¿Quién
es el Espíritu Santo
(Lecc. 1)
“Y yo rogaré al Padre, y
os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de
verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le
conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros (Juan 14.16-18).
La pregunta que se debe hacer no es: «¿Qué es el Espíritu Santo?», sino: «¿Quién es el
Espíritu Santo?». La pregunta es ésta porque el
Espíritu Santo es un Ser, es alguien con
personalidad propia. Es más que una fuerza o poder; es una Persona celestial
con vida propia.
La palabra hebrea ruach se traduce en el Antiguo
Testamento por las palabras: «espíritu», «viento» y
«aliento». También se traduce por la expresión «Espíritu de Dios». Su
equivalente en griego, pneuma, se usa en el Nuevo
Testamento para referirse a «espíritu», ya sea en
referencia al espíritu humano (1ª
Corintios 2.11; vea también Proverbios 20.27) así como a seres celestiales, tales como Dios (Juan 4.24) y los ángeles (Hebreos
1.13-14). A veces, la palabra «espíritu» se
puede referir a un ser como el espíritu que, según se dijo, se puso delante de Jehová
y le habló a Éste (1ª Reyes
22.21). «Las palabras hebrea y griega que
se traducen por “espíritu”, son respectivamente ruach y pneuma; y el significado literal de ellas es “viento”
y “aliento”. Ambas llegaron a usarse
para referirse a la realidad invisible de seres vivientes, especialmente de Dios y del hombre».
En la mayoría de las versiones de
La
palabra pneuma (Espíritu) ocurre varios cientos de
veces en el Nuevo Testamento en griego. En ninguna otra ocurrencia se traduce
por viento en las versiones estándar. En este pasaje ocurre dos veces, y se traduce por «viento» en la primera cláusula, y
por «Espíritu» en la segunda. Tan incorrecto sería traducir la segunda frase
por: «Así es todo aquel que es nacido del viento»,
como traducir la primera por: «El viento sopla...»
Se le llama espíritu al germen de
naturaleza divina que Dios pone dentro de nosotros (Zacarías 12.1; Eclesiastés 12.7), y que sale del cuerpo al momento de la muerte
(Eclesiastés 12.7;
Santiago 2.26).
También se le llama espíritu a una actitud (Romanos 8.15; l Corintios 4.21; Calatas 6.1) y a un ser inmaterial (Efesios 2.2; 2ª Tesalonicenses 2.2). Jesús señaló la naturaleza inmaterial de un
espíritu cuando dijo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y
ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”
(Lucas 24.39). Un
espíritu, tal como lo es Dios (Juan 4.24), no es visible al ojo humano (1ª Timoteo 6:16) porque los espíritus existen en una dimensión
espiritual, una dimensión no material (2ª Corintios 4.18). Los buenos espíritus son los ángeles de Dios
(Hebreos 1.13-14), y
los malos espíritus, también conocidos como demonios (Marcos 5.2,15), son
los ángeles del diablo (Mateo 25.41).
Toda la
información disponible en la Biblia apunta al hecho de que el Espíritu Santo es
una persona divina. Tiene las mismas características personales del Padre y del
Hijo.
Posee
atributos de persona
Los atributos del Espíritu Santo indican
que Él es una persona viviente, un Ser individual, y no una simple fuerza.
Veamos los siguientes:
1. Criterio propio: «Porque ha
parecido bien al Espíritu Santo,...» (Hechos 15.28ª).
2. Intención: «Mas el que escudriña
los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu,...» (Romanos 8.27ª).
3. Voluntad: «Pero todas estas cosas
las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él
quiere» (1ª Corintios
12.11). Según Hebreos 2.4, los dones del Espíritu Santo son dados conforme a
la voluntad de Dios.
4. Conocimiento: «Así tampoco
nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1ª Corintios
2.11-b).
