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Herencia garantizada
(Efesios 1:11-14)
Es probable que
usted recuerde como era cuando niño, se emocionaba y se
alegraba tanto acerca de algo que le sucedía, al punto que no podía dormir.
Phineas no podía dormir. Se levantaba antes que el sol. Ya tenía su maleta hecha, y
bajaba las escaleras, listo
para comenzar el día. Era el año
1820. Phineas estaba por fin a punto de ver una isla
—su propia isla.
Phineas había recibido la isla como un regalo de su abuelo. Cuando era un recién
nacido, a Phineas se le había
dado una escritura de propiedad
de una isla en Connecticut
la cual se llama Ivy Island. A una
edad temprana había oído acerca de la isla por medio de sus
padres. Ellos bromeaban con Phineas y le rogaban que no los olvidara
cuando se convirtiera
en un nuevo dueño de tierras. Phineas había crecido soñando con la isla y
anticipaba el día cuando la vería.
Tendría su propia tierra, construiría una linda casa, manejaría una finca y criaría ganado.
Si usted fuera el dueño de una isla, ¿no habría de querer ir a verla?. Por supuesto que sí, y Phineas les rogó a sus padres que lo
llevaran a ver su isla. Por fin, su padre estuvo de acuerdo. En el verano de 1820, el padre y el hijo comenzaron su viaje para ir a ver la isla que le pertenecía a Phineas
Una vez que hubieron comenzado el viaje, Phineas no dejaba de
preguntar "¿Ya estamos cerca?. ¿La podemos ver desde la próxima colma?". Su
padre le contestaba una y otra vez que pronto estarían allí.
Por fin, su padre señaló una área boscosa y dijo. "Está allá justo
después de esos árboles" Phineas salto del vagón y corno hasta los árboles.
Sin pensarlo se metió entre los árboles, y
corno en medio de ellos para ver su isla Eventualmente llego a un claro Por fin pudo ver su Ivy Island
Lo que Phineas vio lo dejo estupefacto. Su Ivy Island no
era nada mas que cinco
acres de tierra de pantano infestada
de serpientes.
Se le había dicho
por años que esta isla era la mas
selecta de las tierras de todo Connecticut, pero en realidad
no tenia ningún valor. Era
un chiste —una broma de mal gusto. Phmeas se volvió y miro a su padre, el cual se reía a
carcajadas.
Phineas
no se rió. Nunca olvido el sentimiento. El sentimiento de haber perdido algo persistió. Nunca se
repuso del vacío que sentía por haber sido engañado.
De hecho, Phineas llego a hacer un negocio del arte de engañar a la gente.
Es probable que
usted haya oído del chico
con el nombre de P. T.
—no el dueño de tierras
sino el promotor.
Llego a ser famoso con esta frase.
“Cada minuto nace un aprovechado",
y paro el resto de su vida
probando cuan verdaderas sus palabras eran Phineas
llego a ser P. T. Barnum el del famoso Barnum & Bailey
Circus.
¿No siente usted compasión por
un chico que soñó con una herencia, solo para descubrir
que no había ninguna
herencia del todo?. Algunos de ustedes conocen como fue la experiencia para el pues habrán tenido perdidas similares. Puede que no se le hayan prometido poseer su propia isla, pero estaban contando con algo. Soñaban con algo que no llegó a ocurrir.
Tal vez usted haya
hecho votos matrimoniales con alguien que los rompió y le ha dejado una
cicatriz en su corazón la cual no desaparece. Tal vez usted le dio los mejores
años de su vida a una compañía. Usted confió en el compromiso que hicieron con
usted. Usted dependía de los beneficios para pensionarse, pero perdió el empleo
—o quizás la compañía quebró antes de que usted pudiera pensionarse.
Vivimos en un mundo
de promesas rotas y de sueños hechos añicos. Es un mundo en el que el futuro no
siempre resulta como lo esperábamos. Este mundo promete "islas" que
nos desilusionan.
Las promesas son
diferentes para con Dios. Dios jamás hace una promesa que no cumple. Sus
promesas nunca fallan. Hebreos 10.23 dice esto acerca de Dios: "Fiel
es el que prometió". Podemos confiar en las promesas de Dios. No
sólo es Dios fiel, sino que también podemos contar con el hecho de que Dios
tiene el poder de hacer lo que sea que haya prometido (Rom. 4.21).
Leemos en 1:3-14 que
Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en Cristo. Ésa es la
promesa de Dios para con nosotros, y gran parte de ella ya se ha cumplido.
Nos ha hecho su
pueblo escogido (1:4) y nos ha adoptado como hijos suyos (1:5). Nos ha redimido
por la sangre de Jesús (1:7) y nos ha concedido el perdón de pecados (1:7). Ha
hecho abundar para con nosotros las riquezas de su gracia (1:7-8). Nos ha dado
a conocer el misterio de su voluntad (1:9), y nos ha sellado con el Espíritu
Santo (1:13).
