(Lecc-
2)
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas
las cosas, y os recordará todo lo que yo os he
dicho (Juan 14.26).
En el evangelio de Juan se encuentra la
mayoría de las enseñanzas que Jesús dio sobre el Espíritu Santo. Los primeros
tres evangelios incluyen la promesa de Jesús en el sentido de que el Espíritu
les daría a los apóstoles lo que ellos habían de hablar (Mateo 10.19-20; Marcos
13.11; Lucas 12.12). En ellos también se incluye Su advertencia sobre la
blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12.31-32; Marcos 3.29; Lucas 12.10).
Uno de los evangelios, el de Mateo, recoge las
palabras que Jesús usó para echar fuera demonios por el poder del Espíritu de
Dios (12.28), así como su instrucción en el sentido
de que el bautismo había de ser administrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (28.19). Dos de los
evangelios revelan que David habló siendo ayudado por el Espíritu Santo (Mateo
22.43; Marcos 12.36).
Lucas recogió unas palabras
que Jesús dijo sobre la posibilidad de recibir el Espíritu Santo: «Pues si
vosotros, siendo malos,
sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto
más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Lucas 11.13). Por sí solo,
este versículo pareciera insinuar que basta con que una persona ore para que
pueda recibir el Espíritu Santo. No obstante, un estudio
de otros pasajes señala que se necesita algo más que la oración para poder
recibir el Espíritu Santo.
En Mateo se expresan unas palabras
parecidas: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le pidan?» (7.11). ¿Habrá otros
pasajes en los que se enseñe que para recibir dones de Dios hace falta algo más
que pedir? La respuesta es un resonante «¡Sí!».
Jesús les enseñó a sus discípulos que le
pidieran a Dios el pan de cada día: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6.11). ¿Habrá alguien a quien se
le ocurra decir que para poder recibir el pan de cada día uno sólo debe pedirlo
y le será dado? Es necesario trabajar para poder proveer para nuestras
necesidades. Pablo escribió:
El que hurtaba, no hurte más, sino
trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir
con el que padece necesidad (Efesios 4.28).
... ni comimos de
balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán
y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros;... Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre
vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada,
sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro
Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan (2ª Tesalonicenses 3.8-12).
Dios exige un accionar apropiado de parte
de los que le piden en oración Sus bendiciones. Para poder recibir un don de
Dios, uno debe pedir en el nombre de Jesús (Juan 14.14), pedir con fe (Santiago
1.6-7), pedir bien (Santiago 4.3), pedir lo que sea conforme a Su voluntad (1ª Juan 5.14)/ y guardar Sus mandamientos
haciendo las cosas que sean agradables delante de Él (1ª Juan 3.22).
De igual modo, para que se nos dé el
Espíritu Santo es necesario que hagamos algo más que pedírselo a Dios. No hay
ejemplo en
El resto de lo que Jesús tuvo que decir
acerca del Espíritu Santo se encuentra en el evangelio según Juan. La
intervención del Espíritu Santo en el nuevo nacimiento (Juan 3.3-5) y la
presencia del Espíritu en el creyente (Juan 14.17), serán analizadas en
lecciones subsiguientes.1 El tema de esta lección es lo expresado por Jesús en
Juan 14.16-17, 26; 15.26; 16.13.
El
escenario
El escenario en el que Jesús hizo las
promesas relacionadas con el Espíritu Santo, es de primordial importancia.
¿Dónde se encontraba Jesús en ese momento? ¿Quiénes estaban con Él? ¿A quiénes
les estaba hablando?
Las enseñanzas bajo estudio fueron dadas
justo antes de que Jesús y sus discípulos abandonaran el aposento alto donde
habían celebrado
(Marcos 14.17), es decir, los apóstoles con
los que Jesús se reclinó a la mesa (Lucas 22.14; Mateo 26.20). Los únicos que
estaban presentes con Jesús durante la comida de
Juan informa acerca del tiempo en que Jesús
pronunció los discursos recogidos en Juan, del capítulo trece al dieciséis.