5. Emociones (Amor,
tristeza, gozo): «Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por
el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios» (Romanos 15.30); «Y
no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el
día de la redención» (Efesios 4.30); «Y vosotros vinisteis a ser imitadores de
nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo» (1ª Tesalonicenses 1.6). El hecho de que el
Espíritu Santo posea estas características revela que Él es una persona. Lleva
a cabo actividades de persona
Lleva a
cabo actividades de persona
El Espíritu Santo actúa como una persona y
no meramente como una fuerza. Puede llevar a cabo las siguientes actividades:
1. Enseña y recuerda: «Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho» (Juan 14.26).
2. Da testimonio: «Pero cuando venga
el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual
procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Juan
15.26).
3. Guía a la verdad: «Pero cuando
venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad» (Juan 16.13-a).
4. Habla: «... porque no hablará por su propia cuenta» (Juan
16.13b; vea también Hechos 8.29; 11.12; 1ª Timoteo 4.1).
5. Oye: «... sino
que hablará todo lo que oyere» (Juan 16.13c).
6. Hace saber: «... y os hará saber las cosas que habrán de venir»
(Juan 16.13d).
7. Prohíbe: «Y atravesando Frigia y
la provincia de Galacia, les fue prohibido por el
Espíritu Santo hablar la palabra en Asia» (Hechos 16.6).
8. Da vida: «... el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en
vosotros» (Romanos 8.11-b).
9. Revela: «Pero Dios nos las reveló
a nosotros por el Espíritu» (1ª Corintios 2.10ª; vea también Efesios
3.3-5).
10. Escudriña: «... porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1ª Corintios 2.10- b).
11. Promete: «... para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham
alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del
Espíritu» (Calatas 3.14; vea
Hechos 2.33).
12. Tiene comunión:
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios,
y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2ª Corintios 13.14;
vea también Filipenses 2.1).
13. Intercede: «... pero el Espíritu mismo intercede
por nosotros con gemidos indecibles..., porque conforme a la voluntad de Dios intercede por
los santos» (Romanos 8.26-27).
14. Indica y anuncia: «... escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el
Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual
anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y
las glorias que vendrían tras ellos» (1ª Pedro 1.11).
15. Invita:
«Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven»
(Apocalipsis 22.17-a).
16. Lleva y guía:
«Jesús,
lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al
desierto» (Lucas 4.1).
«Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de
Dios» (Romanos 8.14).
Sólo una persona
puede llevar a cabo las anteriores actividades, no así una mera fuerza. Es por
esta razón que el Espíritu Santo debe ser visto como una persona. Puede ser maltratado como lo es una persona.
Puede ser maltratado como los es una persona
Las palabras utilizadas para describir los desaires
y ofensas que se le causan al Espíritu Santo se expresan por lo general en
palabras relacionadas con el maltrato a una persona, y no con las faltas que se
puedan cometer contra un poder o fuerza inertes. Al Espíritu Santo se le puede
maltratar de las siguientes maneras:
1. Blasfemando en contra Suya: «... mas la blasfemia contra el Espíritu no les será
perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le
será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será
perdonado, ni en este siglo ni en el venidero» (Mateo
12.31-32).
2. Mintiéndole: «Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que
mintieses al Espíritu Santo,...?» (Hechos 5.3-a).
3. Resistiéndolo: «¡Duros
de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al
Espíritu Santo» (Hechos 7.51- a).
4. Contristándolo: «Y no contristéis
al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la
redención» (Efesios 4.30).
5. Afrentándolo: «¿...
e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?» (Hebreos
10.29).
6. Apagándolo: «No apaguéis al Espíritu» (1ª Tesalonicenses 5.19).
Las
palabras que usa la Biblia para describir la manera corno el Espíritu Santo
puede ser maltratado, indican que es una persona. No son las palabras que por
lo general se usan para describir el maltrato causado a poderes o fuerzas;
excepto en las menciones de éstos en contextos poéticos o figurados. Los
contextos en los cuales se encuentran los versículos anteriores no muestran
indicios de que en ellos se esté usando lenguaje figurado.
