(Lecc-
10)
Porque
los que son de la carne piensan en las cosas de la
carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la
carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es
vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a
la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven
según la carne no pueden agradar a Dios (Romanos
8.5-8).
Ya estudiamos
acerca de la presencia del Espíritu Santo en el cristiano. Ahora analizaremos
otros aspectos de la relación entre el Espíritu Santo y los cristianos. ¿Actúa
el Espíritu Santo en las vidas de los cristianos hoy día? Si así es, ¿qué hace Él?
En primer lugar, el
Espíritu Santo es la fuente de la renovación espiritual interior. En Juan
7.38-39, dice: «El que cree en mí, como dice
En Romanos 8.2-3, leemos: «Porque la ley del Espíritu de vida
en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo
que era imposible para la ley, por cuanto era débil
por la carne, díos/ enviando a su Hijo en semejanza de
carne de pecado y a causa del pecado, condenó al
pecado en la carne». La ley de Moisés, un conjunto de reglas escritas en tablas
de piedra y no en el corazón, trajo la muerte (2ª Corintios 3.6). Sucedía muy a
menudo que las leyes de Dios existían solamente como letras escritas en piedra
y Su pueblo no las traducía en un vivo deseo en su interior de cumplir Su
voluntad (Romanos 2.27-29). Nosotros, como
cristianos que somos, hemos sido librados de esa
ley con el fin de servir «bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el
régimen viejo de la letra» (Romanos 7.6b). Si cooperamos con el Espíritu, Éste nos ayudará a circuncidar nuestros corazones.
Nuestras pasiones pecaminosas serán quitadas con el fin de que podamos ser
libres de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8.2).
En tercer lugar, el Espíritu guía a los cristianos. «Porque todos los
que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son
hijos de Dios» (Romanos 8.14). La pregunta no es: «¿Podemos
ser guiados por el Espíritu ?», sino: «¿Cómo somos guiados por el
Espíritu?». Nuestro nacimiento espiritual como cristianos se produce a través
de
El Espíritu les dio
Más adelante leemos
que «el Espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu, de que somos hijos
de Dios» (Romanos 8.16; NVI). ¿De qué da testimonio el Espíritu? y ¿de qué da
testimonio nuestro espíritu?
Pablo no dijo que
el Espíritu le diera testimonio a nuestro espíritu como si aquél le hablara a
éste. Más bien, lo que dijo fue que nuestro espíritu concuerda con el Espíritu
en dar un mismo testimonio: que somos hijos de Dios.
Nuestro testimonio
es la confianza que tenemos dentro de nosotros (1ª Juan 5.10), pero ¿de qué da testimonio el
Espíritu Santo? El testimonio del Espíritu se encuentra en el mensaje que Él ha
revelado (Hebreos 10.15). Juan dio testimonio acerca de Jesús cuando habló de
Él (Juan 1.15). Del mismo modo, el Espíritu ha dado Su testimonio acerca de
Jesús a través de la revelación de
El Espíritu ha dado
testimonio de que los que son nacidos de nuevo por la verdad de la palabra de
Dios (1ª Pedro 1.22-23) —los que por la
fe en Jesús han sido bautizados— son hijos de Dios (Calatas 3.26-27) y han
comenzado a andar en vida nueva (Romanos 6.4). Si hemos hecho estas cosas y
tenemos vida nueva por haber nacido de El (1ª
Juan 2.29), entonces cuando demos testimonio
de que somos hijos de Dios, nuestro testimonio concordará con el testimonio del
Espíritu. Así, podemos tener certeza de que somos hijos de Dios (1ª Juan 5.10). Si alguien no ha respondido a las
Escrituras, y da testimonio de que llegó a ser hijo de Dios de un modo
diferente, entonces su espíritu no da el mismo
testimonio que da el Espíritu. En otras palabras, está dando falso testimonio
acerca de su salvación. Nuestro testimonio será verdadero sólo cuando éste sea
el mismo testimonio que da el Espíritu. Solamente cuando estos dos testimonios concuerdan es que somos hijos de Dios.
