Un encargo que
cumplir
La
segunda epístola del apóstol Pablo a Timoteo
Un
llamado a terminar la carrera
(2ª
Timoteo 4)
Pero
tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple
tu ministerio (2ª Timoteo 4:5).
Cuando un modelo a imitar como Pablo, (1ª Corintios 11:1), sabe que su vida está
llegando a la culminación que lo prepara para la eternidad, se le intensifica
su deseo de cargar cada frase con todo el significado que sea posible. No hay
duda de que Pablo sintió un gran peso de responsabilidad sobre sí cuando llegó
a la conclusión de esta carta.
El capítulo 4, da comienzo con un encargo, y
Pablo dio varias causas para el mismo (4:1-8). Deseaba cada vez más
intensamente la presencia de su amado Timoteo, pues su partida estaba cerca
(4:9-13). No obstante, la ferviente fe de este viejo soldado de la cruz
prevalecía. Pablo anhelaba que Timoteo percibiera cuán profunda era su
confianza aun en aquellos momentos de crisis. Aquí Pablo dio una de las más
grandes demostraciones de victoria en medio de la adversidad, que jamás se haya
presentado (4:18). Los importantes comentarios de cierre del capítulo 4, hablan
de algunas personalidades y presentan algunos ruegos que debieron haber conmovido
profundamente a Timoteo (4:19-22).
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Lección
10
Un
encargo que cumplir
(2ª
Timoteo 4:1-8)
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Esto fue lo que Pablo le dijo a Timoteo: “Te
encarezco... que prediques”, y no era para menos pues, desde una perspectiva
negativa, acababa de indicarle a Timoteo que en los postreros días los hombres
seguirían una carrera de insensatez y de omisión (3.1—9). Desde una perspectiva
positiva, Pablo hizo notar que Timoteo había sido “enteramente preparado para
toda buena obra”. (3:10-17).
Pablo
dio comienzo con la frase: “Te encarezco... (4:1a). Es obvio que Pablo después
eligiera términos y personalidades divinas con el fin de imprimir en Timoteo
una idea de la solemnidad y seriedad con la cual estaba cargando las palabras
que siguen. ¡Evangelista, si algún día has de escuchar, éste es el momento!
LA PERTINENCIA
DEL ENCARGO (v. 1)
Pablo ilustró la pertinencia del encargo
hecho a Timoteo, mediante el uso de personalidades y prioridades divinas. En
primer lugar, le encareció “delante de Dios” (4:1), Jehová, el Todopoderoso, el
Señor de los cielos y de la tierra. Timoteo sabía que a todo mensaje dado ante
la presencia de Dios había que concederle total atención, había que
considerarlo con el interés de cooperar, había que obedecerlo donde debía
aplicarse y había que participar de él con dedicado fervor.
No obstante, en lo que Pablo le encareció a
Timoteo también estaba incluido “Cristo Jesús”. Las credenciales de Cristo
también eran para maravillarse. En el contexto del versículo 1, él es relacionado
con tres eventos o momentos:
1.
El
momento culminante —Cristo es el que “juzgará a los vivos y a los muertos”. Ese
es su derecho, él tiene los instrumentos, con los cuales lo hará (Juan 12:48;
Hebreos 4:12-13; Apocalipsis 2:12; 3:14; 20:11-15).
2.
La
majestuosidad cautivante —Cristo se manifestará una segunda vez. Esto fue lo
que Pablo escribió: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de
arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo
resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en
el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1ª Tesalonicenses 4:16-17).
William Barclay
observó la importancia del término griego que se traduce por “manifestación”:
La
manifestación del emperador en cualquier lugar era su epifaneia.
Es obvio que, cuando del emperador se esperaba que visitara algún lugar, allí
se ponía todo en perfecto orden. Las calles se barrían y se adornaban; todo
trabajo se ponía al día. La ciudad se restregaba y se decoraba, con el fin de
que estuviera preparada para la epifaneia del
emperador. Así, Pablo le dice a Timoteo: “Ya sabes qué sucede cuando una ciudad
espera la epifaneia del emperador; tú estás esperando
la epifaneia de Jesucristo. Haz tu trabajo de modo
tal que todo esté listo para cuando él se manifieste”. El cristiano ordena su
vida de modo tal que en cualquier momento estará preparado para la venida de Cristo.
3.
