(3)
Los Redimidos
(Efesios 1:7-8)
En todo continente, en todo país, en toda
ciudad, y en toda familia, la gente se reúne a
veces, para llevar a cabo celebraciones. Por
ejemplo, la gente celebra los cumpleaños y los
aniversarios. Decoramos el lugar. Compramos tarjetas y regalos. Tomamos
fotografías o grabamos videocintas, para ayudarnos
a recordar la celebración y a todos los que participaron en ella.
Como nación que es,
los Estados Unidos celebran varios días feriados —el Día de la Conmemoración, el Día de la Independencia,
el Día del Trabajo y el Día de Acción de Gracias. En México tenemos el 16 se
septiembre. El cinco de mayo y tantas otras festividades. Estas celebraciones incluyen a la familia,
los amigos, las meriendas al aire libre, los fuegos artificiales y los desfiles. A través de
estas ocasiones especiales recordamos dónde hemos estado como nación, lo que nos ha traído hasta hoy, aquello por lo cual existimos y la forma como
encajamos en la historia.
Cuando recurrimos a la Biblia, descubrimos que la celebración más importante de
nuestras vidas debe ser la celebración de lo que Dios ha hecho por nosotros a
través de Cristo. Toda asamblea pública del pueblo de Dios debería ser una gran
celebración acerca de quién es Cristo y de lo que él ha hecho.
Las palabras de
apertura del libro de Efesios resuenan con celebración en las alabanzas de Pablo hacia Dios por
todo lo que él nos ha dado en Cristo. Hallamos en (1:3-14) una sola oración
saturada con celebración.
En un
"trompetazo" de alabanza. Pablo celebró que Dios nos haya bendecido con toda
bendición espiritual en Cristo (1:3). El celebraba que Dios nos había hecho su
pueblo escogido en Cristo (1:4). Él celebraba que Dios nos había adoptado para
ser sus hijos (1:5). Él celebraba la gracia que se nos ha dado libremente en
Cristo (1:6).
Luego venimos a esta
espectacular declaración: "...
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón
de pecados, según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros..." (1:7-8).
En Cristo celebramos el hecho de que estamos
redimidos. ¿Cómo se da a conocer esta celebración?.
CELEBRAMOS EL SIGNIFICADO DE LA REDENCIÓN
"... en quien tenemos redención por su sangre...”(1:7). Pablo celebraba la redención
en Cristo, pero ¿qué daba a entender con la palabra
"redención"?. Recuerde estas dos palabras:
"condición" y "costo".
La redención nos
dice algo acerca de la condición en la cual nos
encontrábamos antes de ser redimidos. Un comentarista hizo la siguiente
observación: "La idea fundamental de la redención es la de liberar algo o
a alguien que ha llegado a pertenecerle a otro".
En el Antiguo
Testamento, la redención era el precio que se
pagaba para obtener la libertad de un esclavo. La redención fue también lo que
Dios hizo por Israel cuando los libertó de la esclavitud en Egipto. La
redención significa liberación o libertad del control de otro. Pablo escribió
acerca de estar "vendido al pecado" (Rom. 7:14). La redención nos recuerda la condición en la
que nos encontrábamos antes de
que viniéramos a Cristo. El pecado era
nuestro amo.
Para comprender el
significado de la redención, necesitamos comprender la condición pecaminosa en
la que nos encontrábamos. También
necesitamos estar conscientes del costo que se pagó para que saliéramos de tal
condición. ¿Cuál fue el costo de
la redención?. Esto fue lo que Pablo dijo "
tenemos redención por su sangre ". La redención no fue barata. El costo fue todo
lo alto que pudo llegar a ser Jesús mismo dijo que él vino "a dar su
vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45). Esto fue lo que Pedro dijo: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa
de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, " (1ª Pedro 1:18-19)
Hebreos dice que Cristo "... por su propia
sangre, entro una vez para siempre en el Lugar Santísimo,
habiendo obtenido
eterna redención" (Hebreos
9:12). Nuestra redención se realizó al más alto
precio que uno se puede imaginar —la violenta muerte
del Hijo de Dios
No podemos evitar sentir pesar cuando miramos transmisiones por televisión en las que alguna guerra civil esté ocurriendo en
alguna parte del mundo. La gente se
levanta todos los días sin saber que esperar. Las familias se separan todas las mañanas sin saber si se verán unos
a otros nuevamente al final del día. Es una situación horrible. Debería
hacer que la gente libre como yo, aprecie la relativa seguridad y libertad
que tenemos. Lo que disfruto junto con los
demás se realizó pagándose
un alto precio por ello. Las hileras de
cruces blancas que se encuentran en lugares como el “Cementerio Nacional de Arlington, donde
más de 160 000 americanos muertos en guerra están
enterrados, están allí como un recordatorio del precio de la libertad”.