El Espíritu también nos ayuda en nuestras oraciones. Romanos
8.26-27, dice:
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo
sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál
es la intención del Espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los santos.
La obra del
Espíritu tiene relación con la obra de Jesús, a
través del cual tenemos «entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios
2.18). Tal vez sea de este modo que oramos «en el Espíritu» (Efesios 6.18, vea Judas 20).
El Espíritu no hace
que demos gemidos cuando estamos orando. Más bien, nos ayuda descifrando lo que
expresemos incorrectamente en nuestros esfuerzos por comunicarnos
con Dios. Él traduce las más profundas necesidades nuestras que no podemos
poner en palabras, haciéndoselas saber al Padre. Barkiay M. Newman y Eugene A. Nida escribieron: «... el Espíritu mantiene
comunión inmediata con el Padre y no necesita palabras habladas para expresar
sus pensamientos».
Si la presencia del
Espíritu santo fuera algo que pudiéramos sentir, o se basara en el
conocimiento empírico. Pablo no les habría escrito a los Corintios diciéndoles
que el Espíritu moraba en ellos (1ª
Corintios 6.19). En lugar de ello les habría dicho que ya debían saber
que el Espíritu moraba en ellos debido a alguna sensación o manifestación
evidente.
Como
cristianos que somos, tenemos la certeza que nos da la palabra de Dios, de que
el Espíritu está en nosotros, de que somos sellados por Él y de que lo hemos
recibido como arras para el día de la redención.
Efesios 1.13, dice
que el Espíritu nos sella en Cristo para el día de la redención (Efesios 4.30)
y es enviado como «arras» a nuestros corazones (2ª Corintios 1.22; 5.5).
Cuando somos
bautizados, recibimos el Espíritu Santo (Hechos 2.38) por haber obedecido a
Jesús (Hechos 5.32). No hay nada en estos dos pasajes, ni en ninguna otra parte
de
Nuestra certeza
reside en que si hemos respondido a la voluntad de Jesús al punto de llegar a
ser hijos de Dios (Calatas 3.26-27), el Espíritu nos será dado (Calatas 4.6). A
través de la fe podemos aceptar verdades bíblicas acerca de la presencia de
Como
cristianos que somos, tenemos la certeza que nos da la palabra de Dios, de que
el Espíritu está en nosotros, de que somos sellados por Él y de que lo hemos
recibido como arras para el día de la redención.
Los cristianos son
guiados, al seguir la enseñanza del Espíritu, a cultivar varias cualidades a
las que se les conoce como el fruto del Espíritu: «... amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;...»(Calatas 5.22-23;
vea también Romanos 8.23). No solamente debemos hacer morir los deseos carnales
(Calatas 5.24; Efesios 4.22; Colosenses 3.8), sino que también debemos cultivar
las cualidades que forman parte del fruto del Espíritu (Efesios 4.23-24;
Colosenses 3.10-14). Como se nos manda a tener características espirituales,
tenemos la responsabilidad de cultivarlas:
Amor
-------------------------
(Juan 13:34)
Gozo
-------------------------
(Col. 3:14; 1ª
Tes. 5:16)
Paz ------------------------- (Fil. 4:6-7; Heb.
12:14)
Paciencia -------------------- (2ª Cor. 6:6; Efes. 4:2)
Benignidad ------------------ (Col. 3:12;
2ª Pedro 1:7)
Bondad ---------------------- (Efes. 5:9;
2ª Tes. 1:11)
Fidelidad --------------------- (Apoc. 2:10b)
Mansedumbre --------------- (1ª Tim. 6:11; Tito 3:2)
Dominio
propio ------------- (2ª
Pedro 1:6)
Pablo no escribió que el fruto del Espíritu se nos concediera
de modo milagroso. Más bien, dijo que se trata de cualidades espirituales de
las que debemos «vestirnos» (Col. 3.12).
