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Crecimiento espiritual alentador
(Efesios 1:15-16)
Durante los años
sesenta, el grupo Simón
and Garfunkel grabó palabras y armonías que
apelaron a una generación. Sus canciones incluían: "Los sonidos del silencio",
"Puente sobre aguas agitadas", y
otras. Una canción llegó a ser algo así como el himno al individualismo. Paúl Simón escribió la letra:
Soy una roca, soy una isla. Y una
roca no siente dolor, y
una isla jamás llora.
Sus palabras
exaltaron el espíritu independiente de los tiempos. Nosotros, como
sociedad, proseguimos haciendo de rudos individuos nuestros
héroes. Esto es evidente en películas
estelarizadas por Clint Eastwood, Charles Bronson, Steven Segall
y Sylvester
Stallone. El tema de un hombre solo, contra todas las eventualidades, haciendo por sí mismo lo
que debe hacerse, es algo que apela a muchos.
La generación del "yo" ha llegado. Nuestras palabras favoritas son: "yo", "mi" y "mío"
—no "nosotros", "nos", ni
"nuestro".
La iglesia se halla a sí misma en medio de todo esto. La gente que se junta en las congregaciones ha sido influida por la doctrina
de la generación del "yo", tal como se evidencia en la siguiente descripción.
No seuna injusto afirmar que la
mayoría de la gente que entra a la iglesia hoy día, simplemente no
está preparada para pensar en términos de
grupo. El depender, se nos ha enseñado, es signo de debilidad, el dar cuenta es esclavitud,
la sumisión es humillante. La sola noción de
negarse a uno mismo para darle importancia al grupo es
ajena a la mente moderna. La mayoría de
los miembros de la iglesia. “Son
individualistas vestidos de ropas para asistir a la reunión del domingo. Todavía piensan en
términos del "yo" Toman decisiones y actúan, no basados
en lo que es bueno para el grupo, sino basados en
preferencias y valores personales. En las mentes de la mayoría de los cristianos modernos, las
necesidades de la mayoría,
a menudo son relegadas,
para dar campo a las de unos pocos e, incluso, a
las de uno solo”.
La nuestra no es la
primera generación, en la historia del mundo, en caracterizarse por el énfasis en el "yo". Pablo constantemente tuvo que
recordarles a los cristianos que se preocuparan los unos por los otros. Sus
cartas contienen muchos llamados a amarse los unos a los otros, a ser bondadosos unos con otros y a darse ánimo unos
a otros. Pablo laboraba en las grandes ciudades del mundo antiguo —Filipos, Corinto,
Efeso, Roma y Tesalónica.
Trató principalmente con cristianos de la zona urbana, que vivían en un ambiente
que los convertía en islas.
Así como nosotros,
los cristianos del primer siglo tenían que aprender el valor de estar juntos.
Tenían necesidad de que se les enseñara acerca de la comunión, el tener cuidado mutuo,
y el poner las necesidades de todo el grupo por encima de las del
"yo". Así como nosotros, muchos
cristianos del primer siglo ignoraban cómo vivir en
comunidad y el compartir relaciones con los hermanos.
Pablo les estaba
escribiendo a cristianos en un ambiente urbano. Ellos vivían en grandes centros
metropolitanos, las grandes
ciudades del mundo. Tenían necesidad de aprender cómo vivir siendo el cuerpo de
Cristo.
Por ejemplo, los
cristianos de Roma debían amarse los unos a los otros en amor fraternal (Rom. 12:10). Pablo les dijo que fueran unánimes entre ellos
(Rom. 12:16), que no se juzgaran más los unos a los
otros (Rom. 14:13), y que se recibieran los unos a
los otros (Romanos 15:7). Les dijo que siguieran "lo que contribuye a la
paz y a la mutua edificación" (Rom. 14:19).
Los cristianos del
área comercial de Corinto tenían necesidad de aprender a esperarse los unos a
los otros, cuando se reunían para disfrutar de una comida de convivio (1ª Corintios 12:15). Pablo les enseñó que no se
dividieran por favoritismos, sino que se preocuparan los unos por los otros por
igual (1ª Corintios 12.25).
En Tesalónica, otra
gran ciudad. Pablo alentó a los cristianos a amarse unos a otros (1ª Tes. 4:9). Les
instruyó que se consolaran unos a otros (1ª
Tes. 4:18) y que se edificaran unos a otros (1ª Tes. 5:11). Esto
fue lo que dijo: "... seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para
con todos" (1ª Tes. 5:15).
