(Lección 2)
Los hijos de Elí eran
hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová
(1ª Samuel 2.12); Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel,... Y les dijo: ¿Por qué hacéis
cosas semejantes?.
Porque yo oigo
de todo este pueblo vuestros malos procederes. No,
hijos míos, porque no
es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de ¡Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los
jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová,
¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la
voz de su padre... (1ª Samuel
2:22-25).
Lectura de fondo: 1ª Samuel 2:12-36;
4.1-22.
Una madre angustiada me repitió primero el dicho que
dice: “Primero los tienes en tus manos; después, en
tu corazón”. La conducta errada de sus hijos crecidos, extraviados, le había
amargado aún más su ya triste corazón.
Son
incontables los padres que se encuentran en la misma situación. Con todo y sus
problemas, muchos también se debaten bajo el peso
de la culpa por la crianza de sus hijos. Sean sus hijos preadolescentes, adolescentes,
o ya maduros, muchos padres creen haber fracasado.
Lo más
probable es que cierta parte de estos sentimientos de culpa tenga su razón de
ser; no hay padres perfectos. Las deficiencias en la habilidad para servir como
padres, pueden ser causadas por la obstinación, la ignorancia o el egoísmo.
Es más
triste todavía, cuando los hijos ya se han ido del
seno de sus padres. Los padres pueden estar teniendo un sentimiento de mucha
culpa, y a la vez, de poca capacidad para remediar la situación en la que se
encuentran sus hijos.
¿Cómo puede
un padre que se siente fracasado hacerle frente a tal situación?. ¿Existe la
posibilidad de resignarse a vivir con lo que parece un completo fracaso?. ¿Será posible superar los sentimientos de fracaso y de
triunfo del pasado? Dios debió haber estado pensando en los padres que se
sienten fracasados cuando guió al escritor inspirado a escribir la historia de
Elí.
De acuerdo
con los estándares de hoy día, Elí era un hombre de gran éxito en su profesión.
Él era Juez y sumo sacerdote de Dios, respetado en gran manera por el pueblo. El relato
bíblico muestra a Elí como un hombre que había tenido muchos logros, pero que también había fracasado como padre. Sus
errores y la causa de ellos constituyen un provechoso material de estudio para
los padres modernos.
Poseedor de
ciertas habilidades y de un sólido carácter, Elí fue el primer sumo sacerdote
que era descendiente de Itamar, el cuarto hijo de Aarón. Antes de él, todos
los sumos sacerdotes habían sido descendientes de Eleazar,
el tercer hijo de Aarón. Mediante la elección de Elí, de la familia de
Aarón, se demostró que él era capaz de guiar al
pueblo de Dios.
Elí era un
hombre dedicado a Dios y al servicio de éste. Su gran preocupación era el
tabernáculo y la utilización de éste en el servicio a Dios. El hecho de que
durmiera en la casa de Dios es una indicación de cuál era su prioridad más alta
(1ª Samuel 3:3-5).
La dedicación de Elí también se muestra en su último acto en
vida, cuando él oyó las angustiantes
nuevas de la guerra contra los filisteos. El ejército de Israel había huido de
delante de los filisteos, sufriendo gran mortandad. Entre los muertos estaban
los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.
Además de esto, el arca de Dios había sido tomada por los filisteos de manos
del ejército de Israel. Un mensajero le estaba dando las nuevas de todo lo que
había sucedido a Elí. “Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de
Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y
murió;...” (1ª Samuel
4:18).
A Elí no le
perturbó tanto la noticia de la pérdida de sus hijos ni la de la derrota
sufrida por el ejército. Para Elí, las más terribles nuevas fueron las de la
pérdida del arca del pacto.
LOS HIJOS QUE FUERON
MALOS
A pesar de la bondad y dedicación de Elí, sus dos hijos no eligieron
seguir su ejemplo. El escritor inspirado los llamó hombres impíos. Eran
egoístas e inmorales, despreciaban a Dios y al hombre. Esta característica
muestra que las vidas de ellos eran desagradables delante de Dios.
¿Cómo pudo
este talentoso, piadoso y diligente hombre llegar a tener hijos tan malvados?. Sus errores se
originaron en el no haber honrado a Dios correctamente. Cuando Elí estaba ya
avanzado en años, un hombre de Dios cuyo nombre no se menciona, había visitado
a Elí, y le había dado las trágicas nuevas. A Elí se le había dicho que su casa
acabaría con la muerte de sus dos hijos un mismo día. La razón que el Señor le
dio para castigarlo es esta: “... yo honraré a los que me honran, y los que
me desprecian serán tenidos en poco” (1ª Samuel 2:30). No se nos dice exactamente cómo fue que Elí no honró a Dios. No.
obstante, es probable que hallemos razones para su fracaso cuando analicemos
nuestro fracaso.
A nosotros,
como padres que somos, se nos manda honrar a Dios (Proverbios
3:9, Juan 5:23). La honra que estamos
llamados a darle a Dios es semejante a nuestra obligación a honrar a nuestros
padres. Cuando aprendamos a honrarlos, entenderemos mejor cómo honrar a Dios.