Según él relata, antes de que comieran
Las personas incluidas
Si bien las palabras que Jesús dijo en
Juan, del capítulo trece al dieciséis, fueron dirigidas a los apóstoles. Él
hizo referencia a diferentes grupos de personas. 1) Cuando Jesús dijo
«vosotros», dio a entender que se trataba de los apóstoles, no de todos los
cristianos. De modo que tendríamos que recurrir a otros pasajes del Nuevo
Testamento, en los cuales se promete el mismo beneficio, para poder concluir
que los demás cristianos podrían contar con lo mismo que se les prometió a los
apóstoles. Mientras tales pasajes no se encuentren, nos veremos obligados a
aceptar que tales promesas les fueron hechas solamente a los apóstoles. 2)
Cuando Jesús hizo referencia a terceras personas tales como: «él», «ellos», «un
hombre», etc., en ellas
se incluyó a los creyentes en general junto con los apóstoles, o sencillamente
a otros (no a los apóstoles).
En el contexto de las expresiones que
dicen: «Hijitos, aún estaré con vosotros un poco...» y «[me] buscaréis;...» (Juan
13.33), fueron solamente los apóstoles los que se
quiso dar a entender, lo cual se confirma con el «vosotros» dicho por Jesús. No
obstante, la frase que sigue, que fue dirigida a
«vosotros» (a los apóstoles), había sido dicha a
los judíos: «... pero como dije a los judíos, así
os digo ahora a vosotros:...» (Juan 13.33). Si bien
en esta ocasión Jesús estaba hablándoles
exclusivamente a los apóstoles. Él había indicado
en una ocasión anterior que otras personas además de los apóstoles enfrentarían
la misma situación.
Tomemos como ejemplo el mandamiento dado en
Juan 13.34ª: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros». Este
mandamiento fue dado a los apóstoles, pero el Nuevo Testamento señala que todos
los seguidores de Jesús deben amarse unos a otros (l Juan 3.23).
En (Juan 14.21-a), se lee: «El que tiene
mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama». Al usar el artículo «el»
con una frase calificativa. Jesús incluyó no solamente a los apóstoles, sino
también a todo el que guarda Sus mandamientos.
En Juan 15.20-b, se lee: «Si a mí me han perseguido,
también a vosotros os perseguirán». El pronombre «ellos», implícito en el anterior
pasaje, se refiere a otros además de los apóstoles, mientras que el «vosotros»
se refiere solamente a los apóstoles.
Las siguientes expresiones fueron hechas solamente a los apóstoles:
Mas os he dicho
estas cosas, para que cuando llegue la hora/ os acordéis de que ya os lo había
dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros (Juan
16.4).
Todavía un poco y no me veréis
(Juan 16:16)
Estas cosas os he
hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías...
(Juan 16.25).
He aquí la hora
viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me
dejaréis solo... (Juan 16.32).
Cuando Jesús usó el pronombre «vosotros»,
implícito en las anteriores expresiones, se estaba refiriendo específicamente a
los apóstoles. Si no hay otra Escritura en la que se indique que otros podían
contar con los mismos beneficios, entonces las expresiones se aplican sola y
únicamente a los apóstoles. Es importante entender esto, pues las promesas de
Jesús en lo que concierne a la obra del Espíritu Santo, en esta parte del
evangelio de Juan, les fueron hechas exclusivamente a los apóstoles.
El
Espíritu prometido
La promesa de Jesús acerca de la venida del
Espíritu Santo (Juan 14.16-26; 15.26-27; 16.7-15) fue hecha únicamente a los
apóstoles. Esto es evidente en los contextos en los que se encuentran estos
pasajes: «Os he dicho estas cosas estando con vosotros» (Juan 14.25); «Y
vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el
principio» (Juan 15.27); «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las
podéis sobrellevar» (Juan 16.12). Las anteriores expresiones fueron dichas a
unos con los que Jesús estaba, unos que darían testimonio, que habían estado
con Él desde el comienzo de Su ministerio, y que en aquel momento no podían
sobrellevar la totalidad de Su enseñanza. Las anteriores referencias
identifican a los apóstoles.
Lo que Jesús prometió que el Espíritu haría
cuando viniera, también señala que solamente los apóstoles estaban incluidos.
El Espíritu:
1) les enseñaría todas las cosas,
2) les recordaría todo lo que Jesús les había dicho,
3) los guiaría a toda la verdad y 4) les haría saber
las cosas que habían de venir (Juan 14.26; 16.13).