Dios nos ha dado certeza de que en Cristo no
vamos a ser defraudados, cuando llegue el momento de recibir nuestra herencia.
El Espíritu Santo "es las arras de nuestra herencia hasta la redención de
la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" (1:14).
Dios le da certeza a su pueblo de que recibirá una
increíble herencia que le dará gloria a Dios para siempre.
EL ESTAR EN CRISTO DESCRIBE LA BASE DE NUESTRA HERENCIA
Note lo que
Pablo dijo acerca de la importancia de estar en Cristo. Los cristianos de
origen judío fueron elegidos "en él" (1:10-11). Ellos
fueron los primeros en esperar "en Cristo" (1:12). Los
cristianos de origen gentil fueron incluidos en Cristo cuando oyeron y creyeron
en el evangelio (1:13). Ellos también fueron "en él, sellados con el
Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia..."
(1:13b-14a).
En 1:11-14, Pablo
hace énfasis en el estar en Cristo. De hecho, la frase "en
Cristo" ocurre en alguna forma nueve veces en el contexto
inmediato de 1:3-14. El estar en Cristo hace toda la diferencia. Es la base de
nuestra herencia. Podría ser bueno que hiciéramos una pausa y nos hiciéramos
una importante pregunta: ¿Cómo es que una persona entra en Cristo y recibe así
la promesa de su herencia?
En el margen de su Biblia, a la par de 1.3-14, podría desear
anotar esta Escritura:
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en
Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?.
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a
fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en vida nueva (Rom. 6.3-4).
En el bautismo
tomamos un viaje al Calvario. En el bautismo nos unimos a Cristo en la cruz y
somos bautizados en su muerte. Exactamente como Cristo lo dijo cuando estaba en
la cruz: "Consumado es", en el bautismo nuestra vida
antigua es consumada, en otras palabras ha terminado. En el bautismo nos unimos
a él en la sepultura. En el bautismo nos unimos a él en la resurrección a una
nueva vida.
Somos bautizados por
la fe en Cristo. Así es como llegamos a recibir toda bendición espiritual,
incluyendo nuestra herencia.
Quiero que recuerde
dos verdades. En primer lugar, fuera de Cristo, la única cosa eterna que se
recibe es la condenación. Cuando Cristo venga por segunda vez, él dará
"retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de
nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición..."
(2ª Tes. 1:8-9).
En segundo lugar, en Cristo, toda bendición espiritual se recibe, incluyendo la
herencia y la vida eterna. El estar en Cristo describe la base de nuestra
herencia.
EL RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO ESTABLECE LA CERTEZA DE NUESTRA
HERENCIA
"En él también
vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo
de la promesa, que es las arras de nuestra herencia" (1:13-14a;
énfasis nuestro). ¿Qué es lo que dice acerca del Espíritu Santo?
En primer lugar, “es
el sello en la vida de un cristiano”. Conocemos los sellos
notariales. Una persona que sirva como notario es testigo de la firma de un
documento y luego pone su sello en el documento lo cual da a entender su
autenticidad. Esto fue lo que John MacArthur comentó:
El sello del
cual Pablo habla aquí se refiere a la marca oficial de identificación que se
ponía en una carta, contrato u otros documentos importantes. El sello es
usualmente hecho de cera caliente, la cual se ponía en el documento y luego se
le imprimía con un anillo de sello.
Los sellos, en el mundo antiguo, comunicaban una o más de las
siguientes cosas:
1) Posesión. Los sellos funcionaban como
una marca en los animales o los esclavos. Eran como un sello en un libro el
cual indica quién es el verdadero dueño. El Espíritu Santo viene a morar dentro
del cristiano para indicar que él o ella ahora son posesión propia de Dios.
2) Protección. Un sello oficial, puesto en
un objeto, le advertía a la gente que éste estaba protegido por el poder y la
autoridad de las personas representadas por el sello. Pilato
selló la tumba de Jesús (Mateo 27:62-66). Su sello advirtió a la gente que no
debían mover la piedra. La advertencia estaba respaldada por la posición y el
poder oficiales de Pilato. El Espíritu Santo, en el
cristiano, actúa como una advertencia para Satanás y todos los poderes malignos
de que esta persona está bajo la protección de Dios.
3) Autenticidad. Un sello afirmaba la
genuinidad de aquello en lo cual aparecía. El Espíritu Santo en el cristiano o
la cristiana declara que éstos realmente son hijos de Dios, y herederos.
Si usted está en
Cristo, usted ha sido sellado con el Espíritu Santo. Esto no es cosa pequeña.
El Espíritu confirma que somos posesión de Dios, que Dios nos protege con su
poder, y que somos herederos genuinos.