La obediencia es parte de esta honra. Los hijos deben honrar a sus padres
porque la relación con ellos conlleva la obediencia y requiere de ésta (Efesios
6:4).
Obedecemos
a nuestros padres porque respetamos sus deseos y órdenes. ¿No merece Dios
muchísimo más que esto?
Honramos a
Dios con nuestras palabras. Los judíos de antaño ni siquiera se atrevían a
pronunciar el nombre de Jehová, por temor a que pudieran tomarlo en vano (Éxodo
20:7). La gente de hoy día se ha comportado de modo
exactamente opuesto. Usan el nombre de Dios hasta para insignificantes
juramentos y exclamaciones. Los hombres antes se disculpaban con las mujeres
por maldecir delante de ellas. Hoy día es común que las mujeres utilicen un
vocabulario al mismo nivel de profanidad del de los hombres. Debemos recordar
que el Señor “no dará por inocente... al que tomare su nombre en vano”
(Éxodo 20:7b).
Elí también
falló al honrar demasiado a sus hijos. Les dio a sus hijos lo que le debía a
Dios (1ª Samuel
2:29). Es probable que nunca sea demasiado el amor que les
tengamos a nuestros hijos, pero sí puede ser un amor equivocado.
Los padres
pueden creer que están amando a sus hijos cuando tratan de protegerlos de toda
experiencia desagradable o dolor. Deben entender que a los hijos no se les
puede proteger de los eventos difíciles que entraña el crecimiento. Que papá o
mamá no recuerda cuando tenía que llevar a su hijo o hija al médico par ser
vacunado. Ellos requieren que se les inyecte una vacuna contra varias
enfermedades. Cuando la aguja lo penetró, lloró con grandes gritos. Su madre
lloró también. Ella aborrecía el verlo sufrir; pero si él no hubiera sido
lastimado por esta inyección, podría haber contraído la difteria o el tétano e
incluso haber sufrido consecuencias fatales. Permitimos que sufriera aquel
dolor porque fue una parte necesaria de la vida.
Si los
padres privan a sus hijos del dolor de la disciplina, estarán siendo poco
amables con éstos. No toda disciplina conlleva castigo corporal, pero toda disciplina requiere de alguna forma de
privación. Tal dirección paternal es absolutamente necesaria para el bienestar
espiritual, mental y físico del hijo. David no vivió para ver el trágico fin
sufrido por su hijo Adonías. La rebelión y engaños de
Adonías lo llevaron a su muerte (1ª Reyes 2:28-33).
Las semillas de este triste evento fueron plantadas
en la niñez de Adonías: “Entonces Adonías
hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré... Y
su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué
haces así?...” (1ª Reyes 1:5-6). Esta omisión fue también el pecado de Elí. Dios le dijo a Elí, a
través del joven Samuel, lo siguiente: “Y le mostraré que yo Juzgaré su casa
para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus
hijos han blasfemado a Dios, y el no los ha estorbado”
(1ª Samuel
3:13)
Ha
surgido en tiempos recientes, un concepto de disciplina llamado “amor con rigor”.
Este ha sido eficaz para ayudarle a ciertos padres a disciplinar adolescentes
rebeldes Los padres al principio les imponen reglas firmes para el
comportamiento. Este comportamiento es claramente entendido por los padres y
los hijos. Los padres lo refuerzan con
acciones. Si las reglas son quebrantadas, un
castigo inmediato y severo seguirá. Este concepto, el cual es bíblico, ha
probado ser bastante eficaz, y a menudo ha servido de solución para crisis
familiares. Este “amor con rigor” es lo que Salomón
prescribió en Proverbios 23:
13-14
“No rehúses corregir al
muchacho, Porque si lo
castigas con vara, no morirá Lo castigaras con vara,
Y libraras su alma del Seol”
L A LECCIÓN PARA LOS
PADRES
El ser religiosos
no garantiza que tendremos éxito como padres.
Nadie podía haberle ganado a Eli en cuanto a dedicación a Dios. Esta dedicación no fue suficiente, pues es posible ser
religioso y, a la vez,
no ser justo. Nos hubiera
gustado pensar que la dedicación de Eli al tabernáculo y al arca del pacto fueran
más que simples manifestaciones externas de su dedicación a Dios, pero este no parece haber sido
el caso
Hasta el
observador casual puede hallar padres religiosos que han fracasado por las mismas razones que Elí
fracasó. Elí no cimentó
su vida familiar en su relación con Dios. No hay quien se pueda salir con la
suya sustituyendo una semana de vida justa con unas pocas
horas de culto a la semana
Muy a
menudo, esta falta de justicia se racionaliza. Hay quienes dicen “No estoy pasando mucho tiempo con mi familia, pero todavía voy a la iglesia” ¿No podía haber dicho Elí: “No me va bien
con mis hijos, pero
todavía estoy ocupado en el tabernáculo”.