Pablo les dijo a los
cristianos de Éfeso que fueran pacientes los unos para con los otros, que
fueran bondadosos y compasivos y que se perdonaran unos a otros (4:2, 32). Los
instó a que fueran sumisos unos a otros (5:21).
Lo que Pablo les
dijo a los cristianos, sobre este asunto de aprender a vivir como la nueva
comunidad de Dios, es exactamente lo que la iglesia necesita oír hoy día. El
ejemplo que Pablo les dio con su propia manera de tratar con semejantes
cristianos es un ejemplo que nosotros debemos seguir. Ello nos puede ayudar a
salir de nuestro pequeño mundo y tener parte en las vidas de otros.
Piense en el ejemplo
de Pablo por un momento. Era el año 60 d.C. Él estaba en Roma, bajo arresto
domiciliario, y muchas millas lo separaban de los cristianos que conocía en
Éfeso. Había estado allí una vez hacía tres años —enseñando, sirviendo y
edificando la iglesia. No obstante, no había visto esa ciudad en los últimos
cuatro años.
La prisión, las
dificultades, la distancia, el paso del tiempo —nada de esto hizo disminuir la
preocupación de Pablo por sus hermanos en Éfeso. No permitió que las
circunstancias lo hicieran enfocarse en sus propios problemas hasta excluir lo
que estaba sucediendo en las vidas de los demás. Un cristiano de Éfeso vino
hasta él un día. Éste encontró a Pablo en Roma. Cuando Pablo lo recibió, no
podía esperar hasta oír acerca de la iglesia allá.
¿Cómo estaba la
gente?. ¿Qué estaba sucediendo en medio de ellos?. ¿Estaban juntos como el pueblo de Dios que eran?
El informe que Pablo
recibió le alegró el día. Su corazón se elevó. Esto es lo que leemos: "Por
esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de
vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros,
haciendo memoria de vosotros en mis oraciones" (1:15-16).
¿Ve usted el cuadro?. Pablo estaba en
prisión, le separaban varias millas de los hermanos efesios. No había visto el
rostro de ellos en cuatro largos años, aún así. Pablo se preocupaba
profundamente por ellos. Pablo nos ayuda a aprender esta lección: Los cristianos
agradan a Dios cuando muestran interés en el bienestar espiritual de unos y
otros.
Jesús no quiere que su pueblo esté compuesto de islas. Él
quiere que lleguemos a ser un grupo en el que se ministra el uno al otro. Pablo
nos mostró cuánto necesitamos desarrollar un interés, una preocupación, y un
deseo de ver a los demás creciendo espiritualmente.
PABLO ADMIRABA EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL DE LOS DEMÁS
El informe que
Pablo recibió sobre los cristianos de Éfeso le llenó de emoción. Ellos habían logrado la clase de delicado
balance que se necesita para coexistir en medio del pueblo de Dios. En primer
lugar, demostraron lealtad al Señor Jesús. Esto fue lo que Pablo
escribió: "... habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús,..."
(1:15). Habían llegado a depositar su confianza, a vivir sus vidas, y a
edificar su esperanza en Jesús. No sólo habían venido a él buscándole como
Salvador, que es lo que el nombre "Jesús" significa, sino también,
habían venido a él buscándole como Señor. Estaban sometiendo sus vidas a él,
obedeciéndole, y buscando la manera de agradarle. Ellos tomaban sus decisiones
cotidianas con base en lo que le daría honra a él.
Hace algún tiempo,
en la congregación en la cual me reúno, un anciano vino a la obediencia a
Jesús. Su cabeza estaba canosa, pero en su corazón tenía un
confianza como la de un niño en el Señor. No hay nada que se compare al haber
estado dentro del agua con alguien como este hombre, y compartir la idea de
que, en el momento del bautismo, la vida antigua ha terminado y la nueva vida
ha comenzado.
¿Sabe qué es aún más
emocionante?. Ello
es mirar a Jesús cambiando a los hijos de Dios. Pablo nos recordó que jamás
deberíamos dejar de apreciar la lealtad a Jesús mientras la vemos crecer en las
vidas de otros. Es algo de lo que nos perderíamos si sólo viviéramos en
nuestros pequeños mundos.
Pero los efesios no
solamente eran leales a Jesús, también tenían amor por todos los hermanos. Con
estas palabras continuó Pablo: “... y de vuestro amor para con todos los
santos" (1:15). El amor es lo opuesto a ser una isla o roca, lo opuesto a
estar aislado de los intereses de los demás. Esto es lo que leemos: "En
esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también
nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos" (1ª Juan 3:16).