Otra indicación de que el Espíritu Santo es
persona, no sólo radica en el hecho de que tiene su propia naturaleza y
carácter, al igual que el Padre y el Hijo; sino también en el hecho de que
tiene existencia propia e independiente.
Se dice de El que descendió sobre Jesús
cuando Éste fue bautizado (Juan 1.33). Cuando el Hijo subió del agua después que fue
bautizado, el Espíritu descendió sobre Jesús y el Padre habló desde los cielos
(Mateo 3.16-17;
Lucas 3.21-22). En
ese momento el Padre estaba en los cielos; el Hijo, en la tierra; y el Espíritu
venía a morar con Jesús.
Una persona puede hablar mal contra Jesús y
ser perdonada —pero
si habla contra el Espíritu Santo, no podrá ser perdonada (Mateo
12.32). ¿Cómo podría alguien hablar contra
Jesús y no contra el Espíritu si éstos fueran la misma persona? Cuando Jesús
daba esta enseñanza debió haber estado consciente de la independencia del uno y
del otro.
Así
como de otros se decía que estaban llenos del Espíritu Santo (Hechos 6.3/ 5;
7.55; 11.24) también de Jesús
se decía que Él estaba lleno del Espíritu Santo (Lucas 4.1). Difícilmente habría quien alegue que las personas
que estaban llenas del Espíritu Santo en estos ejemplos de Hechos, eran una
misma persona con el Espíritu Santo. Jesús y el Espíritu Santo deben también
ser reconocidos como seres claramente independientes.
Hay quienes creen que Jesús es el Espíritu
Santo. No obstante, el Espíritu Santo ya estaba en el mundo antes de que Jesús
le naciera a María. El Espíritu Santo estaba en Juan «desde el vientre de su
madre» (Lucas 1.15). Esto
pudo haber sucedido por lo menos seis meses antes de que María concibiera a
Jesús por la intervención del Espíritu Santo (vea Lucas 1.26,
35).
Juan escribió que el Espíritu Santo no
había sido dado todavía (Juan 7.39) pues Jesús no había sido glorificado. Esto fue
expresado cuando ya Jesús estaba en la tierra junto con los apóstoles. El
Espíritu Santo debe ser alguien distinto de Jesús, ya que todavía no había sido
dado a los apóstoles. Jesús expresó que El les enviaría a los apóstoles «otro
Consolador», según lo prometió en Juan 14.16; tal Consolador es el Espíritu Santo (Juan 14.26). ¿Cómo iba a poder enviarles Jesús «otro» Consolador
y ser a la vez el Consolador? O bien, ¿cómo iba a poder ser el Espíritu Santo
«otro» Consolador y ser Él y Jesús el mismo?
La palabra griega allon,
que se traduce por «otro», expresa la idea de que el Espíritu Santo no es
Jesús, sino otra Persona como Él. A.T. Robertson escribió:
Otro
Consolador (allon parakieton).
Otro de la misma clase (allon, no heteron)
además de Jesús, que llega a ser nuestro Paracleto,
Ayudador, Abogado para con el Padre (1ª
Juan 2.1; Romanos 8.26)
Marvin R. Vincent escribió, en relación con allon,
que éste expresa «diferenciación numérica».5 Más adelante escribió: «Nótese
también que la palabra “otro” es allon,
y no heteron, que significa “diferente”.
El abogado que había de enviarse no es diferente de Cristo, sino otro semejante
a Él».6
William Hendriksen
escribió: «La palabra “otro” señala a uno como yo, el cual tomará mi
lugar y hará mi obra. De allí que, si Jesús es una persona, el Espíritu también
debe ser una persona».7 El Espíritu Santo no es Jesús. Él es otro Ayudador
(Consolador) que no difiere en naturaleza de Jesús, sino que es como Él.
Jesús dijo que no enviaría el Espíritu sino
hasta que Él se hubiera ido (Juan 16.7). También dijo que el Espíritu no hablaría según le
dictara su propia iniciativa, sino que hablaría de lo que oiría de Jesús (Juan
16.14). La información acerca de Jesús y
el Espíritu Santo que se da en el Nuevo Testamento indica que ellos son dos
Personas celestiales independientes.
