¡Dios
mío Ayúdame! ¡Necesito un
amigo!
(Lección 4)
“E hicieron pacto Jonatan
y David, porque él le
amaba como a sí mismo. Y Jonatan se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a
David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su
arco y su talabarte” (1ª Samuel 18.3-4).
Lectura de fondo: 1ª Samuel 14:1-8; 18:1-5; 20:1-42;
23:15-18; 31:1-2; 2ª Samuel 1:19-27.
Los
ciudadanos de Miami, Florida, se percataron de un evento perturbador hace algunos
años. Había una plaga que estaba acabando con las hermosas palmeras de la
ciudad. La gente comenzó a exigir que se hiciera algo. Se comenzaron estudios,
y se nombraron comisiones. El público se puso cada vez más a favor de la
salvación de tantas palmeras como fuera posible.
Esta preocupación del pueblo de Miami es
digna de elogio. Deberíamos tener la misma diligencia cuando enfrentamos una
crisis actual que nos afecta a todos. Se trata de algo de lo que tenemos una
necesidad vital, y que está lentamente desapareciendo, y tiene necesidad
desesperada de que se le preserve. ¿No es tiempo ya de que lleguemos a estar
alarmados por la carencia de amistad en nuestro mundo?
Alan Loy MacGinnis hizo un recuento de una encuesta
llevada a cabo entre los más importantes sicólogos y terapeutas de los Estados
Unidos. Se les preguntó cuántos hombres realmente tenían amigos. La mayoría estimó que sólo un diez por ciento
“tiene a alguien a quien pueden llamarle amigo”. Citó al profesor
Richard Farson:
“Son millones de personas en los Estados Unidos, las que en todas sus vidas
jamás han tenido un minuto, durante el cual hayan
bajado la guardia, y le hayan contado a otra persona sus más profundos
sentimientos”.
Esta escasez de amistad tiene numerosas
causas. Un frenético estilo de vida no le deja mucho tiempo a uno para cultivar
verdaderas amistades. Muchos de nosotros abarrotamos los días con el trabajo y
la recreación. ¿Por qué tomarnos el tiempo necesario para familiarizarnos con
los vecinos, si alguno de nosotros ya se habrá mudado pasado un año?. El vivir tan cerca
de nuestros vecinos a menudo produce temores que nos aíslan,
en lugar de acercarnos.
Una filosofía humanística de la vida es muy
a menudo el factor que impide el cultivo de las amistades. Cuando alguien
piensa que él es el centro del universo, no habrá espacio para nadie más en su
vida. Es probable que el egoísmo sea lo que impida el cultivo de amistades más
que cualquier otro factor.
Una autoimagen
poco sana puede causar que nos impida acercarnos a los demás. El concepto que
tengamos de nosotros mismos debe ser tan alto como el que tengamos de nuestro
prójimo (Mateo 22:37-38). Si no creemos que otros nos pueden amar,
no podremos extendernos a ellos para servirles de compañía.
Las Escrituras recalcan el amor familiar y
el amor fraternal. Aunque son importantes tales conceptos, también tenemos
necesidad de la enseñanza bíblica acerca de la amistad. Salomón recalcó esta
necesidad: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero;
pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá
segundo que lo levante” (Eclesiastés
4:9-10; vea Proverbios 17:17; 18:24).
Puede que usted este diciéndose "No es conocer la importancia de la amistad lo que
necesito —es un amigo lo que necesito". No obstante, el conocer el significado de la
amistad ensancha la oportunidad y posibilidad de
tener mas amigos.
UN
EJEMPLO DE AMISTAD
El significado
de la verdadera amistad se encuentra en la Biblia
En la relación de David con Jonatan, hallamos uno de los más grandes ejemplos de amistad.
La Biblia representa a Jonatan
como una persona de toda confianza. Tal vez, no había otro, excepto David, que lo igualara en valentía. El y
un compañero suyo tuvieron la audacia de atacar a los filisteos en una situación en la cual ningún otro
lo haría. A pesar de su exitosa
carrera, el todavía reconocía
a Dios como su libertador
y ayudador (1ª Samuel 14: 6). Jonatan
superaba a su padre Saúl en lo que al discernimiento moral y espiritual se refería. El ejército lo amaba Según el plan original de Dios, era Jonatan el que había de convertirse
en el segundo rey de Israel, pero la desobediencia de Saúl hizo que esto
cambiara
(1ª Samuel
13:13) Jonatan parecía aceptar este cambio,
mientras que Saúl jamás
pudo aceptarlo.