El
encuentro culminante —Cristo será dado a conocer a todos “en su manifestación y
en su reino”. La inserción de la expresión “su reino” debe estar relacionada
aquí con el tiempo de su manifestación y de su juicio. Esta es la construcción
que usa Alfred Marshall en su traducción interlinear, refiriéndose al juicio:
“[aquel] que está a punto de juzgar” a los vivos y a los muertos (del griego: toumellomtos krinein).
Marshall tradujo correctamente el texto
griego, pero se convierte en un problema para nosotros si lo tomamos
cronológica, y no secuencialmente. Tomado en forma cronológica, Jesús no se ha
manifestado ni ha comenzado tal juicio a los vivos y a los muertos. De allí que
uno se pregunte, ¿en qué sentido ha de tomarse la palabra “juzgará”? Se toma en
el sentido secuencial. Esto es lo que Hebreos 9:27,
dice: “... está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después
de esto el juicio”. ¡Todos sabemos que desde el momento cuando el escritor de
Hebreos escribió tales palabras, son millones los que han muerto, y sin embargo
el juicio no ha venido!. Sería confuso si se le tomara
cronológicamente; en cambio una aseveración secuencial sí tiene sentido. El
evento que sigue a la muerte es el juicio.
Así será con la segunda venida de Cristo.
Cuando él se manifieste, será para juzgar (Hebreos 10:30; 1ª Pedro 4:17; Apocalipsis 20:11-15) y para
recibir el reino, presentándose la iglesia para sí mismo (Efesios 5:15-27; 1ª Tesalonicenses 2:12; 4:16-18), y entregándole
esas almas (ese reino) al Padre. Esto es lo que leemos en 1ª Corintios 15:24-28:
Luego
el fin; cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando habrá suprimido todo
dominio, y toda autoridad y potencia. Porque es preciso que él reine, hasta que
haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que
será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus
pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se
exceptúa aquel que sujeté a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas
le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujeté a
él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
¡Estos versículos aclaran la idea errónea
que tienen algunos de que el reino aún no está aquí!
Pablo estaba refiriéndose a la conclusión
del gran plan de Dios, cuando Jesús se manifieste y los que estemos en el reino
tengamos ese glorioso momento cuando le veremos cara a cara. Fue desde esa
perspectiva —la perspectiva de Dios, de Cristo y del momento de su manifestación
y de su juicio— que Pablo le encareció a Timoteo con estas palabras:
“…que
prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye,
reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no
sufrirán la sana doctrina;
Pero
tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple
tu ministerio” (4:2-5).
EL PLAN Y
PROCEDIMIENTO DEL ENCARGO (v. 2)
El plan de este encargo da en qué pensar. El
mensaje se determina claramente. El evangelista ha de “[predicar] la palabra”.
No se peca de exceso al hacer énfasis en la necesidad de predicar la palabra.
Esto fue lo que Pablo dijo: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no
conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por
la locura de la predicación” (1ª Corintios 1:21).
Timoteo debía predicar la palabra e
“[instan] a tiempo y fuera de tiempo”. No hay lugar aquí para un espíritu
insincero ni irresponsable por parte del evangelista.
La expresión “a tiempo y fuera de tiempo” es
una frase que pertenece al campo de la agricultura. Las condiciones del clima
imponen limitaciones a los tiempos de siembra y cosecha. Pablo estaba haciendo
énfasis en que la predicación de la palabra no tiene tales limitaciones
estacionales. Timoteo debía estar “listo para actuar” en cualquier momento,
debía sentirse apremiado y estar seriamente preocupado por la proclamación de
la verdad.
El método de predicación de la palabra
indica la variedad de enfoques y las trascendentales consecuencias del mensaje
divino.
“Redarguye”. La predicación consiste en
corregir a los que necesiten corrección. Sus principios son verdades probadas.
Es el medio, por el cual se corrige el camino de uno (vea 1ª Pedro 1:6-7; Romanos 3:4).
“Reprende”. Esta predicación es para advertir. El
redargüir indica o declara el curso que debemos tomar, mientras que el
reprender incluye castigo cuando es necesario.
“Exhorta”. Esta predicación hace llamados a guiamos en la
dirección correcta. Este hermoso y amplio término tiene muchas posibles
aplicaciones para llenar diferentes necesidades. Un oyente puede recibir un
llamado, otro puede necesitar aliento, y otra enseñanza. El evangelio puede
llenar las necesidades de todos con su amplio rango de exhortaciones.