¿Que sucedería si el Espíritu les hiciera
las mismas cosas a las personas hoy día? 1) No tendrían necesidad de
Las Escrituras enseñan que había profetas,
los cuales recibían revelación juntamente con los apóstoles (Efesios 3.3-5). A
ellos se les dotó con el Espíritu Santo por medio de la imposición de las manos
de los apóstoles (Hechos 6.6). Así, mientras la palabra no estuvo disponible en
forma escrita, ella fue dada verbalmente a través de la ayuda del Espíritu.
La diferencia entre los apóstoles y otros
cristianos neotestamentarios que recibieron dones de
profecía, es que a los apóstoles se les enseñaron todas las cosas, se les
recordó todo lo que Jesús habló y se les guió a toda la verdad, mientras que
los demás solamente recibieron una parte de la revelación Como el Espíritu revelaba
solamente lo que necesitaban saber, los apóstoles no tenían que depender de
nadie más para conocer la verdad Otros cristianos, incluso aquellos a los que
se les revelaron verdades (Juan 14.26), tenían que depender de los apóstoles
para poder conocer la revelación completa (2ª Timoteo 2.2).
Jesús se refirió
al Espíritu como el Consolador (del griego parakletos).
En la [literatura
helenística] la cual constituye el ambiente lingüístico del [Nuevo Testamento],
la palabra (parakietos) tenía, según el uso común que se le daba, una
connotación legal y se refería a aquel que habla en lugar de alguien ante la
presencia de otro
Al usarse para
referirse al Espíritu Santo, la palabra griega cobra un significado tan rico,
que una traducción adecuada por alguna palabra inglesa3 resulta imposible La
palabra «Consolador» que aparece en
Durante el tiempo que Jesús estuvo con sus
apóstoles. Él fue Consejero, Ayudador y Consolador de ellos. Después de que
Jesús salió, el Espíritu Santo vino a ocupar Su
lugar. Jesús les prometió a los apóstoles: «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador,...»
(Juan 14.16); «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14.18). Jesús
no se refería a que Él iba a volver a ellos; lo que quiso
decir, más bien, es que
regresaría a ellos a través del Espíritu Santo. Jesús después dijo: «Pero yo os
digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque
si no me fuera, el
Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré» (Juan 16.7).
Jesús no sería el Espíritu Santo, el Ayudador,
Aquel que vino a ellos; Él enviaría a otro Ayudador (Juan 14.16), el Espíritu Santo, para
quedarse con ellos.
Lo que Jesús dijo después de que hubo
soplado sobre los apóstoles la noche de Su resurrección (Juan 20.19) ha causado
que algunos se pregunten cuándo fue que vino el Espíritu Santo a los apóstoles.
En aquel momento Jesús dijo: «Recibid el Espíritu
Santo» (Juan 20.22-b).
Evidentemente,
debemos entender esto del mismo modo que entendemos las palabras que Jesús dijo
poco antes, cuando estuvo instituyendo
Según Juan, el
Espíritu Santo había de ser dado después de que Jesús fuera glorificado (Juan
7.39). Jesús señaló que Él sería glorificado a través de Su muerte (Juan
12.23-24), y que después de Su muerte y
resurrección Él entraría en Su gloria (Lucas 24.26; vea también Filipenses 2.8-11; 1ª Timoteo 3.16).
Justo antes de que Jesús regresara a los
cielos, les dijo a los apóstoles que no salieran de Jerusalén.
Habían de esperar a ser bautizados con el Espíritu Santo «dentro de no
muchos días» (Hechos 1.4-5; vea también Lucas 24.49). El Espíritu vino sobre
ellos con poder (Hechos 1.8) diez días después, durante
la festividad judía de Pentecostés (Hechos 2.1-4).
No recibieron el Espíritu cuando Jesús sopló sobre ellos.
CONCLUSIÓN:
Jesús preparó a los apóstoles
para su partida prometiéndoles el Espíritu Santo, el cual estaría con ellos
como otro Consolador ocupando Su lugar. No iban a ser abandonados como
huérfanos después de que Jesús saliera, sino que se
les iba a dar el Espíritu. A través del Espíritu,
Jesús continuaría estando con ellos. De este modo, les daría poder espiritual y
los guiaría a toda la verdad cuando fueran por todo el mundo predicando el
evangelio a toda criatura (Marcos 16 15).
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