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Vivir como es propio del
pueblo de Dios
(Efesios 4:1)
¿Ha firmado alguna
vez un compromiso de vivir a la altura de ciertas normas?. Puede ser que sus padres hayan firmado algún
trozo de papel, en el cual estaba escrita alguna promesa de seguir las reglas
de la escuela. En el trabajo es posible que usted haya
firmado algún documento, en el que expresaba estar de acuerdo con respetar las
políticas de la compañía. Cuando usted se une a casi cualquier organización, se
espera de usted que siga las normas de ésta.
Cuando yo me
convertí en cristiano, recuerdo haber firmado tan
sólo una tarjeta. Aquel domingo por la noche,
cuando puse a un lado el himnario y fui al frente
del auditorio, estaba nervioso; me sudaban las
palmas de mis manos y me temblaban las rodillas. El predicador me dio una
tarjeta en la que se me preguntaba por mi nombre y dirección. La tarjeta
también me pedía seleccionar una de tres opciones: "Deseo ser
bautizado", "Deseo confesar
mis pecados", "Deseo
ser miembro". Yo marqué la que decía:
"Deseo ser bautizado". Cuando salí del agua,
nadie me pidió que firmara nada que dijera que yo debía vivir según las normas
de la iglesia. No es que en la iglesia no las haya. Las hay. Dios nos obliga a
la observancia de ciertas normas. Espera que nos comportemos como sus hijos.
En la última parte
de Efesios, Pablo estableció algunas normas básicas
para la iglesia. Describió la clase de vida que se espera que viva el
cristiano.
Pablo siguió un
patrón de fácil predicción en sus cartas —la primera parte era una sección
doctrinal, y luego a ésta le seguía una sección práctica. Los primeros tres
capítulos de Efesios contienen una gran dosis de doctrina. En los capítulos del
4 al 6, Pablo pasó de lo doctrinal a lo práctico de la vida en Cristo.
Efesios 4:1 sirve
como puente entre lo doctrinal y lo práctico: "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno
de la vocación con que fuisteis llamados". Una versión dice: "Estoy
en prisión porque pertenezco al Señor. Dios los escogió a ustedes para ser
pueblo de él, y yo les digo ahora que vivan de la
manera como el pueblo de Dios debe vivir". Desde el capítulo 4 hasta el 6,
Pablo describe lo que esto conlleva. Él reveló cómo vivir de la manera como el
pueblo de Dios debe vivir.
Pablo tenía fuertes
convicciones acerca de la vida cristiana. La NVI
traduce el versículo 1 así: "Por eso yo, que estoy preso por la causa del
Señor, les ruego que vivan de una manera digna del
llamamiento que han recibido". La palabra del griego que se traduce como
"ruego" es parakaleo, la cual Pablo usó para
expresar su profunda y duradera preocupación.
Cuando yo estaba en
la secundaria, a menudo me comportaba como si lo supiera todo. Durante este
período, mi padre y yo estuvimos en desacuerdo
muchas veces. Una vez, cuando él hacía un viaje de negocios, me escribió una carta acerca de la vida, la comparaba con un juego de baloncesto. Hace pocos
años encontré esa carta. El papel se había envejecido,
se había puesto flácido y suave. La tinta se había
desteñido, pero el ruego de las palabras no. La intensidad todavía saturaba
cada frase. Todavía era evidente que él había puesto su corazón en aquella
carta.
Pablo puso su
corazón en su carta a los Efesios. Le rogó a la iglesia que viviera una vida
digna del llamamiento que había recibido. Han pasado casi dos mil años desde
que Efesios se escribió, sin embargo, no se ha perdido ni una pizca de su
ruego. Este llamamiento, a vivir una vida digna, es tan moderno, tan fuerte, y
tan necesario hoy día, como lo fue para los cristianos de Efeso.