La religión de
uno no podrá tener validez si descuida alguna de las
grandes responsabilidades
de la vida, incluyendo la de ser padres (Santiago 1:27)
Es probable que Ofm y Emees aprendieran estas lecciones
erradas de Elí. Si Elí podía separar su vida familiar de su religión, ¿no podían ellos separar la moralidad de la religión de ellos?.
Los hijos por lo general adoptan los verdaderos
valores de sus padres
Es vital enseñarles valores a los hijos. Dios elogió esta cualidad en Abraham (Génesis
18:19). Moisés también incluyo lo siguiente como parte de la ley “Y estas palabras que yo
te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, “ (Deuteronomio 6: 6-7).
La instrucción verbal por si sola no es
suficiente. Es cierto el dicho que dice: “Lo que
haces resuena con mayor fuerza que lo que dices”. Pablo recalco la necesidad del ejemplo “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mi, esto haced, “ (Filipenses 4: 9). Ya alguien lo dijo. “Los niños por lo general hacen lo que ven que a sus padres
les gusta hacer”
No hay posibilidad de que la enseñanza oral pueda superar la influencia de un mal
ejemplo. Una vez oí de un predicador y su esposa
que criticaban a los
ancianos de la iglesia. Su hijo de cuatro años
miraba y escuchaba. Éste sorprendió a sus padres cuando dijo.
“Sencillamente odiamos
a esos ancianos, ¿verdad?”.
El ejemplo
de ellos le había transmitido al hijo un mensaje incorrecto y dañino
Hay ciertos padres que pueden estar llevando un peso de
culpa demasiado grande como para llevarlo a
cuestas. No hay duda de que los padres
les enseñan a sus hijos y ejercen influencia en ellos. Ellos
son responsables de que se les haya expuesto a valores y actitudes correctos.
No obstante, son los hijos los que al final deciden los valores y
actitudes por los que regirán sus vidas. Es cuando toman esta decisión que comienzan a ser responsables de sus actos
1.
Primera generación Abiam fue un rey impío (1ª
Reyes
15:1-3). Él tuvo un hijo llamado Asa
2.
Segunda generación Asa, quien fue un buen hombre
(1ª Reyes
15 11), tuvo un hijo llamado Josafat
3.
Tercera generación
Josafat también llego a ser un buen hombre
(1ª Reyes
22:41-43) Este
tuvo un hijo llamado Joram
1.
Cuarta generación Joram,
quien llegó a ser un hombre malvado
(2ª Reyes
8:15-18), tuvo un hijo llamado Hazael
2.
Quinta generación Hazael llego a ser un
hombre malvado (2ª Reyes 8
:25-27)
Lo anterior demuestra que los hombres
buenos pueden tener hijos buenos o malos, y que los
hombres malos pueden tener hijos buenos o malos.
La
enseñanza e influencia
de los padres son de importancia extrema, sin embargo, ellas por sí solas no
determinan lo que una persona llega a ser.
La influencia y el ejemplo pueden motivar, pero no obligar
Seremos
juzgados por nuestros propios actos, pensamientos y palabras (Romanos
14:12, Hebreos 4:12, Mateo 12:36-37). Los padres van a ser juzgados por cualquier
pecado que cometan en contra de sus hijos. No obstante, los padres pueden
arrepentirse de estos pecados y ser perdonados.
Si los padres fueran totalmente responsables del destino de sus hijos,
entonces el fracaso sena un pecado imperdonable. Los padres pueden tener que
vivir con las consecuencias de sus actos y de los
actos de sus hijos, pero no con la culpa Los hijos por si solos son los únicos
responsables de sus decisiones y elecciones
Hay esperanza para los padres que están
fracasando
Los padres
no deben permitir que su culpa los aplaste, ni
deben interpretar sus fracasos como casos perdidos. En ciertos casos hay esperanza porque los
hijos todavía viven bajo la influencia de los padres. Incluso los hijos mayores
que ya no viven conforme a los estándares de sus padres, no constituyen casos
perdidos
Las
personas pueden cambiar. No es inusual ver que alguien procure una
vida espiritual mas profunda y retorne a la enseñanza espiritual de su
juventud. A menudo han resultado ser
ciertas las palabras de Salomón
Instruye
al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartara de el (Proverbios
22: 6)
Aquellos
aspectos en los que los padres les pueden haber fallado a sus hijos, otros
pueden haber tenido buenos resultados. Un maestro de escuela bíblica, un anciano o amigo de la familia que sea piadoso, puede a
menudo ser mas influyente que los padres. Los abuelos u otros parientes, a menudo
tienen oportunidades de volver a poner en el camino correcto a hijos
extraviados
Los padres
pueden hallar ayuda, esperanza y consuelo en la oración. La oración eficaz del justo puede mucho
(Santiago 5:16). Dios puede
responder las oraciones de los padres con oportunidades para la edificación y
el arrepentimiento de los hijos errantes.
Puede que los padres no lleguen a ver el cambio en sus hijos, pero la
oración puede ayudarles a hallar consuelo en la voluntad soberana de Dios. ¨ http://henrycis.net