En Nehemías 8:1-3, 8, se nos da a conocer que los israelitas que
regresaron del cautiverio en Babilonia, se reunían
diariamente para la lectura de la ley de Moisés. Esto es lo que el versículo 8, dice: "Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de
modo que entendiesen la lectura". Estas
personas habían sido llevadas al cautiverio setenta años atrás por haber
desobedecido la ley de Dios. Ahora que ya habían regresado, estaban sumamente
interesados en conocer y obedecer las demandas de la ley. Habían sufrido las
consecuencias de desobedecer la ley de Dios, y no querían volver a sufrirlas.
LO QUE
HALLARON EN EL ANTIGUO PACTO
Se volvieron
al libro de la ley de Dios. Los israelitas
no se remitieron a libros escritos por hombres; no nombraron un comité de
hombres buenos para que éstos diseñaran y publicaran un catecismo o manual de
fe y práctica. Se volvieron a la palabra de Dios, la
única fuente, a la cual el pueblo puede acudir para enterarse de lo que Dios
desea que ellos hagan.
Hallaron un
mandamiento que no había sido atendido. Leemos en Nehemías 8.14-15, que cuando los judíos estudiaban la ley hallaron un
mandamiento que ellos y sus antepasados no habían tenido el cuidado de
obedecer. Se enteraron de que ellos debían morar en tabernáculos hechos de
ramas de árboles, durante una semana del mes séptimo. Ésta era una parte de la
ley de Moisés la cual se refería a la celebración de la fiesta de los
tabernáculos. Debieron haber estado leyendo Levítico 23, pues en ese capítulo encontramos instrucciones
acerca de la observancia de tal fiesta.
Obedecieron
el mandamiento. En Nehemías 8:16-17, se registra la inmediata respuesta del pueblo al
mandamiento escrito en la ley de Dios. La fiesta de los tabernáculos debía ser
observada en el mes séptimo, y fue en ese mes cuando ellos hallaron el
mandamiento. Inmediatamente comenzaron a cortar ramas de árboles. Construyeron
tabernáculos sobre sus casas, en los patios del
templo, alrededor de las puertas de la ciudad, y en
cualquier lugar en el cual pudieron encontrar un lugar para erigirlos y en los
cuales pudieran vivir durante una semana en obediencia al mandamiento de Dios.
La
diferencia entre dar origen y restaurar. No fue el pueblo quien dio origen a la idea de vivir en tabernáculos durante una semana en el séptimo
mes. Lo que hicieron fue simplemente restaurar una práctica que debió haber
sido observada desde los tiempos de Josué. Los hombres no tienen derecho a
darle origen a ninguna práctica religiosa. Tenemos el derecho y el deber de
poner en práctica todo mandamiento del cual leemos en la palabra de Dios, el cual se aplique a la Era Cristiana, lo hayan o no lo hayan
observado nuestros antepasados.
CÓMO SEGUIR
ESTE EJEMPLO EN TIEMPOS DEL NUEVO PACTO
Puesto que ya no estamos viviendo en los
tiempos cuando la ley de Moisés estaba vigente, sino en los tiempos en que rige
ley de Cristo, entonces debemos escudriñar el Nuevo Testamento para saber qué
es lo que se espera que hagamos hoy día. El Antiguo Testamento es inspirado, pero no contiene los mandamientos que nosotros
debemos obedecer en cuanto a nuestra obra y nuestros actos de adoración hoy
día. Por lo tanto, de la misma forma como los
israelitas estudiaron la ley de Moisés, bajo cuya
vigencia ellos vivían, nosotros también necesitamos estudiar la ley de Cristo, bajo cuya vigencia vivimos. Sólo de esta manera
podremos saber qué es lo que el Señor espera que hagamos. Nosotros no acudimos
a catecismos, ni a credos,
ni a confesiones de fe, ni a manuales de doctrina y práctica para saber qué es
lo que el Señor espera que hagamos. A lo que acudimos es a la ley de Cristo, la cual se encuentra en el Nuevo Testamento, de la misma forma como el pueblo del Antiguo
Testamento acudió a la ley de Moisés.
