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(Efesios 2:11-18)
Kent Hughes contaba acerca de John
Reed, un hombre que conducía un bus escolar en
Australia. El bus transportaba niños blancos y aborígenes. Los chicos
estaban constantemente haciendo escándalo y peleando. Por fin,
John decidió que ya había oído toda la discsión
entre los muchachos que podía aguantar. Detuvo el bus a un lado del camino y
les dijo a los chicos blancos: "¿De qué color
son ustedes?".
"Blancos".
"No, ustedes son
verdes. Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué
color son ustedes?".
Los chicos respondieron:
"verdes".
Luego John les habló
a los aborígenes y les preguntó: "¿De qué
color son ustedes?".
"Negros", dijeron.
"No, ustedes son verdes.
Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué color son ustedes?".
Esto pareció ponerle
fin a la discusión y al escándalo - por un rato.
Varias millas adelante, uno de los chicos les dijo a los demás, "Está bien, verde claro en este lado del bus, y verde oscuro en aquél". Y luego el escándalo
comenzó nuevamente.
Aunque esta solución
no duró, el conductor del bus sabía lo que se necesitaba hacer. La situación
que se estaba dando en el bus hacía necesaria una nueva raza, sin distinción por el color —ni negros ni blancos,
tan sólo verdes.
Para que la gente viva en armonía,
no deben hacerse distinciones.
La carta de Pablo a
los Efesios habla de la creación de una nueva raza.
Esta carta proclama que Jesús vino al mundo a crear esta nueva raza.
Varios años después
de que Pablo escribió el libro de Efesios, Clemente de Alejandría, un cristiano del segundo siglo, se refirió a esta nueva raza en uno de sus escritos:
"Los que adoramos a Dios de una
nueva forma, como la tercera raza que somos, somos cristianos".
Los cristianos son la tercera raza. Somos la nueva comunidad
de Dios, la nueva sociedad de Dios.
“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha
con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los
pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en
el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo
estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la
sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de
ambos pueblos hizo uno, derribando la pared
intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo
hombre, haciendo la paz,
y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en
ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que
estabais lejos, y a los que están cerca; porque por
medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al
Padre”.
Si pudiéramos
encerrar en una sola declaración la afirmación fundamental de este pasaje,
sería la siguiente: El propósito de Jesús es que ¡os
cristianos comprendan que ellos representan una nueva raza de personas.
DESARROLLAMOS NUESTRO APRECIO DE LA
NUEVA RAZA POR MEDIO DE RECORDAR NUESTRO PASADO
¿Por qué deberíamos
alegrarnos de esta conversación acerca de una nueva raza?. La respuesta se encuentra en los versículos
11 y 12. Nuestro aprecio de la nueva
raza crece al recordar nosotros la vida antigua. Hay una palabra con la cual se
describe esa vida —alienación. La vida antigua conllevaba alienación de Dios y
de otras personas.
Este mundo no es la
clase de lugar en el que uno es para todos y todos son para uno, ¿acaso lo es?. Las personas de
este mundo no se llevan bien. Existen contiendas entre las naciones. En
nuestras grandes ciudades, las pandillas marcan sus límites territoriales y
matan a los que los cruzan. En nuestros hogares abundan las peleas domésticas.
La tasa de divorcios crece vertiginosamente. Aun dentro de la iglesia, se
marcan líneas de división y algunas personas están separadas de otras. La
alienación caracteriza a nuestro mundo.
Pablo abordó este
problema. El cristianismo no esquiva el fracaso de las personas al no llevarse
bien unas con otras. De hecho, Pablo vio el cristianismo como una forma de
enfrentar esta cuestión frontalmente. En el mundo de los tiempos de Pablo,
había dos grupos de personas que estaban completamente alienadas unas de otras:
los judíos y los gentiles. Los judíos apodaban a los gentiles como los "incircuncisos".
La intención de tal designación era mofarse y ridiculizar a una raza entera. Se
dice de un prominente rabino, que cuando se le preguntó por qué creó Dios
tantos gentiles, esto fue lo que contestó: “Para que pueda haber
suficiente combustible para los fuegos del Gehenna (infierno)”.
La hostilidad que había entre estos dos
grupos era tan intensa que llegó a ser ilegal que un judío le ayudara a una
gentil que estuviera dando a luz, ayudando así a que hubiera otro gentil en el
mundo. Si un judío se casaba con una gentil, la pérdida de la familia era
comparada con la muerte, y la familia del judío celebraba un funeral. Cuando un
Judío entraba a Palestina, éste se sacudía el polvo de
sus pies para que la tierra de los gentiles no contaminara la Tierra Santa. Tal
era el odio de los judíos hacia los gentiles. Para los gentiles, el sentimiento
era mutuo; despreciaban a los judíos.