Al Espíritu Santo se le menciona con el
Padre y el Hijo como coigual de Éstos, y con el mismo
estatus de Ellos. A la gente se le manda a bautizarse en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28.19). El Espíritu, Dios («el Padre»; 1ª Corintios 8.6) y el Señor («Jesús»; 1ª Corintios 8.6) son los que administran los dones espirituales
(1ª Corintios
12.4-6), los cuales han de ser dados según
la voluntad del Espíritu (1
Corintios 12.11). Pablo
mencionó a los tres juntos como dando a entender que gozan del mismo estatus,
en 2ª Corintios 13.14: «La
gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo
sean con todos vosotros».
Son abrumadoras las pruebas que hay en el
Nuevo Testamento, en el sentido de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
son Seres distintos, individuales, de naturaleza parecida. Están unidos en la
relación que tienen entre sí formando uno solo, y en su servicio a la
humanidad.
Cualidades que solamente posee la Deidad le
son atribuidas al Espíritu Santo. Note cinco atributos que comparte con el
Padre y el Hijo:
1.
Eternidad: Las
siguientes son expresiones bíblicas en las que se declara la naturaleza eterna
1)
del
Espíritu Santo —«...
¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno, se
ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras
muertas para que sirváis al Dios vivo?» (Hebreos 9.14);
2)
del
Padre —«Firme
es tu trono desde entonces; tú eres eternamente» (Salmos 93.2); y
3)
de
Jesús —«Jesucristo
es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13.8); «Porque de esta manera os será otorgada amplia y
generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2ª
Pedro 1.11).
2.
Omnisciencia: Esta característica se menciona en pasajes bíblicos
que tienen que ver con:
1)
el
Espíritu Santo —«Pero
Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo
escudriña, aun lo profundo de Dios» (1ª Corintios 2.10);
2)
el
Padre —«Y no
hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las
cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar
cuenta» (Hebreos 4.13); y
3)
Jesús —«Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque
conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del
hombre, pues él sabía lo que había en el hombre» (Juan 2.24-25).
3. Omnipotencia: Varios pasajes bíblicos mencionan este atributo en
relación:
1) con el Espíritu Santo —«El Espíritu Santo vendrá sobre ti/ y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lucas 1.35-b); «Y Jesús volvió en el poder
del Espíritu a Galilea» (Lucas 4.14ª); «... pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre
vosotros el Espíritu Santo» (Hechos 1.8-a);
2)
con
Dios —«porque
nada hay imposible para Dios» (Lucas 1.37); y
3)
con
Jesús —«... Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mateo
28.18).
4. Omnipresencia: Esta característica se atribuye:
1)
al
Espíritu Santo —«¿A
dónde me iré de tu Espíritu?» (Salmos 139.7ª)
2) al Padre —«Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la
tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden
contener» (1ª Reyes 8.27-a); «¿Se
ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice
Jehová, el cielo y la tierra?» (Jeremías 23.24); y
3) a Jesús —«... y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo» (Mateo 28.20-b).
5.
Poder
creador: Los siguientes
pasajes bíblicos presentan a cada miembro de la Deidad como Creador:
1)
El
Espíritu Santo —«... y el
Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1.2)
2)
el
Padre —«Él es el que hizo la tierra con su poder, el que afirmó el mundo con su
sabiduría, y extendió los cielos con su inteligencia» (Jeremías
51.15); y
3)
el
Hijo —«Porque
en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay
en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean
principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él»
(Colosenses 1.16).
El Espíritu Santo se describe en términos
que sólo se pueden aplicar a la Deidad. A partir de estos términos se puede
concluir que el Espíritu Santo participa de la naturaleza divina juntamente con
el Padre y el Hijo, y que es uno con el Padre y el Hijo, pero que es, a la vez,
un Ser con personalidad propia. Es una persona que ocupa un lugar de primordial
importancia en la Biblia.