Cuando los
cristianos aprenden a expresar esa clase de amor, ello debería llenarnos de
gozo. Ello significa que están progresando espiritualmente. Están llegando a
ser como Jesús. La semejanza a él se está dando a conocer. Deberíamos darle
gracias a Dios cada vez que vemos a un hermano o hermana que demuestra amor por
todos los santos.
PABLO ORÓ PIDIENDO POR EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL DE LOS DEMÁS
Después de oír
acerca de la fe y del amor de los Efesios, esto fue lo que Pablo
escribió: "...no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de
vosotros en mis oraciones" (1:16). Había dos verdades que Pablo comprendía
perfectamente. La primera es que el crecimiento espiritual está relacionado con
el hecho de que los cristianos oren unos por otros. La segunda es que hay que
ser constantes en la oración unos por otros.
Más adelante, en
esta misma carta. Pablo les recordó a estos hermanos, acerca de la guerra
espiritual en la cual se encuentran los cristianos. Les exhortó a ponerse toda
la armadura de Dios. Un soldado no puede pelear la batalla si no cuenta con el
equipamiento apropiado. Pablo concluyó la carta haciendo un énfasis en la
oración: “... orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu,
y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos"
(6:18).
Pablo comprendía que el crecimiento
espiritual está relacionado con el orar unos por otros. Él, en lo personal,
hizo de la oración por sus hermanos una prioridad. Él sabía que la oración
estaba vinculada vitalmente con el bienestar espiritual de los cristianos.
Ésta fue la forma como Gene Getz
abordó este aspecto de la oración:
Parte de la
estrategia de Satanás es conseguir que estemos tan ocupados con las cosas
—incluso con las cosas buenas— al punto que no le demos a la oración la
importancia que merece. Es una tendencia natural, especialmente cuando las
cosas van bien. Sin embargo, la Escritura nos muestra que la oración se
encuentra en uno de los primeros lugares de la lista de prioridades de Dios. Y
cuando se es negligente u omiso con la oración. Satanás tratará de herir a la
iglesia, y lo hará especialmente mediante la destrucción de la unidad.
Atemos todo lo anterior en un manojo de tres lecciones para
la vida.
1)
Ninguno de nosotros podrá alcanzar su potencial
espiritual a menos que desarrolle cierto grado de consecuencia con el
mandamiento a orar unos por otros. El orar unos
por otros es señal de que se está desarrollando la madurez espiritual y es
indicación de que algún grado de ella existe.
2) La iglesia como
familia jamás podrá alcanzar su potencial espiritual a menos que a nivel de
iglesia se desarrolle cierto grado de consecuencia con el mandamiento a orar
unos por otros. Debemos trabajar en esto. Deberíamos hacer énfasis en
las oraciones de unos por otros en nuestras reuniones, y proveer oportunidades
para que las personas oren unas por otras.
3) La acción de
orar unos por otros Jamás llegará a ser consecuente con el mandamiento a menos
que la gente haga de la oración una prioridad.
Hubo un hombre
llamado Víctor Franki quien estuvo prisionero en un
campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Sus captores le
quitaron todo lo que tenía —sus libros, sus bienes y su familia. No tenía nada
por lo cual vivir, nada que lo motivara a seguir viviendo excepto una obstinada
determinación a sobrevivir.
Muchos del
campamento se rindieron y murieron. Otros vinieron a Franki
y le pidieron que hablara palabras de aliento para ayudar a las personas a
resistir la dura prueba. Franki, eventualmente
accedió. Les dijo a las personas que perseveraran. Les recordó que cuando
recibieran su sopa al día siguiente, ellos podrían hallar un chícharo en el
fondo de la taza. Era una esperanza leve, no había otra cosa que Franki pudiera darles en ese momento.
¿Y saben lo que pasó?. Fue Franki el que más aliento recibió por haber dado sus
discursos. Lo que les dio a los demás se lo dio a sí mismo.
Lo que nos demos
unos a otros en Cristo, nos lo estamos dando a nosotros mismos. Dele aliento a
alguien, y usted recibirá aliento. Ayúdele a alguien, y usted será ayudado.
Lleve la carga de otro, y su propia carga se sentirá más liviana. Ore por el
crecimiento espiritual de otro cristiano, y descubrirá que usted mismo se habrá
enriquecido espiritualmente. ¨
cisnerosme@yahoo.com.mx http://henrycis.net