EL
FUNDAMENTO DE LA AMISTAD
Solo existe un
fundamento sobre el cual se puede cultivar la amistad —el verdadero amor. Esto se observa claramente en la
amistad entre David y
Jonatan. Tres veces dicen
las Escrituras de la amistad
entre ellos que " él le amaba como a sí mismo"
(1ª Samuel
18:3, 20: 17, vea 18:1)
El amor es la única
explicación que se
puede dar de la estrecha relación que había entre
David y Jonatan No había otra cosa que pudiera haber superado los obstáculos y dificultades que entrañaba
una relación entre dos hombres tan diferentes.
En primer lugar,
la amistad entre ellos superó la brecha que suponía
el estatus social.
Jonatan era rico, David era pobre. La pobreza
de David hacía que éste se sintiera indigno de formar parte de
la familia del rey (1ª Samuel
18: 18)
En
segundo lugar, la amistad
entre ellos superó la ambición. Después
de matar a Goliat, David
se convirtió rápidamente en el capitán
general del ejército de Saúl. Pronto se dieron
señales de que David estaba destinado para la grandeza. Jonatan fue capaz de elevarse
por encima de los celos y la rivalidad, todavía amaba a David
En tercer lugar,
la amistad entre ellos superó la diferencia de edad Un estudio a profundidad revela
que Jonatan era bastante mayor que David Saúl había sido rey
durante diez años cuando David nació (Hechos 13:21; 2ª Samuel 5: 4)
Jonatan era un líder
del ejercito de Israel desde el comienzo Jonatan bien pudo
haber sido unos veinte
o treinta años mayor que David.
A pesar de las anteriores
diferencias, Jonatan animo a David una y otra vez a cumplir
con el plan de Dios para su vida. Aunque Jonatan dio mas que David, esto no afectó su vinculo
de amistad.
¿Nos estaremos perdiendo
de tener amistades por no tener suficiente amor como para
superar estos factores?. La amistad puede
atravesar barreras creadas por el dinero, la educación, la ambición y la edad. Esto
llega a ser posible cuando reconocemos que la amistad no se fundamenta en un mutuo y equivalente dar y recibir.
EL
SIGNIFICADO DE LA AMISTAD
La amistad significa aceptación. Da la impresión de que Jonatan anticipó las palabras de Jesús cuando éste dijo: “Amaras
al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente Este es el primero y grande mandamiento
Y el segundo es semejante Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22: 37-39)
Uno de los obstáculos más grandes que nos impide amar a los demás, es nuestra negativa a aceptarlos
tal como son. Muy a menudo estamos dispuestos a cultivar amistades si los demás cambian primero. Nos es sino hasta
que ellos son lo que deseamos que sean, que les permitimos formar parte de nuestro círculo de amistades. En realidad, podemos estar haciendo
esto porque no aceptamos nuestras propias fallas,
las cuales se reflejan en los demás. Ya alguien lo dijo "Como cristianos que somos,
constantemente se nos exhorta a amar a nuestro prójimo
como a nosotros mismos. Puede ser que estemos cumpliendo con esto y ése sea nuestro problema"
Podemos aceptarnos y amarnos a nosotros mismos y a los demás, si podemos apreciar el
verdadero valor de las personas Este valor reside
en el grado en que aceptemos el amor de Dios y de
Jesucristo. Lo primero que entendemos es que Dios nos ama y nos acepta tal como somos porque le
pertenecemos a él por el derecho que nos otorga el haber sido creados por él. Además, él tiene un amor especial hacia los cristianos, el cual resulta de
nuestra fe obediente (Romanos 8: 37-39). El entendimiento del hecho de que Dios nos acepta, constituye un fundamento para nuestro amor y aceptación de
los demás. Podemos entender que Dios ama y acepta a personas imperfectas como
nosotros. Si él puede hacer esto, entonces —en menor medida— nosotros también. Cuando
aprendamos a vivir con nuestras propias fallas, aprenderemos a vivir con las
fallas de los demás.
La amistad significa dar.
Considere todo lo que Jonatan le dio a
David: E hicieron pacto Jonatan y David, porque él le amaba como a sí mismo.
Y Jonatan se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas
suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1ª Samuel 18:3-4).
En aquellos tiempos, el más precioso regalo
que un noble le podía hacer a alguien, era el de sus ropas. Jonatan no sólo le
dio su manto (la vestidura exterior), sino que también le dio "otras ropas
suyas" (la vestidura interior). Jonatan, literalmente se quitó su abrigo y
su camisa para dárselos a David.