“Con toda paciencia”. La predicación debe
acompañarse con un espíritu de paciencia en el servicio. Pablo dijo que había
que redargüir, reprender y exhortar “con toda paciencia”. Por lo tanto, el
predicador debe llenarse de comprensión y ser sufrido cuando predica.
“Doctrina”. La predicación aclara y convence
a través de la doctrina o instrucción. Esto incluye no sólo la idea de que uno
debe llenar los requisitos del arte de enseñar, sino también la de que ¡uno
debe adherirse a la doctrina de Cristo cuando enseña!
¡Hace bien el
evangelista que se examina periódicamente. Debe tener certeza de que su
predicación incluye todos estos aspectos y de que él manifiesta un espíritu de
paciencia!
EL PROBLEMA
CONCERNIENTE AL ENCARGO (vv. 3-4)
Predicar la palabra constantemente era un
imperativo para Timoteo. Pablo previó que iba a llegar un momento cuando la
gente no iba a querer escuchar la verdad y los maestros la complacerían
diciéndole lo que quisiera oír.
Un examen de la advertencia de Pablo pone al
descubierto las siguientes características de estas almas rebeldes.
Se apartan de la verdad: “... no sufrirán la
sana doctrina”. Aquí se refiere a que se le predica la sana doctrina a los
hombres (tal como lo pidió Pablo en el versículo 2), pero ellos no pueden
aceptar ni esta’ dentro de sus planes aceptar las demandas correctivas de ella;
tampoco soportarán las pruebas que puedan sobrevenir a los que la defiendan
(Mateo 13:21; 2ª Timoteo 3:10-13).
Note cuán seria es esta apostasía: “... se
amontonarán maestros...”. Esto fue lo que Ronald Ward observó:
La
expresión “se amontonarán”, se refiere a un hecho que sugiere el insaciable
apetito e interés de ellos por la novedad. No hay nada que les satisfaga y
siempre están empecinados en escuchar al “hombre que sigue”. El reflexivo se
(en la frase “se amontonarán”) da a entender un egoísmo absoluto. Ellos saben
lo que quieren y se proponen conseguirlo. No es cualquier maestro el que les
satisface. Tienen que ser hombres conforme a sus propias concupiscencias. Se
trata de maestros que están a tono con la congregación.”
Lo anterior es motivo de alarma cuando se le
compara con ciertas tendencias que se están dando en muchas congregaciones hoy
día. Hay muchos ministros que parecen estar jugando a las “sillas musicales”, y
los hermanos murmuran de los ministros. El más mínimo descuido al hablar o la
toma de una posición firme en contra de algún pecado específico puede ser
motivo para que una congregación comience a buscarse a otro ministro. Los
miembros de la iglesia que sigan este curso de acción no hacen ministros
—simplemente los remueven! ¡El dinero (o la ausencia
de éste) —no la doctrina— puede ser lo que determine qué se predica!
El otro aspecto que presenta este escenario
es la tentación que siente el predicador a apartarse del mensaje del Maestro
para predicar cualquier cosa que satisfaga a “las almas enfermas y egoístas”
que le escuchan. ¡Ése llega a ser su plan para tener seguridad laboral!.
¡Que todos los miembros y evangelistas
atiendan a la advertencia de Pablo, de modo que ni uno ni otro se conviertan en
víctimas de este pecado de dos caras!.
Pablo habló de miembros que tendrían
“comezón de oír”. ¡Este error tiene como
fundamento el deseo de darle forma a impulsos humanistas, interpretando la
verdad “del modo que me agrade”, y después buscar maestros que me la digan
“como a mis oídos les gusta oírla”! Este tipo de enseñanza no requiere de una
transformación de la vida —sino tan
sólo de una auto glorificación.
Estos deseos son el motivo por el cual las
almas egoístas se “apartarán de la verdad” (4:4). Después de abandonar la
verdad, estas almas “se volverán a las
fábulas”. No hay espacio para posiciones
neutrales aquí. Cuando los hombres se inclinan por las fábulas, ellos dejan el
mensaje del Maestro.