Tal vez desee
destacar otra palabra clave: la palabra "digno" (del griego: axios). ¿Qué significa
"digno"?. Cuando yo era
miembro de una congregación en Midland, Texas, ocasionalmente íbamos a un
parque, donde teníamos una merienda y helados al aire libre. Los adultos
jugaban Voleibol, y los niños se montaban en algo llamado balancín. No se
necesita mucha habilidad para jugar en él, pero sí se requiere equilibrio. Una
persona sola no puede hacerlo. Se necesitan dos personas para que un balancín
suba y baje. Un balancín sólo funciona con una persona en cada extremo.
La palabra que Pablo
usa, de la cual se traduce "digno", expresa esa idea.
Significa literalmente "aquello que se balancea". Pablo insistía en
que debía haber un balance entre la doctrina y la práctica. Se esforzó por
describir lo que Cristo ha hecho para con nosotros, quiénes somos al estar en
Cristo y lo que tenemos estando en Cristo. Pablo no dio a entender que fuera
suficiente con conocer la doctrina. Quiso que viéramos quiénes somos, y así
pudiéramos comportarnos acorde con esa identidad.
Los capítulos del 4
al 6, nos muestran cómo actuar según lo que somos. Las palabras de Pablo
describen a los hijos de Dios y lo que ellos hacen para vivir como tales en el
mundo real. He aquí un bosquejo simple de los contenidos de estos tres
capítulos:
1) Armonía (4:1-16) —Dele la más alta prioridad a la
unidad dentro del cuerpo de Cristo.
2) Santidad (4:17—6.9) —Ocúpese seriamente de la piedad
dentro del cuerpo de Cristo.
3) Hostilidad (6:10-23) —Espere la resistencia de Satanás a
cada paso del camino.
En un extremo del "balancín"
está el conocimiento acerca de la iglesia. Éste incluye una comprensión del
concepto de la gracia, el darse cuenta de la necesidad de ser redimidos, el
maravillarse por el misterio, y el ponderar el poder necesario para medir el
amor del Salvador.
¿Y qué se encuentra
al otro lado del "balancín"?.
¿Qué hay acerca de la vida de la iglesia de Dios?. ¿Por qué todavía existe el chisme?. ¿Y qué de aquellos
que todavía tienen espíritu de juzgar a otros?. ¿Cómo hemos de tratar con las palabras, cuyo
fin es destruir en lugar de construir?. ¿Cómo es que podemos apreciar un sermón sobre
el amor que Cristo tiene para con nosotros y, a la vez, ser tan poco
cariñosos con el esposo o la esposa?. ¿Cómo es que podemos cantar frases como:
"Señor, enaltezco tu nombre en las alturas", y luego mostrar falta de
respeto a los padres que el Señor nos ha dado?
¿Ve usted la
posición de Pablo?.
Somos llamados, no sólo a saber lo que el pueblo de Dios debería saber,
sino también a vivir de la manera como el pueblo de Dios debería vivir.
EL LLAMAMIENTO
Lea nuevamente las
palabras de 4:1: "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es
digno de la vocación con que fuisteis llamados". Ya hemos visto que Pablo
usó la palabra "ruego", con el fin de expresar
intensidad. La palabra "digno" aborda el balance necesario entre la
doctrina acerca de quiénes somos y de lo que tenemos estando en Cristo, y la
diferencia práctica que nuestro llamamiento significa en la manera como vivimos
nuestras vidas.
Examinemos una
palabra más: "vocación" (del griego: klesis). Esto fue lo que Pablo escribió:
"... que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis
llamados". La palabra "vocación" proviene de una raíz verbal, la cual lleva la
idea de hablar a otro con el fin de hacer que esa persona se acerque. Durante
mi niñez, cuando mi madre había terminado de preparar la cena, ella nos
llamaba. Quería que la familia se reuniera para cenar. Esto encierra la idea
básica de este verbo. Como cristianos que somos, hemos recibido un llamamiento
de Dios. Nos ha hablado a través de su palabra y a través de su Hijo, porque él
quiere unirnos a cada uno de nosotros con él.