Jonatan le dio parte de
sus armas y armadura. Al comienzo del reinado de Saúl, éste y Jonatan eran los
únicos que portaban espadas de hierro. Aún años después, estas armas eran
todavía inestimables (1ª Samuel
13:19, 22). Cuando hacemos un
contraste entre Saúl y Jonatan, podemos descubrir las verdaderas
características del amor y de la amistad. Saúl estuvo dispuesto a prestarle su
armadura a David (1ª Samuel
17:38-39), pero Jonatan estuvo
dispuesto a dársela.
He aquí la verdadera prueba de la amistad:
¿Daré liberalmente, sin intención de que me lo devuelvan? ¿Daré la mayor parte,
e incluso todo si es necesario?. Si usted puede
responder con un "sí" a estas preguntas, usted habrá comenzado a
entender la verdadera amistad.
La amistad es confianza.
Durante casi quince años, David se vio
obligado a huir de la persecución de Saúl. Durante todo ese tiempo, David dijo:
"... apenas hay un paso entre mí y la
muerte" (1ª Samuel 20:3). En más de una ocasión,
David le reveló su escondite a Jonatan, el cual pudo haberlo traicionado para
entregárselo a Saúl. David le confió a Jonatan su misma vida.
David y Jonatan le confiaron el futuro a su
amistad. Ellos hicieron un pacto de protección y provisión para las familias
del uno y del otro (1ª Samuel 20:42).
La confianza de Jonatan estaba depositada en buenas manos, pues, posteriormente
David adoptó al hijo inválido de Jonatan, Mefi-boset,
como miembro de su familia (2ª Samuel
9:1-13).
Los dos estuvieron dispuestos a correr los
riesgos que una amistad entre ellos entrañaba. El amor en el cual consiste una
amistad, exige que haya franqueza, una disposición a compartir todas las
eventualidades que la vida presenta. Esta clase de franqueza también significa
que existirá el peligro del rechazo. Hay personas que jamás se deciden a ser
francas por temor a ser lastimadas. Como resultado de esto, jamás llegan a
tener amigos íntimos.
¡Es una bendición la que se tiene cuando uno
se arriesga a expresar sus sentimientos para tener amigos! George Eliot
describió esta bendición: "OH, qué gran consuelo, el indescriptible
consuelo de sentirse cómodo con otra persona; no el de tener que sopesar los
pensamientos ni medir las palabras, sino el de expresarlos todos, tal como son,
paja y grano juntos, sabiendo que una mano fiel los recogerá y los separará,
guardando lo valioso, y después, con el aliento de la bondad desechar el resto
de un soplo".
¿Qué impide que haya esta confianza?. Tal vez sea el
dolor sufrido cuando en el pasado usted le reveló sentimientos confidenciales a
un falso amigo. Si usted ha sido lastimado por un amigo infiel, podría sentirse
poco dispuesto a ser franco con alguien que podría revelarle sus secretos a los
demás. Mark Twain dijo que “después de que un gato
cae sobre una estufa caliente, jamás volverá a caer en otra. Tampoco volverá a
subirse a una que esté fría”. Esta ilustración llena de humor, tiene
implicaciones espirituales. Santiago dijo: "Confesaos vuestras ofensas
unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados" (Santiago
5:16a). A menudo se desobedece este mandamiento. Todos tenemos necesidad de
la purificación que resulta de hablarle a Dios, y a otras personas, acerca de
las cosas que por descuido no hemos hecho ni hemos sido. ¿Por qué será que no
obedecemos este mandamiento, ni procuramos esta purificación?.
Tal vez sea porque no tenemos en quién confiar que guardará silencio acerca de
nuestros pecados. Los falsos amigos carecen de integridad como para escuchar y
no confesar nuestras faltas a los demás.
Leí acerca de un predicador que vio a un
miembro débil de la iglesia, salir tambaleante de un bar. "Predicador",
le dijo el miembro: "Siento que me haya visto en estas condiciones".
El predicador respondió: "No debería sentirlo. Dios Todopoderoso lo mira a
usted todas las veces que anda ebrio". "Es cierto", respondió el
hombre, "pero él no es el lengua floja que sí es usted".
La amistad edifica.
Cuando Jonatan se encontró con David en el
desierto, él le "fortaleció su mano en Dios" (1ª Samuel
23:16). Jamás dejó que David se olvidara
del propósito de Dios para su vida. "...tú reinarás sobre Israel, y yo
seré segundo después de ti ..." (1ª Samuel 23:17). Esta es la razón por la cual necesitamos
amigos. Necesitamos ayuda para llevar
nuestra sobrecarga. Es a ellos a quienes buscamos cuando sentimos que estamos
tratando de nadar con una carga de anclas a nuestras espaldas.