LA
PRESCRIPCIÓN PARA CUMPLIR CON EL ENCARGO (v. 5)
Aunque muchos le prestarían oído a otras
voces y desarrollarían deseos equivocados y se apartarían de la verdad, no así
Timoteo a quien Pablo le especificó el rumbo que él debía tomar. Nuevamente,
¡Pablo cargó su exhortación sobre Timoteo con imperativos! Éstas fueron las
instrucciones que le dio:
“Sé sobrio”. La traducción al español se queda corta para
dar a entender todas las ideas inherentes a la palabra griega que usó Pablo
(4.5). Nefe describe a uno que es tranquilo,
sosegado, que tiene completo dominio de sí mismo y es equilibrado. ¡Cuán
estimulante grupo de características las que están contenidas en una sola
palabra! No es de sorprender que los traductores la relacionaran con “todo”.
“Soporta las aflicciones”. Un evangelista
cuya aspiración sea que todos se agraden de él, y que todo salga conforme a sus
expectativas, no sólo estará siendo ingenuo, sino que también estará haciendo
caso omiso de esta advertencia que ha dicho Pablo, en el sentido de que
vendrían momentos de prueba. La fortaleza espiritual de un evangelista debería
capacitarlo para sufrir cuando fuera necesario.
“Haz obra de evangelista”. Esa es la “obra” (del
griego: poieson) que Pablo le mandó hacer a Timoteo y
a todo evangelista. Este término se relaciona especialmente con la práctica,
desempeño o actividad productiva de alguno. El predicador ha de llegar a ser
algo, ha de cuidar de su misión, ha de cumplirla y ha de seguir un propósito (1ª
Timoteo 2:4; 4:16; 2ª Timoteo 2:2; Tito 1:5). Ha de estar
consagrado, con toda seriedad, y ha de cumplir en forma habitual con los
deberes propios de un evangelista.
La siguiente es una observación que hizo
Ronald Ward, acerca de la función diseñada por Dios, del evangelista:
El
Señor, una vez ascendido, le dio evangelistas y maestros a su iglesia. Ellos,
son hablando estrictamente, los regalos de Cristo y no los empleados a sueldo
de la iglesia. El maestro enseña la doctrina de Cristo; el evangelista predica
el evangelio, con el fin de que los hombres puedan recibirlo y creerlo. Esto es
lo que Timoteo debía hacer ( Ef. 4:11)... La
predicación del evangelio es una obra. Esto debe ponerle
freno a los cínicos cuya crítica es que la única labor del evangelista es
simplemente “hablar”. Así como las obras de Jesús era palabras en acción
(tenían un mensaje) y sus palabras tenían el efecto de las obras, así las
palabras del evangelista tienen un enorme poder (cfr. 1ª Ts. 1:5) y es
bastante lo que logran. Sus palabras son obra.
…en
toda su preocupación por guardar el rebaño del veneno de la herejía yde las polémicas, cuyo efecto es contrario al de la
edificación; en toda responsabilidad de enseñanza y de nombramiento de otros
hombres para que hagan el trabajo de enseñar, con el fin de que el depósito
pueda ser guardado y el mensaje extendido más ampliamente; en todo esto Timoteo
no debía olvidar la necesidad de hablarle la palabra a los que jamás la habían
oído, de modo que ellos también pudieran entrar al reino y disfrutar de la
salvación que es en Cristo.
“Cumple tu ministerio”. El estudio a medias, indiferente,
negligente, es inaceptable. ¡Este tipo de servicio jamás podrá dar “prueba
completa”, a la gente, de que el evangelista está cumpliendo o realizando su
ministerio!
EL
COMPORTAMIENTO QUE HACE RELACIÓN AL ENCARGO, TAL COMO LO DEMOSTRÓ PABLO (vv.
6-8)
Cuando Pablo encareció a Timoteo con este serenante encargo, también le dio una gloriosa demostración
del mismo, con su propia vida de sacrificio. A Timoteo le pudo impresionar (y a
nosotros también) la facilidad, con la cual Pablo dijo: “Todo lo que te estoy
pidiendo que hagas como evangelista, ¡yo ya lo hice!”. Pablo también pudo haber
añadido: “Es de la experiencia que han salido estas verdades, las cuales tengo
como ciertas”.
“Sé
que el momento de mi muerte está cercano”
Pablo ya estaba “para ser sacrificado” (4:6). Al igual que con Jesús, con Pablo se cometió
una flagrante injusticia, sin embargo, por la forma como describió la
experiencia, convirtió a ésta en un hermoso acto de amor por la causa de otro,
un sacrificio lleno de devoción (vea Romanos 14:7-8;
2ª
Corintios 5:14-15).