En el Nuevo
Testamento, la forma verbal del verbo "llamar" se usa
para asignar cierto nombre a una persona. A José se le dijo que María daría a
luz un hijo y que ese hijo había de ser llamado Jesús (Mateo 1:21). Cuando
respondemos obedientemente a Jesús, Dios nos da
nombres nuevos, o designaciones. Nos llama "santos",
"hijos e hijas", "niños", "los redimidos", "coherederos con Cristo", "hechura suya" y "su familia".
El mismo verbo
aparece, cuando alguien es nombrado en un cargo de
responsabilidad. Pablo dijo que él fue "llamado" a ser un apóstol (Rom. 1.1). Dios escogió a Pablo para una tarea. Nuestro
llamamiento incluye la responsabilidad también: Hemos sido salvos para servir.
Dios nos ha apartado para la tarea de representar a Jesús ante el mundo.
Una tercera manera
como el verbo “llamar” se usa, se relaciona con la invitación a un banquete. En
Mateo 22, Jesús contó una parábola acerca del banquete de bodas. Un rey había
preparado un espléndido banquete. Envió a sus siervos a llamar a la gente para
que vinieran al banquete. Los que estamos en Cristo hemos recibido una
invitación personal a entrar al banquete del reino de Dios. Esto es lo que
Apocalipsis 19:9 dice: "Bienaventurados los que son llamados a la
cena de las bodas del Cordero".
Una última forma
como la palabra "llamar" aparece en el Nuevo Testamento se refiere a
las convocaciones de la corte. Pedro y Juan fueron llamados a comparecer, ante
el concilio (Hechos 4:18). Pablo fue llamado a comparecer ante Félix (Hechos
24:2). El llamamiento se puede referir a una convocación a comparecer ante un
juez para rendirle cuentas. ¿No es eso parte de nuestro llamamiento?
Hemos sido llamados a comparecer ante el Juez de jueces.
Con todas sus
connotaciones combinadas, "llamar" significa hablarles a otros con el
fin de acercarlos. Dios hace esto al llamarnos sus hijos e hijas. Nos acerca
cuando nos llama al servicio. Nos acerca cuando nos hace una invitación
personal al banquete de bodas del Cordero. Dios nos acerca, todavía más, cuando
nos convoca a comparecer ante el Juez, cuando nuestras vidas hayan terminado.
En efecto, Efesios
nos dice: "Cristianos, vivan al nivel del llamamiento. Vivan como el
pueblo que Dios ha llamado. No olviden quiénes son. Vivan como es digno del
llamamiento".
Eso es más fácil
decirlo que hacerlo. Tal como dicen algunos hoy: "Puede ser que se
las arregle hablándolo, pero ¿estará haciéndolo?".
CONCLUSIÓN
El orgullo de ser parte de una escuela es a menudo recalcado
en los estudiantes de secundaria. Los oficiales de la escuela hacen énfasis en
la lealtad a las tradiciones de la escuela y en la reflexión en los valores
escolares. Esto era importante cuando yo asistía a la escuela. La mayoría de
los adultos pueden todavía recordar la responsabilidad de vivir a la altura del
llamamiento de sus escuelas.
Esta Escritura nos
desafía a vivir a la altura de otro llamamiento —a ser como Cristo. Somos hijos
e hijas de Dios. Jesús, como Hijo de Dios que es, vino a la tierra para
mostrarnos lo que significa vivir como deben hacerlo los hijos de Dios. Él nos
ha mostrado aquello que hemos sido llamados a ser. ¿Está usted viviendo a la
altura de su llamamiento en Cristo?
Las siguientes son
maneras como usted puede andar "como es digno de la vocación":
1)
Examine su condición espiritual. Pídale a Dios que le
revele las características de su vida que no encajan con su llamamiento.
2)
Elija un cambio que sea necesario y
empiece a trabajar en ello esta semana. El cambio ocurre cuando somos
específicos. Especifique una meta para esta semana. Cuando usted vaya a los
servicios nuevamente el próximo domingo, usted puede glorificar a Dios por
ayudarle a usted a dar otro paso hacia una vida “digna” de la vocación con
que “usted fue llamado”. ¨
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