EL CONTENTAMIENTO
(01- Estudio suplementario)
Pablo dijo:
"He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación" (Filipenses 4:11- b). El contentamiento es un tesoro difícil de hallar. Todo mundo lo
desea, pero son pocos los que hallan contentamiento consigo mismos o con lo que
tienen. Pareciera que es inherente al ser humano el desear más. Incluso a nivel
personal, hallamos difícil estar contentos con lo
que somos. Tendemos a desear ser lo que otro es en lugar de lo que somos.
El hallar
el lugar correcto en el cual podemos estar contentos,
no es tarea fácil. Se encuentra en algún punto entre la codicia y la autosatisfacción. No debemos pensar que hemos llegado
a la meta y estar satisfechos con nosotros mismos al punto de que ya no
tratamos más de mejorar. No obstante, debemos
aprender a estar contentos con nuestra situación y nuestras posesiones.
Es importante que los cristianos confiemos en que si compareciéramos delante de
Dios para ser juzgados tal como somos en este instante, nosotros nos iríamos
para el cielo para siempre. También es importante que hagamos un examen de
conciencia y continuemos creciendo siempre.
EL CONTENTAMIENTO Y LA CODICIA
La mayoría de las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre el
contentamiento están relacionadas estrechamente con la necesidad de evitar la
codicia. En Lucas 3:14, unos
soldados vinieron a Juan el Bautista, procurando saber lo que debían hacer para
ser aceptables delante de Dios. Esto fue lo que Juan les respondió: "No hagáis extorsión a nadie,
ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario".
Pablo le escribió a Timoteo: Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo,
y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo,
estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en
tentación y lazo, y en
muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los
hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor
al dinero, el cual codiciando algunos, se
extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1ª
Timoteo
6:6-10).
Es obvio que una persona debe elegir entre la codicia y el
contentamiento. No pueden habitar los dos.
Pablo expresó agradecimiento por la ayuda. Él dijo
en el versículo 14, que ellos habían hecho bien en hacerse partícipes
con él de su aflicción. Esta iglesia había sido fiel al enviarle ayuda durante
todo el tiempo, según los versículos
15 y 16. La ayuda de ellos era abundante y llenaba
adecuadamente las necesidades de Pablo (verso 18). Él prometió que Dios les bendeciría por la ayuda (verso19).
Era
importante que Pablo les expresara a ellos —y a nosotros— su aprecio por la ayuda de ellos sin dejar la
impresión de que él no iba a estar contento, ni realizado, ni satisfecho sin
ella. La ayuda los benefició a ellos tanto como a Pablo, pues ellos recibirían
bendiciones de Dios.
Pablo
recalcó que el contentamiento era algo que él había aprendido. Esto fue lo que
dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". El
contentamiento no es un curso introductorio en la carrera de la vida cristiana;
es un estudio a nivel de postgrado. Pueden interponerse obstáculos en la marcha
hacia el aprendizaje de la lección.
Debemos aprender a regocijarnos acerca de lo que es correcto regocijarse
(Filipenses 4:4). Debemos cultivar un espíritu de gentileza sabiendo
que el Señor está cerca (verso 5), y aprender a tratar con nuestras preocupaciones
orando en lugar estar afanándonos (verso 6).
Necesitamos la paz que sólo puede venir de Dios, no de los logros (verso
7). Debemos fijar nuestras mentes en los pensamientos
que es correcto tener, centrándonos en lo que es verdadero, honesto, justo,
puro, amable y de buen nombre. Debemos pensar en lo que tiene virtud y es digno
de alabanza (verso 8).
El
contentamiento no sólo es estorbado por la codicia, sino también por la
preocupación, por cualquier cosa que produzca que nuestro pensamiento se fije
en nosotros mismos y en lo que podemos hacer, y no en el Dios al que servimos y
en su poder en nuestras vidas.
CÓMO SE APRENDE EL CONTENTAMIENTO
El
contentamiento no nos llega en el momento del bautismo con el perdón ni con el
Espíritu Santo. Es algo que aprendemos ya siendo cristianos. Hay señales de que
Pablo no había estado contento siempre. Él había aprendido esta actitud
viviendo para Dios. ¿Cómo podemos aprender las mismas lecciones?
Pablo
aprendió sus lecciones llevándose decepciones, recibiendo heridas, siendo
rechazado, y recibiendo maltratos en esta vida. El contentamiento Jamás se
aprende estando sentado uno en una cómoda silla. Es algo que llega a través de
luchas, de enfrentar momentos cuando no tenemos el mando y las heridas que
sufrimos escapan a nuestra capacidad para sanarlas nosotros mismos.
El
contentamiento no es algo que aprende uno solo. Pablo lo aprendió, pero el
poder le vino de Cristo, el cual fortalece. No podemos simplemente leer el
último libro de autoayuda, ni tomar algunas lecciones para ganar un título en
contentamiento. Debemos apoyarnos en el Señor y aprender a confiar en él.
Podemos hacer esto poniendo la mirada en lo que no se ve y no en lo que sí se
ve. Esto fue lo que escribió Pablo en 2ª Corintios 4:16-18: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro
hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en
día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez
más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se
ven, sino las que no se ven; pues las
cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.
No es el
tamaño de la aflicción lo que cuenta, sino la vista que tengamos. El
contentamiento se encuentra en el corazón de Dios. Cuando nos acercamos a su
corazón, nos acercamos igualmente al contentamiento. “Amado
Padre, es tan fácil para nosotros ver todo lo que el mundo nos ofrece, pero tan
difícil ver más allá de lo material para ver lo eterno. Crea en nosotros
corazones que no puedan estar satisfechos con las cosas de este mundo, sino que
sólo pueden estar plenamente contentos con las bendiciones que tú nos das.
Ayúdanos a tener conciencia de tu presencia en todo lo que hacemos. A través de
Jesús oramos. Amén”
Esto es lo que Hebreos 13:5-6,
dice: "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo:
No te desampararé, ni te dejaré; de manera que
podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda
hacer el hombre".
¿Por qué
son malos el amor al dinero y la falta de contentamiento para los cristianos?
Porque estas dos cosas se centran en el ego y no en
Dios ni en su voluntad. No podemos servir a Dios y al dinero (Mateo
6:24). Allí donde se encuentre nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón. El fundamento
de la idea del contentamiento es la fe en que Dios cuidará de nosotros. Él
cuida de nosotros y de nuestras necesidades. Si nosotros lo buscamos
verdaderamente, sobre todas las cosas, él nos proporcionará lo necesario para
nuestras vidas (Mateo 6:33). El contentamiento no tiene que ver con nuestra
situación, sino con nuestra relación con Dios. Él es nuestro ayudador. No
necesitamos temer lo que el hombre pueda hacemos. Él nos ha prometido que jamás
nos dejará ni nos desamparará. Estamos completos en él (Colosenses
2:10).
LAS COSAS QUE IMPIDEN EL CONTENTAMIENTO
Cuando
Pablo escribió Filipenses 4, él hizo una de las más grandes declaraciones sobre
el tema del contentamiento. En ese proceso, él
también reveló los problemas que pueden impedir que uno llegue a estar
contento. Piense en lo que dijo: “En
gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin
habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos,
pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he
aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente/ y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy
enseñado, así para estar saciado como para tener
hambre, así para tener abundancia como para padecer
necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:10-13).
Concluyendo:
Pablo se encontraba en la prisión en Roma. La
iglesia de Filipos lo amaba en gran manera y le
enviaba una ayuda para cuidar de sus necesidades.