Jesús puso su vida por
nosotros. Si
él no hubiera ido al
Calvario, no habría esperanza para ninguno de nosotros.
El pagó por nuestra redención. Él es nuestro redentor.
¿Qué
hacemos con esta verdad?. ¿Simplemente la
almacenamos en nuestras mentes? ¿Simplemente
cantamos sobre ella?.
¿Simplemente la recordamos en forma ocasional?. El propósito de
Jesús para la verdad de la redención es que ella signifique una importante diferencia en nuestras vidas. El nos
redimió con el fin de que pudiéramos
llegar a ser lo que Dios siempre
quiso que fuéramos
—gente que le honra, que le obedece, que disfruta de su presencia y
le alaba. Cuando yo elijo ir en contra de este
plan y vivo en el pecado, estoy eligiendo vivir como si su muerte en la cruz nunca hubiera ocurrido, como si no tuviera significado, como si no mereciera ninguna consideración, y como si el derramamiento de su sangre y su muerte por mí no importaran.
El significado de la redención es
que Jesús pagó el precio
marcado en la etiqueta para llevarnos adonde Dios quiere que estemos
—fuera del infierno y
preparados para el cielo
CELEBRAMOS EL RESULTADO DE LA REDENCIÓN
"En Cristo”
tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados...(1:7,
énfasis nuestro).
El resultado de la redención es el perdón de pecados.
El sustantivo "perdón" (del griego aphesis) viene
de un verbo que significa "despedir, mandar, apartar". Dios despide nuestros pecados.
Ya no se interponen entre nosotros y Dios.
Los que vivieron bajo el Antiguo Testamento
tenían un macho cabrío para la expiación. El día de la expiación, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre éste como un
símbolo de la transferencia
de todos los pecados del pueblo al macho cabrío. El macho cabrío era después llevado fuera, a un lugar remoto en el desierto, de manera que este no pudiera
regresar nunca más al campo. El macho
cabrío se había ido,
así también nuestros pecados (Levítico 16)
Jesucristo llegó a ser nuestro macho cabrio expiatorio. El
llevó nuestra culpa y aceptó el castigo mas Jehová cargo en el
pecado de todos nosotros (Isaías 53: 6)
Al que no
conoció pecado, por
nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en el (2ª Corintios 5:21). Quien llevó el mismo nuestros pecado en su
cuerpo sobre el madero (1ª Pedro 2:24)
Una vez se le
preguntó a un grupo de gente acerca de sus creencias
religiosas. Fueron vanas las ideas
que se expresaron acerca del cielo v del infierno. Una de
las opiniones más
comunes, de muchos de los encuestados, fue
esta. Donde
uno pase la eternidad depende de cuán bueno
uno sea. En otras palabras,
si una persona consigue
no enredarse, se preocupa por sus responsabilidades, trata a la gente bien, y parece que es mas lo bueno que se puede decir de ella, que lo malo
entonces tal persona ira al cielo.
Tal idea no se
puede hallar en la Biblia.
La
Biblia enseña que ninguno de nosotros es bueno lo suficiente como para ir al
cielo "No hay justo, ni aun uno (Rom. 3:10) "
todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3: 23), 'Porque la paga del pecado es muerte, mas la
dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 6:23)
Los tres versículos
citados por si solos desautorizan la noción de que la bondad hace que la gente
llegue al cielo. No tiene nada que ver
el que usted sea seleccionado como el más sobresaliente estudiante de su
escuela, reconocido por el club cívico como el ciudadano modelo, o respetado en
su congregación como la persona que se preocupa y esta más llena de
compasión. Usted no puede entrar al
cielo simplemente porque usted se ve a si mismo como alguien básicamente
bueno. La bondad no nos va a llevar al
cielo. Ninguno de nosotros puede ser
bueno lo suficiente como para ello.
Nuestros pecados se han encargado de que así sea.
La primera vez que
yo pequé, la primera vez que usted pecó, llegó a ser imposible que nosotros
pudiésemos entrar al cielo mediante el ser buenos. Ninguno de nosotros puede hacer algo para "quitarle
el pecado" a un pecador.
