pablo no estaba enseñando que el Espíritu le enseña o le revela personalmente la Palabra de Dios a cada cristiano, ni que las personas no pueden entender la Palabra a menos que sean ayudadas por el Espíritu Santo. Más bien, estaba enseñando que Dios ha revelado Su sabiduría a través de hombres inspirados por el Espíritu. A través de esta revelación pueden conocerse los pensamientos de Dios (1ª  Corintios 2.10-12).

 

¿CÓMO APRENDEMOS LA PALABRA DE DIOS?

No desde un punto de vista mundano

    Pablo dio dos razones por las que el hombre no espiritual no puede entender ni aceptar la Palabra de Dios: 1) La revelación de Dios es «locura» para él. Las enseñanzas de Dios son extrañas para el hombre no espiritual debido a su manera mundana de pensar. Pablo explicó: «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden» (1ª Corintios 1.18 a); «... pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura» (1ª  Corintios 1.23). Como la sabiduría de Dios le es extraña al modo de pensar del hombre mundano, él no la acepta. La revelación de Dios se «aprecia espiritualmente». Como el hombre no espiritual juzga la sabiduría desde un punto de vista mundano, él no puede entender las verdades divinas:

“... sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, ... a fin de que nadie se jacte en su presencia (1ª  Corintios 1.27-29).

“... escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11.25b).

El que es de dios,  las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios (Juan 8.47).

    El Espíritu les fue dado a los apóstoles y profetas para que pudieran «saber» (1ª  Corintios 2.12) los pensamientos de Dios. El Espíritu les dio las palabras de Dios para que pudieran revelar Su Palabra al resto de nosotros y hacer posible que entendamos la sabiduría de Dios. Es la Palabra, no el Espíritu, lo que se nos da a través de ellos para que podamos entender los pensamientos del Espíritu. Para aprender la voluntad de Dios nosotros necesitamos estudiar las Escrituras, los apóstoles, sin embargo, la aprendieron por revelación directa del Espíritu. Nosotros aprendemos la palabra de Dios leyéndola desde una perspectiva espiritual, ellos, en cambio, la recibieron por revelación directa del Espíritu.

 

A través del estudio continuo

    El Espíritu Santo les reveló a los apóstoles y a los profetas los misterios de Dios que ahora se encuentran en los escritos de hombres inspirados. Estos escritos fueron hechos para informamos, darnos entendimiento y hacernos llegar al conocimiento de la verdad de Dios. No se escribieron para confundirnos. A través del estudio continuo de la Palabra de Dios, podemos llegar al conocimiento de la verdad. Jesús dijo: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.31-b-32). Pablo escribió:

“Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis” (2ª Corintios 1.13).

“... que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efesios 3.3-5).

    Los apóstoles y los profetas escribieron para revelarnos la verdad de Dios. Podemos llegar al entendimiento de esta verdad mediante la lectura. Por ningún lado se nos dice que no podemos entender esta verdad a menos que tengamos el Espíritu Santo. El concepto de que el Espíritu Santo guía a cada cristiano a la verdad tiene un atractivo místico, sin embargo no se fundamenta en ningún principio de la Escritura.

    A los que malentienden los principios fundamentales de la Palabra escrita de Dios les pasa así por su propia falta de estudio y de meditación. No es que el Espíritu haya sido incapaz de iluminarlos. Pedro escribió que en las epístolas de Pablo «hay algunas [cosas] difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia destrucción» (2ª Pedro 3.16). La manera como se evitaba esto era creciendo «en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2ª Pedro 3.18-a). Pedro señaló a la ignorancia como la culpable de la falta de entendimiento y de la perversión, no al hecho de que no se recibiera la guía personal del Espíritu Santo.

    No es cierto que los que escribieron las Escrituras le pusieran un velo de misterio a la Palabra de Dios para que sólo aquellos que fueran ayudados por el Espíritu pudieran entenderla. Más bien ellos escribieron por la guía del Espíritu buscando la manera de que cualquier persona pudiera leer y entender la revelación de Dios.

 

¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE EL ESPÍRITU Y LA PALABRA DE DIOS?

    Esto fue lo que Jesús habló acerca de lo que Él les dio a los apóstoles:

“El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14.24).

     “... porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron (Juan 17.8).

Yo les he dado tu palabra” (Juan 17.14-a).

“Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12.49-50).

    El mensaje del Nuevo Testamento dio comienzo con Jesús. En Hebreos dice de la salvación que «habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron» (Hebreos 2.3 b).

    Las palabras que Jesús recibió del Padre fueron las palabras que El habló a los apóstoles. Después de que Jesús dejó la tierra para regresar al Padre, estas palabras les fueron recordadas a los apóstoles por el Espíritu Santo (Juan 14.26). La revelación, confirmación y preservación de la Palabra de Dios dependieron de la obra del Espíritu Santo.

 

En la revelación

    Las Escrituras que tenemos son Palabra de Dios porque fue el Espíritu Santo quien les reveló la palabra a los que la pusieron por escrito. «Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2ª Pedro 1.20-21). Lo que se declara en las Escrituras no es la interpretación que el profeta hizo de lo que Dios quiso decir. No son las opiniones personales del profeta las que aparecen en las Escrituras. El «porque» de 2ª Pedro 1.21, une a este versículo con el versículo 20, el cual se refiere a la «interpretación privada». Pedro escribió: «... porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». Lo que los profetas escribieron no fue su propia interpretación de lo que Dios quiso que se revelara, sino el propio mensaje de Dios (vea también Mateo 10.19-20).

 

En la confirmación

    El Espíritu Santo no sólo reveló la Palabra sino que también la confirmó. Lo siguiente fue lo que el escritor de Hebreos declaró respecto de la enseñanza de Jesús: «La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad» (2.3-4). Otras Escrituras declaran:

“Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16.20).

Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” (Hechos 14.3).

Dios confirmó Su Palabra a través de milagros y señales.

En la preservación

    La palabra que fue dada a través del Espíritu Santo fue preservada en forma escrita por las manos de hombres inspirados. Pablo dijo: «... lo que os escribo son mandamientos del Señor» (1ª  Corintios 14.37). Las enseñanzas que Pablo dio le fueron reveladas por el Espíritu (1ª  Corintios 2.12-13), la misma fuente por la que otros hablaron y escribieron (Efesios 3.3-5).

Ha sido a través del Espíritu Santo que la Biblia nos ha llegado como la Palabra inspirada de Dios (2ª Timoteo 3.16; 2ª  Pedro 1.20-21).

CONCLUSIÓN

    El Espíritu Santo es el medio por el cual Dios nos ha revelado su Palabra. En la presente era cristiana. Jesúsel que tiene toda la autoridad (Mateo 28.18)— le trajo en persona la Palabra a la humanidad y luego la preservó por medio de los escritos de hombres que fueron guiados por el Espíritu Santo. Basándonos en la obra del Espíritu Santo, podemos tener confianza de que cada parte de la Escritura contiene la infalible revelación de Dios para nosotros.   ¨