Hay tres
frases que expresan cuál es nuestra actitud hacia la Biblia, vista ésta como nuestra guía en cuestiones
religiosas:
1)
"Hablamos donde la Biblia habla, y callamos donde la Biblia calla". A la vez que creemos en todo lo que la Biblia
enseña, también creemos que debemos guardar silencio, donde la Biblia guarda
silencio.
2)
"Sustentamos con un “Así dice Jehová” todas las cosas que se refieren a nuestra obra
y a nuestros actos de adoración, y hacemos en estos
dos campos todo aquello para lo cual hay un 'Así
dice Jehová'".
Cuando
podemos sustentar con un "Así dice Jehová", todo lo que se refiere a
nuestra obra y a nuestros actos de adoración, podremos estar seguros de que
nada antibíblico, ni desautorizado se habrá
introducido en estas dos áreas de nuestra relación con él. Cuando hacemos todo
aquello para lo cual hay sustento con un "Así dice Jehová", podemos
tener certeza de que no seremos culpables del pecado del descuido.
3) "Si alguno habla, hable conforme a las palabras
de Dios" (1ª Pedro4:11a). Si
vamos a expresar nuestros pensamientos espirituales, haciendo uso de palabras
espirituales, hablando cosas bíblicas con lenguaje bíblico, hablaremos todos las mismas cosas y no habrá divisiones entre nosotros.
Esto fue lo
que Pablo le dijo a Timoteo: "Retén la forma de las sanas palabras que de
mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús". En 1ª Timoteo 6:3-5, Pablo condenó a los que enseñan doctrinas
diferentes y no se conforman a las sanas palabras de Cristo. Estas "sanas
palabras" de Cristo se encuentran solamente en el Nuevo Testamento. Cuando
nos proponemos enseñar lo que Cristo nos ha obligado a observar hoy día,
debemos cerciorarnos de que usamos las sanas palabras de Cristo. Cuando la
gente se apoya en el Nuevo Testamento para sustentar su instrucción y guía en
la doctrina y práctica —cuando hace y enseña todo aquello para lo cual hay
un "Así dice Jehová", y sustentan con un "Así dice Jehová",
todo aquello cuanto hacen y enseñan en su obra y actos de adoración— ellos
estarán siguiendo el ejemplo mostrado en Nehemías 8. Las
iglesias de Cristo que hay en todo el mundo hoy día, se están esforzando por
restaurarle al mundo de hoy día, la doctrina práctica, obra y adoración
bíblicas, de la misma forma que aquellos judíos restauraron el culto a Dios en
Jerusalén.
LO QUE
HALLAMOS EN EL NUEVO PACTO
Nombres
bíblicos. En Hechos 11.26, nos
enteramos de que "a los discípulos se les llamó cristianos por primera
vez en Antioquía". Leemos en 1 Pedro 4.16, que "si alguno padece como cristiano, no se
avergüence, sino glorifique a Dios por ello". Según se desprende de estos
pasajes es correcto y bíblico que el pueblo de Dios lleve el nombre
"cristiano". Este es el nombre bíblico para los discípulos del Señor
en particular. No se usa en ninguna parte de la Biblia como el nombre para el
grupo organizado del pueblo del Señor. En otras palabras, éste no es el nombre
de la iglesia. En 1ª Corintios 1:2 hallamos
que al grupo se le refiere como la iglesia de Dios, mientras que Romanos 16:16
habla de las iglesias de Cristo. Cristo y todo lo que él tiene pertenecen a
Dios (1ª Corintios 3:23), de
modo que, llamemos al grupo organizado la iglesia de Cristo o lo llamemos la
iglesia de Dios es irrelevante. Estamos tan obligados a usar los nombres que
encontramos en la Biblia, como lo estaban los Judíos a
vivir en tabernáculos cuando hallaron aquel mandamiento en la palabra de Dios.
