EFESIOS
(1)
(Efesios 1:5-4)
Hace
algún tiempo murió una mujer en West Palm Beach, Florida, a la
edad de 71 años. El informe del juez de instrucción mencionó la desnutrición como
la causa de la muerte. La mujer sólo pesaba cincuenta libras en el momento de
su muerte.
Ella
parecía haber tenido una vida muy dura. Las autoridades hallaron que su casa
estaba tan sucia que no se podía describir. Los vecinos mencionaron que ella hacía
frecuentes viajes a las puertas traseras de sus casas para pedirles comida. Las
ropas de ella provenían de una organización caritativa. Parecía el caso de una
mujer sin un centavo, la cual por fin llegaba al
final de su difícil viaje.
Cuando la policía registró su casa enmontañada de basura, se encontraron dos llaves. Las
llaves llevaron a los policías hasta unas cajas de seguridad de dos bancos
locales, en las que descubrieron más de setecientos
valiosos certificados de inversión en valores y garantías, junto con unos
$200.000 en efectivo. La segunda caja contenía sólo efectivo —un total de
$600.000. La mujer había estado mendigando comida, usaba ropas de segunda mano, y murió de desnutrición, ¡a pesar de que el monto de
sus bienes sobrepasaba $1.000.000!
Pablo escribió la carta de Efesios a unos
cristianos que estaban inclinados a hacer con sus vastos recursos espirituales,
lo mismo que la mujer de la Florida hizo con sus recursos materiales —no atinar
a darles un buen uso. Los cristianos hoy día pueden cometer ese mismo error.
Tenemos enormes posesiones en Cristo, y ningún cristiano debería jamás tener
que llegar a un estado de desnutrición y desperdicio en lo espiritual.
Simplemente tenemos que darle un buen uso a lo que Dios ha provisto.
Efesios
afirma las ilimitadas reservas celestiales de Dios. La epístola demuestra que
los cristianos no tienen por qué padecer privaciones en lo espiritual. Como
hijos de Dios que somos, tenemos a nuestra
disposición recursos que nos pueden hacer increíblemente ricos en Dios. Pablo
describió tales recursos como “las riquezas de su
gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros”
(Efesios l:7-8).
Efesios 1:3-14 marca la pauta para que los cristianos hagan un
inventario de las riquezas de Dios. En el griego original, los versículos 3 al
14 conforman una sola oración extendida. Llega a ser un trompetazo de alabanza
para Dios, el cual se remonta al pasado (vv.3-6) cubre el presente (vv.
6- 11), y se extiende al futuro (vv. 12-14).
Enfoquemos dos versículos del arrobado llamado de Pablo a la alabanza:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los
lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación
del mundo, para que fuésemos
santos y sin mancha delante él”... (1.3-4).
El
texto declara una verdad eterna: Dios da toda posible bendición espiritual a
los que están en Cristo. ¿Qué es lo que usted tiene en
Cristo? ¡Tiene todo lo que Dios tiene para dar!
Las
palabras de Pablo llaman a los cristianos a alabar a Dios “Bendito sea el Dios
y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él
antes de la fundación del mundo.” (1:3-4; énfasis nuestro). Antes de que la
tierra existiera. Dios tuvo el deseo de compartir con los cristianos su amor y
sus riquezas las cuales se encuentran, literalmente, en “los lugares
celestiales”. La naturaleza de Dios lo motiva a el a expresar su amor hacia los
demás y a compartir sus riquezas con ellos.
Dios
determinó de su propia voluntad el crearnos hijos e hijas a su propia imagen.
Les dio la habilidad de gozarse con él, amándolo, compartiendo su hogar, y alabando
su nombre. La descripción que hace W. Phillip Keller nos ayuda a imaginar la reacción de los
que habitan en el ámbito espiritual cuando Dios les
informó a éstos acerca de su plan:
“Hasta donde los humanos podemos saberlo, es posible
que aquella fuera una de las ideas más audaces que
se hubiese generado en las cámaras del concejo de Dios. Y es posible
estar bastante seguros de que cuando el plan fue dado a conocer una conmoción barrió a través de
toda la extensión de la eternidad Ninguno de los ángeles
ni ningún otro espíritu de los que ministraban había siquiera soñado con un proyecto de tanto revuelo”
Estaba decidido
a poblar su hogar celestial con seres con libre albedrío formados a
la imagen de su propio
carácter.