Los certificados de
nacimiento son documentos importantes, ¿cierto?. Los necesitamos para poder obtener una
licencia de conducir, un permiso de matrimonio, o para ser admitidos a una
universidad. Cuando este mundo termine y todos comparezcamos ante Dios en el
juicio, él no va a pedirnos que le mostremos nuestros certificados de
nacimiento u otros documentos de identificación. Lo que Dios buscará es el sello
—el sello del Espíritu Santo. El Espíritu es el sello singular que viene sólo
de Dios y que sólo se los da a los que están en Cristo.
En segundo lugar. El
Espíritu Santo es un depósito que garantiza nuestra herencia. Fueron
tres oportunidades en las que los escritos de Pablo se refirieron al Espíritu
Santo como a un depósito o garantía (del griego: arrabon).
En 1:14 el Espíritu es descrito como "las arras" que
garantizan nuestra herencia. En segunda de Corintios 1.22 se menciona cómo Dios
"nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros
corazones", garantizando así lo que ha de venir, y Pablo reiteró
la idea en (2ª Corintios 5:5) donde se lee que Dios "nos ha dado las
arras del Espíritu".
La palabra que Pablo
usó era común en sus tiempos, y se refería a un depósito o pago de prima. Era
parte del precio de compra de algo. Ello garantizaba que el resto del pago se
haría en el momento apropiado.
¿Qué es lo que
significa exactamente que el Espíritu Santo sea un pago de garantía de nuestra
herencia?. Dios quiere que tengamos la seguridad de
que recibiremos la increíble herencia reservada para sus hijos. Es "una
herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos
para “nosotros" (1 Pedro 1:4).
Dios también quiere
que veamos que lo que tenemos ahora en Cristo es tan sólo un goce anticipado de
lo que vendrá. Piense en el gozo que usted tuvo cuando supo que sus pecados
estaban perdonados. Piense en la maravilla que usted experimenta durante el
momento de la adoración a Dios junto con los demás cristianos. Piense en el
amor, el gozo, la paz, y el fruto del Espíritu que ha aparecido en su vida
hasta este momento. Piense en todo lo que Dios ha hecho en su vida desde que
usted se convirtió en su hijo, y multiplique todo ello una y otra vez. Usted
todavía se quedará corto imaginando la plenitud de lo que Dios le tiene
reservado.
Los cristianos no
van a acabar en un estado de frustración, como le pasó a Phineas
con su isla. La vida no va a resultar en una mala jugada o en una gran
desilusión. Lo que ahora tenemos en Cristo es tan sólo el pago de la prima. Es
tan sólo un vislumbre de la increíble herencia que
Dios nos ha prometido.
EL OBJETIVO DE NUESTRA HERENCIA ES LA ALABANZA A DIOS
El Espíritu Santo es
"las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión
adquirida, para alabanza de “la gloria de Dios” (1:14; énfasis nuestro). Las palabras de
Pablo resuenan con alabanza para Dios. "Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo" (1:3). El versículo 6 proclama
alabanza para la gloriosa gracia de Dios. El versículo 12 menciona la alabanza
de su gloria. El versículo 14 declara
que el objetivo de la redención, el objetivo de la salvación, el objetivo de
que Dios haga posesión suya a los que están en Cristo, y el objetivo de la
plena herencia que les es dada a estos, es la “alabanza de su gloria”.
En el principio Dios
dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gén.
1:26). Dios quiso crear personas que
mostraran su gloria, su carácter y su semejanza en sus vidas. El quería personas que le alabaran, le
sirvieran, y se esforzaran a ser como él es.
El pecado llegó,
no obstante, y distorsionó la imagen de Dios en el hombre. Toda la historia de la Biblia y todo el plan de Dios ha
sido con el fin de llevarnos de nuevo a lo que Dios originalmente quiso para
nosotros. El logra esto a través de
redimirnos, salvarnos y recrearnos en Cristo.
Nuestra herencia es
aquella para lo cual fuimos creados para ser --
la imagen de Dios. Un día ello
sucederá. “Además ahora somos
hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que
cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él
es”. ( 1ª Juan 3:2) Cuando esto suceda, ¡Clamaremos con
alabanza! El objetivo de nuestra
herencia es la alabanza a Dios.
CONCLUSIÓN:
¿Tiene usted un
puñado de sueños hechos añico?. ¿Le ha roto alguien su corazón?. ¿Ha perdido algo
con lo que usted creía que podía contar?
No descarte la
esperanza para el futuro. Puede parecer
como que no hay nadie en quien confiar ni digno de ser creído; pero Dios es
diferente. Déjelo que le recuerde que el
es fiel. En Cristo, el Todopoderoso garantiza una creíble
herencia eterna. Es una herencia tan
maravillosa que cuando usted por fin la reciba, ¡Usted querrá alabar a Dios y
darle las gracias por toda la eternidad!. ¨
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