Pablo les escribía a
cristianos que habían sido gentiles, que sabían desde la niñez que ellos eran
despreciados por los judíos, y que habían odiado ellos mismos a todos los
judíos una vez. Pablo envió esta carta para informarles a estos gentiles
cristianos que ellos habían llegado a ser parte de una nueva raza la cual
incluía tanto a los judíos como a los gentiles. Dentro de esta nueva raza, todo
odio racial, disgusto y maltrato habían de acabarse.
Efesios 2:11-12 también hablan acerca del fin de la
alienación entre los seres humanos y Dios. El versículo 12 da una descripción
de cinco dobleces de la alienación gentil de Dios:
1) ... estabais... sin Cristo. Los gentiles no sabían
que toda la historia hallaba su significado y propósito en Jesucristo.
2) ... estabais... excluidos
de la ciudadanía de Israel. Los gentiles no
recibieron los derechos ciudadanos naturales que les pertenecían por nacimiento
a los descendientes de Abraham.
3) ... estabais... ajenos a
los pactos de la promesa. Estaban mirando desde
afuera.
4) ... estabais... sin
esperanza.
No tenían esperanza porque no tenían a Cristo.
5) ... estabais... sin Dios. No conocían a Dios. No
tenían una verdadera relación con él.
Glenn Owen tuvo una experiencia conmovedora durante un viaje
que hizo a Ucrania, cuando ésta era parte de la Unión Soviética. Contaba acerca
de un encuentro con una mujer en Kiev. Ella sostenía una Biblia en su mano y le
decía a Glenn: "Tengo la esperanza del mundo en mis manos".
Glenn compartió su reacción a lo que ella dijo:
“... la miré con
cierta apretazón en mi garganta... Había cierta
tristeza en su voz, cierta tristeza en sus ojos,
cierta tristeza en su corazón. Pero había en esta dulce dama un espíritu de
esperanza. En su maltratado corazón ardía la llama de la esperanza que siempre
arde en aquellos que están abiertos a Dios. Ella sabía, mientras acariciaba
suavemente la Biblia, que ella tenía la razón para su esperanza...
Nuestras lágrimas se
unieron a las de ella cuando oímos su relato y compartimos su dolor. Su único
hijo había muerto tan sólo dieciocho meses atrás a causa de la toxicidad por
radiación que se produjo en el accidente nuclear de Chernobyl. El esposo de ella había muerto
por un tratamiento médico inadecuado tan sólo tres meses atrás. Ahora ella
había venido buscando consuelo y esperanza.
“... Esta gentil y callada dama ucraniana sabía que su esperanza
residía en Jesucristo, el Hijo de Dios.
El gobierno de ella le había fallado. La vida en cierto sentido le había
fallado. La vida de sus seres mas queridos se había
esfumado. Estando sola, no tenia ningún recurso humano
del cual depender. No tenia
razón, excepto Jesús, para tener esperanza. Él es la única esperanza para
cualquiera de nosotros.
Antes de Jesús
estábamos todos sin esperanza, pero Jesús revolucionó nuestras vidas. El ofrece esta esperanza a cualquier persona
que se vuelve a él. Justo cuando usted
se pregunta .¿De qué sirve? —justo cuando la vida
parece no llevar a ningún lado— Jesús entra y cambia todo.
Note cómo Pablo
afirmó esto en el versículo 13: "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros
que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de
Cristo". Considere lo que este
pasaje dice, pues "estar en Cristo" significa toda la
diferencia. La frase "en Cristo
Jesús" describe a la nueva raza. Es
una comunidad de personas que nació "por la sangre de Cristo"
Cuando pensamos en
aquello a lo cual nuestras vidas habrían llegado a parecerse sino fuera por la
diferencia que Jesús ha significado, todos deberíamos agradecer y alabar a Dios
porque Jesús hizo el sacrificio para darnos
esperanza. Crecemos en nuestro aprecio de la nueva raza cuando recordamos nuestras vidas pasadas.
LE DEBEMOS NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA NUEVA RAZA A NUESTRO
SEÑOR
Le debemos nuestra
participación en la nueva raza,
completa, plena y totalmente a Jesús. Únicamente él es el que ha hecho posible la nueva raza.
¿Cómo hizo Jesús
esto?. Examine los verbos de los versículos
15 y 16.
Para comenzar. Jesús hizo posible la tercera raza mediante "abolir” en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos
expresados en ordenanzas. Jesús suprimió la antigua religión judía.
Jesús dejo bien claro que el cristianismo es el único camino para llegar a Dios. Esto fue lo que dijo: "Yo
soy el camino, y la
verdad, y la vida, nadie
viene al Padre sino por
mi" (Juan 14 6). Esto fue lo que Pedro dijo: "Y en ningún
otro hay salvación, porque
no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los
hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos
412)
Jesús no murió para perpetuar la separación
y la alienación de los
demás con base en la religión. Murió para ponerle punto final a la división religiosa.