Ellos iban a ser los herederos y coherederos
con Cristo, su hijo, con derecho
a disfrutar de la eternidad
en éxtasis.
La idea debió haberle causado
una gran emoción a Dios
hijo. ahora
él tendría hermanos y hermanas con los cuales compartir
los gozos de la eternidad
a su lado. Ya no sería más el hijo único. Era un
esfuerzo desafiante. En él recaería la responsabilidad de llevar a cabo el
plan hasta completarlo.
Dios, de su voluntad, nos
escogió para hacernos sus hijos e hijas . ¿Qué hemos de hacer con la idea de que Dios nos
escogió para ser sus hijos
en Cristo?
Podemos conformarnos con menos. Podemos
descartar la noción de que Dios quiere que seamos sus hijos.
De hecho, esto es lo que hace la mayoría de la
gente. El autor C.S. Lewis
lo hizo. Por años Lewis se dio a conocer como un
ateo. El profesor de origen inglés no tenía un lugar para Dios en su vida.
Más adelante en el transcurso de su vida, él cambió. Llegó a ser un creyente
que podía escribir desde la perspectiva de uno que antes se había conformado
con menos:
“Somos criaturas
desganadas, que jugamos con la bebida, el sexo y la ambición cuando el gozo infinito se nos ofrece, como un
niño ignorante que
desea continuar haciendo
pasteles de lodo en un tugurio porque no puede imaginar lo que significa la oferta de un día libre junto al mar. Nos
conformamos muy fácilmente”.
Dios busca hijos
e hijas a los cuales él pueda abrirles la bóveda de los cielos. Se nos ha dado
a elegir, podemos conformarnos con menos. Muchos lo hacen.
Por
otro lado, podemos aceptar lo mejor de Dios.
Su objetivo es adoptarnos y hacernos sus hijos, hacernos herederos de sus riquezas, formar su imagen en nosotros,
y compartir el cielo con nosotros para siempre.
Piense por un momento. ¿Cuál es su posición respecto a todo esto?. ¿Se está conformando usted con menos?. ¿Es el hecho de que Dios desea hacerle a
usted su hijo y darle a usted las riquezas del cielo, algo
que le maravilla?. ¿No desea usted que
eso le suceda en su vida?.
Dios
nos da toda bendición espiritual “en Cristo”. La
frase “en Cristo”, o su equivalente ocurre más de veinte veces en Efesios. Pablo hizo un destacado uso de ella en estos
primeros versículos:
·
Los fieles
están en Cristo (v 1).
·
Toda bendición espiritual es en Cristo (v. 3).
·
Los escogidos
lo son en Cristo (v. 4).
·
Somos santos y sin mancha en Cristo (v 4)
·
La gracia
es impartida libremente en Cristo (v 6)
·
La redención
y el perdón de pecados se dan en Cristo (v 7)
·
Estamos marcados, o sellados, con
el Espíritu Santo para garantizarnos nuestra herencia
en Cristo (v 13)
Estas afirmaciones señalan la importancia de
estar en Cristo.
Podríamos apreciar el estar en Cristo aún más si comparáramos esto con
algo que conocemos. Reemplacemos la frase “en Cristo” con la
frase “en la familia”. Cuando usted pertenece a una familia, ya
sea por haber nacido dentro de ella, o por matrimonio o adopción, ¿qué es lo que significa?.
Si
usted está “en la familia”, usted tiene ciertos privilegios. “Cuando entro por
la puerta de mi casa, nadie me pregunta”. ¿Quién lo dejó entrar?”. Mi
esposa, no actúa como si yo fuera un
intruso. Mis hijos no tratan de pelear conmigo para echarme por la puerta. Mis
hijas no llaman a la policía. Todos saben que soy de la casa porque estoy en la
familia. Los privilegios, las responsabilidades, y las expectativas son en todos
parte de estar en la familia.
El estar
“en Cristo” significa que usted le pertenece a él. Usted ha sido unido a él.
Todos los privilegios y responsabilidades, y expectativas de estar en Cristo
son suyas. No causa ninguna alarma en los corredores del cielo el que Dios le
dé a usted un lugar en su reino. Ello es parte de estar en Cristo. Los ángeles
no se desmayan cuando Dios envía su Santo Espíritu a morar en usted. Ello es
parte de estar en Cristo. Nadie objeta que Dios le perdone todos sus pecados.
Ello es parte de estar en Cristo.