Aparte de lo bueno que podríamos parecerles a otros, no somos aceptables
delante de Dios. No podemos hacernos
aceptables delante de Dios. Sólo Dios
puede hacer esto por medio de perdonarnos.
El lo hace a través de enviar el pecado lejos. Por eso es que celebramos el resultado de la
redención —el perdón de pecados.
CELEBRAMOS LA MEDIDA DE LA REDENCIÓN
“... en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de
pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con
nosotros " (1:7-8) Pablo declaró la vastedad y completa realización de nuestro
perdón El punto al cual hemos sido perdonados se mide por los límites de la
gracia que Dios hace fluir a nuestras vidas
Dios redime y
perdona según las riquezas de su gracia Dios no tiene una cuota Dios no le
permite a una persona un numero determinado de pecados "capitales"
que ella mejor no excede. Mas cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia" (Rom. 5:20). Ningún ser humano
puede pecar y quedar por ello más allá del alcance de la gracia de Dios
Nuestros pecados nunca podrán ser tan horribles,
nunca tan numerosos, que su gracia no pueda hacerse cargo de ellos.
La verdad es ésta. La bondad no lo llevará a usted al cielo por
más grande que sea el esfuerzo que usted haga, no obstante, el haber pecado
excepcionalmente no le excluirá del cielo, si deposita su confianza en Jesús.
Thom
Lemmons escribió una novela que lleva a los lectores
al primer siglo, al tiempo de la cruz de Cristo, y a los años que
siguieron. El principal personaje es un
carpintero llamado Linus quien fue abruptamente
levantado una noche y llamado a construir una cruz para la crucifixión de un
maestro rebelde de Nazaret. Lo
hizo. Más adelante, ese mismo día Linus paró y miró a Jesús de Nazaret, sangrando y muriendo
en la cruz, que él había hecho.
La culpa lo abrumó. Huyó de Jerusalén y emprendió una búsqueda de
la verdad y el significado de la vida.
Años más tarde, la memoria del moribundo maestro Galileo todavía lo
perseguía. Linus
conoció a un hombre de Tarso, llamado Saulo.
En su imaginada reunión, Linus y Saulo
tuvieron esta conversación:
"Soy culpable
—directamente culpable de su sangre. Yo sabia, y sentía que el era inocente, y
aun así yo—" no podía hacer que salieran las palabras, su mente estaba
absorbida por la sangre de un hombre inocente. "Yo construí la cruz sobre
la cual lo mataron", susurro por fin, con una voz que se ahogaba en la pena
y la confusión "Yo sabia, y aun así consentí…"
Saulo se
inclino hacia adelante y tomo el brazo de aquel hombre. "Es obvio que no
podrás imaginarte que tienes mas culpa que yo en esto, carpintero. Pero ninguno de nosotros puede escapar de su
parte en esta muerte. ¿No comprendes. Él es el cordero de la Pascua, que fue
inmolado una vez por los pecados de todo el mundo —de todos los que jamás han
vivido o vivirán.
Lagrimas ardientes comenzaron a escurrir de los ojos de Linus. Sacudió la cabeza, incapaz de ver, incapaz para
permitirse aceptarlo.
"Piensa
en ello de esta forma, mi amigo", continuo Saulo. "Si tu obra contribuyo a su muerte, también contribuyo a una nueva vida para toda la
creación. No fue que simplemente
construiste una cruz, Linus. También
construiste un altar".
La cruz confirma que
no importa cuan demasiados ni cuan horribles nuestros pecados hayan sido. La gracia de Dios siempre podrá hacer algo
respecto a ello. s Los hombres tomaron al hijo de Dios, el cual era perfecto, lo
despojaron de sus ropas y lo azotaron, luego lo colgaron de una cruz para que
muriera como un criminal común. Hicieron
todo lo que pudieron para humillar, herir y destruir a Jesús. Sin embargo, la gracia de Dios fue más grande
que los pecados de ellos. Dios tomó lo
que ellos le hicieron a Jesús e hizo posible el perdón a través de la sangre de
éste.
CONCLUSIÓN:
¿Se ha unido a la
celebración alguna vez de la redención?. Recuerde, la bondad no le llevará al
cielo. La única manera de entrar al
cielo es estando en Jesús. ¿Está usted
en Jesús?.
Conságrele su vida a él. ¡No lo
posponga un día más!.
La redención es todavía una realidad.
El perdón todavía es ofrecido. La
gracia todavía fluye. ¨
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