Nótese otra cosa que
Jesús hizo. La ultima parte del versículo 15
dice " para crear en si mismo de los dos un solo
y nuevo hombre, haciendo la paz". No solamente abolió
algo, también creo
algo. ¿Qué fue lo que Jesús quiso crear?. El vino a crear en
sí mismo un nuevo hombre. La palabra "nuevo" es importante Neos significa "nuevo" en cuanto al tiempo. Algo es
nuevo si nació recientemente. Hay
una segunda palabra del griego, kainos, que significa "nuevo" en calidad. Algo es nuevo en el sentido de que ha cambiado o
mejorado hasta el punto de que parece completamente
diferente.
En el versículo
15, Pablo uso esta segunda palabra de la
cual se traduce "nuevo". El
quería que los cristianos
se dieran cuenta de que Jesús
vino a crear a un "nuevo hombre" —una calidad de la existencia humana no conocida
anteriormente— una nueva raza.
El versículo 16 nos
da una tercera acción de la palabra, o verbo, asociado con
Jesús. Nos dice
las metas que Jesús tema en mente cuando creo el "un
solo nuevo hombre". Pablo dijo que fue para "reconciliar con Dios a ambos en un
solo cuerpo “mediante la
cruz”, matando en ella las enemistades"
Jesús hizo esto en la cruz.
Él reconcilio la
tercera raza —la nueva humanidad, el que ahora era uno solo— con Dios. Él hizo que Dios y el hombre
se juntaran nuevamente Jesús también hizo que los hombres se juntaran nuevamente entre si
Robert
Louis Stevenson contaba
un relato acerca de dos hermanas solteras, las
cuales compartían un apartamento con un solo dormitorio. Eventualmente el abarrotado espacio en el que vivían causo que a ambas se les alteraran los nervios. Un día tuvieron una acalorada
discusión sobre
religión. Su disgusto
llego a ser tan severo, y se hicieron comentarios tan
llenos de odio la una a la otra, que llegaron al punto de no hablarse la una a
la otra después del argumento.
Los días se
convirtieron en meses. Continuaron viviendo juntas en silencio. Ninguna de las
dos tenía suficiente dinero para conseguir otro apartamento, así que se
quedaron en la única habitación, sin hablarse la una a la otra. Dibujaron una
línea con tiza en el piso para separar el territorio de cada una. Por años se
odiaron mutuamente y nunca se dijeron una palabra la una a la otra. Por la
noche cada una se acostaba mientras escuchaba la respiración de la otra, la que
había llegado a ser la enemiga. Vivieron en aquellas miserables circunstancias
por el resto de sus vidas.
Esto sucede no sólo en la literatura; sucede en la vida real
también. Lo he visto en ciertas congregaciones. Tal vez no lleguemos al extremo
de dibujar líneas sobre el piso con tiza, pero a pesar de esto, están allí. Las
personas que llevan el nombre de Cristo tienen poco o nada que ver unas con
otras. Los sentimientos de ser superiores a otros en lo espiritual, prevalecen.
Yo le puedo decir, con base en la autoridad de la palabra de
Dios, que cuando la hostilidad, la separación o la división existe en el cuerpo
de Cristo, ello va en contra de todo aquello por lo cual Jesús murió. Jesús
vino a reconciliar —a crear una sola,
nueva y unificada humanidad.
CONCLUSIÓN
La humanidad que se
encuentra fuera de Jesús es un desastre. Las noticias de la noche, el diario
matutino y la experiencia personal deberían ser suficientes para que cualquiera
de nosotros vea que nuestro mundo se especializa en la separación, la
alienación y la hostilidad. Este es un mundo sin Jesús, en el cual cada hombre
ve por sí mismo.
Es necesario que la
iglesia sea un lugar de paz y así pueda ofrecer un marcado contraste. Cristo
llama a su iglesia a que sea un lugar entregado al restablecimiento de
relaciones rotas, un lugar de aceptación, un lugar de reconciliación y a que
represente una nueva raza.
Para lograr esto,
necesitamos pensar muy seriamente en algunas cuestiones: famas
comprenderemos el cristianismo, sino hasta que apreciemos precisamente cuan
importante es esta nueva raza para Jesús. El cuerpo de Cristo es donde
el cristianismo vive.
No comprendemos el
cristianismo si no podemos ver que es un problema el dejar que existan barreras
dentro de la iglesia local. Una iglesia local debería ser un
lugar donde todos trabajemos para borrar las líneas de tiza. Una congregación
de la iglesia del Señor debe aceptar a la gente y amar a la gente. Cualquiera
que se encuentre dentro de la iglesia debería experimentar lo que jamás se
podrá encontrar fuera de ella —una raza de gente que cree en que hay un lugar
para todo mundo y al cual todo mundo pertenece. ¨
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