Después
de que su vida sobre la tierra termine, ningún ser celestial se extrañará que
usted tenga un lugar en el hogar eterno de Dios. Ello es parte de estar en
Cristo. Estando en Cristo usted llega a poseer el perdón de pecados, la
adopción como hijo de Dios, el don del Espíritu Santo, la esperanza de la vida
eterna, la santidad, la justicia, la bondad, la gloria, la fortaleza, la
firmeza, la paz, el poder y todo el resto de las riquezas de Dios. Estos
privilegios suenan bastante maravillosos, ¿verdad?. ¡Todo lo que una persona llega a poseer
estando en Cristo es algo que escapa a la descripción!
Si
yo poseo todo esto estando en Cristo, ¿por qué será que todavía forcejeo con la
culpa a veces?. ¿Por qué será que no me
siento santo, justo, ni bueno?. ¿Por qué
será que soy tan débil en algunas áreas?.
¿Por qué todavía peco?. Las
Escrituras dicen que soy hijo de Dios, pero lo cierto es que no actúo como tal,
todo el tiempo. A menudo pongo mi “ego” en primer lugar. Me decepciono a mí
mismo y a los demás.
Recientemente, participé en un grupo de estudio de la Biblia con varios
hombres. Todos los presentes expresamos estas preguntas e inquietudes acerca de
nosotros mismos. Nuestra conversación nos llevó a la conclusión de que son
muchos los cristianos que luchan con esta idea: “Algo debe haber malo en mí”.
“Veo cómo el cristianismo funciona en los demás, pero no parezco poder
desarrollar ninguna consecuencia de ello en mi andar con el Señor”.
La
mayoría de los cristianos se hacen tales preguntas a sí mismos, incluyendo
ancianos, padres, y los que han sido cristianos por años. Hay dos sugerencias
que ayudan cuando comienzo a pensar de esta manera:
Regresar
a lo básico. Debo reafirmar mi identidad: Soy
hijo de Dios. Dios me ha hecho su hijo a través de Jesús. Eso es lo que él
quiere que yo sea. Luego, debo reafirmar para mí mismo que yo estoy “en
Cristo”. Esto es lo que Gálatas 3:26-27 dice: “... pues todos sois hijos de
Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en
Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Esto es básico. Si yo he actuado con base
en la fe en Cristo y he sido bautizado en Cristo, entonces estoy en Cristo.
¡Estando en Cristo, toda bendición espiritual es mía!
Hacer
uso de lo básico. Cuando estoy desanimado conmigo
mismo, a menudo puedo trazar la causa de tal desánimo a una negligencia en lo
básico. Es como la “pobre” mujer de la Florida, no he hecho uso de mis
posesiones. Ello conduce a la inanición espiritual.
·
Lo básico incluye:
1)
La palabra de Dios —el
estudiarla, el memorizarla, el meditar en ella;
2) La
oración —el tener comunión regular con Dios;
3) El servicio —el participar personalmente en la
obra del reino, y
4) La
comunión —el compartir la vida con iguales cristianos.
Sí,
usted y yo necesitamos recordarnos a nosotros mismos quiénes somos, de vez en
cuando. Cuando estamos desanimados, podemos usar 1:3-14 para reafirmarnos a
nosotros quiénes somos en realidad. ¿Haría usted eso ahora mismo?. Recuérdese a usted mismo quién es usted.
Dígase a sí mismo: “He sido escogido por Dios. Soy santo y sin mancha delante
de él. Estoy perdonado. Estoy redimido por la sangre de Cristo. Se me ha dado
el Espíritu Santo. Se me ha dado garantía de una herencia eterna, porque ¡yo
estoy en Cristo!
Hubo
una dama de nombre Hetty Green a la cual se le conoció como la más notable
avara. Cuando murió en 1916, dejó una heredad de $100 millones; y sin embargo,
Hetty no hizo uso de sus recursos. Incluso insistía en desayunar atole de avena
frío con el fin de poder ahorrarse el gasto del combustible necesario para
calentar el agua.
Cuando su propio hijo sufrió una severa herida en una pierna, Hetty
pospuso el tratamiento hasta que pudo encontrar una clínica donde lo trataran gratis. El chico eventualmente perdió su pierna. Hetty
vivió una vida insensata. Su
avaricia le impidió hacer un buen uso de sus posesiones.
¡Cuán insensato sería ver lo que Dios ofrece en Cristo y declinarlo o no
ser capaz de hacer un buen uso de ello!.
Dios quiere darle a usted toda bendición espiritual. No desprecie la oferta que él le hace. ¨