Los amigos observan y aprecian nuestras
buenas cualidades. Son personas cuyos elogios son sinceros. Nos recuerdan de
nuestro valor expresándonos amor. Los amigos nos ayudan a volver a tener una
visión positiva de la vida.
En la Inglaterra victoriana, una joven mujer
cenaba con William Gladstone, el distinguido
estadista. La noche siguiente, ella tuvo la oportunidad de hacer lo mismo con
Benjamín Disraeli, el brillante oponente de aquél.
Más adelante, alguien le preguntó a la dama cuál era su percepción de ambos
hombres. Ella respondió: "Cuando salí del comedor, después de sentarme
junto con Mr. Gladstone, creí que él era el hombre
más inteligente de Inglaterra”. Pero, después de que me senté junto a Mr. Disraeli, “creí que yo era la mujer más inteligente de
Inglaterra". Los buenos amigos sacan a relucir lo mejor que hay en uno
y en otro. "Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro
de su amigo" (Proverbios
27:17).
¿Qué podemos hacer para
hallar amigos como Jonatan?. Una sencilla solución podría llenar nuestra
profunda necesidad de amistad: “Si hemos de tener verdaderos amigos, debemos
ser verdaderos amigos”. Una vez
tomé un libro de sermones y me gustó su título: “ Si
yo fuera joven”. En el índice se mencionaba un sermón con el título: "Si
yo fuera joven, haría que los demás me trataran bien". De inmediato
busqué la página donde aparecía este sermón. Después de leer algunos párrafos,
me sentí apenado de no haber descubierto este secreto por mí mismo. Para lograr
que las personas nos traten bien, necesitamos tratarlas de la manera como
deseamos que ellas nos traten. "Así que, todas las cosas que queráis
que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos;
porque esto es la ley y los profetas" (Mateo 7:12). Esto es lo que los hombres llaman "la
regla de oro".
No se preocupe por tener amigos —simplemente
sea amigo. Busque una o dos personas que tengan cualidades que usted admire.
Luego sea un verdadero amigo para ellos. No se preocupe si ellos le parecen o
no amigos. Los sentimientos. Vendrán
después. Los resultados están casi garantizados. La amistad se gana dándola.
"Todo mundo lleva a cuestas un enorme
peso". En los años subsiguientes, he podido confirmar con mi experiencia
la veracidad continua de estas palabras. Las incontables presiones del mundo le
añaden al peso de nuestras vidas emocionales, personales y espirituales, hasta
hacer de éstas cargas casi imposibles de sobrellevar.
La abundancia y popularidad de los libros de
"autosuperación" constituyen una amplia
señal de los sentimientos de deficiencia que muchos experimentan diariamente.
Por cierto que muchos han hallado ayuda en estos libros de inspiración y autoentendimiento. No obstante, el hecho de que estos
libros se continúen produciendo también es señal de que muchos todavía están
buscando la ayuda que tales publicaciones prometen.
Gran parte de las verdades que se brindan en
estos libros se encuentran ya escritas en el libro de Dios, la Biblia. Hay
quienes se pueden preguntar: "¿Será posible que tengamos algo en común con
las personas de 1 y 2 Samuel?". En más maneras de las que
imaginamos, un estudio de estas personas nos hará ver cuan útiles son para
nosotros. Casi todas estas personas vivieron con alguna clase de problema. Los
pesos que llevaron a cuestas fueron tan grandes para ellos como los nuestros lo
son para nosotros. Podemos hallar ayuda si buscamos en la misma fuente que
proveyó para las necesidades de ellos. En la mayoría de los casos, estas
personas hallaron en Dios la ayuda que necesitaron.
El decir simplemente que "ellos
pusieron sus problemas en las manos de Dios" es una respuesta simplista.
Aunque esto fue lo que hicieron, el compromiso de ellos era lo suficientemente
profundo como para trabajar con Dios y procurar y descubrir su voluntad. En
ninguna de estas situaciones que estudiaremos se dio el caso de que la persona
fuera capaz de hallar la ayuda necesaria por sus propios esfuerzos.
Cada lección de este estudio da comienzo con
una lectura de apoyo sugerida, la cual ha sido tomada de los dos libros de
Samuel. No importa cuan familiarizado usted puede estar con estos libros,
resultará útil que usted lea estos textos a modo de preparación para el
mensaje.
Al abordar este estudio,
que nuestra actitud sea la de David: "Oye mi oración, OH Jehová, y
escucha mi clamor..." (Salmo
39:12). Fin.