Los grupos religiosos que llevan nombres humanos, en lugar del nombre de Cristo
y de Dios, no están siguiendo este ejemplo antiguo testamentario de
restauración de lo que está escrito en la palabra de Dios.
Organización
bíblica. El nuevo
pacto prescribe la organización de la iglesia del Señor. Cristo es la cabeza
suprema de la iglesia y debajo de él están los ancianos (conocidos también como
obispos o pastores). Debajo de la supervisión de éstos están los diáconos, los
evangelistas y los maestros para llevar a cabo la obra y actos de adoración de
la iglesia. Esta simple organización no apela al orgullo ni a la ambición, como
sí lo hacen algunas de las superorganizaciones de las sectas religiosas.
Estamos tan obligados a aceptar esta organización bíblica y a ponerla a
funcionar, como lo estuvieron los judíos a obedecer el mandamiento que
encontraron en la ley de Dios.
Actos
bíblicos de adoración. Los
elementos de la adoración de la iglesia, que se llevó a cabo bajo la
supervisión de los apóstoles inspirados, fueron pocos y sencillos. Cuando las
iglesias se reunían para adorar, ellos cantaban alabanzas a Dios, oraban a
Dios, participaban de la cena del Señor el primer día de la semana, daban de su
dinero según habían prosperado, y enseñaban la palabra de Dios. Los anteriores
son los cinco elementos de la adoración colectiva. Nadie podrá hallar algún
otro acto de adoración que esté autorizado, y nadie tiene derecho alguno de
descuidar o rechazar alguno de estos cinco elementos enseñados en el nuevo
pacto.
El dar
origen y el restaurar.
¿Habremos originado o establecido una nueva secta? Cuando vemos en la Biblia lo
que la iglesia era durante el primer siglo, cuando era guiada por los apóstoles
inspirados, y restauramos para esta generación la iglesia que existió en aquel
tiempo, no estaremos originando ni estableciendo nada nuevo. Las iglesias de
Cristo no tienen el propósito de dar comienzo a nada nuevo en ninguna
comunidad. Nuestra intención es simplemente restaurar la iglesia, tal como ésta
existía en los días de la inspiración. Si hay una iglesia de Cristo reuniéndose
para adorar a Dios en su comunidad, la hallará presta para sustentar su
práctica con un "Así dice Jehová".
NUESTRA OBLIGACIÓN PARA CON DIOS
Los judíos
estaban obligados a obedecer a Dios. Cuando los judíos del tiempo de Nehemías
hallaron el mandamiento en la ley de Dios, ellos estaban obligados a
obedecerlo, a pesar del hecho de que los padres de ellos no lo habían
obedecido. Si se hubieran rehusado a vivir en tabernáculos, simplemente porque
los padres de ellos no lo habían hecho, habrían incurrido en desobediencia c.
Dios. Dios no promete salvar a los que le desobedecen.
La única esperanza de salvación de los israelitas dependía de la disposición de
ellos a obedecer todo mandamiento de Dios que les era conocido.
Nosotros
también estamos obligados a obedecer a Dios. En el Nuevo Testamento hallamos la
ley de Cristo, la cual incluye los mandamientos de Cristo para esta
dispensación. Estamos tan obligados a obedecer estos mandamientos, tanto como
los judíos lo estuvieron a obedecer lo que hallaron en la ley de Moisés. El
hecho de que nuestros padres y los padres de ellos, no obedecieran cierto
mandamiento, no nos exime de obedecerlo. Si hallamos un mandamiento de Cristo
revelado en el Nuevo Testamento, y no lo hemos obedecido, no debemos descansar
hasta que hayamos sometido nuestra obediencia a ese mandamiento. Nuestra
felicidad por toda la eternidad en los cielos depende de cuan completamente nos
sometamos a la voluntad de nuestro Señor.