Nadie más que el cristiano puede enfrentarse
a la muerte con un semblante tan sereno. Un espléndido ejemplo de esto es un
apóstol Pablo lleno de confianza, quien desde una celda de prisión, se enfrenta
a la muerte inminente con la aseveración: “el tiempo de mi partida está
cercano”.
La palabra escogida por Pablo, “partida”
(del griego: analusis), es significativa (vea
Filipenses 1:21-23). Barclay sebasó
en este término para describir la perspectiva desde la cual Pablo veía la
muerte:
a)
Se trata de la palabra que se refiere a la acción de desenyugar a un animal de
la vara de la carreta o del arado. Para Pablo la muerte equivalía a descansar
de los trabajos. Él iba a estar contento de poder deshacerse de la carga. Tal
como [Edmundi Spenser lo
expresó, el descanso después de los trabajos, el puerto después de los mares
tempestuosos, la muerte después de la vida, son delicias codiciadas. Después de
una febril vida llena de azares, Pablo iba ahora a dormir bien. b) Se trata de
la palabra que se refiere a la acción de soltarle las cadenas y grillos a un
preso. La muerte Después de expresar su hermosa resignación a morir y su
victoria sobre la muerte, Pablo pasó a declarar la segunda verdad que tenía
como cierta.
“Sé
que mi ministerio ha sido todo un éxito”
Esto fue lo que Pablo escribió: “He peleado
la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (4:7). Pablo peleó
“la buena batalla” toda vez que entró en conflictos con otros por causa de la
verdad (2ª Corintios 10:3-6; Efesios 6:10-18).
El sabía que había “acabado la carrera”, al haber llevado su ministerio hasta
la culminación, a pesar de las tribulaciones que padeció (Colosenses 1:24- 29).
Había “guardado la fe” con toda confianza y certeza (2ª Timoteo 4:16-18).
Algunos han observado que las frases usadas
por Pablo llegaban a una variada audiencia. La expresión “he peleado la buena
batalla” apelaría a los romanos —como soldados que eran; “he acabado la
carrera” apelaría a los griegos —como corredores que eran; “he guardado la fe”
apelaría a los judíos —como pueblo de Dios que eran.
También, debe hacerse notar que cada uno de
estos “he” (del griego: egonismai, teteleka, tetereka) es un verbo
en tiempo perfecto, el cual enfatiza gramaticalmente que Pablo ¡verdaderamente
había completado la pelea y había acabado el camino de la fe!.
El podía exclamar, al igual que Jesús,
en el momento de su partida: “Todo está consumado” (compare Juan 19:30, y
Hechos 9:15-16, con Hechos 19:10; 20:26-27; Colosenses 1:23; 2ª Timoteo 4:17).
Hagamos algunas observaciones que hacen
relación a estas tres aseveraciones tan significativas.
En primer lugar, Pablo había trabado combate
en una “buena pelea”. No se trataba de una pelea cualquiera, sino de la una que
era “buena” (vea Efesios 2:10; Gálatas 6:10; Mateo 5:16; Romanos 12:20-21; 2ª Corintios 10:3—6). En la vida cristiana no se
anda torpemente ni haciendo fanfarria —se trata de una pelea.
Los débiles que entren a esta arena, tienen
que hacerlo con la idea de fortalecerse. A los dóciles y delicados se les
invita a entrar en este combate, pero con la condición de que confíen en el
Señor como la fuente de la fortaleza que él es y de que estén preparados para
ponerse su armadura, tomando una posición de firmeza (vea Efesios 6:10-18;
Filipenses 4:10-13). La negación de sí mismo y la autodisciplina están a la
orden de cada día (Lucas 9:23; 1ª Corintios 15:58) allí donde al temor y la
timidez se les reemplaza con el poder, el amor, y la disciplina (2ª Timoteo 1:7). La marcha por el Señor es una
actividad que trasciende las fronteras (Mateo 28:18-20), cuando los amados
conquistan con el amor (1ª Juan 4:19—21;
2ª Corintios 5:13-15; Romanos 8:28, 35-39).
En segundo lugar, Pablo había acabado la
carrera. Es fácil comenzar, pero es necesario tener un carácter semejante al de
Cristo para poner los ingredientes de la constancia y la determinación de
llegar al final. Considere cuidadosamente lo que dice Mateo 13:18-23, donde
tres de cada cuatro personas se perdieron por no haber acabado la carrera.