Como seguidores de
Jesús que somos, hemos de ser «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en
el vínculo de la paz» (Efesios 4.3). Por el hecho de ser uno solo (Efesios
4.4), el Espíritu reveló una sola verdad (Juan 16.13) que constituye un cuerpo
unificado de enseñanzas, las cuales producen una sola fe (Efesios 4.5). En la
medida que «[con tendamos] ardientemente por la fe que
ha sido una vez dada a los santos» (Judas 3) en esa misma medida estaremos
procurando guardar la unidad que el Espíritu ha hecho posible para nosotros.
Tal unidad se fundamenta tanto en las actitudes correctas (Efesios 4.1-3) como
en la estructura correcta (Efesios 4.4-6).
Nuestra unidad
depende del crecimiento que experimentemos en nuestros esfuerzos por llegar a
ser como Cristo (Efesios 4.13). En la medida que todos lleguemos a ser como
Cristo, en esa misma medida podremos tener unidad del Espíritu. Es por medio de
ser atraídos a Jesús (Juan 12.32), y de seguirlo como el único Pastor que El es
(Juan 10.11, 14), que llegamos a ser uno. Cuando seguimos pastores que nos
apartan de Jesús (Hechos 20.29-30), llegamos a estar dispersos y divididos. La
obra del Espíritu es el único fundamento sobre el cual podemos tener la unidad
que Jesús desea (Juan 17.20-23).
NOS VISTE
DE ARMADURA PARA
Efesios 6.11, manda a los cristianos a «[vestirse]
de toda la armadura de Dios, para que [puedan] estar firmes contra las
asechanzas del diablo». Parte de nuestra armadura es la espada del Espíritu,
que es
La palabra del
Espíritu debe ser usada para derrotar a nuestro enemigo, el diablo. De este
modo el Espíritu nos ayuda externamente en nuestra lucha contra el pecado
proporcionándonos las armas que necesitamos. Nos ayuda internamente
dándonos fortaleza para cuando usamos nuestra armadura (Efesios 3.16; 1ª Juan 4.4).
Estamos llamados a
adorar a Dios «por el Espíritu» (Filipenses 3.3; NVI). La palabra «adoramos»
que aparece en este versículo es una traducción de la palabra griega latreuo, la cual se traduce dieciséis veces
por «servir» y tres veces por «adorar».3 Nuestro servicio debe rendirse dentro
de los parámetros establecidos por el Espíritu. Podemos tener certeza de que
nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1ª
Corintios 15.58) así como del valor que tiene para Dios el servicio que
rendimos en el Espíritu.
Es una palabra
diferente, la palabra proskuneo (traducida
por «adorar»), la que se usa en referencia a nuestros esfuerzos por acercarnos
a Dios (Juan 4.23-24). Nuestra adoración debe emanar del espíritu humano
siguiendo la verdad que tuvo su origen en Jesús (Juan 1.14, 17; 14.6) y que ha
sido revelada por el Espíritu (Juan 16.13). Nuestro servicio ha de rendirse
dentro de la esfera de la santidad que hay en el Espíritu.
Como cristianos que somos, hemos sido santificados por el
Espíritu:
Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a
vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el
principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en
la verdad (2ª Tesalonicenses 2.13).
... elegidos según la presciencia de Dios Padre en
santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo...
(1ª Pedro 1.2).
1. Nos
libra de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8.2-8).
2. Vivificará
nuestros cuerpos mortales haciendo realidad nuestra resurrección (Romanos
8.11).
3. Nos
ayuda en nuestras oraciones (Romanos 8.26; Efesios 6.18).
4. Intercede
por nosotros (Romanos 8.26-27).
5. Nos
guía (Romanos 8.14).
6. Nos
sella para servimos de arras hasta el día de la redención (2ª Corintios 1.22;
Efesios 1.13-14; 4.30).
7. Tiene
comunión con nosotros (2ª Corintios 13.14).
8. Nos
da entrada al Padre (Efesios 2.18).
9. Fortalece
el hombre interior (Efesios 3.16).
10. Produce
unidad (Efesios 4.3).
11. Nos
santifica (2ª Tesalonicenses 2.13). ¨