Cuando
no se acaba la carrera, esto afecta a algunas almas que están en Cristo (vea
Gálatas 1:6-7; 5:7; 2ª Pedro 2:21-22;
Apocalipsis 3:1-3). Jesús desea que muchos den comienzo a la carrera, pero no
tolera a los que la abandonan a medio camino (Lucas 9:57-62). Su carrera no es
un “sprint”, sino una maratón; sus pisadas llevan a la pureza y a la justicia
—y lo llevan por todo el camino hasta la meta (1ª Pedro 2:21 -24; 1ª Juan 3:7, 10; 1ª Pedro 1:13- 16; Apocalipsis 22:11).
En tercer lugar, Pablo había guardado la fe
y había sido guardado por ésta (Hebreos 11:1-12:3;
Romanos 5:1-2). Cuando escribió 2Timoteo, demostró tener gran valor (lo que se
nota especialmente en expresiones como: “cadenas”, “persecuciones”,
“padecimientos”, “me abandonaron”, “sacrificado”, “partida”). Pablo esperaba la
muerte por causa de las acusaciones injustas y sin fundamento que pesaban en su
contra. ¡Las circunstancias que le rodeaban eran una clara señal de que este
hombre estaba viviendo por fe y no por vista!
Tenga en mente la grave situación de Pablo,
cuando estaba en la cárcel, mientras considera estas palabras que escribió en 2
Corintios 4.16—5.8:
Por tanto, no desmayamos; antes aunque
este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se
renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en
nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros
las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son
temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque sabemos que si nuestra
morada terrestre, este tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios un edificio,
una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos,
deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así
seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en
este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados;
sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha
dado las arras del Espíritu.
Así que vivimos confiados siempre, y
sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor
(porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar
ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.
Lo anterior culmina con la tercera verdad
que Pablo tiene como cierta.
“Sé
que me espera recompensa”
¿Para cuándo es que está disponible la
recompensa del cristiano? ¡Para ahora! Esto fue lo que Pablo dijo: “Me está
guardada…” (4:8; énfasis nuestro). Este mensaje vino a través de un apóstol
inspirado, procedente de un Dios que todo lo sabe, quien conocía cómo Pablo, por
gracia suya, determinaría llegar al final de su vida (vea Gálatas 1:11-12;
Apocalipsis 2:10).
Más de un niño que ha deseado un regalo, ha
tenido dudas de que su padre se lo haya adquirido. Pablo sabía que su padre
celestial ya le tenía guardada la recompensa para él.
¿Qué era la promesa? Esta se resume en la
frase: “la corona de justicia, la cual me dará el Señor”. Dios no nos debe a
ninguno de nosotros una corona de justicia, pero por su gracia, él se la ha
prometido a los fieles (Apocalipsis 2:10). El Señor cumple sus promesas (2ª Pedro 3:9; 1ª Corintios 15:58). ¡Pablo estaba seguro de que
él recibiría lo que el Señor le iba a dar!
¡Quién hacía la promesa! El “juez justo”
(4:8-9). ¡Cuando uno descubre que Cristo tiene todos los atributos de la justicia,
se da cuenta de que él llena los requisitos a plenitud! ¡No es de extrañar,
entonces, que Pablo estuviera tan seguro de que el Señor cumpliría lo que había
prometido!
En resumen, Pablo dio seguridad de que esta
recompensa la recibirían “todos los que aman” la manifestación del Señor. En
cualquiera que haya sido o sea la ocasión, ver a Cristo es ver la eternidad (1ª
Juan 1:1-3). Nuestro amor al Señor debe
extenderse hasta atravesar el espectro de “su venida”, de lo contrario será un
amor incompleto que no hallará aprobación. Es necesario verlo como el eterno
que él es, como aquel que refleja la imagen de Dios, como el que sustenta todas
las cosas, como el que está por encima de todo reino y autoridad, como aquel
que es cabeza de la iglesia (Efesios 1:18-23; 1ª Pedro 3:22; Mateo 28:18-20), y que vendrá por segunda
vez a juzgar a todos (4:1).
La fe de Timoteo en Cristo motivó a Pablo a
extenderle a él un incentivo para que cumpliera su ministerio. Este era: La
certeza que tenía l mismo de que habría una recompensa. ¡Esa misma recompensa
está en pie para todos los que busquen correr la carrera de la fe que Pablo
corrió! ¡Tomemos de la seguridad de Pablo el valor que necesitamos para
continuar nosotros la carrera!. Fin.